95.
Teniendo en cuenta las aportaciones de la VII Asamblea Diocesana, en
primer lugar quiero ratificar lo que ya se expone, respecto a la piedad
y religiosidad popular, en el Decreto General del II Sínodo.
96.
"Motivar a los agentes -obispos, presbíteros, religiosos,
religiosas y laicos- para que, valorando la religiosidad popular como
un don de Dios que acrecienta la fe, se esfuercen por dinamizar y purificar
las manifestaciones de piedad estimadas por la generalidad de los fieles:
las bendiciones de casas, de imágenes y de autos, las procesiones
y peregrinaciones, los juramentos y promesas, las plegarias por los
difuntos etc., de manera que lleguen a ser medios de auténtica
evangelización." (DG 136)
97.
"Aprovechar las grandes multitudes congregadas por motivos de fiestas
y celebraciones -especialmente en los santuarios y también en
los demás templos- para enriquecer, con el evangelio y con mensajes
de tipo catequético, las valiosas expresiones de la fe del pueblo,
y suscitar así la coherencia entre la fe y la vida, en verdadero
sentido comunitario y el compromiso cristiano." (DG 137)
98.
"Respaldar la acción y la formación de los líderes
natos que intervienen, de una u otra forma, en la religiosidad popular,
para que puedan ser verdaderos agentes de evangelización; poner
especial atención a los llamados fiscales o mayordomos, donde
todavía existen." (DG 138)
99.
"Propiciar que las manifestaciones colectivas de religiosidad popular
estén organizadas de modo que terminen en una acción litúrgica
en que, de acuerdo a las normas de la Iglesia, se integren signos que
ayuden a los fieles a valorar su propia vida." (DG 139)
100.
Para responder de forma concreta a estas líneas de acción,
encomiendo a las instancias diocesanas que, con actitud creativa, diseñen
programas con los que puedan ser subsidiadas las diversas comunidades
pastorales en sus actividades de evangelización. Particularmente
pido a las comisiones de piedad y religiosidad popular, de liturgia,
de música sacra y de catequesis que atiendan esta necesidad.
101.
Es necesario tomar muy en cuenta el calendario religioso del pueblo,
de tal manera que sus celebraciones, en los diversos niveles, sean asumidas
en el proceso pastoral desde la liturgia y otros medios de evangelización,
especialmente la catequesis.
102.
Por otra parte, están surgiendo aceleradamente en nuestra época
un conjunto de nuevos fenómenos religiosos no católicos,
ante los cuales la fe de los católicos se está volviendo
cada vez más vulnerable. Se trata generalmente de prácticas
qué poco tienen que ver con lo doctrinal y sí fomentan
desordenadamente lo afectivo y lo ritualista, que llevan fácilmente
al sincretismo, que comportan una idea individualista de la religión
y el desconocimiento de las exigencias sociales del cristianismo. Estos
movimientos frecuentemente se revisten de apariencias católicas
con los signos e imágenes que utilizan.
103.
Ante estos datos, los agentes de pastoral, principalmente los pastores,
aprovechen los encuentros con los alejados, que a veces asisten a las
celebraciones, para explicarles las exigencias del seguimiento de Jesús
y de su pertenencia a la Iglesia católica, animándolos
a una opción más definida por la auténtica fe cristiana.
104.
Es necesario asimismo que los agentes de pastoral conozcan más
a fondo las diversas prácticas de religiosidad y piedad popular,
su origen, tradición y contenido, de tal forma que ellos puedan
fomentar y transmitir su riqueza cristiana.