Orientaciones Pastorales 2014


Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate,
entra en la ciudad y allí te dirán lo que debes hacer.
Hech 9, 5b-6

 

IV. LA ALEGRÍA DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS

53. La vocación a la misión es algo especial. En realidad es el Señor Jesús el que viene a nuestro encuentro. Y en ese encuentro con Cristo queremos expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo (Cf. DA 28).

54. La alegría que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo, deseamos que llegue a todos los hombres y mujeres heridos por las adversidades, deseamos que la Buena noticia del Reino de Dios llegue a todos cuantos yacen al borde del camino. La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar el amor de Dios (Cf. DA 29).

55. En el proceso de cambio para que la acción de la Iglesia sea misionera, los discípulos misioneros experimentan la exigencia del encuentro con Jesús que los llama a un seguimiento radical. Y, también, la exigencia que nace del Evangelio mismo que se les encomienda. En ese encuentro y envío que apremia, conocer a Jesús es el mejor regalo que pueden recibir; encontrarlo es lo mejor que les ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con su palabra y obras es su gozo (Cf. DA 29).

56. De esta manera, la vocación de ser discípulo y misionero de Cristo es siempre un don, nunca motivo de privilegio
humano. Se vive a la luz del Maestro y Señor que está dispuesto a ser el esclavo y el servidor de todos (Cf. Jn 13, 12-15). Es seguimiento que pide entrega generosa sin esperar recompensa, donde debe servir más quien más ha recibido.

57. La Iglesia de Cristo, así pensada, pide a nuestra experiencia eclesial un gran cambio, sobre todo en la forma cotidiana en que se relacionan los distintos miembros de las comunidades cristianas. Para el Señor Jesús el protagonismo evangelizador lo tienen los pobres y los humildes. No sólo porque son a los que se les anuncia primero la Buena noticia, sino también porque son los primeros enviados a proclamarla.

58. Con esa visión evangélica, nuestra Iglesia local tiene un potencial evangelizador enorme porque el patrimonio de fe que sigue sembrando el Espíritu es abundante y profundo. Pero, para aprovecharlo, debemos purificar los criterios con que ordenamos las relaciones pastorales, con que orientamos la formación de agentes y la manera en que procedemos en la práctica pastoral habitual.

59. Cualquier responsabilidad que se ejerce en la pastoral, no debe ser considerada como privilegio o coto de propiedad por la persona que se designa para llevarla a cabo. Toda responsabilidad debe entenderse como una oportunidad de servicio al Evangelio y a la comunidad. Eso mismo vale para los equipos de trabajo pastoral, de tal forma que evitemos que sean ambientes cerrados, incapaces de integrar nuevos miembros y de vivir el espíritu de servicio que es su razón de ser. La alegría de evangelizar será evidente cuando se es consciente de recibir como don algo que no se merece y se vuelve a hacer experiencia, un discípulo misionero se identifica por su entrega incondicional.