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Vicaría      de Pastoral

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Agentes de evangelización en Misión Permanente
Orientaciones Pastorales 2007.
Norberto Cardenal Rivera Carrera

II. COMO DISCÍPULOS DE JESUCRISTO, RENOVEMOS NUESTRA IDENTIDAD CRISTIANA

Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres.
Ellos dejaron inmediatamente las redes y lo siguieron.
Mc 1, 17-18

Cristiano, quien es llamado por Jesús y le da su respuesta

26. Para continuar la actualización del proyecto pastoral surgido del II Sínodo diocesano, tomemos la iniciación cristiana como inspiración del camino evangelizador en esta Iglesia particular. Partamos de una afirmación vital: el misterio de nuestra identidad está en Dios: antes de formarte en el vientre te conocí; antes que salieras del seno te consagré, te constituí profeta de las naciones (Jr 1, 5). Esto quiere decir que antes que cualquier mediación histórica de la propia vocación en la Iglesia y en la sociedad está el conocimiento, la consagración y la constitución con que nos ha plasmado el amor de Dios.

27. Una segunda gracia que recibimos, generalmente antes de tener conciencia, es el ser presentados ante la Iglesia y la sociedad, como hijos de Dios.

28. De estas dos gracias tendría que seguir un reconocimiento de parte nuestra: lo que somos en este momento es sólo por la misericordia de Dios. La vocación en la que cada creyente de la ciudad de México se está desarrollando tiene esta base.

29. Jesucristo sigue vivo y camina en esta Arquidiócesis, pidiendo que descubramos su presencia y pongamos atención a su llamada para seguirlo como discípulos suyos.

30. El proyecto misionero en la Arquidiócesis de México, caracterizado como estado de misión permanente nos lleva a considerar la iniciación cristiana como un camino permanente de revitalización para quienes hemos aceptado nuestra identidad de hijos de Dios y nuestra participación en la obra evangelizadora de la Iglesia.

31. Dar razón de nuestra fe nos convierte en instrumentos del Señor. Después de aceptar su invitación, Vengan conmigo, comenzamos a seguir sus huellas y, con ello, una senda más llena de vida. Jesús viene a hacer germinar con un sentido de plenitud los dones que el Padre ya nos había dado. El Espíritu impulsa al creyente a adoptar un estilo de vida que se distingue por la entrega, la esperanza y las actitudes de amor.

32. Una de las singularidades del Dios que se revela en Cristo es que el primer paso siempre lo da Él. La iniciativa es suya y su motivación es el amor. Esto permite ver que la fe cristiana es don y respuesta, que en el Evangelio se concretiza en una llamada a seguir un camino de entrega por amor. Así, creer en Jesucristo es seguirle. El seguimiento comporta entablar una relación personal con Jesús y la voluntad de encarnar los valores del evangelio en la propia vida. De esta manera, la fe cristiana es la adhesión libre y personal a Jesucristo, que se ha revelado como el Dios—con—nosotros, el Dios encarnado.

33. El cristiano es elegido y llamado por puro amor, al recibir el bautismo se celebra y explicita su vocación, misma que será reafirmada y madurada en la confirmación y alimentada en la eucaristía. Quien vive la iniciación cristiana se convierte en alguien que tiene la capacidad para llegar a ser hijo de Dios (cf. Jn 1,12). Está llamado, también, a hacer suya aquella misión que Jesús mismo anunció en Nazaret: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos… (Lc 4,18).

34. Es la inserción en Cristo por medio de la fe y de los sacramentos de la iniciación cristiana, la raíz primera que origina la nueva condición del cristiano en el misterio de la Iglesia, la que constituye su más profunda 'fisonomía', la que está a la base de todas las vocaciones y del dinamismo de la vida cristiana… En Cristo Jesús, muerto y resucitado, el bautismo llega a ser una "nueva creación" (Gál 6,15; 2Cor 5,17) una creación purificada del pecado y purificada por la gracia (ChL n. 9).

35. La vocación bautismal es una consagración que el mismo Espíritu realiza en la persona del cristiano. El Espíritu 'unge' al bautizado, le imprime un sello indeleble (cf. 2Cor 1,21-22) y lo constituye en templo espiritual; es decir, le llena de la santa presencia de Dios gracias a la unión y conformación con Cristo (ChL n. 13).

36. Quien quiere mantenerse como discípulo tiene necesidad de continuar madurando su condición de creyente, renunciar a poner el fundamento de la propia vida en sí mismo y a querer realizarla con los propios recursos. La actitud del creyente va creciendo hacia una confianza incondicional hacia el Maestro. En la práctica significa una relación estrecha e indisoluble, entre conocer y encontrarse con Dios y la capacidad de conmoverse y decidirse a servir con amor a sus semejantes.

37. Así el cristiano "interpreta" su vocación, para hacer actual y significativo el mensaje cristiano en lo que vive y donde esté. El testimonio cristiano produce un efecto de humanidad, que es un signo comprensible universalmente. El cristiano se implica en la situación de sus semejantes, haciéndolo se convierte en testigo del Crucificado que ahora está Vivo, es el Resucitado. Cuando el cristiano asume esa actitud de encarnación, la Buena Noticia es proclamada al alcance de todos. Es en ese sentido que hoy seguimos necesitando testigos para que el Evangelio sea proclamado en el lenguaje que todo ser humano comprende.

