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Orientaciones Pastorales 2012 -ÍNDICE-

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Vicaría      de Pastoral

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I. ITINERARIO PASTORAL ARQUIDIOCESANO

La Arquidiócesis de México se encuentra hoy
ante la necesidad imperiosa
de replantear a fondo su misión pastoral...
ECUCIM 4219

A. REALIZACIÓN DEL SÍNODO

9. El recorrido pastoral que queremos evaluar arranca del II Sínodo Diocesano, de cuya celebración estamos conmemorando 20 años. Los meses de mayo, junio, julio y agosto de 1992, durante una semana cada mes, se realizaron las asambleas sinodales, después de casi tres años de preparación. En cada semana se abordó uno de los cuatro ejes temáticos en los que se estructuró la reflexión sinodal: Los destinatarios-interlocutores de la Nueva Evangelización, los agentes de la Nueva Evangelización, los medios de la Nueva Evangelización y las estructuras pastorales para la Nueva Evangelización. Así se trató de llevar a cabo el propósito de responder a los grandes desafíos de la Ciudad de México a la Nueva Evangelización.

10. En noviembre del mismo año, después de una adecuada sistematización, se entregó al Señor Arzobispo el documento conclusivo. Igualmente con el Edicto de Clausura y, con una solemne Eucaristía se clausuró la etapa propiamente sinodal, es decir, la consulta, la reflexión y los aportes de la comunidad arquidiocesana, particularmente, de los agentes de pastoral convocados como sinodales.

11. Y, el 21 de noviembre de 1993, solemnidad de Jesucristo Rey del universo, mi predecesor el señor Arzobispo-Cardenal D. Ernesto Corripio Ahumada —de quien esta comunidad arquidiocesana y un servidor hacemos un agradecido recuerdo— promulgó el Decreto General, que se convertía así en la expresión más clara y autorizada del II Sínodo Diocesano.

12. De una forma muy sintética podemos decir que el II Sínodo propuso una orientación de pastoral urbana, mediante la evangelización de las culturas, con una pastoral misionera que tuviera tres características esenciales: pastoral de encarnación, que lleve a los misioneros a conocer y a insertarse en los ambientes que han de evangelizar; pastoral de testimonio, mediante la vivencia de los valores evangélicos en la vida individual y comunitaria, para realizar así la inculturación del Evangelio; y la pastoral de diálogo que, en pleno respeto a la realidad presente, lleva a los evangelizadores a descubrir en ella las “semillas del Verbo” y así dejarse evangelizar por el Espíritu que, de esa forma, está allí presente, como primer testigo de Jesús y primer evangelizador.

13. Para llevar a cabo esta opción misionera, el discernimiento hecho por el II Sínodo marcó diez y seis sectores culturales como destinatarios de la Nueva Evangelización, de entre los que eligió cuatro prioritarios (Cfr. ECUCIM 295-382); así mismo señaló un conjunto de exigencias para la vida y formación de los agentes de pastoral, para la identificación y estructuración de los medios de evangelización y, para la configuración y renovación de las estructuras pastorales.

14. La asamblea sinodal eligió como destinatarios prioritarios a las familias, los alejados, los pobres y los jóvenes. La misma asamblea sinodal en su reflexión concluyó que era más exacto decir que se trataba de varios aspectos que se referían a una sola prioridad: el alejamiento de la evangelización, causado principalmente por el gran fenómeno de la secularización. Esta opción misionera, así considerada, sigue quedando, en buena parte, como un compromiso al que hay que darle un más cabal cumplimiento.

B. INICIO DE SU IMPLEMENTACIÓN

15. Terminadas las asambleas del Sínodo y entregado el Decreto General, que en ellas tenía su fuente y cuyas conclusiones expresaba de forma nuclear, el Señor Arzobispo suscribió el Programa Inicial Arquidiocesano (PIA), cuyo propósito era presentar algunas líneas que ayudaran a llevar a la práctica los luminosos principios reflexionados en el Sínodo (Cfr. ECUCIM 4673-4725).

16. El objetivo general del programa era impulsar la evangelización de las culturas, proponiendo para ello tres programas específicos: la sectorización territorial y ambiental, la formación de agentes, la promoción humana y el impulso a la pastoral juvenil. Del conjunto de estas acciones específicas, fue la sectorización la que tuvo relativamente más auge, al grado de que hubo un momento en que desde diversas instancias se presentaba como ideal el que las parroquias estuvieran sectorizadas. Poco a poco decayó ese ímpetu. Por otra parte, se puede decir que se entendió poco el principal objetivo que tiene la sectorización, que es apoyar la evangelización de los ámbitos culturales, más que ser solamente un medio organizativo de la pastoral ordinaria de las parroquias.

17. En este periodo inicial del proceso postsinodal se instituyeron e iniciaron sus actividades cuatro instancias diocesanas que, hasta la fecha, vienen prestando sus servicios con eficacia para la animación y coordinación de la pastoral en la Arquidiócesis.

