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Orientaciones Pastorales 2010 -Ir al índice/contenido-

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Orientaciones Pastorales 2010.
Norberto Cardenal Rivera Carrera


LA FAMILIA

73. Después de todas las expectativas que nos dejó el Encuentro Mundial de las Familias del cual fuimos anfitriones, quedaba el reto de reformular la plataforma del trabajo con la familia en nuestra Arquidiócesis. Especialmente los involucrados directamente en las diversas vertientes de esa tarea estaban inquietos por aprovechar el impulso recibido por el evento mundial.

74. Con ese mismo sentir, en las Orientaciones Pastorales 2009, le pedí a la Comisión respectiva preparar y llevar a cabo una consulta amplia con los agentes de la pastoral familiar de cada Vicaría y con los movimientos que tienen como carisma ese mismo ministerio. Con el esfuerzo de todos, a lo largo del año pasado, se realizó dicha evaluación en tres etapas: vicarial, con los movimientos de familia y arquidiocesana. Finalmente, un equipo representativo sistematizó los resultados de la consulta y del análisis de la misma.

75. Ahora, ese trabajo ha abierto una perspectiva esperanzadora para la atención pastoral de las familias en nuestra Iglesia local, especialmente porque se ha ido logrando paulatinamente un ambiente de apertura e inclusión, que espero continúe animando la participación de todos en la puesta en práctica del plan.

76. La síntesis, que está comenzando a difundirse, da una visión de conjunto de las propuestas. Se ordenaron en tres áreas: estructura, formación y misión, y cada una de estas áreas se explicita en cuatro aspectos: criterios para la pastoral familiar, líneas de acción, objetivos de trabajo y programas resultantes.

77. Se enumeran veinte programas propuestos de distinta naturaleza, que tienen que ver con la planeación, continuidad y evaluación, con la mentalidad eclesial de comunión y pastoral de conjunto, con la comunicación y difusión de los programas y materiales, con la formación y multiplicación de agentes, con la escucha de la realidad de la familia y con la participación e integración de la comunidad eclesial a favor de la pastoral familiar.

METAS PARA LA PASTORAL FAMILIAR

78. La evaluación y el horizonte futuro están visualizados, ahora hay que operativizar esa propuesta surgida de una revisión conjunta. En ese propósito se ubican las metas que les quiero pedir para este período pastoral:

  • Es muy importante que todos los agentes relacionados con la pastoral familiar conozcan y tengan oportunidad de valorar los resultados de la consulta realizada el año pasado: pastores, religiosos y laicos. Para lograr esta primera meta, es conveniente elaborar un instrumento que provoque una dinámica para compartir y manifestar qué programas pueden ser útiles en las circunstancias de sus comunidades, qué necesitan para implementarlos y cómo piden se les acompañe.
  • La segunda meta tiene que ver con los programas de formación de agentes: es conveniente preparar un material de difusión donde se presenten, para que, con suficiente claridad, se comprenda el nivel de formación que proponen y la especificidad del servicio para el cual capacitan. Será importante que en la primera oportunidad los Decanos conozcan estas alternativas de formación y puedan ser debidamente aprovechadas.
  • La tercera meta es continuar el proceso de apertura e integración, de tal forma que el plan y sus programas los hagan suyos todos los agentes posibles: en la parroquia, en el decanato, en la vicaría, en la organización o movimiento de laicos. Así, este plan tan amplio podrá ir ejecutándose con un equipo de servicio de la pastoral familiar suficiente. La Comisión de pastoral familiar debe continuar dinamizando esta participación con los encuentros informativos que sean necesarios y con reuniones periódicas de carácter celebrativo para fomentar una espiritualidad de comunión.

LOS JÓVENES

79. Cada una de las prioridades señaladas en la reflexión del II Sínodo representan verdaderos desafíos para nuestra labor pastoral y, sin duda, la atención de los jóvenes es la que nos está pidiendo mayor transformación de estructuras y de creatividad en las formas. No es sólo un reto, son retos múltiples los que debemos enfrentar, pero hay que hacerlo confiados en el Señor.

