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Vicaría      de Pastoral

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El Proceso Evangelizador como seguimiento de Jesús.
Orientaciones Pastorales 2006.
Norberto Cardenal Rivera Carrera


INTRODUCCIÓN

1. La redención del creado fue el proyecto que Jesús cumplió, recorriendo su itinerario salvífico de encarnación, anuncio del reino, pasión muerte y resurrección. Al asumir nuestra naturaleza humana, sembró el germen de renovación de cuanto existe en las culturas. Si bien amplios sectores de la sociedad hoy viven como si Dios no existiera, ufanos de los progresos científicos y técnicos, la Iglesia siente la necesidad de continuar proclamando, por todos los rincones del planeta, que todo cuanto existe tiene su principio y su fin en Dios.

2. La herencia del Evangelio debe ser proclamada en modo tal, que la escuchen todas las personas de buena voluntad, con el derecho y la obligación de participar en la humanización de las realidades sociales, lo cual significará colocar a la persona humana como destinatario prioritario del desarrollo y del progreso.

3. Pero la misma persona tiene el derecho y la obligación de orientar cuanto diga en relación con lo social hacia la gloria del Padre creador, del Hijo redentor y del Espíritu santificador. Este horizonte de esperanza debe ser trabajado a través de la así llamada dimensión socio-caritativa de la presencia del cristiano en el mundo.

4. Hermanas y hermanos en Cristo, quiero presentar a la comunidad arquidiocesana la urgencia de injertarnos en el proceso evangelizador que implica el seguimiento de Jesús, y lo hago a través del presente documento. Conocerlo en sus distintas etapas, promoverlo a través de compromisos concretos será la tarea a la que los estoy convocando.

5. Mucho nos ayuda la feliz coincidencia de estar en los umbrales de la V Asamblea Plenaria del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, convocada por S. S. Benedicto XVI, para ser celebrada en el 2007. En sintonía con el latir pastoral de estas iglesias particulares, la Arquidiócesis de México continúa cumpliendo su encomienda de poner en contacto con Cristo vivo a todos los habitantes del Valle de Anáhuac, para despertar en cada uno de ellos el deseo de ser discípulo de Jesucristo el Señor.

6. ¡Qué experiencia ser su discípulo! En una visión de fe contemplo a sus Apóstoles, ya en la alegría del reino. A tantas santas y santos alrededor del trono del Cordero, con sus vestiduras más blancas que la nieve, porque fueron purificados de sus pecados y transformados por el Espíritu del Resucitado.

7. Pero contemplo también, en una visión de esperanza, a tantas y tantos evangelizadores que hoy día, en distintos campos del quehacer social y de la pastoral parroquial y arquidiocesana, dan testimonio de que Jesucristo está vivo y sigue llamando a otros hermanos a su seguimiento, porque la familia todavía no está completamente reunida.

8. Y coronando a esta muchedumbre, cuyo número no puede ser contado, contemplo a la Tonantzin y Señora, mi muchachita del Tepeyac, tan bella como la luna y hermosa como el sol, que de un modo único siguió a su Hijo, del cual recibió la corona como Reina de cielos y tierra. Confío en que, bajo su amparo, actualizaremos las exigencias de la Misión permanente para el 2006, fecha en que festejaremos jubilosamente el 475 aniversario de su manifestación a san Juan Diego, en la colina del Tepeyac.

9. Año con año resuenan los ecos de la voz de la comunidad arquidiocesana, a través de sus representantes por mí convocados, para seguir impulsando juntos el camino evangelizador trazado a partir del II Sínodo diocesano. He querido que la XI Asamblea, apenas celebrada en noviembre de 2005, tomara el tema de la pastoral social como dimensión esencial de la evangelización, que revitalice nuestro caminar misionero.

10. En la espera de que el Papa Benedicto XVI entregue a la Iglesia la exhortación que recoja las propuestas del Sínodo sobre la Eucaristía, quienes formamos parte de esta gran Iglesia particular de la Arquidiócesis de México, continuamos concretizando nuestro caminar evangelizador, teniendo como centro y culminación la Eucaristía.

11. Finalmente, confío en que el contenido del presente Documento será un punto de referencia que prepare y acompañe la próxima visita pastoral que me propongo realizar, comenzando en este año jubilar guadalupano.

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