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Vicaría      de Pastoral

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La Catequesis, Crecimiento en la Fe. Orientaciones Pastorales 2005. Norberto Cardenal Rivera Carrera

CAPÍTULO I
LA CATEQUESIS TRANSFORMADORA DE LA CULTURA

1. La catequesis, necesidad urgente de la Iglesia

9. Ante los desafíos que enfrenta la catequesis en las comunidades evangelizadoras, principalmente parroquiales, debemos contemplar las culturas de la Ciudad de México con el Espíritu con que Jesús contemplaba la sociedad de su tiempo, interpretando la realidad y actuando a la luz del plan de Dios, su Padre.

10. El II Sínodo y la X Asamblea Diocesana han orientado el trabajo pastoral siguiendo este estilo de discernimiento, en el que hemos de proceder desde la fe, la esperanza y el amor, y desde el contexto dentro del cual viven las familias, los jóvenes, los pobres y los alejados del influjo del Evangelio.

11. La situación compleja de tantos alejados del influjo del Evangelio nos hace pensar en la necesidad de un proceso evangelizador en el que la catequesis esté al servicio de la iniciación o reiniciación cristiana con sentido catecumenal. Por lo mismo, cuando hablamos de la catequesis debemos tener presente al destinatario e interlocutor que es ajeno al Evangelio o al que ya recorre el camino del creyente; y en este sentido se podrá hablar respectivamente de educación hacia la fe o de educación de la fe. Dicha educación abarca un proceso orgánico en el que la Sagrada Escritura, la Tradición, la celebración de la fe, el servicio del testimonio y la oración están íntimamente unidas en la vida de la Iglesia.

12. Al poner en práctica el proyecto de renovación catequística, las responsabilidades se reparten y se comparten dentro de una pastoral de conjunto: en efecto, es responsabilidad de la Iglesia particular impulsar planes pastorales de primer anuncio y catequesis. Dentro de la gran comunidad arquidiocesana los obispos, los presbíteros, los diáconos, los miembros de la vida consagrada, los laicos participan con funciones y ministerios diversos, pero complementarios y el mismo catequizando tiene la responsabilidad de participar en la propia formación. La familia, Iglesia doméstica, juega su papel como responsable primaria de la educación integral de sus miembros, mientras que la comunidad parroquial activa su capacidad de engendrar nuevos hijos a través del proceso de la iniciación o reiniciación cristiana.

2. Inculturación y catequesis

13. La catequesis tiene como objetivo educar la fe de las personas que viven en una determinada cultura; por eso el tema de la inculturación no puede estar ausente cuando de ella se trata. "La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas" (EN 20c). "La evangelización tiene, así, en la inculturación, uno de sus mayores desafíos" (DGC 21).

14. Una catequesis transformadora de la cultura, además de referirse al misterio de la Encarnación del Hijo de Dios como el más perfecto modelo de inculturación, debe proponer el acontecimiento Guadalupano como ejemplo excepcional de inculturación.

15. El Tepeyac y la imagen que la Virgen de Guadalupe dejó impresa en la tilma de S. Juan Diego son testimonio claro del Evangelio proclamado en las Américas. La llegada de Santa María de Guadalupe es ejemplo espléndido de evangelización e inculturación,[1] es la proclamación de la Buena Nueva de Jesucristo expresada con palabras, símbolos y elementos tomados de la riqueza cultural del mundo náhuatl. Y en el centro de este anuncio jubiloso está Cristo, Señor de la Historia. María de Guadalupe, la Virgen mestiza del Tepeyac, estrella del nuevo mundo,[2] no llega con un evangelio diferente al que predicaban los misioneros, su palabra y su presencia están plenamente centradas en la transmisión de la fe en el Dios único y verdadero y en la promoción de individuos y comunidades.[3]

3. La catequesis, comunión íntima con Jesucristo

16. El camino que recorrerá el catequista en su servicio a la Iglesia le procurará siempre una novedad, a saber, entrar en contacto íntimo y permanente con la persona de Jesús de Nazaret y seguir la pedagogía por Él utilizada en el desarrollo de su misión (Cf. Mt 13). Así, por una parte, en su persona encontramos el misterio del Hijo de Dios hecho hombre, que proclama el Evangelio en una sociedad y un tiempo determinados. Por otra parte, encontramos cómo en su misión evangelizadora presenta simultáneamente el anuncio oral del Reino de Dios por llegar y la realización de este anuncio, desde Israel para todo el mundo, a través de hechos concretos (Cf. Mt 11, 2-11).

17. La Iglesia está evangélicamente urgida de catequizar al estilo de Jesús cuya conciencia era la de orientar todo hacia su Padre y lo realizó a través de hechos concretos, expresión de amor misericordioso: así su nacimiento en Belén se convierte en una catequesis de cómo se nace del Espíritu. Su vida pública nos muestra cómo se puede cumplir la voluntad de Dios, de acuerdo a la propia misión, saliendo a buscar al hermano, utilizando tan variados recursos pedagógicos de la cultura hebrea: recorría poblados y visitaba familias para encontrarse con la gente y hacerles sentir la cercanía del Reino; interpretaba en su predicación los acontecimientos de la vida diaria a la luz del proyecto de salvación; daba testimonio de cómo usar rectamente los recursos materiales; sembraba semillas de esperanza y de renovación en la sociedad con enfermos y pecadores rehabilitados; establecía un nuevo orden de cosas en lo social, basado en el respeto y promoción de la dignidad de cada persona; purificaba las tradiciones dándoles su justo sentido.

