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Vicaría      de Pastoral

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Directrices Pastorales 2004. Norberto Cardenal Rivera Carrera

II. Manual Operativo para la Pastoral Parroquial

20. En nuestra actividad para el presente año invito a todos los agentes de pastoral a participar en la elaboración del manual operativo para la pastoral parroquial, utilizando el documento de trabajo que nos ha presentado la Vicaría de Pastoral. Entendámoslo como un instrumento que tiene la finalidad de encauzar e impulsar la evangelización en las parroquias, tanto en su ámbito general, como en cada una de sus principales áreas de la acción pastoral.

21. Este será un camino por el que, contando ya con un cauce común, se dé cabida a la creatividad de la comunidad arquidiocesana y, en una actitud de disponibilidad, nos abramos a las inspiraciones del Espíritu por las que va suscitando, en los pastores y en las comunidades, respuestas a las necesidades en esta Ciudad.

22. Se trata de que las parroquias y otras instancias diocesanas se sientan invitadas a dar sugerencias y a aportar experiencias significativas con base en las cuales, después de un periodo prudente de estudio, reflexión y práctica, se pueda llegar a conformar un manual cada vez más completo.

23. La transformación de nuestras parroquias no se puede hacer de la noche a la mañana, pero tampoco debemos permitir que este cambio se posponga indefinidamente, como dejándonos llevar por la inercia de muchos años. El manual nos ayudará a tener un caminar más firme y eficaz, contando con la decisión de todos los agentes de pastoral en cada parroquia. La solidez de la acción pastoral en cada parroquia se irá logrando gracias a la apertura de mente y corazón para recibir las iniciativas y las experiencias de otras comunidades parroquiales.

24. En la evaluación que hicimos con ocasión de la pasada asamblea diocesana, verificamos que las líneas, por donde debemos avanzar, están suficientemente definidas, aunque a veces se carece del adecuado conocimiento de ellas. Hace falta llevar a la práctica tales líneas de acción. Para ello, se suele decir, "nos hacen falta los cómos".

25. En efecto nos encontramos con pastores que, junto con sus equipos colaboradores, están dispuestos a trabajar poniendo en práctica las directrices de la Arquidiócesis, pero tienen necesidad de encontrar los caminos concretos, así como las herramientas para operar en comunión con los demás. Es esto lo que pretendemos lograr con este manual, cuya validación queremos que se lleve a cabo con la participación de las mismas comunidades parroquiales y tomando en cuenta experiencias que iluminen y que impulsen fraternalmente a otras comunidades. Su objetivo es fortalecer la estructura operativa de cada parroquia, así como el dinamismo de sus principales áreas de evangelización.

26. En su primera parte, el documento de trabajo del manual contiene una reflexión eclesiológica, una caracterización de la parroquia urbana y algunos criterios para la pastoral parroquial; presentada de manera sucinta que da espacio a las aportaciones del mayor número posible de los agentes de pastoral.

27. Enseguida se presenta un modelo de organización parroquial, con énfasis en aquellas instancias que se consideran indispensables para el funcionamiento básico de toda parroquia. La estructuración interna y los detalles de funcionamiento están presentados como una propuesta que fácilmente pueda ser enriquecida con las sugerencias que puedan recogerse al respecto.

28. Por último, este manual en un apartado eminentemente práctico, contiene lo que podemos llamar manuales particulares de las principales áreas de la pastoral parroquial. Cada manual particular es una ayuda para que el párroco y sus equipos pastorales definan el ámbito propio de esa área, sus destinatarios, las particularidades de la formación de los propios agentes, los procesos de formación requeridos y algunos subsidios disponibles.

29. Veamos en este instrumento la oportunidad de trabajar más orgánicamente y de conjunto, fortaleciéndose el sentido de unidad diocesana, de corresponsabilidad en los decanatos y en las vicarías. Que sea también un impulso para multiplicar los proyectos parroquiales e interparroquiales.

30. Les recomiendo que en la planeación que habitualmente tienen las vicarías, tomen muy en cuenta este manual y definan cómo van a trabajarlo sistemáticamente a lo largo del año. Invito a todos los párrocos a que vean en este manual la oportunidad de clarificar las prioridades del ambiente pastoral en que se encuentran, a jerarquizar así sus esfuerzos y el de sus equipos pastorales, e identificar las áreas en que es indispensable la cooperación y coordinación con las parroquias vecinas o afines.

III. Considerar con agradecimiento el proceso postsinodal arquidiocesano

31. Hoy renuevo mi convicción de que la acción del Señor se ha manifestado y sigue haciéndose presente en nuestro "caminar juntos". Es indispensable apreciar la reflexión y la práctica pastoral realizada en diez años de camino como parte sustancial del trabajo del Espíritu en todos.

32. Lo ocurrido entre nosotros exige ser considerado y, en cierto sentido, interpretado, para escuchar lo que el Espíritu nos ha dicho a lo largo de estos diez años (Cf. NMI 2).

