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Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Instrucción Pastoral Sobre la Educación en las Escuelas y Universidades Católicas

IV. IDENTIDAD Y MISIÓN DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA

A. Lo que identifica a la Universidad Católica

38. Toda universidad tiene como objetivo la investigación, la enseñanza de la verdad y el servicio a la sociedad, pero junto a ellas, una Universidad Católica, por compromiso institucional, aporta también la inspiración y la luz del mensaje cristiano y la propuesta de hacer vida la fe tal como es presentada y querida por la Iglesia.

39. Una universidad es y se dice católica ante todo por su compromiso institucional católico. Esto significa que no basta que las personas que la dirigen sean católicas; ni tampoco que cuente con una facultad o departamento de teología católica, ni siquiera que proporcione un servicio pastoral a la comunidad universitaria. Es a la universidad, como institución que le corresponde ser católica y conformar con esta identidad todos los actos oficiales y todas sus actividades fundamentales: la investigación, la formación profesional, el diálogo con la cultura(27).

Este compromiso institucional abarca a todos y a cada uno de los que tienen responsabilidades en la universidad: profesores, estudiantes, personal administrativo. Ciertamente es una realidad perfectamente legítima la presencia de profesores no católicos, ante los cuales hay que mostrar un gran respeto y espíritu de apertura. No obstante, se pide justamente que los no católicos respeten en su investigación y en su enseñanza el carácter católico de la institución donde trabajan, es decir la doctrina y la moral católicas.

40. La universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia y se vincula íntimamente con su misión de anunciar la fe, ya que la fe que la Iglesia anuncia en una fides quaerens intellectum, que impregna la inteligencia y el corazón del hombre; una fe que debe ser pensada para ser vivida. Por tanto, la presencia eclesial en la universidad no se limita a una intervención meramente cultural y científica, sino que busca integrar la vida con la fe, ofreciendo la posibilidad efectiva de un encuentro personal con Jesucristo.

41. No existe ninguna contraposición entre la finalidad específica de una universidad y la fidelidad de las universidades católicas a la misión evangelizadora de la Iglesia. Si el primer objetivo de toda universidad es la investigación de la verdad y su transmisión desinteresada a los jóvenes, la Universidad Católica, iluminada por la Verdad que procede de Cristo, goza de una mayor capacidad para la búsqueda desinteresada de tal verdad.

B. La Universidad Católica al servicio de la comunión de la Iglesia

42. Esta verdad sobre Dios y sobre el hombre, Cristo la ha confiado a la Iglesia, guiada por los Pastores legítimos, por eso toda Universidad Católica mantiene con la Iglesia y de un modo particular con el Romano Pontífice, una vinculación que es intrínseca a su identidad y de la que se deriva como consecuencia la fidelidad de la universidad al mensaje cristiano, y el reconocimiento y adhesión a la autoridad magisterial de la Iglesia en materia de fe y de moral.

43. Entre los inmensos campos de apostolado y de acción de que la Iglesia es responsable, el de la cultura universitaria si bien es uno de los más prometedores, es también uno de los más difíciles. En ocasiones la presencia de los católicos en la universidad es a la vez imponente por el número, pero de alcance relativamente modesto en cuanto a su significado y consecuencias reales; esto es debido al hecho de que demasiados profesores y estudiantes consideran su fe como un asunto estrictamente privado, o no perciben el impacto de su vida universitaria en su existencia cristiana. "Algunos, incluso sacerdotes o religiosos, llegan hasta abstenerse, en nombre de la autonomía universitaria, de testimoniar explícitamente su fe. Otros utilizan esa autonomía para propagar doctrinas contrarias a las enseñanzas de la Iglesia. Esto evidentemente reclama una toma de conciencia renovada con miras a un nuevo impulso pastoral"(28).

44. Por lo tanto, la Iglesia promueve la atención pastoral de los miembros de la comunidad universitaria y en particular el desarrollo espiritual de los que profesan la fe católica, buscando la integración de la formación humana y profesional con los valores religiosos a la luz de la doctrina católica. Esta atención pastoral forma parte integrante de la actividad y de la estructura misma de toda Universidad Católica.

