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Vicaría      de Pastoral

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Formarnos para continuar la misión en la Ciudad...
Orientaciones Pastorales 2009.
Norberto Cardenal Rivera Carrera


IV. Plan Pastoral y Proyecto de Formación

Plan pastoral arquidiocesano

47. El proceso postsinodal ha cumplido quince años, con seguridad podemos afirmar que la matriz del plan pastoral diocesano, expresada en el Decreto Sinodal, se ha enriquecido con su implementación. La luz del Espíritu se ha manifestado en nuestra Iglesia local, pues los criterios, líneas de acción y ordenamientos sinodales nunca cerraron el ambiente pastoral diocesano a la creatividad y al aporte de experiencias nuevas. Sin duda el Señor nos ha ido guiando. La apertura debe ser nuestro sello pastoral, pues la evangelización de las culturas de la Ciudad de México nos apremia a continuar la evolución de nuestras estructuras pastorales.

48. Es por eso que, ante la pregunta de si la Arquidiócesis cuenta con un plan o proyecto pastoral, debemos remitirnos al II Sínodo Diocesano y al proceso postsinodal, precisando que la opción por una pastoral misionera, caracterizada por actitudes de Encarnación, Testimonio y Diálogo (cfr. ECUCIM n. 4227-4245), nos puso en una ruta de renovación y transformación que tiene la profundidad del Evangelio y la pluralidad de quienes habitan en la urbe.

49. Desde ese momento hemos caminado como Iglesia Arquidiocesana en la configuración de una Iglesia Misionera. La convocatoria hecha por la V Conferencia del CELAM para la Misión Continental, a través de la Misión Permanente, encuentra entre nosotros una amplia compatibilidad de objetivos, prioridades y espiritualidad.

50. Nosotros estamos ya en este camino de la Misión Permanente, opción que reafirmamos: ser en el Mundo Sacramento Universal de Salvación. Estamos llamados a manifestar la exigencia de esta vocación en la conversión a Jesucristo, en la comunión con nuestros hermanos y en la misión, como servicio a los más pobres y alejados del influjo del Evangelio.

51. Para llevar a cabo esa pastoral evangelizadora es necesario promover y acompañar procesos o itinerarios, que le permitan a la persona ir viviendo etapas progresivas de profundización de su encuentro con Jesucristo. Que no se quede el bautizado sólo con experiencias aisladas y sin conexión con su vida, esa sería la expresión de una pastoral centrada en la sacramentalización, propia de una época de antigua cristiandad.

52. Uno de los pasos más importantes en el proceso postsinodal fue la experiencia de la misión intensiva, puesta en marcha de una práctica que debemos apropiárnosla como habitual. En ese ejercicio pastoral vivimos el itinerario o proceso evangelizador en sus distintos momentos. Hemos continuado comprendiendo y ahondando esa práctica para que sea cíclica y permanente, capaz de convertirse en el motor de una pastoral renovada que nos lleve, como lo señala el Sínodo, a la evangelización de todas las culturas y ambientes de nuestra Iglesia particular.

Formación de agentes para la Misión Permanente

53. El camino que llevamos recorrido en la puesta en marcha de la pastoral misionera para la Ciudad, nos ha hecho ver la urgencia de atender con mayor cuidado la formación de los agentes evangelizadores. La iluminación que al respecto nos proporciona el Documento de Aparecida nos está permitiendo identificar y consolidar la sintonía entre la Misión Permanente y la formación de los Discípulos Misioneros. La formación de agentes no es un añadido al trabajo que hemos impulsado, sino el eje fundamental, la "columna vertebral" del modelo de Iglesia que queremos y requerimos para nuestra Ciudad.

54. Entendiendo lo que la Formación de agentes significa para la Misión Permanente, ésta se convierte en una propuesta dirigida a todos los hombres y mujeres de nuestra Ciudad para encontrarse con Jesucristo, conocerlo y seguirlo como discípulos; a vivir la experiencia de comunión con el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, sintiéndose parte viva de ella y, aceptar ser enviado con la fuerza del Espíritu para ser fermento del Reino en medio de la Ciudad.

55. Este proyecto pastoral nos hace recordar que la praxis eclesial, la misión, fortalece el Cuerpo que es la Iglesia, capacitándolo para ir a todos, en cualquier lugar y condición en que se encuentren: "Evangelizar las Culturas de la Ciudad de México". De ahí se deriva la urgente llamada que se vivió en la pasada Asamblea Diocesana: optar por una formación de agentes para nuestra Ciudad, caracterizada por su manifestación plural, para que responda a la realidad multifacética en que vivimos.

