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Vicaría      de Pastoral

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Carta Pastoral como ayuda para vivir la Cuaresma del año 2006
Norberto Cardenal Rivera Carrera

I. LA CUARESMA: UN MOMENTO PRIVILEGIADO
PARA ENCONTRARSE CON CRISTO

1. Un año más la cuaresma se nos presenta como un camino de preparación para vivir el acontecimiento central de nuestra redención: la pasión y resurrección de Cristo, que se entrega a la muerte por amor a cada uno de nosotros. Estos cuarenta días de oración y amor nos disponen para aprovechar la gracia de los Días Santos que celebraremos en el Triduo Pascual. El gran protagonista de estos días es Jesucristo, Dios hecho hombre, que se prepara para vivir los días decisivos de su misión. Él, el Hijo de Dios, es el centro de la vida cristiana y, por ello, es también el centro de la cuaresma.

2. La actitud que nos debe guiar en estos días es la misma que sostuvo la vida de san Pablo: la fe en el Hijo de Dios que nos amó y se entregó a Sí mismo por cada uno de nosotros (Cf. Gál 2, 20). La cuaresma es el tiempo para vivir a fondo esta convicción: Jesucristo, Dios hecho hombre, se entrega a la pasión por mí, por amor a mí. El hecho histórico de la muerte de nuestro Señor sigue siendo un caudal de gracia para cada cristiano, para cada discípulo de Cristo.

3. Es verdad que en nuestra sociedad actual, a veces se corre el riesgo de quedarse en una experiencia del cristianismo como una tradición cultural, como una creencia, como algo heredado de nuestros padres que forma parte de la cultura propia, como la gastronomía, las canciones o los bailes del folklore popular. Pero el cristianismo es mucho más que eso; es un encuentro personal con Cristo que me amó y se entregó a sí mismo por mí, por amor a mí, por amor a cada ser humano, con nombres y apellidos.

4. La cuaresma es un período del año muy propicio para buscar este encuentro profundo con Cristo que transforma toda la existencia, y esto se logra a través de la oración, de la práctica de las virtudes teologales y de la intensa vida sacramental en la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, encargada y sostenida por él para continuar su obra.

5. La cuaresma es un período de conversión, de volver al amor primero, de rechazar el pecado para unirse a Cristo, para unir toda nuestra vida al Señor. Este encuentro profundo con Cristo nos lleva a renovar lo que hacemos, la forma como pensamos; a aceptar lo que él ha revelado y la Iglesia nos enseña. El encuentro con Cristo se traduce en un amor de entrega, en un compromiso de correspondencia obsequiosa al amor de Dios a través de nuestros actos y de nuestras decisiones (Cf. Itinerario Pastoral para la Misión 2000, 61; La Parroquia Comunidad para Todos, 27-28).

6. "La conversión debe tener siempre expresiones y compromisos concretos; en nuestra Arquidiócesis los énfasis parecen ser: conversión al sentido de Iglesia particular, conversión que renueve la entrega a la propia vocación; conversión que lleve a la valoración y promoción del laicado; y dar prioridad a la búsqueda de los alejados" (Itinerario Pastoral para la Misión 2000, 61)

7. "La conversión es creíble si se traduce en actitudes y acciones de caridad tales como renunciar a sí mismo, perseverar en la oración, creer en el poder de Dios, construir relaciones fraternas y de comunión, estar siempre dispuestos al perdón, ejercer la autoridad como servicio, realizar lo ordinario y extraordinario con la actitud de ofrendar la vida a Dios a través del servicio a los hermanos. El llamado de Cristo, el Señor, es radical: para ser instrumentos de salvación tenemos que ser testigos creíbles de su amor, lo que sólo es posible caminando y actuando cotidianamente con Jesucristo y como él lo hizo" (La Parroquia Comunidad para Todos, 27-28).

