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Orientaciones Pastorales 2001 -ÍNDICE-


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Vicaría      de Pastoral

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Renovar nuestra pastoral desde la raíz
Orientaciones Pastorales 2011.
Norberto Cardenal Rivera Carrera

I. EL SEÑOR ACOMPAÑA NUESTRO CAMINAR

¿cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe?
(Lc 12, 28b)

1. El año 2010, la primera década del nuevo siglo y del nuevo milenio, ha significado para todo México un momento de toma de conciencia profunda. La Nación que anhelaron nuestros próceres y que anhelan los mexicanos de hoy, aún es un proyecto en realización que necesita que nos involucremos todos pensando sólo en el bien común.

2. Hemos vivido la celebración del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución Mexicana en un escenario contrastante: por una parte, un gran deseo de paz e igualdad y, por otra, deshumanización, violencia e inseguridad desbordadas.

3. Pareciera como si esta situación hubiera rebasado todas las previsiones posibles. Sin embargo, es en esta realidad donde debe surgir una valoración de la fuerza que tiene nuestra sociedad mexicana en sus raíces, donde se identifica como un pueblo noble, humano, solidario y capaz de enfrentar con esperanza cualquier desafío.

4. Reconstruir el entramado social para que estos valores tengan vigencia en la convivencia diaria es trabajo de todos los ciudadanos y un compromiso especial de todos los miembros de la Iglesia, que debemos descubrir en esta circunstancia un signo del Espíritu para convertirnos en levadura que, en medio de la sociedad, realiza su influjo para generar un ambiente de respeto a la vida del semejante.

A. ACONTECIMIENTOS ECLESIALES SIGNIFICATIVOS

5. Gracias a Dios, he podido compartir con ustedes dos acontecimientos que marcan mi vida y mi ministerio: 25 años como obispo y 15 años de servicio en la Arquidiócesis de México. El Señor nos da la vocación como un regalo, siempre inmerecido, pero con su amor fiel que nunca nos deja, nos anima y acompaña a seguir adelante a pesar de nuestras fragilidades y pecados.

6. Estas celebraciones tienen su importancia en el contexto eclesial por el servicio pastoral que el Señor me sigue llamando a ejercer. Y así como es oportunidad para mí, pastor de esta Arquidiócesis, de renovar la entrega y generosidad para seguir al Señor, así puede ser de provecho para toda la Iglesia diocesana en el camino de renovación pastoral que hemos emprendido.

7. Un elemento que ha llamado la atención positivamente fue la iluminación recibida en la Asamblea Diocesana respecto a las macro-tendencias culturales que se prevén a mediano y largo plazo en el ambiente social y económico globalizado. Habrá que estar muy atentos para ampliar esa reflexión analizando el influjo directo e indirecto que las macro-tendencias tienen en nuestra misión eclesial. También, aprovechemos ese aporte recibido para considerar en los contenidos de nuestra formación los elementos necesarios para una visión de futuro.

8. En este contexto quiero proponerles las Orientaciones Pastorales 2011, de tal manera, que leyendo los signos del Espíritu en la Ciudad y en nuestro ambiente eclesial, reavivemos el compromiso de hacer realidad que nuestro servicio pastoral sea buena noticia para la Ciudad. Llamo a todos, hermanos y hermanas laicos, miembros de la vida consagrada y ministros ordenados, a que avancemos juntos en la misión de llevar el Evangelio al corazón de la urbe.

B. PARA CONTINUAR E IMPULSAR NUESTRO CAMINAR ARQUIDIOCESANO

9. El II Sínodo diocesano vino a darnos una orientación pastoral a la que debemos recurrir constantemente para mantener el rumbo de la opción misionera. Es ahí donde se aclaran las prioridades pastorales que nos plantea una sociedad en constante evolución, caracterizada por la secularización y el proceso de descristianización.

10. Nuestro proyecto pastoral ha encontrado en la expresión Misión permanente, el desafío de una renovación a fondo, que es sembrar la semilla de una Iglesia discípula misionera, como lo ha enriquecido el pensamiento de Aparecida.

11. Durante la etapa postsinodal, la cual se acerca a los 20 años, se ha ido clarificando el itinerario que hemos de recorrer para convertirnos en una Iglesia misionera y evangelizadora. En especial, debemos ahondar en las propuestas específicas que miran a la prioridad sinodal: los interlocutores-destinatarios, agentes, medios y organización pastoral.

12. En la capacidad de reflexión hemos avanzado significativamente, pero hay que reconocer que en la convicción y la acción nos hace falta mucho. De ahí, la necesidad de cultivar la cultura de la evaluación, así que los invito para que insertemos de forma sistemática una valoración periódica en nuestro método de trabajo conjunto, ayudándonos a intensificar el compromiso para concretar nuestro proyecto pastoral.

13. En la pasada Asamblea diocesana nos propusimos retomar el objetivo del II Sínodo: La Evangelización de las culturas de la Ciudad de México. La forma para hacerlo es abrir el diálogo con las distintas culturas que conviven en la Ciudad. La actitud de apertura es un paso importante para ir madurando el dinamismo que requiere una Iglesia que necesita hacerse cercana y solidaria con quienes viven en la urbe.