Seguir a Cristo aquí, ahora, en medio de nuestra sociedad

38. En esa actitud de encarnación redescubrimos nuestra vocación cristiana. El cristiano mantiene viva la memoria de Cristo, no siendo un simple narrador exacto de su enseñanza, sino por ser una persona comprometida con la humanidad, causa que defiende Jesús hasta dar la vida por ella.

39. La reflexión de la Iglesia sobre la evangelización, que es su razón de ser, siempre ha tenido abundantes frutos para afirmar su identidad y aprender a revisar sus avances y carencias. En la perseverancia para ser fiel a su vocación, cada cristiano y todo el Pueblo de Dios deben mantenerse atentos a la comunidad humana donde el Señor los ha insertado.

40. Ya en 1965, en la clausura del Concilio, el Papa Pablo VI había expresado: Tal vez nunca como en esta ocasión ha sentido la Iglesia la necesidad de conocer, acercarse, penetrar, servir y evangelizar a la sociedad que le rodea, y de seguirla, por decirlo así, de alcanzarla en su rápido y continuo cambio.

41. Después, a diez años de distancia, el mismo Papa reconoce que las condiciones de la sociedad y las exigencias del Concilio, inducían a buscar por todos los medios el modo de llevar al hombre moderno el mensaje cristiano. Identifica la evangelización como la "misión esencial" de la Iglesia: …una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo… (Declaración final del Sínodo de 1974 n. 14).

42. Debemos cuidar no reducir la evangelización a alguno de sus elementos para que no resulte una definición parcial o fragmentaria. La Evangelii Nuntiandi dice que: Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Noticia a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad: He aquí que hago nuevas todas las cosas (Ap 21,5; cf. 2Cor 5,17; Gál 6,19) (n.18).

43. Para la Iglesia no se trata solamente de predicar el Evangelio en zonas geográficas cada vez más numerosas, sino de alcanzar y transformar con la fuerza del evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación" (EN n. 19). Porque la ruptura entre Evangelio y cultura es, sin duda alguna, el drama de nuestro tiempo (Idem. n. 20).

El que vive el Evangelio es cristiano e Iglesia

44. Hay que advertir que la evangelización no es unidireccional, la Iglesia que evangeliza es a su vez evangelizada e interpelada permanentemente, por el Evangelio que anuncia y al que ha de servir, por la humanidad a la que ha de evangelizar y por los signos de los tiempos. Este es un reconocimiento que tiene implicaciones en la valoración de las culturas, tema central en el II Sínodo Diocesano.

45. La Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizada, si quiere conservar su frescura, su impulso y su fuerza para anunciar el Evangelio. El Concilio Vaticano lo ha recordado y el Sínodo de 1974 tocó insistentemente este tema de la Iglesia que se evangeliza a través de una conversión y una renovación constantes, para evangelizar al mundo de manera creíble. (cf. EN n. 15).

46. Redescubrimos nuestra vocación cristiana cuando vivimos personalmente el proceso evangelizador, que es como una rueda que gira y nos impulsa hacia delante, pues sus etapas se alimentan entre sí: recibimos el anuncio de la Buena Noticia, lo aceptamos en nuestra vida, lo ponemos en práctica y lo compartimos con nuestros hermanos.

47. Aunque ya seamos bautizados e incluso estemos comprometidos en el anuncio del Evangelio, escuchar nuevamente la Buena Noticia: la Palabra se hizo carne y puso sus morada entre nosotros (Jn 1,14), revitaliza nuestra fe y purifica lo que haya en nuestra vida de anti-evangelio.

48. La aceptación del Evangelio es la segunda etapa del proceso: … el anuncio no adquiere toda su dimensión más que cuando es escuchado, aceptado, asimilado y cuando hace nacer en quien lo ha recibido una adhesión de corazón (EN n. 23). Sin aceptación no hay evangelización eficaz y realizada. El Evangelio sólo es aceptado de verdad cuando es descubierto y asumido como camino de realización. Quien no lo acepta como tal, difícilmente podrá hacer suya la propuesta de vida que hace el Evangelio de Jesús.

49. Preguntarnos sobre nuestra propia aceptación del Evangelio es algo indispensable, sobre todo porque nos encontramos hoy con el hecho de que las nuevas generaciones muchas veces no rechazan el Evangelio de Jesús, sino la vida de los cristianos cuando niega el Evangelio que dicen anunciar. No debemos olvidar que, especialmente en el ámbito de la evangelización, las obras clarifican y certifican las palabras.

50. El tercer aspecto, quizá el más decisivo de la evangelización, es la práctica del Evangelio. Es la meta de toda evangelización. Se trata de vivir el Reino de Dios y sus valores en forma consciente y coherente. Según esto, cualquier acción acorde con el Evangelio es ya evangelización. Y, cuando esa práctica es consciente, entonces tenemos un cristiano que ha madurado su discipulado y se va convirtiendo en apóstol.

51. Ser discípulo de Cristo conlleva un aprendizaje constante. Lo recibido se va haciendo consciente en una experiencia de profunda alegría y gratitud. Entre más se profundiza esa experiencia, más se convierte el Evangelio en la guía de la propia vida. El que se ha convertido a Jesús descubre que después de orientar sus pasos detrás de quien lo llama, viene el "cada día" (cf. Lc 9,23) como reto de entrega cada vez mayor.

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