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Vicaría      de Pastoral

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Agentes de evangelización en Misión Permanente
Orientaciones Pastorales 2007.
Norberto Cardenal Rivera Carrera

 

INTRODUCCIÓN

Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo;
él vendrá sobre ustedes para que sean mis testigos
en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria
y hasta los extremos de la tierra.

Hch 1, 8

1. El tercer milenio avanza rápidamente y pronto estaremos completando su primera década. Los habitantes de la ciudad de México están viviendo el siglo XXI con gran apertura al cambio social y con una conciencia crítica creciente. La complejidad de los retos se ha ido convirtiendo en el principal incentivo que impulsa la conciencia ciudadana, el ambiente democrático y la búsqueda de justicia social.

2. El paso de madurez en que estamos empeñados todos los habitantes de esta gran ciudad, nos apremia de una manera singular a quienes somos bautizados y miembros de la Iglesia por el don gratuito de Dios Padre. A la luz de la fe, los anhelos profundos de la comunidad humana que habita esta urbe son voz del Espíritu que nos pide un salto de calidad en nuestra práctica cristiana.

3. Para apresurar el paso al ritmo que el Espíritu nos está manifestando, quiero invitarles a vivir una etapa en la que pongamos especial atención en la reflexión y acción pastorales. Sabiendo que es Jesús quien nos invita a seguirle, enfrentemos con valentía los desafíos que la ciudad nos presenta y saquemos las consecuencias para la vida de nuestra Iglesia diocesana, teniendo presente que hemos recibido la encomienda de testimoniar el Evangelio a todos sus habitantes.

4. Concreticemos ese propósito siguiendo el espíritu de la XII Asamblea Diocesana: centrar nuestros esfuerzos en fortalecer la conciencia de ser discípulos y en desarrollar la capacidad apostólica de nuestra vocación bautismal.

I. FIRMEZA PARA CONTINUAR NUESTRA TAREA

…estén siempre dispuestos a dar razón de su esperanza
a todo el que les pida explicaciones.
Háganlo, sin embargo, con sencillez y respeto…
1 Pe 3, 15-16

5. Invito a toda la Iglesia Diocesana a que vivamos una nueva etapa en nuestro caminar pastoral como lo hemos hecho en otros momentos. En ocasiones anteriores, la programación a mediano plazo ha representado períodos de renovación alentadora para el conjunto de nuestra Iglesia local. Vivimos esa experiencia con motivo de la preparación y celebración del Jubileo de la Encarnación (cf. Hacia el Plan Pastoral de la Arquidiócesis de México. 1997-2000). Con esa misma perspectiva presenté las orientaciones pastorales para los años 2001 y 2002, el objetivo era consolidar la pastoral misionera como nuestra labor habitual (cf. La Misión Permanente en nuestra Iglesia local y Consolidar el Proceso Misionero).

Mirando hacia delante. Necesidad de la planeación

6. Con esa visión, les propongo ahora esta nueva etapa de impulso a la pastoral de conjunto. Desde 1993, cuando la Comunidad Diocesana recibió el Decreto General del II Sínodo, inició la implementación del nuevo proyecto misionero para la Ciudad de México. Profundizando en esa dirección en la que el Espíritu nos precede, abramos el horizonte de nuestro caminar hacia el año 2013 en que se cumplirán 20 años del II Sínodo.

7. El objetivo será la formación de los agentes de evangelización y su compromiso apostólico, para poder orientar nuestra tarea pastoral de manera más eficaz hacia los destinatarios prioritarios de nuestra Ciudad. Esta etapa constará de dos períodos de tres años cada una con una especial evaluación al culminarlos. Uno, considerando los años 2007 al 2009 y otro del 2010 al 2012. El año 2013 será el momento para realizar una amplia consulta dentro y fuera del ambiente eclesial a fin de proyectar las prioridades de una nueva etapa.

8. Este programa general permitirá señalar metas intermedias para avanzar de manera paulatina y firme en lo que es la "columna vertebral" de nuestro proyecto evangelizador: la pastoral misionera para inculturar el Evangelio en los ambientes de nuestra Ciudad. Quiero pedirles a todos los responsables de las distintas instancias pastorales de la Arquidiócesis que, sin romper la continuidad de sus tareas específicas, revisen la consonancia de sus programas con el espíritu y los lineamientos aquí expresados, con una gran disposición de incrementar la comunión y coordinación pastoral arquidiocesana.