80. En la pasada Jornada Mundial de la juventud, el Santo Padre invitaba a continuar en la búsqueda de la gran esperanza y reafirmaba el compromiso evangelizador que tenemos hacia la juventud: La crisis de esperanza afecta más fácilmente a las nuevas generaciones que, en contextos socio-culturales faltos de certezas, de valores y puntos de referencia sólidos, tienen que afrontar dificultades que parecen superiores a sus fuerzas. Pienso, queridos jóvenes amigos, en tantos coetáneos vuestros heridos por la vida, condicionados por una inmadurez personal que es frecuentemente consecuencia de un vacío familiar, de opciones educativas permisivas y libertarias, y de experiencias negativas y traumáticas. Para algunos —y desgraciadamente no pocos—, la única salida posible es una huída alienante hacia comportamientos peligrosos y violentos, hacia la dependencia de drogas y alcohol, y hacia tantas otras formas de malestar juvenil. A pesar de todo, incluso en aquellos que se encuentran en situaciones penosas por haber seguido los consejos de "malos maestros", no se apaga el deseo del verdadero amor y de la auténtica felicidad. Pero ¿cómo anunciar la esperanza a estos jóvenes? Sabemos que el ser humano encuentra su verdadera realización sólo en Dios. Por tanto, el primer compromiso que nos atañe a todos es el de una nueva evangelización, que ayude a las nuevas generaciones a descubrir el rostro auténtico de Dios, que es Amor. A vosotros, queridos jóvenes, que buscáis una esperanza firme, os digo las mismas palabras que san Pablo dirigía a los cristianos perseguidos en la Roma de entonces: "El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo" (Rm 15,13) (Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI a los Jóvenes del Mundo con ocasión de la XXIV Jornada Mundial de la Juventud 2009).

81. El momento actual en la pastoral juvenil arquidiocesana es muy dispar: existen comunidades parroquiales que propician una participación viva y activa de los jóvenes, grupos y movimientos juveniles que continúan su labor motivadora en jóvenes y adolescentes que no conocen al Señor; instancias de pastoral social que están enfocadas a la rehabilitación y orientación de jóvenes y la comisión diocesana que sigue adelante en su esfuerzo de apoyar el trabajo en las vicarías y de acompañar y formar a los que son coordinadores de grupos juveniles.

82. Pero debemos reconocer que todos esos esfuerzos no están siendo suficientes y más bien resultan escasos. Entre otros hechos, se constata la ausencia de jóvenes de cada vez más parroquias, y esta situación se agudiza porque no existe prácticamente ningún gesto de apertura que permita pensar en una reacción para generar un cambio. En la mayoría de los casos no es rechazo sino el reconocimiento de incapacidad para acompañarlos y responder a sus inquietudes.

83. Da la impresión que no hemos encontrado la forma para que la Pastoral juvenil se apropie de las estrategias que se están procurando en otras áreas de pastoral: una acción decididamente misionera, crear un ambiente de diálogo y participación, y trabajar lo necesario para acercar el itinerario formativo a todos.

84. Ya el análisis sinodal había presentado tres ejes para impulsar el trabajo con los jóvenes: una es la pastoral educativa en valores, humanos y evangélicos; en seguida, preparar procesos de educación en la fe buscando la maduración de su opción por Jesús; y, el tercer eje se refiere a la pastoral juvenil diferenciada, de tal forma que se encarne este trabajo en los diferentes medios juveniles (Cf. ECUCIM 1472-1478).

85. De la experiencia de los años recientes y de la consulta previa a la XV Asamblea diocesana, se recoge que muchas de las propuestas de la Comisión arquidiocesana no han podido aterrizar en las Vicarías territoriales ni han logrado la coordinación con las demás áreas de pastoral. Sin embargo, sigue habiendo voces que de manera esperanzadora alientan para seguir intentando caminos para atender a los jóvenes de manera integral.

86. Una de las características propias de esta pastoral es su transversalidad con otras pastorales. Por tanto, es conveniente que se busque la coordinación con otras áreas de pastoral para integrar en beneficio de la pastoral juvenil perspectivas y recursos para que sus programas y acciones adquieran un horizonte de conjunto y, así, el trabajo de la comisión respectiva sea arropado y complementado. Ya se inició esa experiencia con la pastoral familiar y seguramente puede dar luces para el camino a seguir en este caso.

87. La Vicaría Episcopal para los Laicos debe apoyar y facilitar este proceso estableciendo los contactos y consultas con las instancias que se vean oportunas, especialmente con las áreas de pastoral que estén en la vertiente de trabajo que se necesita. Igualmente, la comunicación con la Vicaría para la Vida Consagrada puede permitir toda una veta de enriquecimiento ya que varias comunidades trabajan con jóvenes o tienen experiencia de pastoral juvenil.

88. Ese esfuerzo de conjunto ampliará los recursos humanos involucrados en la pastoral juvenil a nivel diocesano. Dar ese paso repercutirá para que esa estrategia se multiplique en los distintos niveles pastorales.

