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Formación para l a vida cristiana
Orientaciones Pastorales 2008.
Norberto Cardenal Rivera Carrera


III. Evangelización y formación cristiana

47. A partir del ejercicio de la misión intensiva fuimos identificando la importancia de cada momento del proceso evangelizador. El primer anuncio, la reiniciación cristiana, la catequesis y el apostolado como eslabones de una cadena que, aprendiendo a entrelazarlos consecutivamente, le dan consistencia a nuestra labor evangelizadora, porque se convierten en un proceso que va madurando al bautizado como discípulo y misionero.

48. Ese proceso personal de encuentro cada vez más profundo con Jesucristo es lo que llamamos formación para la vida cristiana. “Misión principal de la formación es ayudar a los miembros de la Iglesia a encontrarse siempre con Cristo, y, así reconocer, acoger, interiorizar y desarrollar la experiencia y los valores que constituyen la propia identidad y misión cristiana en el mundo. Por eso, la formación obedece a un proceso integral, es decir, que comprende variadas dimensiones, todas armonizadas entre sí en unidad vital. En la base de estas dimensiones, está la fuerza del anuncio kerigmático. El poder del Espíritu y de la Palabra contagia a las personas y las lleva a escuchar a Jesucristo, a creer en Él como su Salvador, a reconocerlo como quien da pleno significado a su vida y a seguir sus pasos. El anuncio se fundamenta en el hecho de la presencia de Cristo Resucitado hoy en la Iglesia, y es el factor imprescindible del proceso de formación de discípulos y misioneros. Al mismo tiempo, la formación es permanente y dinámica, de acuerdo con el desarrollo de las personas y al servicio que están llamadas a prestar, en medio de las exigencias de la historia” (DA 279).

49. Vemos claramente la interrelación entre evangelización y formación. Nuestras comunidades cristianas tienen el reto de hacer suyo ese proceso y ofrecerlo. Cuando logran ofrecerlo y acompañan a quien lo recibe, la evangelización se hace formación. “…nos preguntamos con Tomás: “¿Cómo vamos a saber el camino?” (Jn 14, 5). Jesús nos responde con una propuesta provocadora: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6; DA 101). La comunidad cristiana muestra el camino hacia Cristo. 

Las etapas de formación para vivir como cristianos

50. La nomenclatura que usó el documento de trabajo y que reflexionó la Asamblea Diocesana propone como etapas del proceso de formación: la formación inicial, la formación básica, la formación específica y la formación permanente. El proceso que integran es un instrumento para el crecimiento gradual en la vida de Cristo.

51. Especialmente considero una reflexión luminosa ubicar la “formación inicial” como la etapa donde se ponen los cimientos del cristiano. La experiencia en esa etapa será decisiva en la intensidad y profundidad del compromiso apostólico futuro.

52. En nuestra experiencia diocesana, motivados para impulsar nuevos agentes, dimos el salto a la formación básica apoyando a los más comprometidos a prepararse como Agentes de Evangelización. La reflexión de la Asamblea Diocesana subraya la urgencia de que se preste mayor atención a la formación inicial para que la formación básica y la específica puedan tener un sustento más fuerte.

Los lugares de formación para la vida cristiana

53. La formación inicial tiene su lugar en la familia, las pequeñas comunidades, los grupos y movimientos apostólicos y la parroquia. Especialmente en el ámbito parroquial tendríamos que suscitar un ambiente de motivación y una organización capaz de acompañar esa etapa. “Si queremos que las Parroquias sean centros de irradiación misionera en sus propios territorios, deben ser también lugares de formación permanente. Esto requiere que se organicen en ellas variadas instancias formativas que aseguren el acompañamiento y la maduración de todos los agentes pastorales y de los laicos insertos en el mundo (DA 306).

54. La formación básica y la específica han sido afrontadas por instancias diocesanas intermedias: el decanato y las comisiones diocesanas. En estas etapas aún existen varias necesidades que se deben solucionar: la vinculación más clara entre ambas etapas, completar sus contenidos buscando que sean programas integrales y establecer una colaboración y coordinación entre las instancias existentes, para que los programas y su implementación tengan continuidad.

55. La formación permanente de los distintos agentes debe responder a un programa con una relación directa al plan pastoral diocesano. Aunque intervengan diversas instancias de distintos niveles para realizar los objetivos, tendría que existir la coordinación para que todo responda al mismo programa y espíritu.

Los itinerarios y los responsables de la formación cristiana

56. Para que el proceso de formación se lleve a cabo, necesitan estar claros los responsables de acompañar este camino. El sentido es el de una gran familia, donde se transmite la fe de padres a hijos. Aquí la comunidad cristiana debe cobrar conciencia de su responsabilidad en el testimonio pedagógico de su fe.

57. Es el Obispo y, en el caso de la Arquidiócesis, los Obispos, son los principales responsables de la formación de los Agentes de evangelización. “La Diócesis, presidida por el Obispo, es el primer ámbito de la comunión y la misión. Ella debe impulsar y conducir una acción pastoral orgánica renovada y vigorosa, de manera que la variedad de carismas, ministerios, servicios y organizaciones se orienten en un mismo proyecto misionero para comunicar vida en el propio territorio. Este proyecto, que surge de un camino de variada participación, hace posible la pastoral orgánica, capaz de dar respuesta a los nuevos desafíos. Porque un proyecto sólo es eficiente si cada comunidad cristiana, cada parroquia, cada comunidad educativa, cada comunidad de vida consagrada, cada asociación o movimiento y cada pequeña comunidad se insertan activamente en la pastoral orgánica de cada diócesis. Cada uno está llamado a evangelizar de un modo armónico e integrado en el proyecto pastoral de la Diócesis” (DA 169). “Los Obispos, como pastores y guías espirituales de las comunidades a nosotros encomendadas, estamos llamados a “hacer de la Iglesia una casa y escuela de comunión” (DA 188).

58. Los Presbíteros y los Diáconos como colaboradores inmediatos del obispo, tienen una responsabilidad especial en la formación y acompañamiento de los Agentes de evangelización. De forma especial, de ellos depende que la Parroquia vaya asumiendo su carácter formativo inicial.

59. También los Delegados de Pastoral y los Decanos deben ser factores de animación y coordinación para que los Párrocos, las Comunidades de Vida Consagrada y los coordinadores de movimientos laicales se unan en apoyo de las orientaciones diocesanas.

60. Los Religiosos y Religiosas entre más se compenetren con el obispo y el plan pastoral diocesano, más podrán colaborar eficazmente en la formación de los Agentes de Evangelización.

61. “Pero, sin duda, no basta la entrega generosa del sacerdote y de las comunidades de religiosos. Se requiere que todos los laicos se sientan corresponsables en la formación de los discípulos y en la misión” (DA 202).

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