88.
En la conformación de los planes pastorales de la arquidiócesis,
de las vicarías, los decanatos, las parroquias y demás
comunidades evangelizadoras debe dárseles una importancia armónica
a las vertientes de la pastoral profética, de la pastoral litúrgica
y de la pastoral social o de la caridad.
89.
La práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano
debe caracterizar la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación
pastoral. Nuestra Iglesia arquidiocesana debe hacer suya la opción
preferencial por los pobres, para ser signo del amor providente y misericordioso
de Dios y para seguir sembrando en la ciudad las semillas del reino
sembradas por Jesús cuando en su vida terrena atendía
a cuantos recurrían a él para toda clase de necesidades
espirituales y materiales (NMI 49)
90.
La ciudad de México presenta antiguas y nuevas pobrezas que afectan
a ambientes y grupos de todo estrato social, expuestos a la falta de
esperanza para vivir, a la insidia de la droga, al abandono en la edad
avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación
social. Como cristianos tenemos que sumarnos a la tradición de
caridad que ya ha tenido muchísimas manifestaciones en los siglos
pasados (NMI 50)
91.
Ante esta situación, requerimos nueva imaginación de la
caridad que promueva, especialmente, la capacidad de acercarse solidariamente
a quien sufre para compartir con él diversas ayudas en forma
fraterna y no como limosna humillante (Id.)
92.
Para que cada comunidad evangelizadora, especialmente las parroquias,
tengan actividades concretas de pastoral social, será conveniente
que se pida la asesoría y, en la medida de lo posible, otros
tipos de apoyo a las correspondientes instancias diocesanas.
93.
A los servicios de caridad ya existentes en las parroquias, que no son
escasos, incorpóreseles más orgánicamente a las
actividades ordinarias de la parroquia, dándoles un mayor sentido
comunitario, especialmente por la toma de conciencia de servicio, en
los inmediatos responsables.
94.
Para impulsar la elaboración de los programas de pastoral de
la caridad, así como para su realización, es necesario
que cada comunidad promueva la formación de agentes específicos
de esta pastoral.