18. Con su muerte en cruz, Jesús de Nazaret, nos ofrece una catequesis sobre el sentido del dolor, del sufrimiento y de la muerte en el mundo. Su resurrección y glorificación a la derecha del Padre son la catequesis sobre cómo al triunfo y a la madurez de la existencia se llega a través de la cruz. Con su oración nos ofrece una capacitación catequética para vivir nuestra intimidad con Dios. La elección, capacitación y envío del grupo de los discípulos y de los Doce nos ofrece una catequesis de cómo formar colaboradores para continuar la misión. Su presencia entre nosotros todos los días hasta el fin de los tiempos, especialmente en la Eucaristía, nos ofrece una catequesis de acompañamiento cercano y promotor. Todo lo ha realizado como el ungido del poder del Espíritu Santo.

19. Por lo mismo, una catequesis renovada requiere tener la Sagrada Escritura como su fuente principal, integrar la enseñanza de los Padres (tradición) y la praxis litúrgica y pastoral de la Iglesia desde la etapa apostólica hasta nuestros días. El Concilio Vaticano II y los documentos pontificios, particularmente la Evangelii Nuntiandi y la Catechesi Tradendae recogen esta rica tradición. La misma línea siguen el Catecismo de la Iglesia Católica y el Directorio General para la Catequesis, como dos "instrumentos distintos y complementarios" que recogen y particularizan este caudal renovador.

20. En el pensamiento de la Iglesia la catequesis tiene como finalidad descubrir y escrutar el misterio de Cristo y, en la persona de Cristo valorar el designio eterno de Dios que se realiza en Él (Cf. CT 5) "El fin definitivo de la catequesis es poner a la persona, no sólo en relación, sino en comunión, en intimidad con Jesucristo: sólo Él puede conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad" (Ib.).

21. Todo ello nos abre un panorama muy amplio en el que la Iglesia debe recuperar el papel básico que juega una nueva concepción de la catequesis en la educación para la fe y en la educación de la fe de los miembros del Cuerpo de Cristo: podríamos entonces hablar de un "alargamiento del concepto de catequesis" (Cf. CT 17) que se traduce en hacer de ésta un proceso catecumenal[4].

22. Será, entonces, muy saludable para la Iglesia arquidiocesana el que todos los agentes evangelizadores colaboren, según su función, en el proyecto de renovación de la catequesis que apunta hacia dos direcciones: primera, expresar con el término teológico-pastoral de "catequesis" no sólo un acto puntual ni una actividad ocasional (con motivo de un sacramento), sino especialmente un conjunto de etapas sucesivas de formación integral, dentro del proceso total de evangelización, cohesionadas por una finalidad: conseguir la madurez en Cristo (Ef 4, 13). Y, segunda, asumir la catequesis de adultos como "forma principal de la catequesis" (DGC 59) y desde esta opción orientar la catequesis de niños, adolescentes y toda práctica catequística.

23. La importancia central de la catequesis de adultos es presentada por el Directorio General para la Catequesis de la siguiente manera: "La catequesis de adultos, al ir dirigida a personas capaces de una adhesión plenamente responsable, debe ser considerada como la forma principal de catequesis, a la que todas las demás, siempre ciertamente necesarias, de alguna manera se ordenan" (DGC 59; CT 43). Esto implica que la catequesis, según edades y ambientes, debe orientarse hacia ella como su punto de referencia y articularse con ella en un proyecto catequético de pastoral diocesana.

4. Catequesis y testimonio de la caridad

24. La conversión a Jesucristo se vive en su seguimiento: "Ven y sígueme" (Mt 19, 21). Es tarea de la catequesis "inculcar en los discípulos las actitudes propias del Maestro. El Sermón del Monte, en el que Jesús, asumiendo el decálogo, le imprime el espíritu de las bienaventuranzas, es una referencia indispensable en esta formación moral-social, hoy tan necesaria" (DGC 85). Por su carácter de experiencia de vida cristiana, la catequesis, junto a la "palabra anunciada, sabe ofrecer también la palabra vivida. Este testimonio moral, al que prepara la catequesis, ha de saber mostrar las consecuencias sociales de las exigencias evangélicas" (Ib).

25. La catequesis tiene la tarea de promover en cada discípulo el compromiso por la promoción de las personas y la justicia al estilo de Jesucristo. Su amor por el Padre lo llevó a buscar diversos caminos de acercamiento a las personas, de promover en cada una de ellas un cambio de actitudes y de conducta para insertarse en la comunidad. En Él la liberación, la solidaridad, el colocar a la persona en el centro de su misión, no son sino expresiones de la misericordia del Padre (Lc 10, 37; Mt 7, 21; SRS 41). En efecto, la Iglesia -dice el Papa Juan Pablo II comentando la parábola del Buen Samaritano- "ha aprendido... que su misión evangelizadora tiene como parte indispensable la acción por la justicia y las tareas de promoción del hombre y que entre evangelización y promoción humana hay lazos muy fuertes de orden antropológico, teológico y de interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre"[5].

