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B. Actitudes para la misión

83. La misión con las nuevas generaciones nos pide realizarla con el espíritu, con las actitudes y con el lenguaje de la nueva evangelización, de tal manera que efectivamente estemos tratando de responder a la mentalidad y a las circunstancias de nuestro tiempo, guiados, antes que nada por la pedagogía de Jesús, el Buen Pastor.

84. Algunas exigencias importantes para realizar la misión juvenil: conocer, comprender y amar a los jóvenes, a los adolescentes. Estar presente en los lugares en que ellos viven, estudian, se divierten, opinan ... Descubrir y valorar sus intereses, preocupaciones y anhelos vitales, partiendo de sus necesidades y aspiraciones concretas (educación, trabajo, convivencia, seguridad). Integrar los valores del Evangelio en su vida cotidiana. Ofrecer la fe respetando la diversidad de situaciones y niveles religiosos en que se encuentran. Valorar sus expresiones de religiosidad popular en la Ciudad y otras manifestaciones de su búsqueda de lo divino.

85. Así mismo esta tarea de nueva evangelización requiere de algunos medios, recursos, subsidios y actitudes como: dedicar un tiempo a la realización de encuentros pre-evangelizadores. La creación de espacios de diálogo a partir de la simpatía con los valores cristianos. Estar atentos al descubrimiento de los valores que hagan alusión a las “semillas del Verbo”. Anunciar clara y explícitamente a Jesucristo y su Buena Noticia del Reino de Dios. Presentar el mensaje de Jesús, inculturado, es decir, teniendo en cuenta el ambiente socio-cultural de los destinatarios-interlocutores y, por ello, que ese mensaje sea expresado desde la propia cultura. Presentar el mensaje cristiano como respuesta que interpela y libera integralmente. Utilizar, en el anuncio de la Buena Nueva, un lenguaje más vivencial, histórico, narrativo, simbólico y festivo. Salir, como el Buen Pastor, en busca de los alejados y marginados de la Iglesia y la sociedad.

C. Ámbitos de la evangelización con las nuevas generaciones

86. Es necesario seguir trabajando la pastoral juvenil desde el ámbito de la parroquia, como el espacio en el que las familias y las personas expresan y alimentan su fe, pero urge ir más allá con verdadero espíritu misionero, ya que la gran mayoría de los jóvenes están lejos de esas estructuras pastorales. Son muy pocos los que participan en las celebraciones litúrgicas y aun ellos permanecen distantes, les resulta difícil entrar en contacto con la comunidad parroquial. Aunque no siempre de forma muy aceptada personalmente, en todos ellos se da la necesidad de desarrollar la fe que de esta manera inicial están expresando.

87. En otro campo social podemos constatar, teniendo en cuenta los resultados de nuestra encuesta recientemente realizada, que en una buena parte de las generaciones jóvenes se descubre una búsqueda de Dios, aunque en la mayoría de las veces no saben esas personas cómo asumirla. En algunas ocasiones esa búsqueda se da a través de tradiciones populares, cuya motivación es la fidelidad a los antepasados, otras veces se da como esfuerzo de conservar el patrimonio cultural o las costumbres que hacen grata la vida de un gran sector de cada población particular de que se trate. Es necesario advertir también que, en algunas ocasiones para cultivar estas tradiciones populares, conservadas con un trasfondo religioso, se acude a expresiones festivas, culturales, artísticas, que están en boga en las costumbres de hoy. Resulta difícil encontrar el sentido de fe en muchas de estas expresiones, pero quienes las fomentan dicen hacerlas por motivaciones religiosas.

88. Por último, para ampliar este panorama, veamos lo que nos dice el Papa Benedicto XVI en su documento Porta fidei, n. 10: Por otra parte, no podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aun no reconociendo en ellas el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda es un auténtico preámbulo de la fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios. La misma razón del hombre, en efecto, lleva inscrita la exigencia de lo que vale y permanece siempre.

