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Vicaría      de Pastoral

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La Catequesis, Crecimiento en la Fe. Orientaciones Pastorales 2005. Norberto Cardenal Rivera Carrera

CAPÍTULO II
CATEQUESIS, CAMINO PROGRESIVO DE LA FE

1. Iniciación o reiniciación cristiana

37. El Magisterio de la Iglesia enfatiza la noción de catequesis como proceso (DGC 48-52. 143): que sigue al anuncio kerigmático, desarrollándolo, y desencadena un proceso de iniciación, de crecimiento y de maduración en la fe. La preocupación por atender adecuadamente a la pastoral de la iniciación cristiana en nuestra Iglesia particular está expresada especialmente en el c. 5 del Directorio Pastoral para los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, promulgado el 5 de marzo de 2003. Es necesario volver sobre esos contenidos, así como los del presente documento, leyéndolos a la luz de las orientaciones dadas por la Iglesia en el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos.

38. Con el término iniciación o reiniciación entendemos la entrada en un proceso gradual y progresivo (realizado por etapas) por el que la persona es atraída por Dios para alcanzar la madurez cristiana. El proceso es diverso según se trate de un no bautizado, para quien será una iniciación en el pleno sentido de la palabra; o de alguien que ya ha sido bautizado, para quien se aplica el proceso de reiniciación cristiana.

39. La catequesis de iniciación o de reiniciación se coloca entre el primer anuncio misionero (kerigma) y la acción pastoral, "pone los cimientos del edificio espiritual del cristiano" (DGC 67). Es una formación orgánica y sistemática, básica y esencial. Es más que una enseñanza y no se reduce a lo meramente circunstancial. Es un proceso que lleva a la aceptación del ser cristiano y de la pertenencia a la Iglesia y a expresar dicha aceptación en el compromiso en medio de la sociedad; sigue un camino en el que se abandona algo de la vida pasada, para comenzar a vivir algo nuevo (Cf. DGC 67-68). Exige un itinerario para iniciar en la vida cristiana a los adultos así como a los niños y a los jóvenes. Ese itinerario asume y actualiza el carácter catecumenal de la catequesis de los primeros siglos de la Iglesia.[6]

40. En el II Sínodo encontramos la insistencia en una pastoral con sentido catecumenal. Dado que en nuestros ambientes el problema de bautizados no evangelizados es agudo, urge continuar con este enfoque referido directamente a la catequesis y así buscar que el catequizando vaya recorriendo distintas etapas en su experiencia de discípulo de Jesús, etapas marcadas por la renovación de su vida y expresadas a través de símbolos o celebraciones, a la manera como el RICA lo va indicando para el proceso que deben seguir los catecúmenos[7].

41. La catequesis de iniciación o de reiniciación cristiana es un período transitorio: tiene su principio y su fin. Lo que es permanente es la maduración de la fe, que se lleva a cabo a través de la catequesis permanente y otras formas de acción pastoral como el estudio de la Sagrada Escritura, la lectura orante de la Biblia ("lectio divina"); la interpretación cristiana de los acontecimientos (indispensable para la doctrina social de la Iglesia y su vocación misionera), la catequesis litúrgica, las iniciativas de formación espiritual, la profundización sistemática del mensaje cristiano (Cf. DGC 71) y el estudio de la teología, que desarrolla la inteligencia de la fe.

2. Catequesis, educación para la vida comunitaria

42. La experiencia de la vida en Cristo impulsada por la catequesis se proyecta espontáneamente en un compromiso comunitario a ejemplo de Jesús que, con su enseñanza, puso las bases de la comunidad de los creyentes y de la comunidad apostólica, como nuevo estilo de participar en la transformación de la sociedad y en la construcción del Reino.

43. Según los Evangelios, en una y otra, la intención del Maestro era educar a sus discípulos para ir hacia los alejados, para la vida fraterna, para la oración en común, para el perdón mutuo, para el amor fraterno. Si la catequesis promueve esta mentalidad y favorece esta práctica de vida comunitaria, estará cumpliendo la razón de su ser en la Iglesia.

44. Esta dimensión comunitaria del aprendizaje catequístico adquiere una particular importancia en nuestro ambiente, a veces deformado por una concepción individualista de la vida cristiana y en el que, en el campo del trato social aumenta el fenómeno de despersonalización y masificación (ECUCIM 3241-3244).

