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Orientaciones Pastorales 2012 -ÍNDICE-

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2. MEDIOS DE EVANGELIZACIÓN

29. Desde que se empezaron los trabajos del post-sínodo hubo el propósito explícito de impulsar la pastoral catecumenal, que fue la idea central de la reflexión sinodal al tratar los medios de evangelización. Ese era el criterio central, que a los medios de evangelización se acudiera adaptándolos de tal manera al proceso de cada persona y de las comunidades, que favoreciera en ellas el debido crecimiento en su respuesta al llamamiento del Señor.

30. Esa era una de las metas del programa inicial arquidiocesano: impulsar procesos catecumenales comunitarios y juveniles. Sin embargo, faltaba un mayor conocimiento de lo que esto pedía, mayor claridad en relación al catecumenado como tal y de sus implicaciones para aplicarlo en la pastoral ordinaria.

31. Con ocasión del trabajo intenso que se realizó en torno a la Misión 2000, se le dio un impulso a la puesta en práctica del proceso catecumenal con sentido misionero, de tal forma que se convirtiera en el centro iluminador del trabajo pastoral en la Arquidiócesis. Para este fin, ha servido mucho el que en una asamblea nos detuvimos a reflexionar sobre la catequesis y en otra más sobre la pastoral sociocaritativa, como expresión elocuente del testimonio cristiano.

32. Después de que en las orientaciones pastorales del año 2000 se expusieron los elementos que normalmente integran el camino catecumenal con sentido misionero, exhorté a todos a asumir la pastoral catecumenal como preocupación primordial de nuestro trabajo cotidiano. Fue en ese contexto de promover procesos evangelizadores que convoqué a toda la Arquidiócesis a considerarnos en Misión Permanente.

33. También, en las orientaciones de 2006, El proceso evangelizador, como seguimiento de Jesús, integré varias propuestas que ya tenían el impulso y la luz que nos conducirían al documento de Aparecida, que avala y enriquece nuestra visión del proceso evangelizador.

34. Otro factor que ha ayudado para ir logrando una más acertada visión de los medios de evangelización con sentido catecumenal, es el Manual Operativo para la Pastoral Parroquial. Ha ayudado mucho a los párrocos y rectores, con sus respectivos equipos, para diseñar su pastoral con sentido misionero. Este año se re-editará actualizado, para incorporar nuevos elementos importantes que en el momento de su elaboración no se tenían presentes y, para darle una presentación más operativa.

35. Queda por mencionar el Directorio Pastoral para los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, instrumento que al proporcionar las indicaciones para la preparación de esos sacramentos y al orientar el acompañamiento de los destinatarios hacia la experiencia de reiniciación cristiana, pone totalmente en la línea de una pastoral catecumenal a un gran número de comunidades parroquiales que aún atienden a grupos numerosos de familias que solicitan los sacramentos de la iniciación. Sin embargo, hemos de reconocer que todavía falta mucho para que el conjunto de criterios y orientaciones expuestos en ese directorio sean suficientemente conocido, valorado y practicado.

3. ESTRUCTURAS PARA LA EVANGELIZACIÓN

36. El II Sínodo Diocesano en su momento, como después el documento de Aparecida, nos exhorta vivamente a que renovemos de manera constante las estructuras eclesiales; el criterio ha de ser si sirven a la evangelización, de lo contrario las debemos considerar obsoletas. La renovación misionera nos debe llevar a abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe (cfr. DA 365).

37. En la compleja organización de nuestra Arquidiócesis son muchas y variadas las estructuras de las que necesitamos para nuestro trabajo evangelizador en sus distintas vertientes: de evangelización, para la liturgia, para las tareas administrativas, para la formación, etc. Demos una mirada breve solamente sobre algunas en las que hemos puesto cierto énfasis.

38. Para llevar a cabo la Misión Permanente, que es nuestro proyecto central desde el año 2000, han tenido un papel determinante los llamados equipos misioneros de las parroquias, de los decanatos y, en algunos casos, de las vicarías territoriales. Efectivamente, los integrantes de estos equipos, casi todos laicos, han trabajado con ahínco y creatividad para asumir la Misión Permanente. En algunos casos este impulso lo han realizado también respecto a los pastores, quienes, de esta forma van logrando tener una mayor preocupación por implementar la pastoral misionera. El trabajo de estos equipos podemos sintetizarlo en animación, coordinación y, muchas veces, asesoría. Últimamente ha disminuido su empuje y la importancia que los demás agentes de evangelización les otorgan. La elaboración y edición de los subsidios para la etapa misionera será una buena ocasión para fortalecer la identidad de los agentes misioneros y su función en medio de las comunidades, de tal forma que la experiencia de los equipos misioneros se revise y se renueve.

