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Orientaciones Pastorales 2001 -ÍNDICE-


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Renovar nuestra pastoral desde la raíz
Orientaciones Pastorales 2011.
Norberto Cardenal Rivera Carrera

IV. IGLESIA PARTICIPATIVA Y CORRESPONSABLE

Nuestras comunidades deben tener siempre
clara conciencia de que son "Iglesia",
porque Cristo, Palabra eterna del Padre,
las convoca y las convierte en su pueblo.

(Benedicto XVI, Id.)

78. Recién terminado el Concilio, el Cardenal Suenens escribía en un libro titulado “La corresponsabilidad en la Iglesia de hoy”: Si se me preguntase cuál es el 'germen de vida' más rico en consecuencias pastorales que se debe al Concilio, respondería sin dudarlo: el haber vuelto a descubrir el pueblo de Dios como una totalidad y, en consecuencia, la corresponsabilidad que de aquí se deriva para cada uno de sus miembros (p. 16).

79. En nuestra Iglesia local se nos sigue planteando la necesidad de construir una Iglesia con una pastoral orgánica, en donde todos los responsables de la acción evangelizadora sumen sus dones y carismas para entretejer una renovada planificación participativa en la construcción del Reino.

80. Sin duda, nuestra Arquidiócesis es una de las Iglesias locales con más recursos humanos y dones para realizar la misión de evangelizar. Sin embargo, en esta realidad plural y compleja, convocar a todos a este proyecto de corresponsabilidad no es sencillo. Un primer paso tiene que ser asumir firmemente el necesario proceso de cambio.

81. No podemos pensar en construir una pastoral orgánica sin que la comunidad eclesial en su conjunto revise a la luz del Evangelio el rostro que proyecta:

a. ¿Cómo pueden corresponsabilizarse los bautizados en la institución eclesial si viven alejados y sin sentido de pertenencia?
b. ¿Cómo corresponsabilizarse con una Iglesia en la que predomina lo cultual-devocional, y no lo profético y la práctica de la caridad?
C. ¿Cómo corresponsabilizarse con una Iglesia que ofrece una doctrina abstracta y desarraigada de la vida, que no responde a los problemas del hombre?
D. ¿Cómo corresponsabilizarse con una iglesia donde se identifica Iglesia con clero, en detrimento del laicado que, en la mayoría de los casos, permanece como simple receptor, como en minoría de edad?
E. ¿Cómo corresponsabilizarse con una iglesia que parece estar más pendiente de ella misma que del Reino de Dios, confundiendo el fin con el medio?

82. La reflexión del Papa Benedicto XVI, en la Asamblea Pastoral de Roma del año 2009, nos puede dar una orientación importante en la dirección que deseamos avanzar. El Papa revisó el proceso que se ha vivido en la Iglesia para asimilar la propuesta que hizo el Concilio Vaticano II y presentó las condiciones y exigencias para concretizar la eclesiología de comunión y participación. El hilo conductor de esa reflexión es la corresponsabilidad en la Iglesia.

83. Para que podamos evolucionar en este camino, el Papa ve necesario una renovada toma de conciencia de nuestro ser Iglesia y de la corresponsabilidad pastoral que, en nombre de Cristo, todos estamos llamados a asumir. Es decir, un cambio de mentalidad, en particular por lo que respecta a los laicos, pasando de considerarlos "colaboradores" del clero a reconocerlos realmente como "corresponsables" del ser y actuar de la Iglesia, favoreciendo la consolidación de un laicado maduro y comprometido (ibídem).

84. Realizar en la práctica ese cambio de mentalidad no es sencillo, principalmente porque lleva tiempo que los itinerarios de formación vayan provocando la asimilación de esta visión de Iglesia. Otra dificultad para este proceso de cambio es la incertidumbre que se crea en quienes encabezan la tarea pastoral en las comunidades. Pero, el Papa también reflexiona con los pastores: Esta conciencia de ser Iglesia, común a todos los bautizados, no disminuye la responsabilidad de los párrocos. Precisamente a vosotros, queridos párrocos, os corresponde promover el crecimiento espiritual y apostólico de quienes ya son asiduos y están comprometidos en las parroquias: ellos son el núcleo de la comunidad que se convertirá en fermento para los demás (ib.).

