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Vicaría      de Pastoral

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Agentes de evangelización en Misión Permanente
Orientaciones Pastorales 2007.
Norberto Cardenal Rivera Carrera

IV. DISCÍPULOS PARA LA MISIÓN. NUESTRO HORIZONTE ECLESIAL FUTURO

Como el Padre me ha enviado, yo también los envío a ustedes.
Sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo.
Jn 20, 21-22

70. Miremos nuestro horizonte futuro con gran confianza porque el principal Agente de Evangelización es el Espíritu Santo, es quien abre brecha y encabeza la realización de la Misión que el Padre encomendó a su Hijo Jesús, quien a su vez envió a sus discípulos para continuarla, prometiéndoles que les enviaría un Consolador. La acción del Espíritu, que sopla donde quiere, rebasa los límites jurisdiccionales y pastorales de la Iglesia, marcando rutas inéditas por donde ésta habrá que transitar con profunda espiritualidad para llevar la Buena Noticia donde está ausente.

71. Para que seamos Iglesia evangelizadora, los bautizados debemos reconocernos como discípulos, es decir, seguidores de Jesús; así, madurando nuestra opción, perseverando en seguir sus pasos, el Señor nos enviará por medio de la comunidad, convirtiéndonos en apóstoles para insertarnos como levadura, sal y luz en los ambientes de la Ciudad.

72. El inicio del camino postsinodal estuvo centrado en la preocupación de cómo llegar a los alejados. El proyecto misionero propuesto por el Sínodo respondió a la situación existente en la Ciudad. Era necesario preguntarnos sobre aquellos que se mantenían al margen del influjo del Evangelio.

73. Antes, nuestra experiencia eran los eventos misioneros extraordinarios que tenían como finalidad motivar a las personas a recibir los sacramentos y, más recientemente, también a unirse en pequeñas comunidades de reflexión. Uno de los frutos del impulso del Sínodo fue la "recuperación" de la etapa misionera para nuestra acción evangelizadora.

Proceso evangelizador, camino para la Misión

74. Ahora, hemos ido asumiendo la propuesta de la Misión en su sentido de proceso evangelizador, es decir, una tarea de siembra y cultivo que necesita atención continuada para que la semilla de la fe pueda madurar, germinar, crecer y desarrollarse hasta dar fruto. La comunidad creyente debe realizar esta tarea atenta y cuidadosa con cada persona que el Señor llama.

75. Ahí ha radicado la importancia de reconocer a la etapa misionera como parte del proceso evangelizador. El ejercicio concreto de misión intensiva, que hemos puesto en práctica, anunciando el Evangelio y llamando a la conversión a Jesús (cf. DGC n. 61), ha renovado el entusiasmo misionero en muchos agentes de evangelización. También nos ha permitido identificar con mayor claridad, la necesidad de proponer a los bautizados no evangelizados un itinerario de reiniciación cristiana, estructurada con sentido catecumenal.

76. Así mismo, para darle continuidad a la etapa misionera, es necesario comprender y valorar el sentido de la catequesis como fundamentación de la primera adhesión a Jesucristo, transmitida como experiencia viva del Evangelio, como formación para la vida cristiana y, por tanto, que inicia en el discipulado e incorpora a la comunidad al que se ha convertido, para que viva, celebre y testimonie la fe (cf. DGC 63.66.68). Por tanto, la finalidad de la catequesis hace que sea la etapa del proceso evangelizador que permite profundizar la intimidad con Jesucristo y la comunión con la Iglesia (cf. DGC 80), siendo necesaria para las distintos momentos de la vida del discípulo.

77. Y, también, reconocer el proceso evangelizador en su conjunto, ha logrado que aumente la conciencia de la necesidad del servicio apostólico, sin el cual no se muestra plenamente las consecuencias del Evangelio que se ha aceptado y que se quiere vivir cotidianamente, colaborando en la edificación del Reino de Dios.

78. Colocando al proceso evangelizador como eje del proyecto diocesano, en nuestra Iglesia local poco a poco van surgiendo y evolucionando los ministerios y servicios fundamentales, para que seamos capaces de comunicar el Evangelio en la Ciudad.

79. Pero el Sínodo no sólo habló de los alejados, también presentó como destinatarios prioritarios a los jóvenes, a las familias y a los pobres. Cada uno de estos destinatarios representan un punto de proyección específico para la acción evangelizadora de nuestro caminar futuro.