45. Aunque la responsabilidad de mantener y fortalecer la identidad católica de la universidad - que va unida esencialmente al respeto a la doctrina católica- compete en primer lugar a la universidad misma, los Obispos tienen la particular responsabilidad de promoverlas, de seguirlas y asistirlas en el mantenimiento y fortalecimiento de su carácter católico(29). Esto se conseguirá más fácilmente estableciendo y manteniendo relaciones estrechas, personales y pastorales entre la universidad y las autoridades eclesiásticas, caracterizadas por la confianza recíproca, colaboración coherente y continuo diálogo. Aunque no entren directamente en el gobierno de las universidades, los Obispos "no han de ser considerados agentes externos, sino partícipes de la vida de la universidad católica"(30). De un modo especial, el Obispo diocesano es el primer responsable de la presencia y de la pastoral de la Iglesia en las universidades.

46. Gracias a la pastoral universitaria los estudiantes pueden prepararse a participar activamente en la vida de la Iglesia, adquieren la conciencia de la seriedad de su deber y sienten la alegría de poder ser el día de mañana "líderes" calificados y testigos de Cristo. Los profesores, por su parte, son ayudados para que sepan dar testimonio de su fe ante el mundo.
Testimonio que no consiste ciertamente en introducir temáticas confesionales en las disciplinas que enseñan, sino en abrir el horizonte a las inquietudes últimas y fundamentales, en coherencia doctrinal con su identidad católica, y ofreciendo a la comunidad un ejemplo de integridad moral y profesional sostenida por una sólida vida espiritual. Todo el personal que colabora en los diversos puestos y funciones es objeto de la atención pastoral, de modo que vivan su presencia en la universidad como una posibilidad de crecimiento personal y colaboración en la tarea evangelizadora de la Iglesia.

47. La capellanía universitaria, a nivel institucional, reviste una importancia particular en el ámbito del "campus" mismo, convirtiéndose en un medio único de comunicación con el mundo académico y brindando a la juventud estudiantil la posibilidad de aproximarse a una realidad de la Iglesia poco conocida y asimilar y vivir la fe. Mediante las actividades de animación de toma de conciencia, de encuentro y reflexión cristiana promovidas desde la capellanía, a través especialmente de la celebración litúrgica de los sacramentos, la pastoral universitaria puede crear dentro del ambiente universitario una comunidad cristiana que sabe encarnar la fe en sus actividades ordinarias, con momentos significativos para la reflexión y la oración, y que desemboca en un compromiso de fe misionera. La Universidad Católica respeta las iniciativas de reflexión y oración de los pertenecientes a otras iglesias y religiones con importante presencia universitaria.

48. Las diversas asociaciones o movimientos pueden ser de una grande ayuda para desarrollar los aspectos pastorales de la vida universitaria. Por esto debe promoverse la actuación de movimientos eclesiales dinámicos. La pastoral universitaria logra mejores resultados cuando se apoya en grupos o movimientos y asociaciones en completa armonía con los planes pastorales de la Arquidiócesis.

C. La Universidad Católica al servicio de la misión de la Iglesia

49. Las tareas prioritarias que la Universidad Católica debe cumplir son las siguientes:

  • Diálogo entre fe y cultura
  • Referencia a la dimensión Trascendente
  • Dimensión ética del progreso científico y técnico
  • Atención a la formación integral del estudiante
  • Servicio a la comunidad de México

a. El diálogo entre fe y cultura

50. Si es verdad que el Evangelio no puede ser identificado con la cultura, antes bien trasciende todas las culturas, también es cierto que "una fe que se colocara al margen de todo lo que es humano, y por lo tanto de todo lo que es cultura, sería una fe que no refleja la plenitud de lo que la Palabra de Dios manifiesta y revela, una fe decapitada, peor todavía, una fe en proceso de autoanulación"(31). Este diálogo de la Iglesia con la cultura se hace particularmente urgente en nuestro tiempo y es el sector vital en el que "se juega el destino de la Iglesia y del mundo en este final del siglo XX"(32).

51. Teniendo la Iglesia la misión de iluminar los valores y las expresiones culturales y llevarlos a su plenitud de sentido, su presencia en el ambiente universitario se inscribe en el proceso de inculturación de la fe como una exigencia de la evangelización. Como ha dicho el Papa: "una fe que no se hace cultura es una fe que no ha sido recibida plenamente, ni pensada enteramente, ni vivida fielmente"(33). En definitiva, la cultura universitaria constituye una realidad de importancia decisiva que la Iglesia no puede dejar de considerar en su misión de anunciar el Evangelio.

