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Vicaría      de Pastoral

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El Proceso Evangelizador como seguimiento de Jesús.
Orientaciones Pastorales 2006.
Norberto Cardenal Rivera Carrera

CAPÍTULO II

EL SEGUIMIENTO DE JESÚS
Y LA PARTICIPACIÓN
EN LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO

Y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más
Lc 19, 8

Pastoral social y proceso evangelizador

62. A lo largo de su historia milenaria la Iglesia siempre ha dicho su palabra iluminadora acerca de las cuestiones de la vida social. Tantas riquezas han sido puestas bajo la administración de sus manos, que debe responder con el celo de compartir el Evangelio, no sólo una vez, sino hasta setenta veces siete. Y lo hace a través de varios instrumentos, siendo uno de ellos la doctrina social, que coloca a la persona humana y a la sociedad en relación con la luz de la buena Noticia que es Jesucristo.

63. La dimensión social de la pastoral misionera en la Ciudad de México se presenta hoy, con nuevos bríos, impulsada por la reciente presentación para América del Compendio de la doctrina social de la Iglesia, tenida en México el 21 y 22 de noviembre de 2005, y por la voz de la comunidad eclesial en la Asamblea diocesana, del 24 al 26 de noviembre del mismo año. Ambos acontecimientos se inscriben dentro de la tradición social y misionera de nuestra Iglesia particular.

64. Al retomar la evangelización de lo social como parte indispensable del proceso evangelizador arquidiocesano, reconocemos nuestras limitaciones en este ámbito, al tiempo que buscamos superarlas con la participación orgánica de todos los discípulos de Jesús, movidos por la acción transformadora del Espíritu. En efecto, para que la Palabra de Dios sea proclamada y escuchada, necesita del testimonio de la potencia del Espíritu Santo operante en la acción de los cristianos al servicio de sus hermanos, en las situaciones donde se juegan éstos su existencia y su porvenir.

65. Aplicado esto a nuestro proceso misionero, afirmamos que la pastoral social es la expresión viva y concreta de la preocupación de la Iglesia arquidiocesana por evangelizar las realidades económicas, culturales, políticas y religiosas que conforman el tejido social de la capital mexicana.

66. Como inspiración de la Misión 2000 hemos ido aclarando los pasos del proceso evangelizador y, para fortalecerlo, hemos insistido en elementos tales como la sectorización, la reiniciación cristiana, la religiosidad popular y la catequesis; en la XI Asamblea Diocesana consideramos la importancia que tiene la pastoral social dentro de este proceso. Por ello queremos integrarla abiertamente al itinerario de crecimiento en la fe del discípulo y de la comunidad eclesial.

El testimonio de Jesús y la trasformación de la sociedad

67. Muchos siglos de la humanidad pasaron bajo la promesa que Dios hizo de enviarnos un Mesías salvador. Mientras llegaba su cumplimiento, las sociedades fueron dando sus respuestas a las exigencias de la convivencia social, pero la gran mayoría quedaban circunscritas en el horizonte de lo terreno.

68. El nacimiento del Hijo de Dios, de María Virgen, por obra del Espíritu Santo fue el acontecimiento que cambió el curso de la historia: lo divino se unió con lo humano, integrando así el valor de las realidades terrenas dentro del plan de Dios. A partir del misterio de la vida de Jesús y en relación con ella, todo lo humano ha adquirido un significado totalmente nuevo, sea lo que se refiere al valor y dignidad de toda persona humana, con sus derechos y deberes y con su orientación hacia Dios; o al sentido de la vida y de los bienes materiales en el desarrollo integral humano; o al significado de las instituciones humanas de convivencia social y de los valores que dan sentido a la existencia e impulso para construir el futuro.

69. Importa mucho, pues, que volvamos nuestros pasos tras las huellas de Jesús marcadas en el Evangelio, para encontrar en el Cristo vivo la verdadera humanización de las realidades sociales y la clave para participar activamente en la instauración de los valores del reino.

70. Al formar parte de una familia humana, Jesús santificó ejemplarmente la institución familiar, célula básica de la sociedad. La maternidad, la paternidad y la filiación encuentran en el misterio de Dios Trino y Uno su ejemplo inspirador en la historia y su punto de llegada en la eternidad. Movida por ello, la Iglesia bendice a Dios Padre, de quien procede toda paternidad y maternidad en el cielo y en la tierra, celebra a Dios Hijo, fuente de la verdadera filiación y recibe la unción del Espíritu, origen del amor de caridad que se comparte totalmente.

71. Viviendo en una sociedad concreta, recorrió su itinerario evangelizador lleno del Espíritu divino, dando respuesta a individuos, grupos, sectores y ambientes con un testimonio de coherencia y con una presencia comprometida. Nada de lo humano le fue extraño: ni la fiesta de los nuevos esposos, ni la convivencia con gentiles y pecadores; ni los maestros de la ley, ni los grupos sacerdotales o del poder político; ni la alegría, ni la experiencia del hambre, cansancio o dolor. El ciego, el cojo, el mudo, el paralítico, el adúltero, el defraudador, la prostituta, el traicionero, el muerto, el endemoniado encontraban en Jesús el contacto que daba vida y salud, ya que él mismo se presentó como camino, verdad y vida. Hizo suyas nuestras angustias y esperanzas y mostró el camino para vivir la libertad de los hijos de Dios; tomó sobre sí nuestras miserias y les dio la respuesta del amor misericordioso que perdona, levanta y reintegra a la comunión social. A lo largo de su vida terrena enfrentó las diversas tentaciones a las que también nosotros estamos sometidos en el campo del ser, del tener y del estar, y las superó colocando cada cosa en su lugar. Al pecado y a la muerte les infligió la derrota definitiva muriendo en la cruz, entregando todo a su Padre y resucitando por el poder del Espíritu.

