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Vicaría      de Pastoral

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El Proceso Evangelizador como seguimiento de Jesús.
Orientaciones Pastorales 2006.
Norberto Cardenal Rivera Carrera

CAPÍTULO IV

MARÍA DE GUADALUPE,
EVANGELIZADORA DEL ANÁHUAC


Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer,
nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley,
para que recibiéramos la condición de hijos adoptivos de Dios.
Gál 4, 4-5

El acontecimiento guadalupano, ejemplo de evangelización inculturada

116. Las apariciones de la Virgen de Guadalupe en la colina del Tepeyac al indio san Juan Diego son el hecho central de la llamada "Evangelización fundante" y un referente necesario en el compromiso arquidiocesano de la Nueva Evangelización, a través de la Misión Permanente. Personajes que intervienen, diálogos, simbología, ambiente en el que se desarrolló el encuentro del mundo indígena con el español, son elementos que caracterizan este acontecimiento que ha llegado a efectuar el cambio de la civilización occidental.

117. Dios mismo se sirvió de los diversos elementos de la cultura indígena, integrándolos y dándoles su pleno sentido en los grandes contenidos de la novedad definitiva cumplida en Jesucristo. De este modo, la tradición antigua de los naturales fue camino para presentar, a través de flores y cantos, los nuevos contenidos de la fe católica. Y lo hizo sin herir ni la mentalidad española ni la susceptibilidad de los nativos. Ambos fueron hermanados bajo el signo de la Madre del Hijo de Dios en la unidad de la fe y bajo la mezcla de las dos razas en el mestizaje. La Niña mestiza fue la catequista que, magistralmente, sin violencia ni confusión, fue llevando a naturales, criollos, mestizos y españoles al encuentro con Jesucristo en la Iglesia y en los sacramentos.

118. Pero este acontecimiento no es mera materia de la historia pasada. Somos testigos de cómo, con el pasar del tiempo, ha significado el ancla para la permanencia de muchos moradores de estas tierras en la fe de nuestros padres. De ahí que como evangelizados y evangelizadores debemos recuperar los contenidos de este modelo de pedagogía divina y plasmarlos en material y métodos catequísticos que promuevan acciones evangelizadoras.

119. Desentrañar el contenido de dichos elementos y aplicarlos a nuestra situación actual de misión permanente, nos hará valorar un recurso poco aprovechado, para integrarnos al caminar de quienes son vistos como alejados de la profundización de la fe y poco apreciados en sus manifestaciones de piedad y religiosidad popular. Juan Pablo II recogió esta herencia fundamental y fundante del acontecimiento guadalupano y lo expresó en el documento conclusivo del Sínodo de América al afirmar que: "La aparición de María al indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el año de 1531, tuvo una repercusión decisiva para la evangelización" (EiA 11).

120. Así pues, siguiendo las enseñanzas de tantos evangelizadores del pasado y en sintonía con el magisterio pontificio, los nuevos evangelizadores vivamos este año jubilar guadalupano, que conmemora el aniversario 475 de las apariciones de la Morenita en el Tepeyac, para que, contemplando a Santa María de Guadalupe Estrella de la primera y de la nueva evangelización..., ésta produzca un espléndido florecimiento de vida cristiana (Ibíd.) en las acciones evangelizadoras que hemos de promover como discípulos del resucitado.

Testigos inculturados

121. Los misioneros que fueron enviados desde el floreciente imperio español tuvieron que buscar el camino para hacer accesibles los contenidos del Evangelio a personas que, por idioma y cultura, tenían un modo distinto de concebir e interpretar la realidad. Coincidían en que tanto indígenas como españoles basaban la vida diaria en una relación constante con la divinidad y en que ambos formaban parte de un mundo cohesionado por el poder religioso y político. Sin embargo, la diferencia aparecía al relacionar mundo cristianizado europeo con cultura amerindia de gérmenes del Verbo. La distancia parecía abismal, si consideramos que los misioneros europeos traían la "novedad" del Evangelio, mientras que los naturales de este valle consideraban como mentira lo nuevo y lo antiguo como sinónimo de verdad. Además, los naturales vencidos por los conquistadores vivían el trauma de pensar que habían sido abandonados por sus "dioses", a quienes servían de distintos modos.

122. Pero cuando se dio a conocer la Tonantzin en el Tepeyac, el mundo indígena y el español tuvieron una plataforma común de entendimiento: la Niña vestida de cielo, resplandeciente por el sol, entre flores y cantos, afirmó que era la Madre del verdadero Dios por quien se vive, el creador de todas las cosas. Así, en la novedad de la apenas joven mestiza, Dios comenzaba a formar de los dos pueblos uno solo. Y los misioneros que venían como evangelizadores, fueron evangelizados paulatinamente por el método pedagógico divino de este encuentro, de modo que, sin cambiar el contenido central de la fe cristiana, lo fueron adaptando a las culturas de los naturales de estas tierras.

