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B. Las Dimensiones de la fe y su vivencia

16. Cuando hablamos del año de la fe, con las directrices que el Papa nos plantea, es bueno que pensemos en afianzar bien nuestro conocimiento de ella, su respectiva profundización, y la forma con la que estamos tratando de vivirla, pero, al mismo tiempo, tenemos que plantearnos como la estamos compartiendo con nuestros hermanos a través de una acción misionera, que se vaya haciendo más fuerte en nuestras comunidades pastorales. Por esto, hagamos aquí unas breves reflexiones que nos recuerden las dimensiones de la fe en la vida personal, familiar y comunitaria, para luego decir algunas palabras en relación con algunas acciones para renovar la fe, para vivirla y transmitirla.

Desde el Símbolo de la fe, el Credo

17. En el Símbolo expresamos las cuatro verdades fundamentales de la fe, centradas en el misterio de Dios trinidad, como Padre, Hijo y Espíritu Santo, fe vivida en la comunión con la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica.

18. Recordar que la fe de la Iglesia se centra en la verdad revelada de un Dios que es comunión, que es familia, que es cercano a nosotros por el carácter cristocéntrico de la revelación divina, nos anima e impulsa para que esta experiencia de comunión revitalice la vida y misión de la Iglesia como camino, para hacer que otros conozcan y vivan esta experiencia del amor divino.

19. El misterio trinitario es fuente de inspiración de la comunión de la Iglesia; a nosotros nos ha llevado a poner énfasis en la “espiritualidad de comunión”. Así, durante el tiempo de evaluación frecuentemente se habló de la necesaria comunión, que exige corresponsabilidad y se expresa en una pastoral orgánica y de conjunto, que esté al servicio de la misión salvífica de Dios en el aquí y ahora, y sea testimonio de unidad ante los demás.

20. El fundamento de la misión de la Iglesia es trinitario, ya que la salvación de Dios se realiza a través de la misión del Hijo, quien la participa a la Iglesia. El gran protagonista en esta obra es el Espíritu Santo, no sólo como fuente de vida, sino también como fuente de acción, ya que por su aliento da vida y actúa el entramado de carismas y servicios que integran la Iglesia. 21. Renovar nuestra fe conlleva renovar nuestra pastoral, porque la fe de la Iglesia es una en la comunión de sus diferentes tareas y acciones; de ahí que la fe se expresa como una respuesta personal, “yo Creo”, pero también como una fe comunitaria de la Iglesia, “Creemos”. Revalorar estos aspectos que tienen que ver con lo fundamental de la fe, nos llevará a valorar la necesaria renovación de nuestra fe personal, para convertirnos en un medio eficaz de la transmisión de la fe, actuando necesariamente en comunión.

Desde el Catecismo de la Iglesia Católica

1) La fe Profesada

22. Mirando al Catecismo de la Iglesia Católica, el Compendio y ahora otros catecismos como el YOUCAT catecismo joven, pensado para los jóvenes, descubrimos el sentido de la fe, no sólo como el conjunto de verdades doctrinales que hay que aprender y retener en la memoria, sino como la riqueza de una fe que se profesa y proclama, se celebra a través de los misterios cristianos, se vive a través de las actitudes cristianas ante el mundo y se ora, adquiriendo un sentido contemplativo de la fe (cf. DGC 122) de gran espiritualidad para iluminar la vida cristiana en su integralidad.

23. El catecismo desde su origen, como género literario, encontró en el Símbolo o Credo, los Sacramentos, los Mandamientos y el Padrenuestro los pilares que sostienen la fe de la Iglesia. Es necesario, sin embargo, pasar del sólo catecismo a una verdadera catequesis y no conformarnos con transmitir los conocimientos de la fe, sino ocuparnos de favorecer su provechosa vivencia.

24. En sintonía con el Catecismo de la Iglesia, tenemos que poner atención al Directorio General para la Catequesis (DGC), que ha sido importante fuente de inspiración para entender y promover la pastoral con sentido catecumenal a través del proceso evangelizador. Hoy estas directrices siguen siendo de gran actualidad en la renovación de una pastoral que quiere ser más misionera, pues nos lleva a adecuarnos a la situación de quienes se acercan a la fe. Será muy necesario cultivar estos enfoques en las prácticas de nuestra Iglesia particular.

