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Orientaciones Pastorales 2001 -ÍNDICE-


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Vicaría      de Pastoral

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Renovar nuestra pastoral desde la raíz
Orientaciones Pastorales 2011.
Norberto Cardenal Rivera Carrera

III. EL ITINERARIO FORMATIVO:
                           APRENDER A SEGUIR LOS PASOS DE JESÚS

Es preciso renovar el esfuerzo en favor de una formación más atenta
y conforme a la visión de Iglesia de la que he hablado,
—pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo—,
tanto por parte de los sacerdotes como de los religiosos y laicos.

(Benedicto XVI, Asamblea Pastoral Diócesis de Roma, 26-05-2009)

51. En los últimos años de la vida pastoral diocesana hemos tenido la prioridad de atender de forma más eficaz los itinerarios de formación de los agentes de pastoral, elemento indispensable para que podamos asumir la opción misionera propuesta en el II Sínodo Diocesano, y lo hemos considerado la columna vertebral para la renovación pastoral que necesitamos.

52. De esa prioridad, hemos reafirmado que el encuentro personal con Jesucristo es lo que realiza el cambio en nuestra persona y nos hace capaces de dar testimonio de la Buena noticia.

53. De esta forma, cuando decimos formación queremos expresar el proceso de maduración de nuestra vocación cristiana. El itinerario se inicia con el llamado de Jesús a convertirnos al Evangelio y a seguir sus pasos. Este primer paso lo identificamos como la etapa misionera o kerigmática, que deja el terreno preparado para que la persona acepte a Cristo en su vida y pueda recibir la iniciación cristiana o viva el proceso de reiniciación, si ya recibió el bautismo; después vendrá la catequesis, que ayudará a madurar la opción por Jesucristo y su inserción a la comunidad eclesial; este camino progresivo se completa con las primeras experiencias de servicio apostólico. Así se integra el proceso evangelizador, la experiencia fundamental de encuentro con Jesucristo, que será punto de referencia en la maduración subsecuente, por medio de las siguientes etapas de formación.

54. Así, cuando se profundiza en la relación personal con Jesucristo va madurando el discípulo misionero. Por caminos diversos, el Señor va preparando a quienes enviará como sus apóstoles.

A. MANTENERSE DISCÍPULO: LA ESPIRITUALIDAD DEL ITINERARIO FORMATIVO

55. Jesús es el que está entre nosotros como el que sirve, sus pasos nos ponen delante de la opción de servir como forma de vida. Para ser testigos de Jesús debemos comprender los caminos en que se manifiesta el Reino de Dios: como una pequeña semilla, la más pequeña, pero que crece para dar refugio; como la levadura, que se pierde para fermentar. Hay que apreciar lo que es valioso por encima de todo, lo que no se puede substituir: la perla preciosa, la moneda de plata, el tesoro escondido, aquello por lo que se está dispuesto a dejarlo todo con tal de alcanzarlo.

56. Para mantenerse como discípulo hay que comprender que todo lo hemos recibido, que estamos llamados a vivir la experiencia de entregar gratuitamente lo recibido, de colocarse en el lugar del más pequeño.

57. No se trata, entonces, sólo de saber más sino, ante todo, de asumir el estilo de vida, los valores, los sentimientos, las actitudes de Jesús.

58. Con ese mismo espíritu, los Obispos en Aparecida en su mensaje final expresaron su deseo de buscar mantenerse como una Iglesia discípula. Ese deseo nace de la conciencia de que nos es indispensable la conversión pastoral volviendo a la sencillez del Evangelio, abandonando las estructuras caducas que ya no transmiten la Buena Noticia.

B. RELACIÓN DEL ITINERARIO FORMATIVO CON LA MISIÓN PERMANENTE Y LA PASTORAL ORGÁNICA

59. Una de las luces dadas en la Asamblea diocesana del 2009 fue el consenso de establecer una relación directa entre el itinerario formativo y la misión permanente, expresión que engloba el proyecto pastoral de nuestra Iglesia local. El objetivo es, entonces, formar discípulos misioneros en actitud de misión permanente —de diálogo, cercanía y testimonio— para la ciudad.

60. Además, este año se ha ido profundizando otra faceta igualmente importante para ir configurando el camino de formación de los agentes de pastoral: junto con la actitud de misión permanente, los discípulos misioneros necesitan buscar realizar su tarea con la conciencia de ser parte del Cuerpo de Jesús.

61. Por lo tanto, no puede haber comunidad evangelizadora si no hay sentido de pertenencia a la comunidad eclesial de parte de los bautizados; si no hay voluntad de complementación y decisión para construir vínculos de comunión que hagan evidente el testimonio de fraternidad.

62. Para que sea posible la formación de discípulos misioneros para la ciudad, con ese sentido de Iglesia-comunión, las instancias pastorales de la Iglesia arquidiocesana deben continuar el esfuerzo de pastoral orgánica, es decir, la voluntad de funcionar para llevar a cabo los objetivos prioritarios comunes, aportando la parte específica que les corresponde, pero nunca en detrimento de lo que es expresión conjunta. Esta es una de las facetas más importantes de la conversión pastoral.

C. NECESIDAD DE LA PEQUEÑA COMUNIDAD PARA LA EXPERIENCIA DE ENCUENTRO

63. En esta última exigencia, la fraternidad como ambiente para la formación, es donde se ve con claridad que no es suficiente circunscribir la formación a un ambiente académico bien organizado. Cumplir con créditos curriculares no garantiza por sí mismo forjar discípulos misioneros de Jesús.