3. Catequesis, iniciación a la misión de la Iglesia

45. La evangelización de las culturas en la Ciudad de México requiere la colaboración de discípulos de Jesucristo suficientemente capacitados. Su participación en la vida profesional, social, cultural, económica y política es requerida como fermento de renovación para la sociedad. Por su parte la Iglesia, para cumplir su misión evangelizadora dentro de ella misma requiere también de laicos, con su gran diversidad de vocaciones, pero con una formación orgánica y sistemática. Desde los primeros tiempos de la comunidad del resucitado la transmisión de lo que Jesús había dicho y hecho, de lo que había dejado para realizar en memoria suya, se convierte en contenido de enseñanza para que la comunidad y sus pastores cumplan el mandato misionero.

46. La catequesis ayudará a que el catequizando vaya adquiriendo conocimientos, virtudes y habilidades para que ya desde el mismo aprendizaje catequístico los vaya poniendo en práctica, como viene señalado en el texto de Lc. 10, 1-20: ir en el nombre de Jesús y correr su misma suerte; riesgo por ser enviados como ovejas entre lobos; riesgo de ser rechazados; aceptación del ofrecimiento de hospitalidad; con espíritu de pobreza; compartir el mensaje del Reino (paz y salud).

4. Perfil y formación del catequista

47. En la reciente X Asamblea Diocesana hemos reflexionado detenidamente acerca del perfil del catequista; por ahora tengamos en cuenta lo más sobresaliente con el propósito de que, a través de diversos medios, habrá que volver sobre el tema, una y otra vez, para ahondar más sobre el ser del catequista, entendido como el discípulo de Jesús que quiere ayudar al hermano en el crecimiento de su fe a través de un proceso orgánico.

48. Ser catequista es una vocación: se es catequista por un llamado de Dios para el servicio de la Iglesia. Esta vocación brota del sacramento del Bautismo y es robustecida por la Confirmación (DGC 231).

49. El catequista recibe de la comunidad y del pastor, "primer responsable de la catequesis", el envío para ejercer un ministerio en nombre de la Iglesia y al servicio de su misión evangelizadora. Si el catequista valora lo específico de su vocación y servicio y vive el sentido de pertenencia a la Iglesia, asumirá su misión y se preocupará por cultivarla.

50. El catequista es el cristiano que comparte con otras personas su experiencia de fe en Cristo muerto y resucitado, con el compromiso de una continua formación espiritual, doctrinal y pedagógica.

51. Como miembro de la comunidad el catequista lleva a cabo la iniciación de los catecúmenos y catequizandos (Cf. RICA) en la vida comunitaria de la Iglesia, de tal manera que "sean introducidos en la vida de fe, de liturgia y de caridad del pueblo de Dios" (AG 14), al mismo tiempo que aprenden a cooperar activamente en la evangelización y edificación de la Iglesia" (Ib.) y en "las luchas por la justicia y la construcción de la paz" (CT 29).

52. El perfil ideal del catequista viene presentado como una persona dotada de equilibrio psicológico, madurez de acuerdo a su edad y capacidad para saber relacionarse normalmente con las demás personas. Sabe escuchar al otro, aceptar de buen grado sus puntos de vista e integrarse al trabajo de grupo. Posee una justa autoestima, espíritu de responsabilidad y sensibilidad social que le permiten descubrir las necesidades ajenas e interesarse por su solución. Procura ser buen comunicador y crear a su alrededor un clima de confianza.

53. Desde el punto de vista cristiano, el catequista es un profeta, un maestro y un testigo. Profeta, porque su servicio específico es anunciar la Palabra, presentando el misterio de Cristo de modo situado. Es un maestro, porque enseña el camino de la fe y los signos bíblicos y experienciales a través de los cuales Dios se revela. Es testigo, porque no habla de cosas que sabe de memoria, sino de su propia experiencia del misterio de Cristo (EN 46). Comunica la fe de la Iglesia y no sus opiniones personales[8].

54. La formación del catequista comprende varias dimensiones: la más profunda hace referencia al ser del catequista; después está lo que el catequista debe saber para desempeñar bien su tarea; finalmente viene la dimensión del saber hacer, ya que la catequesis es un acto de comunicación (DGC 238) y de pedagogía.

55. Algunos aspectos fundamentales a tomarse en cuenta en la formación del catequista son los siguientes: cuidar que el ejercicio de la catequesis alimente la fe del catequista, haciéndole crecer como discípulo; fomente su espiritualidad y su conciencia apostólica. Para ello el catequista ha de conocer y vivir el proyecto de evangelización concreto de ésta Iglesia diocesana y el de su comunidad, a fin de sintonizar con el proyecto evangelizador de nuestra Iglesia particular (DGC 239).

 
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