39. El Consejo Pastoral Arquidiocesano y el Consejo de laicos, recientemente constituido, han dado pasos significativos. El primero presentó importantes aportaciones en la pasada asamblea diocesana y ha asumido la responsabilidad de impulsar y coordinar el trabajo de evaluación y escucha que se desencadenó a partir de la asamblea misma y, en el que se trata de que participen todos los agentes de pastoral. Por otra parte, es necesario que este consejo se estructure mejor y que su función llegue a estar más orgánicamente ubicada en el conjunto de las instancias arquidiocesanas.

40. El Consejo Arquidiocesano de Laicos se ha ocupado en convocar y formar a sus integrantes, para que puedan ejercer de forma adecuada la encomienda recibida de captar, desde el punto de vista pastoral, el sentir de los ambientes sociales. En el ejercicio de escucha que estamos por comenzar encontrará una buena oportunidad para asumir con más capacidad lo que es su finalidad principal, la escucha de la Ciudad. Desde este enfoque complementará el trabajo que tiene entre manos el Consejo Pastoral y, además, ayudará para que en la Arquidiócesis se prepare la misión juvenil con las consultas y estudios conducentes.

41. En el Consejo presbiteral se han tratado varios asuntos que de por sí son vitales para ir acompañando la vida diocesana, como son la catequesis, algunos aspectos de la liturgia, la piedad popular, la pastoral juvenil, las vocaciones sacerdotales. Para continuar con ese quehacer, que le es propio, será muy conveniente que los ámbitos que se determinen para ser consultados y estudiados incidan en el plan de consulta y revisión que estamos teniendo para evaluar y relanzar la Misión Permanente.

42. El conjunto de las cuatro vicarías funcionales: las vicarías generales y episcopales de áreas de pastoral y de agentes, y las vicarías episcopales para los laicos y para la vida consagrada ha avanzado en la coordinación e integración de los propios trabajos en torno al plan pastoral de la Arquidiócesis. Cuando actúan conjuntamente y a esas actividades se integran los delegados de pastoral y demás responsables de la coordinación pastoral, a nivel de la Arquidiócesis, entonces forman lo que han llamado la Coordinación Permanente para la Pastoral Arquidiocesana (CoPPA).

43. Un servicio de esta índole es muy necesario para la Misión Permanente en la Arquidiócesis, pues es una forma operativa de tender lazos para la coordinación de las vicarías territoriales entre sí y con las vicarías funcionales, en otras palabras, es un instrumento muy útil en apoyo de la pastoral orgánica. Hace falta que las comisiones arquidiocesanas entren más de lleno en esta dinámica, haciendo el esfuerzo de que sus proyectos partan de una consideración de la pastoral de conjunto y, por lo mismo, tanto la elaboración de ellos como su realización sean llevadas a cabo en una ambiente de diálogo en este ámbito. Particularmente los secretariados existentes cuidarán que se avance por este camino, ya que esa es su razón de ser. Desde el Consejo episcopal estaremos atentos para apoyar este propósito.

44. La reflexión sinodal trató el tema de la economía estrechamente relacionado a las estructuras pastorales y pone como desafío, a los fieles y a los pastores, “ordenar la economía al servicio de la evangelización integral” (ECUCIM, 3871). En esta dirección hemos venido trabajando con el esfuerzo de todos en la Arquidiócesis, esto ha quedado plasmado en el decreto sobre la reordenación económica que promulgué el 1996 y su actualización en el 2007. Con todo esto se ha logrado un más eficaz sustento a las instancias de evangelización y administrativas, tanto a nivel arquidiocesano como a nivel de vicarías territoriales; un mayor apoyo a los servicios de salud y de jubilación de sacerdotes y obispos y una mayor solidaridad económica con otras Iglesias locales. Al mismo tiempo que hemos de valorar estos logros, también hemos de reconocer que nos hace falta una mayor generosidad y una mejor organización para poder afrontar los requerimientos económicos de las instancias, como las necesidades de varios hermanos sacerdotes.

4. DESTINATARIOS DE LA EVANGELIZACIÓN

45. De los cuatro temas generales con los que se estructuró la consulta y la reflexión del Sínodo: los agentes, los medios, las estructuras y los destinatarios-interlocutores, éste último es indudablemente el central, ya que se refiere directamente al objetivo principal del Sínodo mismo: la evangelización de las culturas en la Ciudad de México.