52. En su diálogo con la cultura moderna, la Universidad Católica se enfrenta a un doble peligro: para no quedar marginada respecto a las influencias culturales dominantes, se ve expuesta al riesgo de someterse pasivamente a ellas, pese a que no todos los aspectos son compatibles con su identidad cristiana. Por otra parte, la universidad se enfrenta a la tensión entre la asunción de un nuevo desarrollo de cualidades del hombre generado por la cultura moderna y la salvaguardia y promoción de nuestra cultura mexicana, surgida de la capacidad de inspiración y asimilación de las culturas tradicionales por obra de la evangelización, y cuya identidad debe defender, ayudándola a incorporar los valores modernos sin sacrificar el propio patrimonio que es una riqueza para México y para toda la familia humana. Este es el verdadero reto cultural que enfrentamos los católicos mexicanos hoy en día, por lo que no podemos rehuir el diálogo con la cultura moderna, ni renunciar tampoco a que nuestra fe se constituya en creadora de cultura(34).

b. La referencia a la dimensión Trascendente

53. Una característica de la cultura actual es su falta de referencia a lo trascendente. Como decía recientemente el Papa:
"Ya se trate de elecciones diarias o de orientaciones de la existencia, de ética o de estética, la referencia habitual pública, en particular la difundida por los medios de comunicación social, ya no está inspirada en la visión cristiana del hombre y del mundo. Como suele decirse, la religión se ha privatizado, la sociedad se ha secularizado y la cultura se ha vuelto laica"(35). En la carta apostólica Tertio Millennio Adveniente, el Papa habla de "la indiferencia religiosa" y de una "atmósfera de secularismo y relativismo ético". El efecto negativo que tal falta de visión trascendente determina sobre los valores propios de una cultura y de una sociedad son obvios, pues cuando los valores se organizan sin referencia a lo trascendente, pierden su propia consistencia, se relativizan y desaparece la visión unitaria del hombre.

54. La Universidad Católica tiene entre sus características esenciales esta referencia a lo trascendente. El Papa Pablo VI en la encíclica Populorum Progressio destacaba:

Un humanismo cerrado, impenetrable a los valores del espíritu y a Dios, que es la fuente de ellos, podría aparentemente triunfar. Ciertamente, el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero "al fin y al cabo, sin Dios no puede menos de organizarla contra el hombre. El humanismo exclusivo es un humanismo inhumano" (De Lubac, El drama del humanismo ateo). No hay, pues, más que un humanismo verdadero que se abre al Absoluto... Lejos de ser la norma última de los valores, el hombre no se realiza a sí mismo si no es trascendiéndose. Según la tan acertada expresión de Pascal: "El hombre trasciende infinitamente al hombre"(36).

c. La dimensión ética del progreso científico y técnico

55. Al faltar la visión trascendente, se atribuye actualmente la primacía a lo experimental, reduciéndose el interés al progreso científico y técnico. La Iglesia sin duda aplaude el progreso y los beneficios que éste ha aportado a la familia humana. Sin embargo, el progreso es ambivalente, es decir, que puede utilizarse para el bien o el mal. Tampoco constituye un fin en sí mismo, siendo necesario que en el ámbito de la Universidad Católica se proponga la cuestión de a dónde está llevando este progreso y qué limites exigen de él la moral y el bien común. Debe ponerse en evidencia cómo la moral es intrínseca al progreso y viene exigida por la ciencia misma, dado que ella está al servicio del hombre y no al servicio de su destrucción. Baste pensar en los medios de comunicación social, que pueden ser utilizados para la manipulación de la verdad y la degradación de las personas, o para una más adecuada promoción de los seres humanos. Igualmente en el campo de la ciencia médica, hay métodos avanzados que han salvado a innumerables personas, y sin embargo algunos procedimientos amenazan con irrumpir en áreas de la existencia humana que pertenecen sólo a Dios, con consecuencias peligrosas para la vida y para la dignidad del hombre.