72. En una palabra, compartió todas las riquezas de su persona en el servicio de caridad hacia los hermanos. Incluso capacitó a un grupo de sus contemporáneos para integrarlos en su misión de instaurar el reinado de Dios ya desde ahora.

73. De estas verdades brota la dimensión espiritual propia de la pastoral social y de la que deben nutrirse los agentes que participan en ella, al estilo de Jesús que fortalecía su testimonio de caridad hacia los hermanos en la contemplación del Padre.

Pastoral social como testimonio del discípulo de Jesucristo

74. Al hablar de pastoral social tomamos en cuenta el apoyo que la Iglesia brinda a la persona y a las comunidades para que encuentren su lugar en la construcción del reinado de Dios, ayudando a valorar la dignidad de cada sujeto, a interpretar y a resolver los problemas de la convivencia humana y a orientar todo hacia su destino final: Dios todo en todos.

75. Una propuesta que puede iluminarnos para proyectar esto, considera tres dimensiones que marcan la experiencia social humana:

76. El tener o dimensión estructural, donde ubicamos el derecho de toda persona a tener los satisfactores básicos, necesarios para vivir dignamente: trabajo, casa, vestido, alimento, educación.

77. El estar, se refiere, en primer lugar, al derecho de toda persona a encontrar un sitio donde radicar dignamente y en el que pueda llegar a conformar una cultura propia de su familia. Pero también implica el derecho a participar en la construcción de la vida social, para lograr un ambiente de justicia, seguridad y relaciones humanas estables, a través de redes comunitarias que ayuden a la reconstrucción del tejido social.

78. El ser, se refiere a la dimensión personal de la vida, al derecho que toda persona tiene al respeto de su integridad y de su dimensión trascendente, a la posibilidad de ser persona, a ser sujeto capaz de decidir la construcción de la propia vida.

79. Esta visión del quehacer pastoral fue el tema que siguió un itinerario de trabajo iniciado en la consulta a las parroquias, pasando por la reunión con los Decanos, el 6 y 7 de septiembre de 2005 y culminando con la XI Asamblea Diocesana, celebrada del 24 al 26 de noviembre de 2005, con la participación del Secretariado de Pastoral Social. Fue un itinerario de sensibilización que abre el horizonte de la acción arquidiocesana en el campo social.

Formación de agentes y estructuras para la pastoral social

80. Como toda acción pastoral, también la pastoral social debe lograr que, quienes somos sus agentes, lleguemos a inspirar nuestro actuar en los contenidos de la doctrina social cristiana.

81. Para que el testimonio de caridad social del creyente encuentre cauce eficaz, pongo a su consideración los siguientes criterios:

a. Dar prioridad al trabajo con grupos, sin olvidar las acciones a favor de individuos.

b. Pasar de actividades aisladas a acciones coordinadas a largo y mediano plazo.

c. Atender los problemas, a partir de sus causas, sin quedarnos en sus consecuencias.

d. Desarrollar estrategias diversas de trabajo pastoral.

e. Tomar en cuenta a la persona en los diversos aspectos que constituyen su dignidad (imagen de Dios; sexualidad; sociabilidad; historicidad).

f. Promover el respeto de los derechos y obligaciones de toda persona humana.

g. Favorecer el que cada persona encuentre el modo de desarrollarse y superarse, como miembro de una comunidad concreta.

h. Involucrarnos en la transformación social, tomando una postura ética y solidaria como de quien se siente responsable de cooperar en la construcción del Reino de Dios ya desde ahora.

i. Propiciar espacios de reconciliación, interlocución, hospitalidad y de inclusión comunitaria.

82. En la aplicación concreta de estos criterios, será de mucha utilidad tomar en cuenta los contenidos presentados en "Líneas de acción para la evangelización de las culturas en la Ciudad de México a través del testimonio de la pastoral socio-caritativa", del 20 de julio del 2005, publicado por la Vicaría de Pastoral y el Secretariado de Pastoral Socio-caritativa.

83. Cada vicaría, decanato y parroquia procuren contar con un organismo similar al de "Cáritas", con la encomienda de promover y organizar acciones de pastoral social diferenciada.

84. Una visión así enmarcada en la pastoral socio-caritativa como dimensión esencial de la misión evangelizadora del discípulo de Jesús, nos alentará para no escatimar ningún esfuerzo por hacer accesibles los valores del reino de Jesucristo, en la reconstrucción de personas que vagan sin sentido por la vida, o que han cerrado sus ojos a las necesidades de los hermanos, o que se desalientan ante el trabajo abrumador en una sociedad alérgica y contraria a los contenidos sociales del Evangelio.

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