33. En nuestro ambiente eclesial la puesta en práctica del proyecto sinodal ha significado esperanza de renovación; también exigencia creciente para profundizar en la vocación bautismal y eclesial.

34. Aspiramos a que nuestra práctica pastoral responda mejor a las necesidades y características de la ciudad. En nuestra Iglesia local esta práctica se renueva paulatinamente y no de forma inmediata. La diversidad de procesos y de realidades culturales en que está inserta hace necesarias la paciencia y la perseverancia pastorales (Cfr. PCT 42-43).

35. Los frutos aflorados en diez años de renovación son sólo para alimentar nuestra marcha, no para detenernos a gustarlos. Es un ejercicio que nos ha estado capacitando para cultivar las semillas sembradas.

36. Debemos reconocer que el proyecto sinodal aún no ha renovado nuestra práctica pastoral cotidiana. Nuestra capacidad sigue estando rebasada por la realidad urbana que continúa evolucionando. La opción sinodal con sus consecuencias todavía no ha sido asumida como tal por cada agente, ni insertada en nuestra estructura de funcionamiento.

37. La renovación de la Arquidiócesis pasa a través de la conversión de cada sacerdote, de cada consagrado, de cada laico que ha sido llamado por el Señor a la tarea de construir la comunidad eclesial y el Reino de Dios en esta ciudad.

38. La pedagogía pastoral de mirar constantemente la realidad con el lente de la ciudad; de no olvidar que el programa sinodal es renovación interior antes que actividades; y de comprometerse con las acciones de evangelización y el acompañamiento con el espíritu del Buen Pastor, son elementos que se han constituido ya en puntos de apoyo para avanzar en la renovación pastoral.

39. Para que exista continuidad, la experiencia ha mostrado que, quienes tienen responsabilidad de autoridad deben comprometerse en el seguimiento pastoral de lo planeado, impulsando y acompañando con el testimonio personal. La forma de dar seguimiento de parte de quien tiene autoridad pastoral es muy importante: el primer factor a considerar debe ser el agente de pastoral antes que el programa de acciones.

40. Una semilla importante que deberá seguirse cultivando es la planeación. Un plan es el piso donde se apoyan la corresponsabilidad y la continuidad. Sin una planeación compartida se frena la participación real de todas las fuerzas existentes. La conciencia de ser Iglesia se alimenta en el ejercicio de la corresponsabilidad.

41. El desglose en programas de los diferentes aspectos del proyecto sinodal ha dejado a muchos la impresión de tener enfrente un conjunto de propuestas sin conexión ni objetivos claros. Esta percepción ha hecho patente la necesidad de simplificar y sintetizar las diversas acciones pastorales y darles mayor precisión y profundidad.

42. El proceso evangelizador que de manera sintética propusimos como el primer anuncio, la catequesis y el apostolado, es una luz que nos guía hacia una práctica pastoral más integral.

43. Junto con la búsqueda de la simplificación, ha ido también creciendo la inquietud por concretizar y poner en práctica el trabajo fundamental de evangelización, sobre todo en las instancias de base, como la parroquia.

44. Una característica que se va reafirmando como distintivo de la pastoral urbana es ya no hacer depender de una sola persona o comisión la marcha del conjunto. Teniendo como meta la pastoral orgánica, es conveniente favorecer la participación y la corresponsabilidad para que se manifiesten los distintos carismas para el bien común.

45. Evangelizar las culturas, propuesta del II Sínodo, comienza a transformarse en reto pastoral cuando a cada cultura la ubicamos en rostros concretos, en hermanos, en grupos, que piden cercanía, diálogo y testimonio para poder creer. El planteamiento sinodal pasa de ser un concepto a hacerse vida cuando nos comprometemos con los hermanos que peregrinan en la Ciudad de México.

46. Para esos distintos ambientes y personas es para quienes hay que formar apóstoles. La formación de los laicos no es algo opcional, es una necesidad urgente. Para encontrar la forma de realizarla hay que insistir en que la espiritualidad del laico es sencilla, por su naturaleza lo lleva al compromiso concreto, arraigado en su medio y con capacidad para interactuar con las realidades cotidianas existentes.

47. De esta manera, el camino que seguramente nos permitirá evolucionar en la pastoral urbana es avanzar en el aprecio por la vocación y espiritualidad de los laicos. Son los laicos la presencia eclesial más eficaz que puede llevar el Evangelio a todos los ambientes urbanos.

48. La opción por la Misión ha generado múltiples inquietudes y exigencias. Los alejados del influjo del Evangelio se han convertido en el punto de referencia para valorar si nuestra reflexión y acciones pastorales están correspondiendo al impulso del Espíritu. Renovar constantemente nuestra opción por la misión nos replantea la propia conversión, el llamado a la comunión y nos actualiza el envío que recibimos del Señor. Esa dinámica espiritual ya no debemos perderla.

 
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