25. El Catecismo y el DGC nos invitan a valorar el Credo o Símbolo como un medio indispensable para profesar y proclamar la fe, lo cual exige la profundización de las verdades en él contenidas, así podremos poner en práctica la exhortación de Pedro: estén siempre dispuestos a dar razón de su esperanza a todo el que les pida explicaciones (1 Pe 3, 15), esta dimensión de la fe tiene una gran importancia en el mundo del relativismo doctrinal en el que vivimos y de muchas confusiones en cuanto a la verdad que sostiene el actuar del hombre.

26. Transmitir la fe desde la tradición cristiana, no se reduce a la simple transmisión de conocimientos. El conocimiento es para fundamentar nuestro actuar y pensar de cara a los problemas de pensamiento e ideologías que se nos presenten y también para poder dar ante el mundo razón de nuestra fe. Hoy contamos con el apoyo, especialmente de la pedagogía para transmitir el conocimiento de la fe con métodos que lleven a la convicción de ésta y se manifieste en la vida.

2) La fe celebrada

27. La fe no se reduce a un cúmulo de doctrina que puede dar la apariencia de algo frío, la fe se celebra, la hacemos vida a través de la liturgia cristiana en donde celebramos los sacramentos, entre los cuales tiene un valor de primer orden la Eucaristía, especialmente la dominical, que, de hecho, es considerada un momento de encentro de la comunidad ahí presente.

28. En la evaluación realizada durante este año, la santa Misa aparece como una celebración relevante. Tanto para quienes la frecuentan habitualmente, como para quienes asisten a ella eventualmente es uno de los momentos que caracterizan y dan vida a la Iglesia como comunidad de fieles. 29. Es momento de recordar que la evangelización no termina con el anuncio de salvación en Jesucristo. Al anuncio sigue la celebración de esa misma realidad salvífica. El Cristo anunciado ha de ser celebrado. Este principio orientador de la misión debe aplicarse a toda acción de la comunidad cristiana, de tal manera que culmine en la celebración que nos hace vivir la presencia operante del Señor y nos lance a ser misioneros.

3) La fe vivida en la moral cristiana

30. La vida en el Espíritu Santo realiza la vocación del hombre. Está hecha de caridad divina y solidaridad humana. Es concedida gratuitamente como una salvación (CEC 1699). Con estos enunciados del Catecismo de la Iglesia Católica para describir el contenido de esta dimensión, nos damos cuenta de la importancia que ella tiene como camino en el seguimiento de Jesús y la conexión directa de esas expresiones de la fe con el testimonio cristiano, pues vivir estos valores en la sociedad y en la propia comunidad es lo que convierte al discípulo en verdadero testigo de la fe.

31. Los documentos de la Iglesia, Evangelii nuntiandi, Redemptoris missio y nuestro II Sínodo diocesano, nos recuerdan la preponderancia que tiene el testimonio llamándolo el primer medio de evangelización, porque muchas veces es por este medio que se hace creíble la predicación del evangelizador como nos dice Juan Pablo II: El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros, cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y los hechos que en las teorías (RM 41). El entender así la fe y la vida cristiana toda, será un excelente camino para luchar por superar “el drama de nuestro tiempo”, la separación entre fe y vida.

32. Por eso, la insistencia en la conversión es recurrente, los agentes de evangelización deben vivir el proceso propuesto a los destinatarios-interlocutores que los lleve del encuentro con Jesucristo vivo, a la conversión, al discipulado, a la comunión y a la misión de los bautizados (cf. DA 278).

33. En actitud de evaluación hemos de reconocer muchas carencias en nuestra forma ordinaria de evangelizar, en la que se descuidan medios tan importantes como el testimonio. Hoy ante los retos que se nos presentan, esta dimensión de la fe se hace prioritaria para llevar a cabo nuestra pastoral con espíritu misionero y hacer más creíble la acción de la Iglesia. La fidelidad personal al Señor y el servicio misionero nos exigen coherencia entre la fe y la moral, es decir, la práctica cotidiana del Evangelio.

4) La fe orada y contemplada

34. No hay duda de la necesaria vida de oración de los bautizados que lleve a la contemplación, en diálogo con Dios e insertados en las realidades de nuestro mundo. En otro tiempo algunas espiritualidades llevaron a la fuga mundi, es decir, huir del mundo. Hoy nosotros estamos llamados a vivir una espiritualidad de encarnación alimentada por la oración continua que nos lleve a un compromiso con los demás.

35. La comunión con el misterio de Dios, a través de la oración y la contemplación, por el amor cristiano hace del discípulo una persona más sensible a las realidades de pobreza, marginación, injusticia, opresión, explotación… Una oración auténtica, al estilo de Jesús, compromete mucho más con una pastoral de inserción, de ambientes y sectores humanos específicos. La auténtica oración nos hace más misioneros.