CONTEXTO
ECLESIAL: AÑO DE LA TRINIDAD Y DE LA EUCARISTÍA
La
Santísima Trinidad
15.
En la fase celebrativa que está teniendo lugar en el año
2000, el objetivo es la glorificación de la Trinidad.
16.
El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de
la fe y de la vida cristiana... es la enseñanza más fundamental
y esencial en la jerarquía de las verdades de la fe" (Catecismo
de la Iglesia Católica, 234).
17.
Al profesar este misterio afirmamos que Dios es amor, es comunidad y
que si nosotros nos amamos en el amor de Dios, en él vivimos,
nos movemos y somos (Act 17, 27-28).
18.
Pero también Dios está con nosotros, en Cristo Jesús,
en cada gesto humanitario de amor al prójimo, en cada gesto de
comprensión, de servicio, de justicia, de tolerancia, de búsqueda
de la verdadera paz.
19.
La cruz de Cristo revela hasta el final el amor del Padre. En su muerte
se expresa la justicia absoluta, porque Cristo sufre la pasión
y la cruz a causa de los pecados de la humanidad, pero una justicia
a la medida de Dios, es decir, procedente del amor y conducente a él.
20.
El mensaje del Evangelio de Jesucristo se sintetiza en el doble mandato
del amor caridad: Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo
como a ti mismo ( Cf. Mt 22,39).
21.
La vida íntima de Dios, que se nos ha revelado en Jesucristo,
como Trinidad Santa de Padre, Hijo y Espíritu Santo, es la vida
del Amor. Esa inefable comunión del Ser divino, en la que el
Padre engendra al Hijo, en la que el Hijo glorifica al Padre y en la
que el Espíritu vincula a los dos eternamente, es el Amor mismo.
El amor eterno y creador, por el que Dios es perfectamente feliz y absolutamente
generoso en sí mismo, es el origen de todas las cosas y, en particular,
de las personas que, dotadas de inteligencia y libertad, están
también llamadas a vivir en comunión con Dios y los hermanos.
El
Amor Misionero de Dios
22.
Dios, que es amor, "quiere que todos los hombres se salven y lleguen
al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2,4). La verdad es el amor
de Dios que, por su origen y destino es universal. Dios Padre ama a
todos y hace hermanos a todos sus hijos. Del mismo modo, Jesús
ama a todos, incluso exhorta a sus discípulos al amor a los enemigos.
23.
La misión que nace del amor de Dios tiene que ser universal como
el amor de Cristo Jesús que la inspira. Una Iglesia que se encerrara
en los límites estrechos de la misma parroquia, de las propias
estructuras eclesiales o, incluso de la propia Diócesis, no sería
la Iglesia de Jesucristo.
24.
Para los cristianos la fraternidad no tiene límites ni grupos
cerrados; en este contexto se ha de expresar la misión esencial
de la Iglesia, como una misión que se expresa en solidaridad,
la cual, "no es un sentimiento superficial por los males de tantas
personas cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación
firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es
decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos responsables
de todos" (SRS 38).
25.
La dimensión universal del amor de Dios, caridad misionera, puede
contribuir a superar las discrepancias y divisiones entre las iglesias
cristianas y avanzar en el diálogo entre las grandes religiones
monoteístas; la coincidencia en el servicio y colaboración
con los más pobres contribuyen a la unidad en el amor y pueden
conducir a la unidad en la fe.
26.
El programa misionero de la Arquidiócesis de México que
estamos iniciando, en este año, debe llevarnos también
a participar a los miembros de la comunidad arquidiocesana en proyectos
de amplitud cada vez más universal; así ayudaremos a nuestras
comunidades a contemplar la verdadera dimensión universal y ecuménica
de nuestra fe, que los católicos hemos de asumir abriéndonos
a la colaboración con los cristianos de otras confesiones, con
los creyentes de otras religiones y con todos los hombres de buena voluntad,
ya que en todos los bautizados está presente el Espíritu,
en todos los fieles de otras religiones las semillas del Verbo y en
todos los hombres de buena voluntad, la presencia del amor de Dios.
La
Eucaristía, fuente y cumbre de la experiencia del Dios Amor y
de la exigencia misionera
27.
