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Los apóstoles dijeron al Señor: auméntanos la fe
(Lc 17, 5)

I - LA FE, ENCUENTRO QUE DA VIDA

A. Una mirada a nuestra realidad

7. La fe es una gracia de Dios, por la cual tenemos la posibilidad de responder al don gratuito de la salvación. Por ello, es tarea de la Iglesia cultivar esa semilla de la fe para que tenga un sano desarrollo en la vida de cada uno de los bautizados y en las comunidades.

8. En los últimos tiempos hemos experimentado una crisis de fe en un gran número de bautizados de nuestra Iglesia arquidiocesana; por esta razón hace 20 años, en la celebración del II Sínodo diocesano ya se ponía el acento en la necesidad de que nuestro quehacer pastoral estuviera dirigido prioritariamente a los alejados del influjo del Evangelio. 9. El Concilio Vaticano II, particularmente en la constitución Gaudium et spes, nos invita a leer los “signos de los tiempos” y continuar con el esfuerzo que hemos hecho de “escuchar la voz de Dios en la Ciudad”; por eso, es necesario atender cuidadosamente a todos aquellos fenómenos sociales que aquejan la fe de nuestro pueblo y en ellos entender mejor las mociones del Espíritu que nos conduce a seguir adelante con el mandato misionero de Cristo.

10. Recientemente el Papa ha convocado el Sínodo sobre la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, y desde los documentos preparatorios, se ha hecho un trabajo de análisis de la realidad de los cristianos en los tiempos actuales, sobre todo de aquello que afecta la vida de fe y confronta la evangelización como tarea vital de la Iglesia. En dicha preparación, la reflexión del Sínodo se sirvió del concepto de “escenarios” para indicar los principales ámbitos sociales en los cuales se desarrolla la vida de la sociedad y afectan directamente la vida y la fe de los creyentes. Es ahí en donde ahora nosotros debemos saber leer, con la sabiduría de Dios, los signos de los tiempos para ayudar a que todos los cristianos fortalezcamos nuestra fe y proyectemos nuestra acción evangelizadora.

11. Esos fenómenos sociales, alcanzan su dimensión teológica cuando como Iglesia nos dejamos interpelar por ellos y, a la luz de la fe, buscamos dar una respuesta que nos ayude a seguir siendo portadores de la Buena nueva con un espíritu renovado, y nos lleve a salir de los antiguos esquemas pastorales que no favorecen la transmisión de la fe.

12. La proclamación del Año de la fe y la convocación del Sínodo de los obispos manifiestan la preocupación del Papa por la “crisis de la fe” y de la evangelización, que se da de una forma en los países de antigua cristianización, especialmente de occidente, y de otra forma en los lugares en donde, por otras razones la fe es muy débil. La Porta fidei, nos habla de la necesidad de “conversión y renovación” (cf. n. 6) personal y comunitaria, que nos lleve a revisar la vivencia de la fe y los caminos de nuestra pastoral evangelizadora.

13. El concepto de “escenarios” nos recuerda la experiencia de Pablo al presentarse en el areópago de Atenas (cf. Hech 17, 19) como un ambiente hostil o al menos ajeno e indiferente a la religión, semejante a muchos de nuestros ambientes sociales a donde debemos llevar el mensaje del Evangelio con los valores del Reino. Con este mismo espíritu misionero el Papa nos invita hoy, a ir al “patio de los gentiles”, para dialogar con los no creyentes, apáticos y escépticos al tema religioso, indiferentes o incluso ateos; mirar estos nuevos escenarios, ir a los areópagos y salir al patio de los gentiles, es lo que nos ayudará a garantizar por parte de nuestra opción pastoral misionera, una nueva evangelización que fortalezca la misión permanente para la transmisión de la fe.

14. El II Sínodo de nuestra Arquidiócesis se pensó y se llevó a cabo teniendo como estructura de su reflexión un conjunto de desafíos que lo llevaron a descubrir los aspectos que dificultan el crecimiento de la fe, pero también muchos valores que son tierra fecunda para sembrar en ella la Palabra. De esta manera se trató de dar respuesta a las necesidades pastorales de nuestro tiempo, este propósito lo vemos reflejado elocuentemente en la proposición cinco del reciente Sínodo de los obispos: la nueva evangelización exige prestar especial atención a la inculturación de la fe, que puede transmitir el Evangelio con su capacidad intrínseca para valorar lo positivo de cada cultura, purificándola a su vez de los elementos que se contraponen a la realización plena de la persona, según el designio de Dios revelado en Cristo. La inculturación implica el esfuerzo de encarnar el evangelio en las culturas de los pueblos.

15. En la pasada Asamblea diocesana se presentaron los principales resultados de lo que ha sido un año de evaluación: ad intra, a través de los “foros”, relacionados particularmente con las estructuras pastorales y la vida de los agentes de pastoral; ad extra, a través de la consulta externa, en la que se buscaron conocer algunas formas y criterios de la vivencia de la fe de los católicos y de religiosidad de otros no católicos. Estos resultados, aunque no son conclusivos, reflejan fortalezas, pero también fuertes carencias. Sigue vigente el “divorcio entre fe y cultura”, entre “fe y vida” (cf. GS 43; EN 20). Es aquí en donde nos preguntamos como Iglesia particular: ¿cómo estamos viviendo nuestra fe, qué frutos va dejando nuestra evangelización? Se pueden constatar importantes avances de vitalidad de nuestras comunidades, pero no podemos caer en una visión triunfalista. Hemos de continuar nuestro compromiso para buscar y llevar a la práctica formas que incidan más directamente en nuestras realidades para impregnarlas de la fuerza del Evangelio.