9. A la Vicaría General de Pastoral le he encomendado que desarrolle y presente los objetivos parciales y los programas que concreticen estas orientaciones, así como la manera de darles seguimiento y realizar la evaluación respectiva. La estrategia que debemos favorecer es llevar adelante la descentralización efectiva de las tareas pastorales fortaleciendo la unidad arquidiocesana en todas las instancias de coordinación.

10. El signo que nos dirá si vamos en la dirección correcta será la multiplicación significativa de la participación en la planeación y ejecución de los programas concretos, especialmente de miembros de sectores ahora ausentes en la organización eclesial y que son representantes de las nuevas generaciones y líderes naturales en su contexto.

11. Darnos un horizonte que permita programas y estrategias a mediano y largo plazo favorecerá que en todos los niveles podamos asimilar algunos criterios comunes de planeación pastoral básica. Más que técnica de planeación, busquemos desarrollar la sensibilidad para captar lo que el Espíritu va gestando lentamente en el corazón de nuestras comunidades. Este es un objetivo prioritario y urgente porque responde a la voz de los bautizados comprometidos que constantemente escuchamos y que siguen alertando sobre el escaso espíritu eclesial de los pastores y coordinadores para respetar, apreciar, alentar y darle continuidad a la maduración de los bautizados: en la fe, en su integración a la comunidad y en asumir un compromiso de servicio.

Reflexión, acción y evaluación pastoral

12. También, esta etapa se debe caracterizar por una reflexión pastoral profunda y sistemática, de tal forma que consolidemos el cimiento de nuestra vocación cristiana y de nuestra vocación eclesial. El contenido de la reflexión tendrá como centro la espiritualidad de la Iglesia, que es una sola, se funda en el bautismo y es alimentada por la Palabra de Dios y los sacramentos, aún cuando sea vivida de modo diverso según la gracia y situación en la que el Señor ha querido a cada uno de sus hijos.

13. Tener enfrente una etapa de reflexión y acción pastoral significa, por tanto, una oportunidad de crecer en la conciencia de ser Iglesia. La Iglesia de la Ciudad de México está encarnada en cada parroquia, en cada grupo, en cada organización y movimiento apostólico y en cada cristiano comprometido en vivir su fe. La Iglesia son los bautizados y el potencial de la Iglesia es hacerse presente en la ciudad en el testimonio de cada bautizado.

14. Otro objetivo importante es continuar aprendiendo a evaluar nuestros alcances evangelizadores. Se trata de descubrir los tiempos de evaluación como momentos de gracia para escuchar la voz del Espíritu que nos habla en nuestra comunidad eclesial y en nuestro entorno urbano. El resultado de la escucha se ilumina con el Evangelio, para tener presente que la fuerza o la debilidad de una comunidad cristiana no se mide por la cantidad de actividades o por el número de grupos sino por las actitudes fraternas y de servicio.

15. Apropiarse de esa dinámica nos permitirá profundizar en nuestra capacidad de escucha, de revisión y de proyección. Así, por ejemplo, podremos aprovechar más plenamente acontecimientos eclesiales como la Visita Pastoral, para dinamizar el trabajo habitual de nuestras comunidades. Y también la Asamblea Diocesana, ocasión importante para pulsar el momento de nuestra Iglesia Local en todos los niveles de coordinación pastoral. Esa voz permite al Obispo marcar las prioridades y orientar la continuidad del plan diocesano.

16. Ahora, con estas orientaciones, les estoy proponiendo un itinerario para ponernos más decididamente en la dirección de promover, mediante la experiencia de la vida cristiana como discipulado, el compromiso apostólico de los bautizados. Esta propuesta surge como fruto de nuestra experiencia pastoral postsinodal, de los signos de los tiempos que se están manifestando en nuestra ciudad, de la XII Asamblea Diocesana, y del contexto eclesial continental y universal del cual formamos parte.