85. En esa dirección debemos tener nuestro horizonte y empeñarnos todos en ir lográndolo, recordando que es posible alcanzarlo porque la fuerza del Espíritu nos acompaña: el reino de Dios no consiste en una bebida o comida determinada; consiste en la fuerza salvadora, en la paz y la alegría que proceden del Espíritu Santo (Rom 14, 17). Sin esta fe convencida sería imposible reunir a los “diferentes” y que logren funcionar como organismo vivo.

86. El cambio interior que implica la opción por Jesús, conlleva la identificación con la comunidad eclesial y la disposición para el servicio. Es por eso que también la pastoral orgánica se debe configurar con las actitudes de Jesús, cuya forma de ser es la gratuidad y la búsqueda del bien de sus hermanos. Se hace presente la lógica del Reino en el corazón de todos los que forman parte de una comunidad que se experimenta Cuerpo de Cristo.

87. De esta forma, la pastoral orgánica es también un itinerario, espiritual-comunitario-misionero. Quien lo quiere recorrer va contra la corriente del individualismo, del éxito por el éxito, de la indiferencia o descalificación del otro. Va en contra del autoritarismo y de todo tipo de exclusión. Quien va haciendo suya esta forma de entender la tarea de la Iglesia no deja a nadie afuera, se preocupa de que todos puedan ser corresponsables, incorpora todas las ideas, se alegra y hace propias las iniciativas de otros, aún a costa de abandonar la propia iniciativa si el discernimiento cristiano así lo requiere. Sabe dar las gracias, pedir ayuda y pedir perdón cuantas veces sea necesario. Procura que la diferencia de las funciones no disminuya la dignidad de nadie. Tiene los criterios de Dios y no de los hombres.

88. Tenemos que potenciar los dones ya existentes en los agentes de pastoral, promover y hacer madurar los carismas de cada uno en un sano discernimiento para la edificación de una comunidad arquidiocesana, signo creíble del Reino. La Pastoral Orgánica se nutre desde la espiritualidad de comunión, por la cual nos exige un cambio de mentalidad y una conversión radical de vida. Se trata de dejar que Cristo nos transforme, humanizándonos y dignificándonos. El mayor desafío para la Nueva Evangelización somos nosotros los Agentes que debemos actuar en comunión y corresponsabilidad para que la evangelización se realice como respuesta adecuada y generosa a los clamores de los destinatarios prioritarios de la opción sinodal (Evangelización de las Culturas de la Ciudad de México 2027).

89. En la espiritualidad de comunión tiene gran importancia la pedagogía del encuentro porque es Jesús mismo el que sale hacia nosotros. Esto nos exige que hagamos pastoral desde la primacía de la gracia, en el don de la integración al Pueblo de Dios, siempre por el camino del diálogo y con un testimonio convincente. La plenitud del encuentro entre las personas, las culturas y los pueblos, lo aprendemos a cultivar desde la contemplación del Rostro de Cristo, caminando desde Cristo y siendo testigos de su amor. La misión debe realizarse dentro del dinamismo de la pedagogía del encuentro que puede darse de persona a persona, de casa en casa, de comunidad a comunidad. Nuestra pastoral tiene que estar entretejida de encuentros, en la sencillez, la cordialidad, la solicitud, la escucha y el servicio a los demás (Misión Continental, CELAM p. 31).
 
90. En este empeño de discernir en comunión el plan evangelizador, trabajar coordinadamente y recrear la evangelización en sus métodos, en sus expresiones y en su ardor, se quiere enriquecer el aporte de todas las comisiones específicas. No se trata de eliminar, sino de integrar y renovar en función de una acción evangelizadora que debe estar en un continuo dinamismo de evaluación y capacidad de reacción.

91. Por este camino podemos ayudarnos a pasar de una pastoral fragmentada a una integrada. De la departamentalización a la armonía orgánica del Cuerpo eclesial. La Arquidiócesis de México se encuentra hoy ante la necesidad imperiosa de replantear a fondo su misión pastoral; así se lo ha propuesto el II Sínodo al tomar en cuenta, precisamente, la nueva situación que vivimos en esta Ciudad. Esta renovación pastoral se logrará en la medida en que a la acción evangelizadora se le dé un verdadero sentido misionero (ECUCIM 4219-4220).


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