123. ¡Qué pedagogía tan sencilla y profunda para evangelizar! El modelo de la encarnación del Verbo encontraba en el Anáhuac una actualización que marcó el cambio de las civilizaciones de estas tierras. Los nuevos misioneros encontramos aquí el modelo permanente para evangelizar las culturas presentes en la ciudad de México. Volver a estos orígenes nos hará recorrer el camino de la evangelización fundante, siempre eficaz para nuestra labor apostólica.

124. La Ciudad de México nos presenta grandes bloques de culturas antagónicas: el de la religiosidad popular y el de la descristianización o de la globalización; en medio se coloca la cultura de quienes van madurando en la fe, en la participación litúrgica y en el testimonio cristiano. El reto sigue siendo semejante al de los misioneros de la primera evangelización, es decir, cómo llevar a cabo el mandato misionero universal de Jesucristo, respetando el principio teológico-pastoral de "fidelidad a Dios y fidelidad al hombre".

125. Ello implica, por una parte, acercarnos al ministerio de Jesucristo, el enviado por el Padre, que llevó a cabo su misión a través de signos y palabras acercándose a hombres y mujeres de su tiempo, tomando en cuenta el estado y condición de cada uno para que brillara en ellos la luz del Espíritu de santidad. Él mismo es el signo definitivo para manifestar el amor de Dios Padre para todos sus hijos adoptivos. Él es la Palabra hecha carne, que santifica y purifica todos nuestros cuerpos. Los discípulos del resucitado recibieron un encargo apremiante: "ustedes serán mis testigos en..." y lo pusieron en práctica (cfr. Mc 16, 15.20).

126. Por otra parte, implica el testimonio de salir al encuentro de quien va caminando, como lo hizo la Virgen con san Juan Diego y como lo ha hecho con tanta gente que va y viene dentro de la circunscripción de la capital mexicana. De ahí la necesidad de que sigamos manteniendo la actitud de salir a buscar a los alejados y formar con ellos pequeñas comunidades de crecimiento en la fe.

127. Un modo práctico para hacerlo puede ser la fiesta patronal de cada comunidad. Laicos y pastores la vivimos como propia y naturalmente es motivo de trabajo participado. Si bien es saludable que el centro de culto cuente con un plan pastoral a largo plazo, la realización y evaluación de las acciones evangelizadoras en el campo profético, litúrgico y de pastoral social tendrán un punto de referencia concreto cada año. Así, año con año, podremos darle un impulso a la Misión permanente alrededor de la fiesta patronal parroquial. Incluso, los que normalmente asisten a las actividades parroquiales, si forman parte de algún movimiento laical o de alguna cofradía tradicional, podrán ir integrando el carisma propio con los otros carismas, si al interior de la comunidad de crecimiento aprenden a celebrar la advocación patronal de cada asociación o cofradía.

128. Inspirados en el ejemplo de santa María de Guadalupe, quienes colaboramos como agentes misioneros ejercitémonos en la práctica de acercarnos unos a otros, con la identidad de que gozamos en el Cuerpo de Cristo: el pastor, como pastor; el laico, como laico; el consagrado, como consagrado; padre y madre como los primeros educadores de los hijos en el hogar; y todos, como hijos de Dios y hermanos en Jesucristo. Y ésta ha de ser una actitud permanente y diaria; así pondremos en práctica el modo como María se presenta, a saber, como la "siempre virgen, Madre del verdadero Dios por quien se vive".

Medios de evangelización inculturada

129. No podemos decir que ya hemos entrado en sintonía suficiente con la piedad y religiosidad popular presente en las diferentes culturas en esta ciudad. Cada vez la vamos descubriendo como el medio privilegiado por el que tantos hermanos y hermanas han conservado su amor a Dios y como un semillero de riquezas y valores que podrán alcanzar su crecimiento al contacto con el Evangelio. Por eso nuevamente convoco a todos los agentes de pastoral a que nos comprometamos para evangelizar desde la piedad y religiosidad popular, fuertemente impregnada del rostro guadalupano. Muchas ermitas a lo largo y ancho de la Ciudad se convierten en un motivo de cambio comunitario (desaparece la basura; favorece el respeto; quienes pasan expresan su fe con algún signo) y un areópago para proclamar el kerigma cristiano. De igual manera toda expresión de piedad y religiosidad popular es un camino concreto para iniciar un proceso de evangelización, respetando el ritmo de personas y comunidades.

130. Nuevas posibilidades evangelizadoras van siendo recorridas por algunos miembros de la Arquidiócesis en el campo de los medios de comunicación social. Uniendo esfuerzos impulsaremos una evangelización que lleve a fomentar la sensibilización sobre las carencias de diversos grupos humanos y acciones para responder como sociedad, por las cuales se perciba la presencia de la comunidad eclesial en la vida de los más necesitados.

131. Quien es invocada como "salud de los enfermos", nos da ejemplo del amor por los necesitados, al visitar y curar a Bernardino, tío-papá de san Juan Diego. Nuestra Iglesia tiene una tradición que se va solidificando acerca del ministerio de los MESE. Partiendo de la Eucaristía, complementen su servicio, añadiendo el ministerio de la Palabra, de la pastoral socio-caritativa y de la promoción del culto eucarístico, tanto hacia los enfermos y sus familiares, como hacia la comunidad parroquial. Dada la importancia de este ministerio, debe ser promovida la formación de quienes lo ejercen, integrándola en el contexto de la Misión permanente, dentro de una pastoral orgánica en beneficio de los enfermos y llevando a cabo su servicio bajo el cuidado de cada párroco.