Exigencias generales de la Formación de Agentes

56. La formación de agentes tiene en los momentos del proceso evangelizador la parte inicial de su itinerario. Significa acompañar e ir fortaleciendo el proceso personal de conversión que tiene su origen en el encuentro con Jesucristo vivo.

57. El proceso de formación es el camino que lleva a la maduración del ser cristiano viviendo la experiencia de discípulo; cuando se avanza en esta etapa, el camino de formación lleva a la experiencia de la comunión vivida desde una comunidad de fe donde toma raíces la pertenencia a la Iglesia. La formación de agentes implica ese compromiso de formar para la vivencia de la comunión, que será la fuente del testimonio a través del apostolado.

58. Para que realmente responda a su finalidad, que es la Misión Permanente, la formación necesita estar inculturada en la realidad urbana en la que vivimos. Debe contener una verdadera carga misionera, es decir, que haga capaz al agente de pastoral de ir al encuentro del Señor presente en la Ciudad, manteniendo una cercanía con los diferentes ambientes de nuestra Ciudad.

59. El agente debe estar formado para la acción pastoral orgánica y de conjunto, dispuesto a poner sus dones al servicio de los demás y a complementarse en esa interacción. No son proyectos personales que se unen, sino personas elegidas y enviadas que hacen suyo el proyecto del Reino de Dios y se ponen a su servicio.

60. El proceso de formación es una oportunidad de renovarnos y renovar a nuestra Iglesia y su acción. Prioritariamente, acerquemos el itinerario de formación a las nuevas generaciones. La renovación pastoral también tiene este sentido de cambio generacional. Es cierto que es la presencia del Espíritu lo que hace joven a la Iglesia y a cada cristiano. Pero, es también el Espíritu quien manifiesta la urgente necesidad de hacer llegar el Evangelio a los jóvenes, integrándolos como células vivas y activas, pues ellos son factor insustituible para revitalizar nuestra Iglesia local.

61. Retomar la prioridad de atención a las nuevas generaciones hace indispensable que nuestro proyecto pastoral de formación tenga un carácter integral, que responda a las exigencias de la vida de hoy. Purifiquemos nuestro proyecto de la tendencia a sólo atender lo académico e intelectual. Necesitamos tomar en cuenta el desarrollo de todas las dimensiones del discípulo: humana, espiritual, intelectual, comunitaria, pastoral y misionera; una formación que parta de la vida y de experiencias significativas, que promueva y busque dar respuesta a las distintas realidades y ambientes urbanos.

62. Esta formación tiene que asegurar el acompañamiento del discípulo que está en camino de adquirir la identidad de misionero y apóstol de Jesucristo. Esta formación no puede ser encasillada a una sola experiencia o método, porque se busca que el bautizado sea capaz de desenvolverse en ambientes concretos y específicos.

Formación Inicial

63. La formación Inicial es la primera experiencia de encuentro con Jesucristo que fundamentará la opción de convertirse en su seguidor, en su discípulo y ser parte de su Cuerpo que es la Iglesia. Esta etapa del itinerario formativo corresponde a los momentos del proceso evangelizador, por tanto, sus contenidos son:

a. El primer anuncio o kerigma, que es lo central, en cuanto que se trata del mensaje fundamental que se irá explicitando paulatinamente. Esta propuesta testimonial de la fe tiene carácter espontáneo, pues toma en cuenta y se adapta a la circunstancia de los interlocutores. Llama a la conversión a Cristo, habla al corazón para conquistarlo y provocar un cambio radical en la persona.

b. Relacionados con el kerigma, están los contenidos previos o pre-evangelización, que es todo lo que prepara y ambienta a la persona para recibir la Buena Noticia. En este primer momento, también podemos incluir la explicitación inicial del anuncio que se ha proclamado, y que se realiza con lenguaje kerigmático.

c. Y, la catequesis de la iniciación cristiana, que ya de manera sistemática explica los fundamentos de la fe en Cristo, ilumina la propia vocación bautismal y por los sacramentos de la iniciación cristiana inserta al cristiano en la Comunidad Eclesial.