46. En las asambleas sinodales se tuvo clara conciencia de que todos los habitantes de la Ciudad son destinatarios del Evangelio y, dentro de este gran marco, todos los bautizados siguen ocupando un lugar importante; además, en el contexto del Sínodo se eligieron los cuatro sectores de destinatarios prioritarios que bien conocemos. En la reciente asamblea diocesana hubo algunas observaciones en el sentido de que los sacerdotes también debemos ser considerados como un sector prioritario de atención pastoral.

47. Efectivamente tenemos una visión amplia de la misión evangelizadora de nuestra Iglesia local y, desde luego, no debemos olvidar a nadie, a ningún sector, a ningún grupo, por más que a los ojos de alguien pudiera parecer insignificante. Sin embargo, necesitamos retomar el criterio de las prioridades, no sólo para que atendamos con preferencia a los grupos humanos señalados con ese criterio, sino, porque, si lo hacemos como estrategia que nos viene de la experiencia pastoral, como lo hizo el Sínodo (cfr. DG 66), esas prioridades nos deben servir como puntos de apoyo o focos de irradiación desde donde afrontemos otros muchos campos de evangelización.

48. Desde la preparación a la anterior asamblea y durante la asamblea misma, hemos tenido que reconocer que no se ha trabajado con el compromiso y los resultados esperados en los cuatro aspectos de la prioridad sinodal y por ello debemos retomarlos, ahora a la luz y con el impulso de la evaluación que estamos iniciando.

49. Para avanzar en nuestro camino quiero remarcar dos vertientes que surgen claramente de lo reflexionado en la asamblea recién celebrada: la primera se refiere a la pastoral en los ambientes, “como una exigencia de la pastoral urbana, encarnada en la pluralidad de culturas, para que el Evangelio sea sal y levadura en el mundo. Esto reclama una pastoral diferenciada” (ECUCIM 4212); teniendo en cuenta que esto requiere también que las estructuras de pastoral respondan a este propósito, más aun, ese debe ser un criterio para renovar nuestras estructuras. Debemos considerar, entonces, la pastoral de los ambientes, no como algo extraordinario y que corresponde a algunos que tienen ese tipo de inquietudes, sino como un camino de evangelización por el que todos debemos avanzar para unirnos realmente en una pastoral urbana.

50. La segunda vertiente es la atención pastoral a las generaciones jóvenes. En las anteriores orientaciones pastorales ya había anunciado la misión juvenil para el próximo año, ahora ratifico ese propósito, porque me doy cuenta de que las voces siguen resonando en esa dirección. Es una oportunidad no sólo para retomar con más fuerza una de las prioridades del Sínodo, sino para que, repito, desde ese enfoque se puedan abordar las necesidades pastorales que surgen en las culturas de hoy.

51. Hablar de las generaciones jóvenes es un tema englobante que abarca muchos otros campos de acción evangelizadora, tanto en lo que se refiere a necesidades pastorales como también a experiencias y posibilidades. Por lo tanto, la preparación de la misión juvenil, que ya debemos iniciar, se irá teniendo a la luz de lo que nos vaya presentando la escucha-evaluación, que nos ocupará centralmente durante este año. Así mismo la realización de dicha misión será una práctica que nos servirá como experiencia para otros campos de trabajo evangelizador.

D. MOMENTO DE EVALUAR

52. Con el espíritu con el que la hemos planeado, esta evaluación tiene la finalidad de conocer la realidad, como otras actividades de este género que se suelen realizar, pero en este caso tiene otra finalidad muy importante, que es la de vivir la espiritualidad de la pastoral de diálogo, según lo dicho en el número 12 de este documento. Por lo tanto, además de ser una actividad provechosa, requiere de una actitud que nos aporta un aprendizaje; implica sencillez y sinceridad para descubrir los valores y los reclamos pastorales del mundo en que vivimos. Pongamos todo el empe-ño necesario para que con razón podamos decir que la voz de la Ciudad nos evangeliza.

53. Repasar este caminar juntos reafirma que es momento de evaluar, porque el sinnúmero de vivencias pastorales de estos veinte años hacen necesaria una valoración y nos ayudan a agradecer el potencial que el Señor nos ha regalado.

54. Somos conscientes de nuestras limitaciones, pero es bueno confrontar cuáles debemos enfrentar prioritariamente en nuestra conversión pastoral. La voz de la Ciudad será en ello un instrumento providencial que debemos aprender a escuchar.

55. Debemos, además, afrontar la revisión con esperanza, porque en la misión de proponer el Evangelio en los ambientes urbanos tenemos muchos lenguajes que aprender, a muchos que convocar e incluir, a otros tantos que escuchar y hacer sentir aceptados y apreciados.


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