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Vicaría      de Pastoral

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Formarnos para continuar la misión en la Ciudad...
Orientaciones Pastorales 2009.
Norberto Cardenal Rivera Carrera

I. INTRODUCCIÓN

1. Saludo fraternalmente a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que viven y trabajan cotidianamente en la Ciudad de México. Que el Señor renueve en nuestros corazones la esperanza de construir una convivencia más humana, capaz de solidaridad y compromiso por el bien común.

2. De forma especial, me dirijo a los bautizados y bautizadas, quienes han sido llamados por Cristo Jesús a ser piedras vivas de la construcción que Él edifica por medio de su Espíritu. Quiero alentarlos a responder a nuestra vocación: fortalezcamos la comunión fraterna y la voluntad de servicio, para que, por sí solas, sean anuncio de la presencia del Dios con nosotros.

3. Los signos del Espíritu en la Ciudad manifiestan una gran sed de paz en el corazón de todos sus habitantes. La violencia extrema está provocando una grave incertidumbre que va penetrando las conciencias. Todavía es posible superar la inercia de deshumanización en que se sigue hundiendo el tejido social de la urbe. Necesitamos recobrar la esperanza, pues somos capaces de compasión. Aún es tiempo de heredar valores humanos a los niños e ideales de servicio a los jóvenes. Tenemos oportunidad de revalorar a nuestras familias.

4. Sin duda, los desafíos que enfrentamos como sociedad son profundos y, ahora que se le ha sumado la crisis financiera y económica, el futuro aparece más obscuro. Delante de ese panorama debemos reafirmar la razón de nuestra esperanza.

5. Si no conocemos a Dios en Cristo y con Cristo, toda la realidad se convierte en un enigma indescifrable; no hay camino y, al no haber camino, no hay vida ni verdad (Benedicto XVI, discurso inaugural, Aparecida 13 de mayo 2007).

6. Estamos llamados a hacer presente a Jesús en la Ciudad: no un Dios sólo pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano; es el Dios-con-nosotros, el Dios del amor hasta la cruz (Ídem).

7. Seremos capaces de ese testimonio cuando estén unidas en nuestra persona fe y vida, madurando, así, como discípulos misioneros, como apóstoles: Cuando el discípulo llega a la comprensión de este amor de Cristo "hasta el extremo", no puede dejar de responder a este amor si no es con un amor semejante: "Te seguiré adondequiera que vayas" (Lc 9, 57; ídem).

8. En esa dirección, seguimos recorriendo juntos el camino para hacer realidad que en cada lugar de la ciudad donde esté un bautizado se haga presente el testimonio de fe y amor, se haga presente Jesús, que es el único que puede transformar los corazones y nuestra realidad social.

9. En las orientaciones pastorales del año pasado expresé que queremos acompañar a cada bautizado al encuentro con Cristo, para que se dé cuenta del Amor personal que Dios le tiene. Esa experiencia lo llenará de alegría y de convicción, para responder al Señor Jesús en el lugar donde vive y en su trabajo diario.

10. De esta manera, el itinerario de formación significa maduración para vivir como cristiano. La comunidad creyente apoya al bautizado para que vaya descubriendo su fe como una nueva forma de vivir, que lo capacita para ser testigo de la Buena Noticia de Jesús en cualquier lugar donde se encuentre. Simplemente, su fe se ha transformado en experiencia personal y no puede dejar de proclamar lo que ha visto y oído (cfr. Hch 4, 20).

11. Esta intención eclesial pide que tomemos en serio una paulatina renovación pastoral. Es por eso que el horizonte de planeación requiere programas a mediano y largo plazo. Inicialmente, para el período 2007-2009, les propuse fijarnos la meta de revisar cómo se forma a los agentes de evangelización en la Arquidiócesis de México para ajustarla al proyecto evangelizador. Ese análisis, es el primer paso para elaborar un proyecto diocesano que corresponda a nuestros objetivos pastorales y, de acuerdo a ello, reestructurar y vincular armónicamente a las instancias que se ocupan de apoyar la formación.

12. De ese período nos resta este año, 2009. Les animo a aprovecharlo con intensidad, pues necesitamos tener las herramientas para el siguiente período —210-212—. En esos tres años, llamaré a todos a conjuntar voluntades y recursos para poner en práctica el itinerario de formación en sus varias etapas: de tal forma que apoyemos a los que han recibido el bautismo a tomar conciencia de que son discípulos porque el Señor Jesús los ha elegido y los está llamando a seguirlo; y, también, para que aquellos que ya viven la experiencia del discipulado, inicien su camino de maduración para descubrir su vocación de misioneros.