En sintonía con la Iglesia universal

17. En el contexto eclesial más amplio se reúnen circunstancias providenciales que debemos aprovechar para impulsar el camino pastoral de nuestra Iglesia local. El ambiente de reflexión al que hemos sido convocados con el inicio de la preparación a la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, y su tema: "Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida", está siendo ya una gran ocasión de enriquecimiento.

18. El trabajo que nos preparó a la realización de la reciente Asamblea Diocesana, así como la consulta para aportar al documento de participación de la V CELAM, nos puso en consonancia temática con las Iglesias hermanas de Latinoamérica y favoreció un clima de reflexión entre muchos de los agentes de evangelización de nuestra Arquidiócesis.

19. El primer período propuesto, del año 2007 al 2009, tendrá una motivación significativa con la celebración del Encuentro Mundial para la Familia que se celebrará en la Arquidiócesis de México. Esta será una oportunidad providencial para preguntarnos sobre las prioridades sinodales que aún no han impactado significativamente nuestros esfuerzos pastorales. Es la ocasión para escuchar a las familias y también a los jóvenes desde la base de nuestras comunidades, organizaciones y movimientos apostólicos. Su voz es indispensable para que nuestra pastoral parta de la realidad que se vive en la Ciudad.

20. También, al cumplirse aniversarios significativos para la reflexión contemporánea sobre la evangelización, especialmente los 40 años del Concilio Vaticano II y los 30 años de la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi de Pablo VI, por el camino que nosotros hemos recorrido, tenemos una ocasión para aquilatar la iluminación fundamental del II Sínodo Diocesano de la Ciudad de México.

Un nuevo impulso a la pastoral diocesana

21. Así, esta nueva etapa del caminar diocesano propone una atención sistemática e integral a la formación de los diversos Agentes evangelizadores. Para apoyar la realización de ese objetivo, les invito a impulsar una reflexión pastoral constante, que motive a todos a expresar sus inquietudes y a involucrarse en la definición del paso siguiente. También, una mentalidad de planeación que se distinga por dar continuidad y visión de futuro a las tareas presentes. De esa manera, todos los Agentes se irán compenetrando más con su vocación de discípulos de Jesús y con la tarea evangelizadora que nos corresponde realizar en la Ciudad.

22. Este impulso a la pastoral de conjunto requiere de una profunda espiritualidad del seguimiento de Jesús, como fundamento de todos nuestros esfuerzos eclesiales. Señalarnos esta etapa de trabajo en común es ocasión para renovar la esperanza y el entusiasmo como discípulos que experimentan una alegría profunda en su corazón porque el Señor vuelve a enviarlos a evangelizar.

23. Exhorto, pues, a todos los miembros de la Comunidad Arquidiocesana a renovar nuestro propósito de ser una Iglesia evangelizadora. No perdamos esa ruta, dejemos que el impulso del Espíritu de Jesús nos guíe. Afinemos nuestras prioridades pastorales y trabajemos cotidianamente con visión de futuro. Así se puede concretizar la esperanza que nos alienta a convertirnos en una comunidad de bautizados capaz de dar razón de su fe en el lugar donde el Señor nos ha colocado.

24. Ante un panorama cambiante y complejo como el actual, la virtud de la esperanza está sometida a dura prueba en la comunidad de los creyentes. Por eso mismo hemos de ser apóstoles esperanzados, que confían con alegría en las promesas de Dios. Él nunca abandona a su pueblo, sino que lo llama a conversión para que su Reino se haga realidad. Reino de Dios quiere decir no sólo que Dios existe y vive, sino que está presente y actúa en el mundo. Es la realidad más íntima y decisiva en cada acto de la vida humana, en cada momento de la historia. El diseño y realización de los programas pastorales deben reflejar, pues, esta confianza en la presencia amorosa de Dios en el mundo (VAL, Discurso 23-09-2005).

25. Sepamos vivir este momento de la historia que nos toca: ¡Caminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como océano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo. El Hijo de Dios, que se encarnó hace 2000 años por amor al hombre, realiza también hoy su obra. Hemos de aguzar la vista para verla y, sobre todo, tener un gran corazón para convertirnos nosotros mismos en sus instrumentos… (NMI n. 58).

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