II.
LÍNEAS DE ACCIÓN
46.
Las orientaciones concretas que a continuación les propongo deben
ser asumidas como medio de comunión diocesana, valorando el trabajo
que viene realizando cada comunidad y ambiente pastoral y en la medida
en que dan continuidad e impulso a los avances logrados.
PROCESO
MISIONERO
47.
Es necesario que todos, muy especialmente los pastores, acepten que
la Misión permanente es la opción pastoral de la Arquidiócesis
y, por esto, la opción de ellos mismos y de las comunidades que
se les ha confiado, para que se interesen por conocer adecuadamente
el sentido mismo de la Misión, las etapas y los elementos fundamentales
de dicho proceso, así como la razón de ser de estos elementos.
48.
El proceso evangelizador (Cf. MP 51) es considerado en sus etapas graduales
de primer anuncio, reiniciación cristiana, catequesis y apostolado.
El primer anuncio se centra en la proclamación de que el reino
de Dios se ha hecho presente en el misterio de la vida de Jesús:
el tiempo nuevo de la salvación comenzó con las palabras
y las obras del nazareno (Cf. Lc 7, 22s), especialmente a favor de los
más alejados (pobres y pecadores). En nuestro contexto tendremos
que aplicarlo al anuncio que hacen los misioneros y misioneras del amor
misericordioso de Dios para con cada uno de nosotros, de la invitación
a reconocer nuestra condición de pecadores delante de Dios y
a comprometernos en vivir nuestro bautismo como miembros de la Iglesia.
49.
La reiniciación cristiana, por su parte, es un camino que tiene
que recorrer el que ya ha sido bautizado, en vistas a suscitar una experiencia
de reiniciación, que haga de ellos verdaderos bautizados evangelizados
y creyentes, dispuestos a compartir su experiencia de comunidad y a
comprometerse en las tareas de la Iglesia; es una personalización
de la fe.
50.
Entre los aspectos de la catequesis sobre los que se insiste más
hoy día, hay que señalar el conjunto unitario del acto
catequético que:
51.
a) parte de la situación concreta de la persona, o del ambiente,
o de los grupos, para ser interpretados a la luz del evangelio y darles
así un significado cristiano que desemboque en una respuesta
o compromiso personal y grupal evangélico.
52.
b) Pide que la educación en la fe sea integral o global, que
tome en cuenta todas las posibilidades y facultades de la persona, de
modo que profundice en los contenidos de la fe y exprese las exigencias
de esa fe en un compromiso y en la celebración litúrgica
de la vida.
53.
c) Debe considerar que la comunidad cristiana es el lugar propio de
la catequesis, pues es en ella donde los cristianos viven su unión
con Cristo y el Padre en el Espíritu, escuchan y ponen en práctica
la palabra de Dios, celebran su fe, oran juntos, viven la fraternidad
en el amor, alimentan la conciencia de tener una misión en el
mundo, reconocen sus limitaciones individuales y comunitarias abriéndose
a la comunión con las restantes comunidades.
54.
d) Tiene que capacitar a los cristianos para que tengan una identidad
propia, de modo que puedan desenvolverse convenientemente en medio de
la diversidad y el pluralismo, siendo fieles a Dios y a los hermanos.
55.
e) Para que cada comunidad fortalezca su capacidad de transmitir y madurar
la fe, debe procurar darle especial atención al adulto. Por lo
tanto, tendrá que organizar la catequesis para adultos como punto
de apoyo para el desarrollo de esta etapa del proceso evangelizador.
56.
f) Debe ser desarrollada como proceso permanente a través de
momentos significativos del año litúrgico y de la vida
de las personas y de los grupos y con ofrecimientos plurales según
los distintos niveles de fe en que personas o grupos se encuentran situados.
57.
g) Con el presupuesto de que los lugares propios de la catequesis son
la familia, la parroquia y la escuela, hay que pensar en los nuevos
espacios comunitarios donde las personas se reúnen en grupos
que faciliten la comunicación profunda, confrontando las propias
experiencias con las de los otros, donde los integrantes se aceptan
mutuamente, aun cuando se hayan reconocido diferentes, donde es posible
madurar una experiencia profunda de fe, porque en ellos se analiza seriamente
la realidad, se acoge con docilidad la palabra de Dios y se responde
con actitudes de creatividad y de participación, de responsabilidad
y de compromiso. Este tipo de grupos son expresión privilegiada
de los frutos de la misión.