D. Nuestra respuesta

89. El proceso evangelizador, como lo hemos afirmado, no es rígido, sino debe tener la flexibilidad pastoral para responder a las distintas circunstancias de las personas, de los grupos y de las comunidades. Sabemos muy bien que nuestra ciudad es eminentemente pluricultural y ahora lo hemos confirmado al considerar la situación que se nos presenta en los nuevos escenarios y en los diversos ámbitos de nuestra acción pastoral. Es por ello que con esa visión plural debemos proceder a llevar a cabo la evangelización con las nuevas generaciones. No es posible pensar en un modelo para cada grupo humano, pero sí podemos intentar distintos cauces por los cuales podamos acercarnos a nuestros hermanos y por los cuales los invitemos a encontrarse con el Señor.

90. Desde esta consideración, me parece pertinente la propuesta general que ha presentado la comisión central de la misión y a la que han calificado como “multimodal”, precisamente porque pretende ofrecer diferentes modos y momentos para acercarse a la vivencia de los valores evangélicos e ir avanzando en la aceptación de la fe que conduzca a un encuentro vivo con el Señor. Esto así pensado, sobre todo para los que están lejos de la evangelización.

91. Teniendo como presupuesto las advertencias anteriores, la realización de la misión juvenil se ha planeado en tres vertientes que abarcan varios modos concretos para que los evangelizadores, en actitud de diálogo y propuesta de los valores evangélicos, nos acerquemos a los jóvenes y, en general a quienes, de alguna forma, integran las nuevas generaciones. Esto constituye como los puentes que queremos tender para que podamos ir a las nuevas generaciones y colaboremos para que ellos se acerquen a Cristo y fortalezcan la comunión de la Iglesia. Las tres vertientes son las que siguen:

92. a) De expresión artística y cultural. Por medio de estas manifestaciones del arte y de la cultura, se trata de establecer vínculos con los jóvenes y otras personas que lo deseen, con el fin de fomentar el intercambio y la colaboración en este tipo de actividades. Quienes promuevan y encabecen estas actividades manifestarán siempre su identidad católica, de tal manera que esa presencia suya en estos grupos y actividades sea una presencia de Iglesia. Con estas relaciones interpersonales se irá creando un clima de confianza y amistad entre los grupos y, hasta donde es posible, con quienes formen parte de las redes sociales que para tal efecto se crearán. También hacia la Iglesia, como comunidad, se espera que se acreciente una confianza por su interés en promover los valores que hacen crecer a las personas. Coordinará e impulsará este trabajo la comisión arquidiocesana de pastoral de la cultura.

93. b) Pastoral social y voluntariado. Con el lenguaje de la solidaridad se quiere fomentar el encuentro con quienes tienen ese tipo de sensibilidad: la ayuda al hermano necesitado. Hoy por hoy el voluntariado no sólo se está promoviendo en algunas sociedades del mundo, sino también por algunas Iglesias particulares, de esta forma contamos con su experiencia y con su estímulo. La práctica de la pastoral social se convierte así en un medio de valoración y comprensión mutua entre grupos de Iglesia y grupos de la sociedad civil que tengan esos mismos fines. Igualmente los agentes de pastoral encontrarán aquí una oportunidad y un incentivo para crecer en su compromiso por la pastoral social y nuestra Iglesia particular podrá mostrar mejor el rostro de Jesús, siempre solidario con el pobre y el necesitado. Cáritas arquidiocesana con la colaboración de las comisiones que forman el secretariado de pastoral social, instrumentará programas de capacitación y realización con estos objetivos.

94. c) Formación misionera y catequética. La meta es que todos los que participen en algunas otras expresiones de la misión con las nuevas generaciones, de alguna forma recorran esta vertiente de formación tanto para vivirla en sí mismos, como para favorecerla en otros hermanos. Se trata de recibir explícitamente el mensaje de la Palabra de Dios y de profundizarlo en sus distintas etapas de formación: inicial, básica, específica, permanente. Ser objetos de la misión y ser misioneros, recibir la catequesis y ser catequistas. Para esta vertiente las comisiones arquidiocesanas de pastoral misionera y de catequesis elaborarán subsidios para cursos, talleres, retiros, y también ofrecerán capacitación para manejar dichos subsidios y para ejecutar tales actividades.

95. La ejecución de estos programas no sólo corresponderá al nivel arquidiocesano de las respectivas comisiones, sino que se deberán ir ejecutando también en las vicarías, decanatos y parroquias, para lo cual estas instancias podrán pedir apoyo y asesoría, especialmente en lo que se refiere a cursos de capacitación y de contactos para relacionarse con otras instituciones.