89. Habrá que continuar el empeño por ofrecer el itinerario formativo adaptado a los jóvenes, es decir, buscando las modalidades que más respondan a su dinámica de vida. Sería muy deseable que la formación de los jóvenes siempre tuviera un horizonte de servicio, que los condujera a la acción a favor de sus comunidades y de la comunidad humana en general.
90. Respecto a los agentes de la pastoral juvenil, las mismas características del servicio que proporcionan, requiere que se organicen equipos intergeneracionales, y se facilite de esa forma la convocatoria y la formación de nuevos agentes con los que se renueve al equipo de animación juvenil.

91. Los jóvenes en su mayoría están familiarizados con las nuevas tecnologías utilizadas en la comunicación, por ejemplo el uso de correo electrónico, boletines electrónicos, blogs, y los llamados “social media” (redes sociales); por ello es urgente que en ese campo también se busquen alternativas de atención a las inquietudes de los jóvenes, orientándolos para que desarrollen sus cualidades y capacidades creativas al servicio de la comunidad y de su propio desarrollo personal.

METAS PARA LA PASTORAL JUVENIL

92. Las metas que parecen necesarias considerar en el horizonte de los próximos tres años son:

  • Hacer habitual que la planeación, seguimiento y evaluación de la pastoral juvenil sea una tarea del conjunto de las vertientes de pastoral. Esta práctica tendría que implementarse a partir de este año.
  • Con el mismo sentido de conjunto, que las instancias de la CAFAP apoyen a la Comisión de pastoral juvenil en el diseño de las modalidades para el itinerario formativo juvenil.
  • Convocar dos veces al año al conjunto de los involucrados en la coordinación de la pastoral juvenil, no sólo a nivel territorial sino también sectorial, para tener un punto de referencia constante de qué caminos de colaboración se pueden implementar, qué programas se necesitan a nivel base y qué cambios se requieren en el camino. Esta convocatoria tendrá entonces carácter iluminativo, de evaluación y proyección.

93. Hay que realizar este conjunto de acciones con apertura y espíritu de renovación, actuando, como nos motiva el Papa, según la esperanza cristiana, porque los jóvenes y todos los que pueden colaborar en su atención necesitan emprender el camino con gran confianza. Hay que hacerles sentir que el Señor y su Iglesia cuentan con ellos y necesitan de ellos para dar razón de nuestra esperanza a todos los que nos la pidan.

LOS LAICOS ORGANIZADOS

94. Una de las expresiones más maduras de la comunión es poner al servicio del Evangelio y de la comunidad los dones que nos ha regalado el Espíritu. El Señor no ha dejado de manifestarse a través de diversos carismas que le permiten a nuestra Iglesia local tener una gran pluralidad y riqueza en la expresión de su fe.

95. La vocación fundamental de las organizaciones y movimientos de laicos es poner su carisma al servicio de la evangelización, de la Iglesia y del mundo.

96. Renovar esta vocación eclesial peculiar resulta vital para muchas asociaciones de laicos que están encontrando serios problemas para sostener la perseverancia de sus miembros, convocar a nuevos integrantes y, sobre todo, lograr su inserción vital en la comunidad arquidiocesana.

97. Como frutos del encuentro con los laicos organizados en el marco de la Visita Pastoral en el año 2008, se clarificaron dos desafíos:

  • Seguir fortaleciendo la vida de fe y compromiso de cada movimiento y organización para que logren incorporar nuevos integrantes, especialmente jóvenes. Para lograrlo, hay que renovarse sin temor.
  • Y, poner al servicio de la comunidad el carisma recibido, no a la medida del propio grupo, sino con la generosidad que pidan las necesidades de la tarea evangelizadora de los tiempos en que vivimos, abiertos a colaborar y complementarse con otros carismas y servicios existentes.

METAS PARA LOS LAICOS ORGANIZADOS

98. De esta manera, les hago un llamado a todas las agrupaciones y movimientos de bautizados organizados para que asuman como meta eclesial:

  • apoyar el programa de formación básica en sus dos vertientes: la capacitación y acompañamiento de nuevos facilitadores, y en la asesoría de las pequeñas comunidades donde un Facilitador acompañe a otros laicos en su formación como agentes de pastoral.

99. El programa, que inició en septiembre pasado, tiene como objetivo capacitar a diez personas como facilitadores de la formación básica en cada decanato, para el término de junio del 2010.Este servicio eclesial está encaminado a multiplicar el número de los facilitadores de la formación en cada decanato y es un programa estratégico para que cada vez más bautizados se dispongan a vivir su vocación de servicio.

100. Según la Vicaría en que estén ubicados, tendrían que elegir aquellos decanatos que requieran de mayor apoyo para hacerse presentes y manifestar su voluntad de integrar un equipo de servicio. Su presencia en apoyo del surgimiento de más discípulos misioneros, seguramente tendrán como beneficio el fortalecimiento de su propio carisma y organización.

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