La Eucaristía es la oración trinitaria por antonomasia,
es el "lugar" en donde está la fuente de la experiencia
del amor cristiano y hacia donde convergen los esfuerzos y trabajos
de construcción de la fraternidad. "Pues los trabajos apostólicos
se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo,
todos se reúnan, alaben a Dios... por lo tanto de la liturgia,
sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como
de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación
de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios a la
cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin"
(SC 10).
28.
Los cristianos alimentados en la Eucaristía han de cobrar entusiasmo
para testimoniar la fe y hacer creíble el Evangelio luchando
contra el hambre, la ignorancia y las enfermedades, esforzándose,
junto con todos los hombres, en conseguir mejores condiciones de vida
y en afirmar la paz para el mundo. Lo anterior no significa que la Iglesia,
como tal, quiera mezclarse de modo alguno en el gobierno de la ciudad
terrena; la Iglesia no reivindica para sí otra autoridad que
la de servir, con el favor de Dios, a los hombres con amor y fidelidad
(Cf. AG 12).
29.
En toda Eucaristía hay al menos un mínimo de signos de
amor y de comunión fraternal: la asamblea reunida, la oración
y la alabanza común, el padrenuestro, el saludo mutuo, la participación
del mismo pan en la mesa común del Señor, comunión
eucarística que, para ser plena, ha de tener dos vertientes:
la vertical y la horizontal, es decir, con Cristo y con los hermanos.
30.
Está en manos del hombre la posibilidad de multiplicar los panes,
por la eficacia en el trabajo y por el reparto más equitativo
de los bienes. Es posible también practicar la solidaridad con
los más desheredados, multiplicando el pan del amor y del cariño
que a tantos falta.
31.
Ponerse del lado de cuantos necesitan el pan de cada día quiere
decir empeñarse en que sea realidad en nuestro entorno cuanto
el término "pan" encierra: alimento, vivienda, familia,
trabajo, cultura, libertad, religión, dignidad personal y derechos
humanos. Todo esto no se aviene con las discriminaciones de cualquier
tipo, sea de personas o de grupos, ni con la opresión y explotación
de los semejantes.
32.
Creer no es solamente ser miembro de la Iglesia y continuar siéndolo
inconscientemente. Tiene que ver con el momento presente. Es creer que
Dios tiene poder en este momento para no dejarnos solos, que puede cambiar
el curso de las cosas, que puede ahora mismo hacer un milagro de su
amor. Esta fe es una gran fuerza en el progreso de la humanidad.
33.
El proyecto de Dios es la comunión. La humanidad tiene derecho
a poseer el mundo en común y por el hecho de haber una igualdad
de dignidad entre los hombres, también la distribución
de la riqueza ha de ser proporcionada. No es bueno que unos sean muy
ricos y otros miserables. El primero y fundamental acto de caridad para
con el prójimo necesitado es reconocerle sus derechos: a la vida
y a su dignidad. En este sentido, la justicia es como la vanguardia
del amor. Por eso la lucha por los intereses sociales no está
en contra de la convicción cristiana.
34.
El cristiano que lucha por un poder justo debe tener presente que el
poder alcanzado debe desembocar en lo que aparentemente es su contrario:
el servicio.
35.
Algunos, en nuestros días, se hacen la pregunta que ya formuló
el salmo 115 hace muchos siglos: ¿dónde está tu
Dios? Tal interrogante ha de ser un estímulo para todos los misioneros
de esta ciudad. En ocasiones los cristianos hemos "velado el verdadero
rostro de Dios y de la religión, más que revelarlo"
(GS, 19).
36.
La infidelidad al Dios que es fiel en el amor es una de las causas principales
del eclipse de Dios en la cultura contemporánea. Lo es también
la idolatría "al poder" y al "tener", que
ha provocado entre otras consecuencias la alteración del equilibrio
ecológico, la desesperanza y el vacío existencial que
conduce a los jóvenes a las más variadas formas de alienación.
37.
A la pregunta ¿dónde está tu Dios?, los cristianos
podemos responder: en todos los lugares en los que están y por
donde pasan los hombres.