  • Se constituyó la Vicaría de Pastoral para hacer efectivo el proceso de realización del II Sínodo y para activar la pastoral de conjunto en la Arquidiócesis.
  • Los Vicarios episcopales territoriales nombran a un presbítero “que los represente ante el Vicario episcopal de pastoral”, a esta función se le dio el nombre de “delegados de pastoral de las vicarías territoriales”.
  • Se tuvo la primera reunión de Decanos, “para imprimir un nuevo dinamismo a la pastoral en la aplicación de las conclusiones del Sínodo”.
  • Se constituyó la Asamblea Diocesana, como una instancia eclesial en la que había de fomentarse la experiencia de discernimiento, de comunión, diálogo y corresponsabilidad entre los diversos miembros de la comunidad arquidiocesana y, como medio privilegiado de consulta del Pueblo de Dios para el Pastor de la Diócesis.

18. En julio de 1994 se celebró la primera Asamblea Diocesana que tuvo como finalidad presentar a los participantes el sentido de una asamblea de esa índole y la estructuración que se requería para ella; así mismo sirvió para evaluar la marcha del Programa Inicial Arquidiocesano, del cual se constató que el trabajo se había centrado casi exclusivamente en la sectorización.

19. Cuando llegué como Arzobispo a esta Iglesia local la encontré con mucho entusiasmo por el II Sínodo Diocesano y en búsqueda de caminos para llevar a la práctica las reflexiones tenidas en ese caminar juntos; con gusto y con sincera convicción hice mío el proceso pastoral que ya se venía trayendo y empezaba a dar frutos, aunque incipientes.

C. PROCESO POST-SINODAL

1. FORMACIÓN DE AGENTES

20. Para la siguiente asamblea diocesana, la segunda, quise plantear una consulta y, la consiguiente reflexión, sobre la formación de agentes laicos para acciones específicas, ya que con urgencia se planteaba el cuestionamiento de cómo y quién llevaría a cabo la evangelización de las culturas en nuestra Ciudad, es decir, cómo se podría hacer realidad el nuevo y vigoroso proyecto misionero formulado en el Sínodo. El estudio y los aportes sobre el tema fueron muy iluminadores y marcaron una dirección por la que hemos podido avanzar. De ahí surgieron los centros que se llamaron “Cefalae”, que fueron un medio para mantener el propósito de la formación y para ahondar en la visión que de ella se debía tener.

21. En los últimos años hemos centrado nuestra atención en la formación de agentes y esto ha permitido relacionar más claramente el plan pastoral con los itinerarios de formación. Especialmente con la ayuda de la CAFAP (Coordinación Arquidiocesana de Formación de Agentes de Pastoral) se ha venido diseñando el Marco General de Formación, para lograr la unidad, gradualidad y articulación en los diversos aspectos de este trabajo.

22. Ahora es necesario retomar con mayor énfasis y definición el tema de la formación específica, que impulse y guíe a los agentes de pastoral en su respuesta a los distintos servicios que se requieren, tanto al interno de las comunidades eclesiales, como, sobre todo, en la evangelización de los ambientes culturales.

23. En esta animación y acompañamiento, las comisiones a nivel arquidiocesano y de vicaría, así como los decanatos en su propio ámbito, tienen una palabra determinante. En efecto, el decanato deberá identificar cuáles son los campos específicos en los que conviene y es oportuno trabajar y, para llevarlo a efecto acudirá al apoyo y asesoría de las comisiones correspondientes. Todo esto realizado con un verdadero sentido de pastoral orgánica que interrelacione los programas y las acciones de las diversas instancias, en los diversos niveles y ámbitos diocesanos.

24. Con este empeño de todos se podrá afianzar la visión que se ha venido proponiendo de las cuatro etapas de la formación: inicial, básica, específica y permanente, integrando en ella el proceso evangelizador que, en realidad, constituye la formación inicial, cuya experiencia hemos de vivir todos los bautizados.

25. Gracias a Dios, tenemos ya planes y programas bastante consolidados en lo que se refiere a la formación de los laicos. Para avanzar se requiere continuar con la constante elaboración de los materiales planeados y capacitar a un mayor número, sobre todo de laicos, que los difundan más y promuevan su adecuada utilización.

26. Con esa toma de conciencia fuimos cayendo en la cuenta de que, aunque la formación de los laicos tiene una especial importancia por la particular inserción que ellos tienen en las culturas, es igualmente importante atender a la formación de todos los agentes de pastoral, es decir, incluir en este esfuerzo a los miembros del ministerio ordenado y los de la vida consagrada.

27. En esta articulación arquidiocesana de la formación de los agentes en general, seguimos teniendo la necesidad de que se promuevan los programas que miran específicamente a la formación de los ministros ordenados y de la vida consagrada, especialmente en la rama femenina. Es indispensable que la formación de estos agentes esté compenetrada con el objetivo diocesano y les permita ser los principales promotores de una Iglesia misionera.

28. En el trayecto de esta reflexión, en la experiencia de estructurar y organizar, de elaborar subsidios y de capacitar agentes, fuimos identificando la formación de agentes como la columna vertebral que debe sostener y dinamizar el proceso pastoral. Sólo así, logrará nuestra Arquidiócesis responder a las exigencias de la Nueva Evangelización.


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