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Vicaría      de Pastoral

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Formación para l a vida cristiana
Orientaciones Pastorales 2008.
Norberto Cardenal Rivera Carrera


I. Afianzando nuestro rumbo pastoral

8. A lo largo de 14 años nuestra Iglesia local ha venido realizando la implementación de lo propuesto por el II Sínodo Diocesano. Ha sido un camino lleno de desafíos porque el objetivo de fondo es la renovación de nuestra pastoral habitual. Los signos del Espíritu en la ciudad nos impulsan hacia un cambio profundo, pues el pensamiento, el lenguaje, los signos y las acciones de las culturas en la urbe son cada vez más ajenas al mensaje evangélico. La evangelización necesita apóstoles con profundidad espiritual y una gran creatividad que nace de su capacidad de inserción en las realidades que viven las personas. Si la vida de quien anuncia el Evangelio no es coherente, su presencia y su palabra no provocan conversión, porque su testimonio no es fruto de cambio verdadero.

9. En este mismo sentido, el “caminar juntos” en la Arquidiócesis de México es exigente porque propone una renovación cuyo punto de referencia es la conversión al Evangelio, tiene como estrategia necesaria la comunión, su dinamismo es la misión y su característica es la creatividad para encontrarse con la diversidad cultural, a través de la cual se expresan los habitantes de la ciudad. Esta renovación pastoral se genera en la conversión constante al Evangelio. Por tanto, para que el proyecto de formación de nuevos discípulos y apóstoles sea útil a ese “caminar juntos”, debe tener su raíz e identidad en el seguimiento de Cristo.

Para ser luz de Cristo en la Ciudad

10. La experiencia de la misión intensiva con motivo del Jubileo de la Encarnación significó profundizar en la conciencia de nuestra misión evangelizadora en la Ciudad de México. Pero ese camino de cambio en nuestra perspectiva pastoral apenas si lo hemos comenzado en estos últimos diez años de insistencia misionera.

11. Es un cambio en la perspectiva pastoral que enfrenta la tentación de concentrar todos nuestros esfuerzos a la atención de los cercanos, de los fieles. Esa tarea no está en discusión, sino la prioridad con que debemos asumir la misión que nos hace Iglesia de Jesús, llevar el Evangelio a quienes no conocen el Amor del Padre que se manifiesta en nuestro Salvador.

12. Ser luz de Cristo en la Ciudad es la vocación que hemos ido identificando para nuestra Iglesia local. Este llamado del Señor nos pone en movimiento, con la necesidad de regresar continuamente a la raíz de nuestra fe.

Optar por Cristo

13. Es doble la exigencia cristiana: seguir los pasos de Jesús y estar dispuestos a ser enviados. El discipulado prepara al apostolado y la experiencia de ser apóstol hace indispensable reconocer en qué dirección apuntan las huellas de Cristo en el camino.

14. Ser discípulos y misioneros significa que se está aceptando vivir la tensión radical del Evangelio y, por lo tanto, la entrega de la propia vida y proyecto a favor del Reino de Dios.

15. Aquí está, también, el núcleo de la formación: ayudar a la persona a reconocer la presencia y la voz de Jesús que llama a seguirlo. Y entre más se afronta el reto de tomar su senda, más vemos que sus caminos no son nuestros caminos. Cuando el ser discípulo y apóstol de Cristo deja de ser un desafío es porque hemos elegido nuestro propio camino o hemos acampado, cerrando nuestros oídos a la voz de Jesús que siempre nos propondrá dar más de lo que hemos entregado.

Actuar como Iglesia

16. Seguir a Cristo nos reúne en el camino con otros hermanos. Conforme vamos en el camino nos damos cuenta que no vamos solos, el Señor llama a los que Él quiere y va integrando la comunidad de los discípulos. Los forma en el camino, los moldea con su propia vida. Al llegar el tiempo del envío no hay dispersión, porque los guía y los mueve el mismo Espíritu.

17. La comunión la alimenta y la sostiene el Espíritu. La experiencia de unidad es parte del llamado al seguimiento. Las huellas de Cristo exigen voluntad de comunión. El envío necesita del vínculo de unidad con los hermanos: sean uno como el Padre y yo somos uno. Así, la maduración de los discípulos y misioneros se manifiesta en la comunión entre ellos. La comunión se convierte en la identidad del discípulo y apóstol de Cristo.