Retomar nuestras prioridades pastorales

80. Para que así suceda, comencemos por escuchar sus necesidades y anhelos. Siguiendo la reflexión sinodal, busquemos una mayor cercanía con los jóvenes y las familias, en especial con quienes viven en la pobreza y están alejados del Evangelio. Abramos nuestra atención no sólo a la base de nuestras comunidades y grupos, sino a todos los miembros de la sociedad urbana, sobre todo si no tienen relación con nuestro ambiente eclesial.

81. La actitud de escucha no es un simple recurso sociológico, sino una forma de poner en práctica el testimonio, el diálogo y la actitud de encarnación como medios de evangelización. Al mismo tiempo que actualizamos nuestro conocimiento directo de la realidad urbana, vamos afinando la sensibilidad para reconocer la riqueza de todas las personas que actúan a favor de la dignidad del ser humano y buscan el bien común. Ahí tenemos el terreno que el Espíritu ha estado preparando para la semilla del Evangelio.

82. Especialmente con los jóvenes debemos procurar esa cercanía que permita a la comunidad eclesial vibrar con sus expectativas y sueños, así como compartir sus sufrimientos y carencias. Identificadas con la cultura de hoy, las generaciones jóvenes son un reto para la Iglesia que quiere ser evangelizadora porque nos obliga a revisar nuestras mentalidades, actitudes y conductas para aprender a dialogar y a construir a partir de la realidad de quienes no conocen a Jesús.

83. En ese sentido, la orientación que el Santo Padre Benedicto XVI nos dio a los Obispos de México, con motivo de la última Visita Ad Limina Apostolorum, resulta muy oportuna para clarificar nuestras tareas diocesanas prioritarias, comenzando por el objetivo de poner especial atención en la formación de los Agentes. Al respecto, el Papa nos expresó que el reto pastoral que enfrentamos requiere una formación integral, en todos los ámbitos de la Iglesia, que ayude a cada fiel a vivir el Evangelio en las diversas dimensiones de la vida. Sólo así se puede dar razón de la propia esperanza (VAL, Discurso 08-09-2005).

84. Ante el ambiente social donde predomina el pluralismo cultural y religioso, corrientes de pensamiento que excluyen a Dios de la vida del hombre y que son causa de desorientación y del alejamiento de muchos de la comunidad eclesial, el Papa recomienda acompañar a los jóvenes y convocarlos con entusiasmo para que, integrados de nuevo a la comunidad eclesial, asuman el compromiso de transformar la sociedad como exigencia fundamental del seguimiento de Cristo (VAL, Discurso 08-09-2005).

85. Este criterio tendría que orientar nuestro programa de formación de Agentes, especialmente en el caso de las nuevas generaciones, para comprender la inculturación del Evangelio en la Ciudad con toda su amplitud. Así, la maduración de los discípulos en apóstoles significará en la Ciudad de México un verdadero envío de los bautizados a los ambientes seculares de la urbe.

86. El Papa continúa diciendo cómo asumir el desafío de acompañar a los jóvenes: Ellos, con sus preguntas e inquietudes y también con la alegría de su fe, siguen siendo para nosotros un estímulo en nuestro ministerio. En muchos de ellos existe el falso concepto de que comprometerse o tomar decisiones definitivas hace perder la libertad. Conviene recordarles, en cambio, que el hombre se hace libre cuando se compromete incondicionalmente con la verdad y el bien. Sólo así es posible encontrar un sentido a la vida y construir algo grande y duradero si tienen a Jesucristo como centro de su existencia (VAL, Discurso 29-09-2005).

87. También acerca de las familias la palabra del Papa nos ayuda a retomar una de nuestras prioridades pastorales: Asimismo, las familias requieren un acompañamiento adecuado para poder descubrir y vivir su dimensión de "iglesia doméstica". El padre y la madre necesitan recibir una formación que les ayude a ser los "primeros evangelizadores" de sus hijos; sólo así podrán realizarse como la primera escuela de la vida y de la fe (VAL, Discurso 08-09-2005).

88. Nuestra pastoral familiar puede tomar ese cauce de identidad y de crecimiento, con la intención de motivar y apoyar a todos los padres de familia, especialmente a los más sencillos por su instrucción o condición. De tal manera que conscientes de la encomienda que les ha dado el Padre de todos, experimenten entusiasmo por hacerse capaces de ser los primeros en comunicar el amor de Dios a sus hijos.

