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C. Algunas acciones a renovar

36. Nuestro quehacer pastoral tiene que ver con los interlocutores-destinatarios, los agentes, los medios que utilizamos y nuestras estructuras, que han de estar al servicio de la Misión y la tarea de transmitir la fe a todos, particularmente a las nuevas generaciones, a los no bautizados, a los bautizados especialmente alejados de la fe.

37. Durante la evaluación a la que he hecho referencia, hemos tenido oportunidad de reflexionar sobre estos temas y de llegar a algunas conclusiones. Para continuar con el esfuerzo de concretar las reflexiones hechas, quiero remitirlos, una vez más, al material que se utilizó para los foros y, sobre todo, al que se presenta como “Guía de trabajo para la planeación, seguimiento y evaluación, a la luz de la evaluación arquidiocesana del año 2012”, por ahora solo me permito remarcar algunos aspectos.

38. En la transmisión de la fe siempre será prioritario el conocimiento y la inserción en las culturas que forman parte de nuestra sociedad, como lo hizo nuestra Iglesia particular en el II Sínodo que afrontó la “evangelización de las culturas de la Ciudad de México”. Efectivamente, vivimos en una ciudad pluricultural, lo que pide de nosotros una particular capacidad para inculturar el evangelio y realizar así una pastoral “en contexto”. Conocer y amar nuestras culturas es una exigencia para vivir y compartir nuestra fe.

39. Para llevar a cabo esta tarea es necesario recordar atentamente lo que nos dice nuestro II Sínodo diocesano: La evangelización es un proceso, una realidad unitaria pero compleja que se desarrolla de diversas maneras (RM 41) porque debe atender al caminar propio de las personas y de las comunidades; este proceso, para ser progresivo y eficaz, necesita los medios oportunos y adecuados (ECUCIM 2769). Y nos recuerda también que debemos adecuar los medios de evangelización con un continuo esfuerzo de verdadera inculturación que, según Redemptoris missio, n. 52, es un proceso profundo y global que abarca tanto el mensaje cristiano como la reflexión y praxis de la Iglesia.

40. La convicción de que la evangelización debe ser abordada como un proceso, forma parte de una de las riquezas de nuestra pastoral arquidiocesana. Una riqueza que, se decía en la evaluación, no debemos perder sino afianzar más sólidamente, teniendo en cuenta que los medios de la evangelización deben adecuarse según las diversas circunstancias de tiempo, lugar, cultura (EN 40); por esto, los medios de la nueva evangelización deben ser descubiertos en actitud de fiel contemplación de la Palabra de Dios y de las necesidades de la Iglesia y del hombre; sólo así la Iglesia trabajará por la extensión del Reino, según la voluntad del Padre (ECUCIM 2767).

41. Por lo que se refiere a los primeros pasos de la fe de las personas, un medio que tiene una particular trascendencia es la iniciación o reiniciación cristiana según la persona con quien se aplique. A este propósito quiero decir que hago mío el deseo, expresado en la Asamblea diocesana de que se haga un esfuerzo más serio por parte de las distintas instancias de pastoral, parroquias, decanatos, vicarías, comisiones, para que se tome como verdadero punto de referencia lo expuesto en el Directorio Pastoral para los Sacramentos de Iniciación Cristiana (DIPSIC) que, en lo sustancial, es un documento que conserva toda su vigencia.

42. Los momentos del proceso evangelizador de primer anuncio o kerigma y la catequesis tienen que estar íntimamente unidos, ya que son la base de una vida de fe. Cuando el primer anuncio y la primera conversión encuentran un medio de profundización y de madurez a través de la catequesis, se garantiza que las siguientes etapas del proceso lleguen como consecuencia, logrando la formación de un discípulo-misionero. Es por eso necesario que aún la catequesis con niños, que sigue siendo lo ordinario en la Arquidiócesis, se rija bajo la inspiración de la iniciación cristiana y el proceso catecumenal.

43. Una práctica que ayuda notablemente a renovar la tarea de la transmisión de la fe, es la catequesis con adultos. Hemos avanzado en este punto, pero aún no logramos que la catequesis con adultos se convierta en el paradigma de toda pastoral. La importancia de la catequesis de adultos radica en la rica experiencia que ellos pueden lograr del catecumenado en su iniciación cristiana; además ellos también pueden influir notablemente en la renovación de la pastoral por la gran responsabilidad que tienen en la transmisión de la fe a las nuevas generaciones.

44. Hace algunas décadas en la liturgia se acentuaba el aspecto ritual-cultual, se hablaba más bien de ceremonias y ritos religiosos, ahora hay que insistir más en su aspecto salvífico, la liturgia como celebración de la acción salvadora de Jesucristo en el “hoy” de la comunidad cristiana. Con esta orientación impulsada por el Concilio Vaticano II hay que considerar a la liturgia no solo como el culto que el hombre tributa a Dios, sino también como la manifestación de la acción salvadora de Dios en la comunidad y en el mundo. Para ello:
  • La liturgia ha de estar unida a la vida. El ejercicio litúrgico es la vida entera: alegría y dolor, fiesta y trabajo. Una celebración litúrgica desconectada de la vida y de la historia de los hombres, cae fácilmente en el ritualismo vacío y estéril.
  • La liturgia ha de expresar su fuerza transformadora. Las celebraciones litúrgicas son auténticas cuando transforman nuestros corazones, nuestra vida y nuestra sociedad, es decir, cuando nos comprometen a luchar por el Reino de Dios y su justicia entre los hombres, esta es la liturgia que se hace atractiva y amable para quienes desde hace algún tiempo se han desilusionado de una liturgia un tanto vacía y desencarnada.
45. Sin menospreciar ni soslayar el aspecto sacrificial de la Eucaristía, es muy conveniente que en ella, toda la comunidad experimente el sentido de fiesta y de celebración, el gusto por el canto y la música, el sentido de hermandad, la apertura al lenguaje simbólico y al clima de oración dinámica y meditativa que favorezca una participación más activa y fructuosa.