18. En la experiencia de nuestra Iglesia local, revitalizar el sentido misionero ha significado profundizar en las exigencias de la comunión. La gran diversidad de carismas en nuestra Arquidiócesis y lo complejo que resulta la pastoral orgánica nos ha puesto delante el desafío de la comunión, si queremos actuar como Iglesia.

19. En el futuro, la evolución de la comunión eclesial debería mostrarse en una conjunción de dones y esfuerzos a favor de nuevos discípulos y misioneros, formados para construir comunión, cada vez más capaces para la unidad.

20. Creatividad en la comunión para una colaboración más viva entre las parroquias, que podrían así evangelizar muchos sectores específicos; creatividad en la comunión entre decanatos que pueden compartir sus experiencias con mucho más fruto; creatividad en la comunión entre las Vicarías Territoriales, para que se manifieste el potencial de la riqueza que tiene la Iglesia arquidiocesana, apoyándose con más apertura; creatividad en la comunión entre las Vicarías Funcionales y sus Comisiones, para proponer programas y acciones pastorales más integrales y cercanas a las parroquias; creatividad en la comunión con las familias de Vida Consagrada, fortaleciendo la colaboración, a largo plazo, en los programas pastorales estratégicos, como la formación de agentes de evangelización y la reflexión pastoral; creatividad en la comunión para que los movimientos y organizaciones laicales ejerzan su apostolado, involucrados en los objetivos diocesanos.

21. El propósito de actuar como Iglesia que busca y construye la comunión debe mostrarse en nuestra organización y acción  pastorales. Eso nos hará cada vez más capaces para proponer la fe, porque vivir la comunión nos madura para el diálogo y la cercanía con quienes estamos enviados a compartir la fe.

Dispuestos a ser enviados

22. Optar por la misión significa que elegimos seguir a Cristo y construir cada día la comunión. Ese es el camino de preparación para ser enviados. Estamos iniciando el año 2008, nos estamos adentrando rápidamente en un nuevo siglo, es un nuevo milenio, otra época se está abriendo para la humanidad y para nosotros, aquí y ahora.

23. En esta conciencia de lo que el Señor nos va mostrando, afrontemos la pregunta si estamos dispuestos a ser enviados por Jesucristo. En los signos de su Espíritu, Él ya nos está señalando a dónde quiere que vayamos. ¿Estamos ya preparados a ser testigos del Evangelio en la Ciudad? ¿Estamos dispuestos a desarraigarnos de nuestros estereotipos para dialogar con las nuevas generaciones de la Urbe? ¿Aceptamos purificar nuestro estilo de vida para tener una verdadera cercanía con los más pobres de la Ciudad? ¿Queremos buscar las formas para apoyar a los padres de familia a ser los primeros evangelizadores? ¿Estamos decididos a impregnar de espíritu misionero nuestra pastoral? Estar dispuestos a que Jesús nos envíe, significa renovación pastoral.

Aprender a proponer la fe en la Ciudad

24. Las características de la vida de los habitantes de la Ciudad de México deben dar la orientación de cambio a nuestra pastoral. Nuestra vivencia de Iglesia, en la liturgia, en los sacramentos, en la organización intraeclesial, no puede quedarse ahí, sin ser tocada por la vida del mundo. De otra forma viviremos uno y otro ciclo litúrgico y planeación anual y el mundo seguirá cambiando, pero no incidimos en él.

25. Los cristianos, cada uno y en comunidad, deben regresar a sus propios ambientes, de donde vinieron, de entre las personas, donde trabajan, se divierten, luchan, sufren y se alegran. Deben volver con el Dios-con-nosotros, reencontrarlo en lo cotidiano, reconocerlo en lo de todos los días, para dar testimonio de una fe viva en el aquí y ahora de la ciudad.

26. Descubrir nuestro entorno como el lugar donde Dios se revela, entender la misión como la profunda capacidad de fe y esperanza para reconocerlo presente donde parecía estar ausente.

27.     La formación de nuevos discípulos y misioneros para proponer la fe en la Ciudad debe estar impregnada de este sentido de encarnación con el lugar donde el Señor nos envía a proclamar su Buena Noticia.

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