89. Sobre la realidad de pobreza en las grandes ciudades como la nuestra, el Papa reflexiona sobre las distintas clases sociales existentes a las que se debe dar atención pastoral sin discriminación. En ese contexto, pide que se atienda prioritariamente a quienes se encuentran en situación de gran pobreza, soledad o marginación, así como a los hermanos que emigran del ambiente rural al urbano (cf. VAL, Discurso 23-09-2005).

90. Quisiera recordarles la invitación que he hecho en años anteriores, para que todas las comunidades procuraran tener como objetivo la práctica de la caridad. Los graves contrastes de pobreza que encontramos cotidianamente en la Ciudad nos desafían a que nuestra pastoral de la caridad vaya complementando sus expresiones, para que junto a las acciones asistenciales comiencen a surgir programas de promoción humana. Cobrará un impulso especial esta pastoral cuando tengamos la madurez de unir fuerzas y recursos con las múltiples organizaciones humanitarias que trabajan a favor de los pobres. En ese ámbito que promueve la solidaridad con los más pobres, nuestro testimonio fraterno y de fe debe estar presente con mayor fuerza.

91. Cuando confrontamos nuestra vida de bautizados y de Iglesia con la realidad de la Ciudad de México, el valor de su gente y su compleja problemática, nos damos cuenta que el Señor, a través del signo de nuestra ciudad, nos está pidiendo mucho más. El desafío pastoral que nos presentan las situaciones concretas es providencial para que impulsemos nuestro caminar: La sociedad actual cuestiona y observa a la Iglesia, exigiendo coherencia e intrepidez en la fe. Signos visibles de credibilidad serán el testimonio de vida, la unidad de los creyentes, el servicio a los pobres y la incansable promoción de su dignidad. En la tarea de evangelizadora hay que ser creativos, siempre en fidelidad a la Tradición de la Iglesia y de su magisterio (VAL, Discurso 08-09-2005).

92. Retomar las prioridades pastorales que nos hemos marcado con actitud de esperanza, nos pide a todos los bautizados de esta Arquidiócesis una voluntad de renovación en nuestra vocación cristiana, profundidad en nuestro encuentro con Cristo y en la comunión entre nosotros. Nuestro rostro de Iglesia debe purificarse constantemente para lograr transparentar el de Cristo.

93. Asumamos que la Encarnación de Jesús nos marca un camino de búsqueda para transmitir un mensaje inculturado por medio del diálogo y de la cercanía con los habitantes de la ciudad. La fuerza y la alegría que nos comunica el Resucitado debe llenarnos de confianza para emprender las tareas en donde nos sentimos pequeños y débiles.

CONCLUSIÓN

94. Demos gracias al Señor por la riqueza de dones y carismas presentes en nuestra Iglesia Diocesana. El Pueblo de Dios que peregrina en la Ciudad de México está llamado a promover una mayor participación y corresponsabilidad de todos sus miembros, sobre todo de los fieles laicos, pues tenemos una responsabilidad de testimonio eclesial que va más allá de la jurisdicción arquidiocesana.

95. Mucho podemos avanzar en nuestra capacidad para acoger, acompañar, comprender y escuchar. Sólo miremos la actitud del Buen Pastor y nos daremos cuenta de que muchos hermanos y hermanas podrían encontrar el camino hacia el Señor Jesús, si aprendemos sus actitudes para recibir a todos.

96. Aspiremos a ser una comunidad llena de misericordia, que la preocupación por los necesitados sea lo que nos mueva a una mayor eficacia pastoral. Si buscamos la cercanía con los marginados y los que sufren, nadie se sentirá lejano de aceptar al Señor.

97. Sigamos adelante, la Misión que el Señor nos ha encomendado debe traducirse en compromisos concretos, que cada uno tome para seguir al Señor y para unirnos como familia en la fe. Cada día estamos siendo enviados en medio de la Ciudad. En donde estemos y lo que hagamos es oportunidad de hacer presente el Evangelio.

98. Que el amor maternal de María de Guadalupe y su mensaje de inculturación del Evangelio nos enseñen el camino, para que nuestra Iglesia Diocesana muestre también un rostro materno a todos los que se sientan necesitados y rechazados. Que seamos capaces de comunicar la esperanza que nos ha traído nuestra Madre del cielo.

99. Como fue la experiencia de san Juan Diego, el Señor es capaz de convertirnos en sus mensajeros en la Ciudad. No tengamos miedo de poner nuestra sencillez a su servicio.

13 enero 2007

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