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Orientaciones Pastorales 2001 -ÍNDICE-


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Vicaría      de Pastoral

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Renovar nuestra pastoral desde la raíz
Orientaciones Pastorales 2011.
Norberto Cardenal Rivera Carrera

V. Cauces Prioritarios

A. LA MISIÓN EN LA CIUDAD

92. El haber planteado el diálogo con las culturas de la Ciudad de México como tema de la pasada Asamblea Diocesana, ha sido la gran oportunidad de revivir en todos nosotros, discípulos y misioneros del Señor Jesús, la preocupación central de nuestro II Sínodo. Es necesario que al renovar ese compromiso también ahondemos en él y lo asumamos con mayor fuerza.

93. El tema es eminentemente misionero, pues hace manifiesta la razón de ser de la Iglesia: estar atenta a los reclamos de la sociedad para compartirlos, dejarse interpelar por ellos y entregar el mensaje del Evangelio, a la manera como nos lo dice el Papa:  Toda la actividad de la Iglesia es una expresión de un amor que busca el bien integral del ser humano: busca su evangelización mediante la Palabra y los Sacramentos, empresa tantas veces heroica en su realización histórica; y busca su promoción en los diversos ámbitos de la actividad humana. Por tanto, el amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres  (Deus Caritas 19).

94. Este es el lenguaje que inequívocamente es entendido por toda persona de buena voluntad y, aun, los lejanos a la Iglesia se podrán sentir interpelados por él. Este es el verdadero sentido de aquel principio: el primero y más importante medio de evangelización es el testimonio. No hay testimonio  cristiano en donde no hay caridad.

95. Es indudable que necesitamos estructuras para la pastoral caritativa, pero también es cierto que la caridad propia de la evangelización, ahora muy urgente, rebasa las estructuras y debe impregnar todas las acciones porque es la actitud fundamental que debe manifestar el agente de pastoral en todo lo que hace, como enviado del Señor. Se trata, antes que nada, de hacer sentir cercanía, amabilidad, sencillez, servicialidad, fraternidad.

96. Esto es lo que muchos hermanos nuestros que llamamos alejados, y también los que son reconocidos como practicantes, esperan de nosotros a quienes perciben como “la Iglesia” y a veces no lo encuentran en ella, tal vez porque no se ve con suficiente claridad. Por ello una y otra vez estamos llamados a la conversión, conscientes de que convertirnos significa reconocer que no hemos  actuado del todo bien y por ello debemos rectificar el camino.

97. Atendamos a la reflexión que nos hace el Documento de Aparecida: La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales… Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva para una América Latina que quiere reconocerse con la luz y la fuerza del Espíritu (Documento de Aparecida 11).

98. Encarnar en la persona de todo discípulo el estilo de vida de Jesús, buen Pastor, es la necesidad que tiene la Iglesia para poder llevar a cabo en el momento presente la misión que él nos ha encomendado.

99. Hemos querido nuevamente detener nuestra mirada en las culturas  que conforman la gran ciudad en la que vivimos, con el fin de llevar a ellas el Evangelio. Ahora cada vez nos convencemos con mayor claridad de que ese propósito será posible sólo si actuamos con la conciencia de que nosotros, Iglesia, formamos parte de esas culturas y, por lo tanto, vibramos con ellas. Sin embargo del mismo modo hemos de luchar para erradicar de ellas todo aquello que contradice al Reino. Formar parte de las comunidades a favor de las cuales debemos ejercer nuestro servicio evangelizador, compartiendo su vida en todo aquello que es legítimo, es una exigencia hoy ineludible. Por ello hablamos de evangelizar la sociedad en diálogo con las culturas.

100. Con la finalidad de hacer presencia evangelizadora en los ámbitos concretos de nuestra sociedad, en el II Sínodo Diocesano y en el proceso postsinodal se ha hablado de la sectorización  que se desprende de la conciencia de una Iglesia misionera, que encarna y actualiza en los diversos tiempos y lugares la misión de Jesús para los hombres en sus circunstancias históricas (ECUCIM 4881). Es el momento de renovar esta práctica impulsada por el Sínodo y, en algunos casos, reorientarla ya que no sólo es un medio de organización, ni menos de facilitar las cosas. Es un medio excelente para irradiar la luz y la fuerza del Evangelio mediante el anuncio explícito y, sobre todo, mediante el testimonio con los que  la nueva evangelización  busca penetrar capilarmente los diversos ambientes y grupos (Ib. 4887).