13. ¿Por qué y cómo hemos llegado a este paso? Como resulta evidente, los objetivos que he enunciado para nuestra planeación pastoral no son nuevos en nuestro proceso y lenguaje diocesano. La formación de agentes siempre ha estado presente en la tarea pastoral de la Arquidiócesis. Incluso, en el proceso reciente, di la pauta para la formación de agentes laicos en acciones específicas y, la evaluación de la puesta en práctica de esa orientación está siendo importante para precisar qué dirección debemos tomar.

14. Después de que el II Sínodo Diocesano hizo la opción por la pastoral misionera, la conciencia de los miembros de la Iglesia Diocesana fue evolucionando lentamente. A pesar de estar escrita en el Decreto Sinodal, no es una opción que se pueda tomar "corporativamente": requiere una decisión personal, porque implica convicción y compromiso con una acción pastoral encarnada y testimonial, expresión de la comunión eclesial que se va construyendo entre los discípulos.

15. Después de la Misión Intensiva del Año 2000, fue evidente la necesidad de ponernos en estado de misión, en Misión Permanente, no sólo porque los signos del Espíritu decían y siguen corroborando que la Ciudad es "tierra de misión", sino porque nos dimos cuenta de las grandes limitaciones que tenemos para anunciar el Evangelio en los ambientes urbanos. Constatamos cómo el camino del discipulado misionero es fuente de renovación de nuestra pastoral... y nuevo punto de partida para la Nueva Evangelización... (DA, Mensaje Final n. 3). El Espíritu nos sigue permitiendo ver en la Ciudad el camino de conversión pastoral en el que debemos empeñarnos.

16. Lo característico de este momento es que, después de 15 años de proceso postsinodal, parecen estar maduros los elementos para avanzar significativamente en la pastoral misionera de conjunto. El reto es amalgamar: estructuras, agentes, medios y organización; donde, según sea el espíritu que mueva a los agentes, se puede generar una nueva práctica pastoral.

17. En gran medida, la conversión de los agentes al Evangelio es la clave. La estructura de nuestra Iglesia local tendrá la posibilidad de simplificarse en sus distintas instancias, convirtiéndose en una Iglesia más sencilla y cercana, siempre y cuando la formación de los agentes de evangelización corresponda al proyecto misionero. Podemos decir, que según sea el tipo de formación que vayamos logrando, así será la Iglesia futura.

18. La reflexión de la última Asamblea Diocesana clarificó lo que necesitamos cimentar en conjunto en este ámbito estratégico de la formación:

a. Debemos terminar de precisar el proyecto de formación acorde al plan pastoral. Para esto, hay que ahondar en el trabajo de coordinación de todos los implicados. El proyecto debe incluir los programas para cada instancia relacionada con formación, de tal manera que todos aporten y confluyan en la meta común.

b. Es prioridad apoyar la tarea formativa inicial, acompañando especialmente a las parroquias, cuidando la secuencia de los momentos del proceso evangelizador, que es el itinerario para la formación inicial. Cada persona tiene su ritmo, forma y tiempo para encontrarse con Jesús, pero los momentos son similares: pre-evangelización (a través de: cercanía, testimonio solidario, compartir alegrías y penas, disposición a escuchar y acogida); primer anuncio (anuncio explícito en momentos y espacios importantes, con signos y lenguaje significativos para la persona y comunidad); iniciación o reiniciación cristiana (dando importancia al desarrollo y continuidad de la vocación); y la catequesis (para profundizar la adhesión a Jesús y la pertenencia a la comunidad eclesial).

c. Vincular la formación inicial con la formación básica y específica organizada por los CEFALAEs y las Comisiones Diocesanas, para que la formación sea gradual. Se deben concretizar diferentes modalidades para poner al alcance de todos el itinerario formativo.

d. En los Decanatos, atender de forma especial la implementación del proyecto de formación, en sus distintas etapas, cuidando la formación de formadores. En este ámbito hay que dar seguimiento a las parroquias, a los movimientos y centros de formación, de tal manera que se responda a la realidad del decanato.

e. La reestructuración de los institutos de formación para implementar de manera práctica la capacitación y certificación de los facilitadores y formadores.

f. Hacer un esfuerzo especial para contar con los subsidios de apoyo para la formación inicial y básica.

g. Organizar el diálogo y la consulta con los agentes de la Vida Consagrada que tienen experiencia en formación de agentes de evangelización, para que esté presente su aporte en la coordinación de formación, especialmente para organizar las modalidades de formación dirigidas a los jóvenes.

h. Establecer un intercambio sobre formación con los Movimientos y Organizaciones Laicales para enriquecer el camino conjunto.

19. Estos requerimientos del proyecto de formación nos involucran a todos y marcan los programas prioritarios para la Arquidiócesis en su conjunto.

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