14. El diálogo con la cultura exige la conversión pastoral, sin ésta no lograremos que cada bautizado se convierta en una semilla del Reino en el mundo. Esa es la Misión, ser portadores del Evangelio, de la Buena noticia, en cada rincón, con cada persona que vive distintas situaciones y realidades.

15. Nuestra actitud debe ser de apertura, de comprensión, de caridad, que sigue siendo la mejor forma de testimonio cristiano, de compromiso con el mundo y, por lo tanto, de diálogo con las culturas. El Papa Benedicto XVI relaciona directamente la caridad y la misión diciendo: Vivir la caridad es la forma primaria de la actividad misionera. La Palabra anunciada y vivida resulta creíble si se encarna en comportamientos de solidaridad, de compartir, en gestos que muestran a Cristo como verdadero Amigo del hombre (Asamblea eclesial de Roma, 26-05-2009).

16. Esto implica hacer nuestra la convicción de que debemos abandonar las prácticas de una pastoral de conservación, como también lo ha señalado el Santo Padre, propia de ambientes de antigua cristianización (cfr. ‘Motu Proprio’ Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización, 21-09-2010), y asumir las actitudes que corresponden a una pastoral comprometida y solidaria.

17. Según la reflexión postsinodal nos damos cuenta que si no tomamos un camino nuevo de acción misionera, se irá agudizando cada vez más la separación existente entre la ideología, el lenguaje y la forma de vivir de las nuevas generaciones y nuestras formas de llevarles el anuncio cristiano.

18. Debemos tener confianza que el Espíritu Santo va moviendo e inspirando el camino de renovación. Cuando logramos esto, el siguiente paso es hacer nuestra la expectativa de cambio: realmente es el Espíritu del Señor quien nos está mostrando que debemos cambiar nuestras actitudes personales y, también, las estructuras que no son signo de sencillez y de servicio y que, por tanto, son inútiles para comunicar el Evangelio.

19. El 2011 nos encuentra a dos años del vigésimo aniversario de la presentación del Decreto Sinodal y de la amplia consulta y evaluación que haremos para iluminar nuestro caminar. Quiero motivar a todos los agentes de pastoral para que nos unamos en este propósito. El caminar juntos es fruto de la conversión a la misión, de la conversión a la comunión y de la conversión al servicio.

20. Los ministros ordenados tenemos especial responsabilidad en que se haga vida una Iglesia diocesana más comprometida en la misión de evangelizar, pues estamos llamados a encabezar ese caminar, aportando el testimonio de vida que ha madurado en la experiencia de servicio perseverante. A nosotros, la renovación pastoral nos apremia a volver a la raíz de nuestra vocación para avivar la disponibilidad que nos hizo responder al llamado del Señor y la voluntad de entrega al servicio de nuestros hermanos. Cualquier actitud o práctica que estorbe esta revitalización hay que abandonarla sin dudar.

21. Los laicos se han convertido cada vez más en una fuerza, por el empeño que ponen por encontrar nuevos caminos para llevar el mensaje evangélico a sus hermanos, asumiendo con un mayor compromiso las distintas orientaciones pastorales y aprovechando los recursos que van surgiendo de las instancias diocesanas y vicariales para realizar una Nueva Evangelización.

22. Sin embargo, aún nos falta camino para que los fieles laicos comprendan su vocación específica como inserción en los distintos ambientes culturales a los que no llegamos con la actividad habitual de nuestras comunidades parroquiales. Pero hacia allí están encaminados nuestros pasos: alcanzar que cada bautizado haga presente el mensaje de Jesús a los ambientes y sectores de nuestra sociedad que ahora son distantes a los valores evangélicos.

23. También es esperanzador y motivo de alegría el trabajo siempre comprometido de los hermanos y hermanas de vida consagrada en la pastoral diocesana. Ciertamente hay que seguir trabajando en aquellos aspectos mencionados en la Asamblea Diocesana, respecto al conocimiento mayor de las personas y de sus carismas comunitarios, y de una comunicación y programación más efectivas.

24. La riqueza de carismas presente en nuestra Iglesia local a través de la vida consagrada nos urge a clarificar proyectos de pastoral orgánica donde su aporte se haga presente y pueda significar la diferencia que está haciendo falta actualmente. Ejemplos de ello pueden ser la pastoral vocacional, la pastoral juvenil y la pastoral educativa, entre otros posibles cauces de comunión pastoral.

25. El reto sigue vigente: continuar construyendo las bases que nos lleve a convertirnos en una Iglesia misionera. Por eso, hago una invitación a todos para que, sin temores, asumiendo una actitud de humildad, nos dejemos conducir por el Espíritu, superando resistencias. No olvidemos que Él es el gran protagonista de la misión y nosotros sólo somos colaboradores. Dios es el que edifica (Cfr. 1Cor 3, 9).

26. Recordando la exhortación del Papa Juan Pablo II: ¡No tengan miedo!, así los animo a seguir avanzando, sin temor, porque aún el camino es largo. Reciban las presentes orientaciones como verdaderas directrices para la tarea eclesial en los distintos niveles, pues son resultado de lo que he considerado más importante en la reflexión conjunta recogida en la XVI Asamblea Diocesana.


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