PRESENTACIÓN
"Liberados
(los catecúmenos) por los sacramentos de la iniciación
cristiana, del poder de las tinieblas, muertos, sepultados y resucitados
con Cristo, reciben el Espíritu Santo de hijos de adopción
y celebran con todo el Pueblo de Dios el memorial de la muerte y resurrección
del Señor" (AG 14). Así describe el Concilio Vaticano
II las grandezas que la fuerza misericordiosa de Dios obra en quienes
él mismo, por la acción de su Espíritu, llama a
formar parte de la "Iglesia enviada por Cristo para manifestar
y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos" (Ib.
10).
La
Iglesia, por la conciencia que tiene de ser depositaria y trasmisora
de los sacramentos, como medios de salvación, siempre ha cuidado
de que su celebración sea acorde con la voluntad de su fundador,
Cristo Jesús, y, al mismo tiempo, con un lenguaje y una simbología,
que puedan ser fructuosamente entendidos y apreciados por los fieles
de cada época.
Nuestra
Arquidiócesis, de distintas formas, tanto por la voz de los pastores,
como por las peticiones de las comunidades, ha expresado la necesidad
de revisar y enriquecer la práctica que se ha venido teniendo
con relación a los sacramentos. Particularmente durante la visita
pastoral que llevé a cabo a las vicarías y a los decanatos,
en varias ocasiones me fue presentada la oportunidad y la conveniencia
de renovar y adaptar a las circunstancias actuales la pastoral de los
sacramentos, muy especialmente en la catequesis preparatoria. Todo ello,
así se decía, con el fin principal de expresar una mayor
unidad en nuestra Iglesia particular. En todos estos anhelos y exigencias
indudablemente estaba el soplo del Espíritu.
Las
consideraciones hechas con ocasión del II Sínodo Diocesano
ya nos habían marcado un camino, en el que ahora queremos ahondar
con más decisión: "¿Cómo conseguir
que la celebración y la participación en los sacramentos
forme parte de un proceso de conversión y de verdadero compromiso
en la vida cristiana?" (ECUCIM 3068). "Las celebraciones litúrgicas
deben llegar a ser acciones evangelizadoras más completas y fructuosas;
para esto se requieren profundos cambios de mentalidad y de práctica
pastoral" (Ib. 3071).
Después de un discernimiento en el que se invitó a participar
especialmente al presbiterio, y de la sistematización de aportaciones
y de algunas enseñanzas importantes del Magisterio de la Iglesia,
en que intervinieron diversas instancias diocesanas, he decidido promulgar
el presente Directorio de Pastoral sobre los Sacramentos de la Iniciación
Cristiana. Pretende ser un instrumento para que, como comunidad arquidiocesana,
seamos más fieles servidores de la gracia que el Señor
quiere derramar sobre esta Iglesia particular, para que, por ella, se
haga más viva su presencia en esta Ciudad.
En
este Directorio, a partir de algunos hechos que están reclamando
una respuesta pastoral, se dan los "ordenamientos diocesanos"
con los que se señala cuál debe ser la práctica
concreta en la Arquidiócesis, respetando totalmente las normas
universales tanto litúrgicas como canónicas. Cuando se
hace referencia textual a ellas, es porque se ha visto la necesidad
de enfatizarlas.
También
se presentan algunos principios teológicos para enmarcar y dar
sentido a las acciones en las que nos debemos comprometer. Sobresalen
entre éstos los que se refieren a asumir la preparación,
la celebración y la proyección de los sacramentos de la
iniciación, como un proceso cuya finalidad es fundamentar e impulsar
la vida cristiana de cada uno de quienes se incorporan a la Iglesia,
de sus familias y de la comunidad.
De
esta manera se expresa el propósito de darle unidad a nuestro
caminar diocesano, que con el trabajo misionero se ha empeñado
en propiciar en los fieles el desarrollo necesario propio del Bautismo
y del conjunto de la Iniciación Cristiana (Cf. CEC 1231).
A
este respecto quiero recordarles lo que hace poco les decía en
el Plan Pastoral para el presente año (n. 98): "Es urgente
que, por todos los medios, nos esforcemos por afrontar los desafíos
que nos plantea la grave carencia de formación cristiana en las
familias y el creciente fenómeno de descristianización,
que se está dando entre los mismos católicos". Resulta
así muy explícita la conexión, que se da en el
Directorio, entre los primeros sacramentos de la fe y la Reiniciación
Cristiana. Es preciso mantenernos en el rumbo de la Nueva Evangelización.
Con
el fin de que la Arquidiócesis en sus distintas instancias y
niveles, -vicarías, decanatos, parroquias, comisiones diocesanas-,
se disponga convenientemente para poner en práctica este Directorio,
me ha parecido oportuno dejar un lapso razonable entre esta fecha de
la promulgación y aquélla en la que deberán empezar
a ejecutarse formalmente las normas que aquí se prescriben. Pido
a todos los agentes de pastoral, especialmente a los responsables de
las comunidades, que con generosidad pongan en juego todos los recursos
necesarios para prepararse eficazmente. En un futuro próximo,
cuando las circunstancias lo aconsejen, se llevará a cabo una
revisión para que, con base en los resultados, se hagan los cambios
y los reajustes que se juzguen prudentes.
Establezco,
por tanto, que a partir del día 19 de junio del año en
curso, Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, entre
en vigor el presente Directorio de Pastoral de los Sacramentos de la
Iniciación Cristiana.
La
cuaresma, en cuyo pórtico nos encontramos, nos invita fuertemente
a la conversión que nosotros debemos hacer concreta en el empeño
por lograr una preparación y una celebración de los sacramentos
de la Iniciación Cristiana, de tal manera que redunden en una
más sólida evangelización de nuestras comunidades.
Contamos para ello con el aliento de Santa María de Guadalupe,
nuestra Madre y con el ejemplo de San Juan Diego, quienes vieron nacer
y acompañan siempre la vida de la Arquidiócesis de México.
A
5 de marzo, Miércoles de Ceniza, del año del Señor
2003
NORBERTO
CARD. RIVERA CARRERA
Arzobispo Primado de México
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