64. En el 2008 les proponía que la formación debía tener como objetivo vivir como cristianos. La relación entre fe, forma de vivir y compromiso con la comunidad humana no puede estar ajena al itinerario formativo: el cristiano va madurando en la práctica del Evangelio, es decir, en el contacto cotidiano con sus semejantes y en el descubrimiento de la presencia de Jesús en ellos.

65. De esta manera, el ambiente habitual para hacer vida la formación es una pequeña comunidad, donde se va teniendo la experiencia de perdón, de fraternidad, de oración, de ayuda mutua, de celebración y de caridad. Sin este ambiente donde se pone en práctica lo que aprendemos de Jesús, la formación del cristiano toma una connotación teórica separada de la vida cotidiana y de los desafíos que permiten evaluar si la persona va madurando como testigo de Cristo.

D. FACETAS DE LA FORMACIÓN: SER, SABER Y SABER HACER PARA RENOVAR EL SER

66. La experiencia de los caminos de formación que desde hace tiempo se han implementado en nuestra Arquidiócesis nos da la claridad para diferenciar que este proceso tiene varias facetas que están interrelacionadas: elementos que tienen que ver con la identidad del discípulo misionero —el ser—; contenidos que configuran el conocimiento necesario del agente, el —saber—; capacidades que va adquiriendo el discípulo y que le permiten comprometerse en un servicio específico —saber hacer—; y, aquello que es cualitativo, que es acción del Espíritu en la persona que le responde con entrega al Señor, siempre con la conciencia de que la obra es de Dios y no nuestra.

67. De la conciencia de que en Cristo siempre tenemos algo que crecer, nace la visión de la formación permanente como un configurarse cada vez más en el Hijo de Dios, sabiendo que llevamos este tesoro en vasijas de barro.

E. ORGANIZACIÓN DE LA FORMACIÓN: ETAPAS, NIVELES, ITINERARIOS, SERVICIOS Y MINISTERIOS

68. El servicio para hacer accesible a todos los bautizados el encuentro con Jesucristo y el crecimiento en la vivencia del Evangelio, nos pide que paulatinamente se vayan entrelazando todos los recursos que con esa finalidad existen en la Arquidiócesis. Quizá como en ninguna otra Iglesia local contamos con distintas experiencias e instancias de todos los niveles para la formación de los agentes de pastoral.

69. Sin embargo, aún debemos trabajar mucho para darles organicidad, a fin de que esos numerosos recursos sean mejor aprovechados, especialmente fortaleciendo la plataforma que nos permita apoyar a las parroquias en la evangelización fundamental y, también, en la multiplicación de los agentes de pastoral que representan el primer nivel de desarrollo hacia los servicios y ministerios.

70. Teniendo siempre presente la relación directa entre la experiencia de encuentro con Cristo y la vida del discípulo, el itinerario de formación no debe olvidar la transmisión de los elementos constitutivos de la fe con esquemas kerygmáticos accesibles, una renovada catequesis donde la exposición del mensaje cristiano reactualice los contenidos necesarios de los diversos niveles de formación de los discípulos.

71. Todo proceso educativo está acompañado de contenidos y habilidades. La capacitación en la fe tiene como primer imperativo compartir lo que se ha recibido como don salvífico, recordemos los ejemplos evangélicos de todos aquellos que dieron testimonio de Cristo una vez que fueron recompensados con el don de la verdad, estos fueron a contar a los demás, hablaron de las maravillas de Dios que habían escuchado. Está claro que en nuestra realidad pastoral arquidiocesana el desafío es ¿cómo hablar a los demás de este mensaje? Es aquí donde el creyente debe crear nuevas formas de caridad creativa.

72. Es muy importante que los bautizados se hagan más capaces de su compromiso profético, hábiles por su espiritualidad, eficaces por el testimonio espontáneo y alegre, pero sobre todo necesitados de estar siempre al lado del Maestro que los instruye e impulsa.

73. Cuando el II Sínodo habló de evangelizar las culturas por medio de acciones específicas se propuso, con gran inspiración, que los miembros de esta Iglesia acudieran a iluminar las situaciones de la vida cotidiana con el Evangelio. Tanto los ministros ordenados como los laicos deben formar en su corazón la intención valiente de salir al encuentro de otras personas y hacer caminos de fe, como aquel desconocido que salió al encuentro de los que iban a Emaús, como Felipe que subió al carro del eunuco de Candace, como el ejemplo de tantos santos que realizaron algo diferente que creó soluciones y modificó la cultura y la historia de los hombres.

74. Muchos agentes de pastoral tienen que superar la actitud de autosuficiencia de pensar que por estar bien preparados, que por ser capaces de hacer algo muy bien, ya no necesitan formarse. A quienes así piensan, los exhorto a ser los primeros en aportar actitudes de cambio y a dar ejemplo de renovación, respondiendo a las expectativas de la evangelización.

75. Nuevas experiencias, acciones específicas que generen una inteligencia de la fe que sea tesoro de salvación. Estas habilidades no se generan en una lección por profunda e inspirada que sea, sino en el bautismo que debe llevarnos a salir y atrevernos.

76. En efecto, se requieren de nuevas expresiones de la evangelización, nuevas pedagogías que no se aprenden con los métodos tradicionales sino en la propia vivencia del amor de Dios que responde a su más auténtico destino: formar a Cristo en nosotros con la pedagogía del amor, de la promoción humana, de la obediencia y de la sumisión incondicional al Padre por su Espíritu.

77. La formación, por tanto, advierte la más profunda conciencia de fe cristiana y la madurez para continuar el seguimiento de Cristo.


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