26. Parte integral de la catequesis es favorecer la participación del catequizando en el misterio de la redención como vocación y misión de toda persona y la consecuente transformación cristiana de la sociedad. Un recurso importante para lograr este fin es la promoción de las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia.

5. Catequesis, escuela de oración

27. "En todo dad gracias a Dios" (1 Tes 5, 18). Cualquier lugar y momento de la vida es espacio para dirigirse filialmente a Dios. El cristiano que ama a su Padre aprende a dirigirse a Él al estilo de Jesucristo. Impulsado por el Espíritu Santo sabe expresar sus diversos sentimientos: bendición y alabanza, acción de gracias y deseo de Dios, petición e intercesión, entrega a la voluntad divina; ante las obras de Dios y ante los acontecimientos humanos tiene la firme confianza de que será escuchado.

28. La catequesis se convierte en escuela de oración cuando enseña, tanto al catequizando como al catequista, a meditar la Palabra de Dios en la oración personal, a vivir la dimensión comunitaria de la fe en la liturgia, a proyectar el testimonio evangélico en la vida diaria. La oración en comunión con María, Madre de Jesús, non enseñará a cantar las maravillas que el Señor va realizando en su pueblo.

6. Catequesis y Liturgia

29. "La Liturgia, por cuyo medio se ejerce la obra de nuestra redención, sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía, contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida, y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia" (SC 2).

30. Cristo hace presente su obra redentora en la vida de la Iglesia, especialmente a través de la Liturgia. Rito, Palabra, signos sacramentales, sacerdote, comunidad, comunión eucarística son símbolos que nos hablan y nos ponen en relación profunda con el misterio de Dios que ha querido permanecer con nosotros. Lo divino asume y respeta lo humano; todo lo nuestro es transformado.

31. El misterio de Cristo que nos es ofrecido como gracia, realiza su acción eficaz conquistándonos para que lo aceptemos, aceptándolo lo adoremos, adorándolo demos gracias y dando gracias lo compartamos con los demás, para que también ellos estén en comunión con Cristo y así el plan salvífico de Dios vaya realizándose en cada persona.

32. La Liturgia por sí misma es una escuela completa de catequesis: el Padre nos ofrece lo más precioso que es su Hijo, Jesucristo se ofrece a sí mismo y a todos nosotros como ofrenda agradable, el Espíritu Santo santifica con su acción, gestos y palabras; todo es favorable para que quien participa viva el encuentro con Dios Trino y Uno y con los hermanos, y a la vez sea instruido sobre los contenidos doctrinales ahí presentes.

33. La catequesis, en cuanto enseñanza de vida cristiana, favorece el conocimiento de los diversos elementos y contenidos doctrinales que constituyen la Liturgia, preparando al catequizando a una participación consciente y fructuosa en la acción redentora del Salvador. El intercambio es saludable, pues la Liturgia sin la catequesis correría el riesgo de convertirse en mero rito, mientras que la catequesis sin la Liturgia no pasaría de ser una adquisición intelectual.

34. A través de una actitud contemplativa y de interiorización, el cristiano profundiza en el significado de la vida de unión con Cristo y de su pertenencia a la Iglesia. En la práctica litúrgica, en relación con los sacramentos, especialmente con la experiencia de la Eucaristía, favorece la dimensión mistagógica de la vida cristiana, que debe ser preparada desde la catequesis.

35. En efecto, así como la Eucaristía es "cumbre y fuente de la vida y misión de la Iglesia", de manera análoga, la catequesis que es escuela y experiencia cristiana, encuentra su culminación en la oración y en la liturgia, cuando el discípulo puede experimentar, en actitud de unión y contemplación, la presencia del Señor en su vida y la relación vital con la Iglesia, especialmente en los sacramentos. Esto que la tradición de la Iglesia llama "la mistagogia" forma parte central del aprendizaje catequístico.

36. Al presentar así las tareas fundamentales de la catequesis (comunión íntima con Jesucristo, testimonio de la caridad, escuela de oración, vivencia litúrgica), hemos enfatizado lo que consideramos de importancia vital en el enfoque del proceso misionero en la Arquidiócesis de México. Contar con una catequesis orgánica y bien ordenada sobre el misterio de Cristo nos llevará a descubrir lo que caracteriza a la catequesis con relación a otras formas de proponer la Palabra de Dios. Aquí está presente lo que Juan Pablo II escribió para caracterizar la enseñanza típicamente catequética, a saber, una enseñanza sistemática (no improvisada, siguiendo un programa que le permita llegar a un fin preciso); elemental (que no entra a cuestiones discutidas); completa (que abarca lo esencial del misterio cristiano); integral (abierta a todas las esferas de la vida cristiana) (Cf. CT 21).

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