46. Por todo esto es necesario que, especialmente en la catequesis con niños, pero también con jóvenes y adultos, la formación litúrgica esté claramente presente (cf. DGC 85). Esto implica, entre otras cosas, un mayor conocimiento y acercamiento a los signos que puedan ser utilizados con una verdadera pedagogía litúrgica.

47. En nuestro empeño por activar la nueva evangelización para la transmisión de la fe, reviste una atención especial la homilía, sobre todo en las misas del domingo, para alimentar y profundizar en la fe. Sabemos que la homilía sigue siendo el principal medio de transmisión y comunicación del mensaje evangélico. Es necesario que los pastores tengamos cuidado para hacer de la homilía el medio que ayude a los oyentes a acercarse a Dios y a vivir esa presencia de forma actual. Que sea el anuncio y la proclamación de la Palabra de Dios que llame a la conversión y a buscar la respuesta de la fe.

48. En cuanto a la piedad y religiosidad popular, en primer lugar recuerdo la propuesta que me presentó la Asamblea diocesana de valorarla y aprovecharla como un medio de evangelización, que ayuda a recorrer el camino de fe tanto a los agentes de pastoral como a toda la comunidad, especialmente en la etapa kerigmática. Yo, con la Asamblea, pido a las comisiones mencionadas en tal propuesta, que se empeñen generosamente en trabajar en la consecución de las metas ahí presentadas para que, como agentes de pastoral sigamos recibiendo de Dios esa gran riqueza que ha dado a nuestro pueblo y, como buenos trabajadores del Evangelio sepamos hacer rendir esos “talentos”.

49. En la transmisión de la fe y el proceso evangelizador es esencial lo que se refiere a la pastoral social, para que así la vida del cristiano y la acción evangelizadora gocen de integralidad. Cuando llevamos a cabo la elaboración de nuestros planes de pastoral y, sobre todo, cuando evaluamos su realización, nos damos cuenta de muchas carencias en lo que toca al aspecto social y caritativo. La nueva evangelización es un fuerte llamado para dar un paso adelante en esta línea, la visión de la moral cristiana no es adecuada si no contempla este aspecto de la vida y expresión de la fe, la misión que estamos planteando hacia las nuevas generaciones, con los programas concretos que se están proponiendo, serán todo un aprendizaje. Comprometámonos con las distintas expresiones de caridad y de justicia social que se nos van abriendo como cauce.

50. En cierta forma, lo que se dice acerca de la transmisión de la fe sintetiza lo que se puede decir de la formación de agentes, en cuanto que el discípulo-misionero, es decir, todo agente de pastoral, es depositario y a la vez portador de esa transmisión. Su respuesta es recibir el don de la fe y crecer en ella para ser siempre un apóstol. El discípulo vive la experiencia del seguimiento, la comparte y la promueve con sus hermanos.

51. En las últimas asambleas diocesanas y en las correspondientes orientaciones pastorales que he dado con ocasión de ellas, hemos venido descubriendo más claramente la centralidad de la formación de los discípulos para responder a nuestro proyecto de la misión permanente. Por eso la hemos llamado columna vertebral del modelo de Iglesia que queremos y requerimos para nuestra Ciudad (OP 2009, 53).

52. Por ahora me parece oportuno remarcar algunos de los contenidos sobre la formación, que se han reflexionado en nuestro reciente proceso de evaluación y que están sintetizados en el cuaderno “sobre agentes” que se trabajó en la Asamblea. Algunas ideas como:
a) Que ayude a los presbíteros para que las actividades que realizan respondan a las necesidades de sus respectivas comunidades;

b) promueva la corresponsabilidad entre sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos;

c) al unificar los criterios de formación se logrará la pastoral orgánica y de conjunto;

d) apoyar a los movimientos y agrupaciones laicales en su formación, para que en su acción apostólica se integren abiertamente en el proceso evangelizador de la Arquidiócesis; e) que la formación de los laicos los impulse y los sostenga para su inserción en las realidades temporales, desde su compromiso con la Iglesia;

f) revisar el proceso de formación en el Seminario Conciliar y demás casas de formación sacerdotal, que expresamente capacite a los candidatos para responder a los desafíos pastorales de las comunidades en la Ciudad.
53. Para afrontar los principales compromisos que requiere la formación de agentes en nuestra Arquidiócesis, pido a la “Coordinación Arquidiocesana para la Formación de Agentes de Pastoral” (CAFAP) que continúe y fortalezca su servicio de propuesta y animación.