8. Durante estos días, la liturgia nos presentará un camino de preparación en el que, a partir de la contemplación de algunos sucesos de la vida de Cristo que le van llevando hasta su pasión y muerte, el cristiano es constantemente invitado a salir de una actitud de mero espectador y participar en la experiencia que está viviendo Jesús. En el presente año, el ciclo de las liturgias dominicales de cuaresma se cierra con el texto evangélico que abre esta carta: Jn 12, 20-33. Aquí, a partir de la llegada de unos griegos interesados en ver a Jesús, Cristo anuncia su pasión que terminará con la muerte violenta, cuyo significado más profundo sólo puede ser entendido aceptando que esa muerte es la entrega voluntaria que Cristo hace de sí mismo para la salvación de todos y cada uno de los hijos de Dios. En definitiva es la revelación de la identidad de Jesús y del significado central de su misión.

9. El episodio está estructurado en dos partes fundamentales: una narrativa (la llegada de los griegos, versículos 20-22) y otra discursiva (la enseñanza de Jesús, que toma ocasión de la petición de los griegos, versículos 23-33). De las dos, la más importante es la segunda, pues en ella escuchamos directamente a Jesucristo explicándonos el fundamento de su misión. Sin embargo, el hecho de que los que introducen este discurso de Cristo son unos griegos, considerados como paganos y extranjeros, nos lleva a pensar que la intención de Jesús es dirigirse a todos los seres humanos, también a cada uno de nosotros.

10. Con esta actitud misionera enseñada por Jesús, nos preguntamos: en nuestra ciudad ¿quiénes son los paganos?, ¿quiénes los extranjeros?, ¿quiénes son los griegos a los que debemos llevar el Evangelio?

11. En estos pocos versículos aparecen tres revelaciones de Jesús e, intercaladas entre ellas, dos respuestas humanas (en los versículos 29 y 34) caracterizadas por la incomprensión. Ambas reflejan el drama que recorre la historia humana y la historia de muchos personas de hoy: el drama de las constantes invitaciones de Dios y de los numerosos rechazos humanos. Cristo se ofrece continuamente al hombre como el único Salvador, y el ser humano puede aceptar o rechazar ese ofrecimiento.

12. Todavía hoy, cada voluntad humana, cada libertad, puede abrirse o cerrarse a esta revelación de Cristo, aceptarla o rechazarla; puede buscar comprender o pasar indiferente; puede decidirse a amar en profundidad o tomar una actitud de acatamiento superficial, simplemente legal, de lo que Cristo le propone. También hoy, el ser humano, cada ser humano, se encuentra en el fondo de su alma, de su conciencia, con la voz de Dios que le señala la ruta del amor, de la entrega a él y a los demás; y todavía hoy puede responde libremente, sin presiones.

13. Consciente de encontrarse ya a las puertas de la muerte, Jesucristo quiere explicar a sus oyentes el objetivo hacia el que se dirige, un destino de humillación que, al mismo tiempo, es la hora de la vida y de la luz, en la que se cumple el juicio de las personas que van a mostrar su bondad o maldad; la hora de la gloria para Cristo y para sus discípulos. Es el anuncio definitivo del cumplimiento de la "hora" que tanto había anunciado Jesucristo (Cf. Juan 2,4; 7,30; 8,20), la "hora" que era la razón de ser por la que había venido al mundo.

14. En este pasaje evangélico del V Domingo de Cuaresma aparecen varias paradojas, como morir para dar fruto, amar la vida y perderla, que explican el núcleo del misterio pascual. Se unen la luz y la cruz. El Hijo, Dios hecho hombre, elevado en la cruz, es la salvación para quienes miran ese signo de suplicio. La cuaresma es el período del año que nos lleva a contemplar la cruz de Cristo y mirarla con esperanza, precisamente porque en ella está clavada la "Luz" verdadera (Cf. Jn 1, 9; 8, 12; 9, 5: 12, 46) que ilumina a cada ser humano y le comunica la vida nueva.

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