64. Estos elementos que constituyen la formación inicial, se convierten en tal, en la medida en que se les vincula entre sí, realizando un verdadero itinerario, que va del descubrimiento de Cristo y su Amor personal por nosotros, pasando por la decisión para convertir la propia vida al Evangelio, hacia la adhesión cada vez más consciente a Jesús y a su Iglesia.

65. Entre las modalidades que pueden ser motivo para iniciar el itinerario formativo, destacan todas las manifestaciones de Piedad y Religiosidad Popular. Son expresiones de carácter espontáneo que permiten una apertura interior de la persona, que puede ser aprovechada para iniciar el proceso evangelizador.

66. Las instancias pastorales que realizan la formación inicial, especialmente la parroquia, han de considerar con mayor cuidado, respeto y creatividad todo lo relacionado con la Piedad y Religiosidad Popular, para aprovecharla como oportunidad de anuncio kerigmático.

67. Podría ser de gran utilidad sistematizar las manifestaciones festivas en un calendario de Piedad y Religiosidad Popular que muestre cómo se desarrollan a lo largo del año y son expresión de la riqueza cultural y religiosa de los habitantes de la Ciudad de México. Hay que acercarse sin prejuicios para descubrir las semillas del Verbo y caminar a partir de ellas, dispuestos a forjar un itinerario formativo con características y signos peculiares, encarnados en la experiencia de fe del pueblo sencillo.

68. En la formación inicial no podemos dejar de mencionar la gran responsabilidad que tienen las familias, especialmente cuando han bautizado a sus pequeños. Esto nos hace recordar que las familias son una prioridad en la pastoral arquidiocesana. El Encuentro Mundial de las Familias, a celebrarse en la Ciudad de México, nos da la oportunidad de consolidar una pastoral familiar con sentido misionero, a partir de concretizar un itinerario de formación que desarrolle agentes específicos para el acompañamiento de las familias. Debemos trabajar para que el ambiente familiar sea el lugar básico donde se dan los primeros pasos de la formación inicial.

69. Otro lugar en donde se debe realizar el itinerario de la formación inicial son los movimientos y organismos laicales, dando importancia a la atención de los jóvenes. La riqueza de los carismas debe aprovecharse mejor en una planeación que permita a todos los laicos, ahí integrados, convertirse en discípulos misioneros del Señor Jesús.

70. Las parroquias son los lugares naturales donde se debe poner en práctica el itinerario formativo. El ambiente de la Comunidad Parroquial debe tener como objetivo prioritario realizar el proceso evangelizador, organizando a los agentes parroquiales para tal efecto, donde los servicios y ministerios que se tienen se vayan vinculando orgánicamente para acompañar a las personas en su encuentro con Jesucristo, hasta su maduración apostólica.

Formación Básica

71. Esta etapa de formación se caracteriza por ser un momento de profundización sistemático y ordenado de la fe, con un lenguaje y un método catequético. Da continuidad a la formación inicial para consolidar la primera respuesta que el discípulo ha dado a Jesús, encauzándolo hacia el compromiso apostólico. Un medio para vivir ese proceso es la inserción en una comunidad de fe, a través de una comunidad menor o pequeña comunidad, caracterizada por la vida de oración, lectura de la Palabra de Dios, la fraternidad y la solidaridad entre sus miembros y su entorno.

72. La formación básica debe atender a la dimensión humana y cristiana, así como la profundización en el conocimiento de la fe, la vida de oración y la dimensión comunitaria. Esta formación tiene que ser experiencial, por lo cual ha de tener como base el encuentro permanente con Jesucristo vivo y la conversión de vida.

73. En la experiencia arquidiocesana, esta formación se ha realizado principalmente desde el CEFALAE. Hay que aprovechar lo realizado en los años pasados para mejorar, renovando estos centros para que ofrezcan el itinerario de formación a más bautizados.

74. Es indispensable que los centros de formación, sobre todo los que están organizados por los decanatos, establezcan un acuerdo de colaboración con las comisiones diocesanas, para comenzar la experiencia de la formación específica de forma más organizada y calificada.

75. En la búsqueda de los cómos de esta formación se ha valorado el trabajo que realizan algunas comisiones y centros de formación arquidiocesanos, que ofrecen formación básica a muchos agentes que ya están realizando apostolado, pero que carecían de una formación orgánica y sistemática que los cualificara mejor en los distintos ministerios en que ya están comprometidos.

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