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Orientaciones Pastorales 2010 -Ir al índice/contenido-

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Vicaría      de Pastoral

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Orientaciones Pastorales 2010.
Norberto Cardenal Rivera Carrera


EL DECANATO

44. Debemos continuar con el esfuerzo por hacer del Decanato la instancia de animación y coordinación al servicio de sus parroquias. Para dar un paso más en esa dirección, les invito ahora a asumir como actividad prioritaria la formación de agentes, orientada a capacitarlos para realizar adecuadamente su apostolado a favor de la Misión Permanente. Dentro de este objetivo, el Decanato tendría que dar especial importancia a la formación de formadores de otros bautizados.

45. El principal promotor y organizador de este programa debe ser el Decano y su equipo sacerdotal, quienes involucrarán a todos los presbíteros en el diseño y ejecución del mismo. De igual manera, integrarán a algunos laicos para que, en corresponsabilidad con el mencionado equipo sacerdotal, colaboren en la estructuración, implementación y puesta en práctica de dicho programa.

46. El criterio fundamental a seguir es la pastoral de conjunto. Al Decanato le corresponde la función de coordinar y programar lo relativo al plan arquidiocesano, en apoyo a la activación y ejecución que llevan a cabo las parroquias, apoyado y supervisado por la Vicaría respectiva.

47. Con el fin de lograr una mayor efectividad y crecer en espíritu de Iglesia, en la conformación e impulso de la formación, el Decanato debe buscar la subsidiariedad de las comisiones respectivas, tanto de la Vicaría y del Decanato mismo, como de la Arquidiócesis.

48. Para elaborar un plan de formación de agentes en el decanato es necesario partir de un suficiente conocimiento de la realidad de las parroquias que lo integran, cuidando que la formación no sólo se oriente a los servicios internos de la comunidad eclesial, como pueden ser los ministerios litúrgicos, los MESE, o los catequistas de presacramentales, sino también se trate de atender a la evangelización de los ambientes.

49. Cuando se trata de la formación dada en algún o algunos centros del decanato, debe procurarse que éstos sean accesibles por su ubicación, por sus horarios y por su nivel académico. En el área intelectual hay que tratar de no abordar los temas con un estilo precisamente teológico, sino más bien catequético-pastoral, cuidando que, junto con la presentación sistemática de la fe, se acompañe el desarrollo de las dimensiones humana, comunitaria, espiritual, pastoral y social.

50. En los laicos que van mostrando interés por el apostolado, es necesario afianzar la formación básica para favorecer su propio crecimiento cristiano y para encauzarlos a la formación específica de algunos ambientes, en donde ellos mismos promoverán la formación inicial para sus hermanos, como pueden ser los grupos juveniles, las actividades de piedad popular o, sencillamente, los ámbitos de la convivencia cotidiana.

51. Una meta que tendría que estar entre las prioridades del Decanato es lograr que los laicos que se vayan formando se conviertan en formadores de otros laicos. Esto no sólo requiere de la debida capacitación de los candidatos, sino de toda una mística, una nueva mentalidad, por la que dichos laicos asumen esta responsabilidad con verdadera actitud de servicio, los otros hermanos laicos aceptan esta formación como una oportunidad y los pastores, en actitud corresponsable, van compartiendo con ellos esta tarea.

52. El plan de formación en el decanato tiene que incluir, de forma programada, la debida evaluación, como parte del acompañamiento, en el que se irá replanteando lo que sea necesario para mantener la correcta orientación. Es por eso que al inicio de este periodo de tres años se tiene la oportunidad de marcar las metas anuales que se revisarán.

53. El compromiso por trabajar en la formación de sus hermanos es una prioridad del ministerio de los pastores. En ese esfuerzo ellos se comportarán con los demás como servidores y consejeros, mediante una actitud de apoyo y constante acompañamiento, en que todos lograrán una mutua edificación en el  esfuerzo y la dedicación, así como en el crecimiento de fidelidad al Señor. Es decir, en esta práctica pastoral los ministros encontrarán un excelente camino para su propia formación sacerdotal.

54. El impulso a la formación de los laicos lleva de la mano la exigencia de incorporarlos más decididamente en la vida y misión del Decanato. Es necesario retomar la encomienda, dada con anterioridad, de crear ó fortalecer los consejos pastorales de las parroquias, revisando su funcionamiento en donde ya los hay. También será muy conveniente estudiar la oportunidad de establecer el consejo pastoral del Decanato, esto sin menoscabo de las reuniones de los presbíteros, como están establecidas, mismas que deben permanecer con toda su identidad y riqueza.

METAS PARA EL DECANATO

55. Que el decanato, cuente al menos con tres programas relativos a la formación para agentes laicos, como verdaderas acciones interparroquiales y en clara sintonía con la Misión permanente. Estos programas deberán ser elaborados con una óptica de formación integral, tener bien definidos sus objetivos, sus recursos y sus metas, así como sus respectivos responsables, para que puedan ser revisados y evaluados periódicamente. Pueden ser los siguientes:

56. Revisar la estructura y funcionamiento del CEFALAE, entendido no sólo como un centro, sino, sobre todo, como una función al servicio de la formación integral de los laicos, con diversas modalidades que hagan más asequible dicha formación, inclusive a través de Internet, con tal que tenga siempre como objetivo la formación integral. En todo esto se tendrá como punto de referencia la propuesta de las instancias arquidiocesanas respectivas. 

57. El equipo de formación del Decanato promueva algunos laicos para que, con la asesoría del equipo diocesano, participen en el taller para facilitadores de la formación, que les permitirá iniciar el camino para prepararse como formadores. Con el apoyo del Equipo de subsidios pastorales el taller se puede realizar en el propio Decanato.

58. Organizar un programa de formación para los ministros ordenados del decanato, preferentemente no limitado a las reuniones mensuales ordinarias, en el que los mismos presbíteros (o diáconos), sean los facilitadores de los temas que se vayan tratando o quienes implementen las actividades que lo integren, como retiros, celebraciones litúrgicas, convivencias, talleres de experiencias pastorales, diálogos grupales etc. Desde luego, podrá tenerse como otra opción el tener expositores invitados.

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