Se trata de problemas extremadamente graves, a los cuales la Universidad Católica debe dar una respuesta que siempre persiga el bien del hombre, sin la mínima preocupación de ser tachada de retrógrada, o de ir contra la ciencia o contra el progreso. Ciertamente, si bien no es lícito hacer descuentos en el campo de la moral, sin embargo es necesario esforzarse para hacer cada vez más comprensibles las razones profundas en que se apoyan las opciones éticas cristianas, para facilitar su acogida. En este sentido, la Universidad Católica debe ser consciente de su misión y del reto que tiene de ser un faro que guíe el progreso en la dirección del bien verdadero de la humanidad, superando la mentalidad de la ciencia por la ciencia y de la tecnología como el único signo de progreso y de la "calidad de la vida".
Naturalmente la libertad de investigación y de enseñanza son reconocidas, pero salvaguardando siempre los derechos de las personas y de la comunidad, y dentro de las exigencia de la verdad y del bien común. "Es esencial que nos convenzamos de la prioridad de lo ético sobre lo técnico, de la primacía de la persona humana sobre las cosas... Los hombres de ciencia ayudarán realmente a la humanidad sólo si conservan el sentido de la trascendencia del hombre sobre el mundo y de Dios sobre el hombre"(37).

d. La atención a la formación integral del estudiante

56. En este contexto de primacía de lo técnico, la educación universitaria tiende a hacerse utilitarista y la universidad se convierte en un lugar prevalente, cuando no exclusivo, de entrenamiento para una función profesional. Sin duda es deber de la universidad adiestrar para el servicio profesional pero no hasta el punto de olvidar el lugar central que corresponde a la formación de la persona del estudiante. Nosotros no podemos quedar satisfechos por haber abierto a nuestros estudiantes el acceso a una profesión si no les hemos abierto o ayudado a profundizar sus auténticas personalidades como seres humanos y como miembros de una sociedad. De igual modo, en la educación de los estudiantes la Universidad Católica integra "la dimensión académica con la formación de los principios morales y religiosos"(38), por eso en sus programas de estudio incluye una adecuada formación ética de la profesión para la que se prepara, a través de cursos específicos de deontología profesional. Además las implicaciones morales, presentes en toda disciplina, se consideran como parte integrante de la enseñanza de la misma disciplina.

e. Servicio a la comunidad de México

57. Inmersa en la sociedad humana, la Universidad Católica no puede ignorar los grandes problemas sociales de nuestro tiempo, antes bien, orienta su esfuerzo de análisis e investigación a estudiar en profundidad sus raíces y causas. Se trata de un compromiso que no atañe sólo a los profesores e investigadores, sino que incide directamente en la formación de los estudiantes a quienes se ayuda a adquirir una conciencia social y una actitud mental no egoísta. La Universidad Católica propone al estudiante no sólo los medios aptos para desarrollar la mejor carrera profesional posible, sino que ofrece los instrumentos para un servicio de responsabilidad social. Como decía el Santo Padre, en la Universidad Católica "deben elaborarse los programas para la reforma de actitudes y estructuras que influyan la entera dinámica de la paz y de la justicia en el mundo... No basta ofrecer a los desheredados del mundo migajas de libertad, migajas de verdad, y migajas de pan. El Evangelio invita a mucho más... Pero esta conciencia pasa muchas veces a través de las aulas de la Academia, a través de noches de estudio y horas de oración"(39).

58. Particular importancia se asigna a la promoción de la justicia social mediante la aplicación del Evangelio interpretado a través de la doctrina social de la Iglesia, para lo cual se presenta en las aulas de nuestras universidades una enseñanza adecuada de esta doctrina social, tal como aparece, sobre todo, en los más recientes documentos: "Centesimus annus" y "Sollicitudo rei socialis". En las actuales circunstancias, esto significa promover sobre todo el compromiso por desarrollar nuevos puestos de trabajo, y el apoyo a las iniciativas de los más necesitados en el campo social, económico y cultural. En todo caso, incumbe a la Universidad Católica dejar claro que la vida económica y social de las naciones es mucho más que un problema técnico, y que en la actualidad no se guía suficientemente por principios morales. La economía es una ciencia autónoma, pero no puede dejar de colocarse en un horizonte ético por la razón de que la ética se ocupa del fin del hombre y de los medios para alcanzarlo; un fin y unos medios que están también implicados en la actividad económica.

59. En definitiva, por su visión cristiana, la Universidad Católica "no transmite la cultura como un medio de potencia y de dominio. No considera el saber como un medio de crearse una posición o acumular riquezas sino como un deber de servicio y de responsabilidad hacia los demás"(40).

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