María, signo de unidad inculturada

132. Cuando santa María de Guadalupe indica la finalidad por la que pide que se le edifique una casa, manifiesta el mismo contenido del sacrificio redentor de Cristo: cuerpo entregado y sangre derramada por todos. En efecto, ella quiere mostrar y ensalzar al Dueño del cielo y de la tierra, dándolo a las gentes que la amen, que a ella clamen, la busquen y en ella confíen. El amor paternal de Dios es por todos sus hijos; y María no se aparta de este camino; no por nada es invocada y celebrada como Madre de los mexicanos.

133. Como agentes evangelizadores urge que formemos en nosotros actitudes que desemboquen en actividades que transparenten esta universalidad del amor de Dios y que valoremos los carismas de grupos que hacen presencia, quién entre los constructores de la sociedad, quién entre los ambientes económicamente altos, quién en periferias y entre gente social y culturalmente con muchas carencias. Si todos somos evangelizados, algún cambio se irá gestando en nuestra sociedad tan desigual y contradictoria, hasta que lleguemos todos a la aceptación y participación del reinado de Dios.

134. Al hablar de algunos sectores como destinatarios de la evangelización, queremos resaltar carencias especiales que reclaman una intervención más organizada y permanente para hacer sentir en tales grupos el calor de hogar de la divina Providencia. Es por ello que el II Sínodo ha hablado de destinatarios prioritarios (familias, jóvenes, pobres y alejados del influjo del Evangelio) como estrategias pastorales, que no significa excluir o dejar a alguno fuera del itinerario de la salvación.

135. Santa María de Guadalupe se acerca, pues, a todos los miembros de esta sociedad con grandes desigualdades. Y como Madre de la santa esperanza va poniendo en práctica su mensaje de liberación tanto para quien se encuentra en situaciones infrahumanas de pobreza espiritual, como de pobreza material.

136. Como Iglesia arquidiocesana, heredera del mensaje evangélico plasmado en la tilma de san Juan Diego, estamos ante grandes desafíos. Así, por ejemplo, cómo acompañar al indígena para que se integre en la sociedad capitalina conservando, en lo posible, valores de su cultura; al obrero para que descubra el sentido cristiano del trabajo a favor de su familia y de la sociedad; al estudiante para que entienda la complementariedad entre fe y ciencia; al político para que se forme en una mentalidad de servicio por el bien común y de la defensa de la vida y de la dignidad de cada persona; el empresario para que sea formado en el sentido cristiano de los bienes materiales y en la justicia social; al gobernante, para que actúe inspirado por criterios que favorezcan el bien común. Este es el mundo de los agentes laicos evangelizadores, formados por instituciones educativas de la sociedad y por diversas estructuras eclesiales.

137. El mundo de los trabajadores todavía sigue siendo un territorio al que muy poco hemos llegado como Iglesia. A la tradición de realizar peregrinaciones a la Basílica convendría añadir celebraciones eucarísticas en los momentos fuertes del año litúrgico, acercándonos a ellos para ofrecerles el Evangelio como inspirador de su vida.

138. Ante estos desafíos es necesario que todos los centros de formación de agentes de evangelización (seminarios y casas de formación religiosa, institutos arquidiocesanos y CEFALAE’s) integren este cariz de piedad y religiosidad popular de una manera teórica y práctica. Asimismo se promoverá en ellos una conciencia de esta universalidad del mensaje guadalupano; de disponibilidad completa para el servicio a Dios y a los hermanos; de identidad permanente, de acuerdo al propio estado de vida en el trabajo evangelizador; de cercanía a la gente, no por beneficios económicos, sino movidos por el interés evangelizador que transparenta la Reina y Señora del Tepeyac.

139. El mensaje guadalupano seguirá siendo motor de unidad si laicos, consagrados y pastores escuchamos juntos la voz de Dios presente en los "nuevos signos de los tiempos" y nos comprometemos orgánicamente para mostrar al verdadero Dios por quien se vive. Las diferentes estructuras de la organización pastoral arquidiocesana deben responder a esta finalidad evangelizadora.

140. A la luz de estos elementos descubrimos que en dicho mensaje se encuentra un dinamismo muy mexicano para continuar colaborando en el proceso evangelizador contenido en la Misión permanente. Quien ha experimentado el amor de Dios, siente la urgencia de compartirlo con los demás. Santa María de Guadalupe, san Juan Diego, el obispo fray Juan de Zumárraga, los diversos misioneros, los mártires de la persecución religiosa en México nos marcan la pauta de que todos formamos parte de este pueblo de mensajeros de Dios. Se espera de cada uno y de cada grupo un testimonio bautismal, fortalecido por los diferentes ministerios y carismas con los que hemos sido enriquecidos por el Espíritu Santo, protagonista principal de la Misión de la Iglesia.

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