101. Otro camino para adentrarnos en las culturas de la Ciudad de México, con fines de evangelización, es ir identificando algunos ambientes en los que, mediante un análisis inicial, se vea la posibilidad de llevar a cabo algunas experiencias de diálogo con grupos representativos de esos ambientes, a través de actividades de primer anuncio, pastoral social, de preevangelización o algunas otras, según se vea más oportuno. En este sentido será muy conveniente que las comisiones diocesanas, cuyo cometido resulte pertinente para este objetivo, inicien un sondeo y propongan las líneas de un plan de trabajo en esta dirección. No se trata de que haya tantos planes, cuantas comisiones, sino que bajo la coordinación de las respectivas vicarías funcionales descubran algunas prioridades y respecto a ellas se diseñe un trabajo de conjunto. Este trabajo deberá contar con el apoyo expreso de algunas  parroquias directamente implicadas, sea por su territorio sea por opción pastoral; deberá contar también con la colaboración de las comisiones de las vicarías territoriales que el desarrollo del plan vaya exigiendo.

102. En este contexto quiero agradecer la iniciativa de las personas que en la pasada asamblea diocesana fueron reconocidos como grupo de académicos, varios de los cuales y otros más que ellos representan, tienen el deseo de participar en la pastoral juvenil, a nivel arquidiocesano. Específicamente han manifestado su deseo de colaborar en la formación cristiana de adolescentes y jóvenes estudiantes y de los ambientes e instituciones educativas en que éstos realizan sus estudios. Cuenten con mi respaldo que concretamente daré a través de la vinculación, para este trabajo, con el Vicario episcopal para los laicos y el Vicario de Pastoral; con ellos se hará el plan correspondiente y se buscará la relación que vaya siendo necesaria con otras instancias diocesanas.        

B. LA LITURGIA Y LA PIEDAD POPULAR, MEDIOS MUY IMPORTANTES PARA LA MISIÓN

103. Agradecemos al Señor, y los invito a sentirnos responsables en lo que implica,  que todavía contamos con un medio de evangelización muy significativo  por el número de personas a las que normalmente alcanza (más del 10% de la población católica): me refiero a la asistencia y participación en las acciones litúrgicas, principalmente en la Eucaristía.  Por ello debemos reflexionar qué tanto nos esforzamos y qué tanto logramos que en nuestras celebraciones litúrgicas  los fieles participen de una forma “activa y fructuosa”.

104. Nos encontramos ante grandes retos por la pluralidad cultural de nuestra Ciudad, por el lenguaje o los lenguajes hoy en boga, por la simbología que se utiliza especialmente en los medios de comunicación. Ante estas realidades y otras de esta índole, debemos de tratar de avanzar en la búsqueda de una liturgia verdaderamente inculturada, según la orientación que hace casi cincuenta años nos daba el Concilio Vaticano II: los textos y los ritos se ordenen de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y comunitaria (SC 21).

105. Si atendemos con seriedad a la valoración que el Documento de Aparecida hace de la piedad popular como medio para expresar y cultivar la fe, podremos concluir que servirá de mucho también para dar un mayor dinamismo a la liturgia. He aquí dos textos: Esta manera de expresar la fe (la piedad popular) está presente de diversas formas en todos los sectores sociales… La religión del pueblo latinoamericano es expresión de la fe católica. Es un catolicismo popular profundamente inculturado, que contiene la dimensión más valiosa de la cultura latinoamericana (DA 258). La llamamos espiritualidad popular. Es decir, una espiritualidad cristiana que, siendo un encuentro personal con el Señor, integra mucho lo corpóreo, lo sensible, lo simbólico, y las necesidades más concretas de las personas. Es una espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos, que, no por eso, es menos espiritual, sino que lo es de otra manera (DA 263).

106. Encomiendo al secretariado diocesano de pastoral litúrgica, con sus comisiones, que elabore algunos subsidios para favorecer en las parroquias y rectorías algunas experiencias que se realicen con los criterios arriba enunciados.

107. Los responsables del secretariado y comisiones mencionados impulsen dichas experiencias en algunas parroquias y rectorías concretas, mismas que se llevarán a cabo con el conocimiento y la animación del señor obispo, vicario episcopal de la vicaría correspondiente.


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