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Logotipo de la Misión Permanente en la Arquidiócesis de México

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Evangelización Intensiva . Norberto Cardenal Rivera Carrera

PROGRAMA PASTORAL PARA EL AÑO 2000

53. En el presente año, durante la etapa intensiva de la Misión 2000, además de un servicio más esmerado en la pastoral ordinaria de nuestras parroquias, habremos de consolidar nuevos instrumentos y métodos para impulsar el primer anuncio, la reiniciación cristiana, el catecumenado, la comunión fraterna y el compromiso apostólico de comunidades menores, la formación y capacitación de los laicos, el compromiso por la justicia y la pastoral de la caridad, como partes fundamentales del proyecto evangelizador.

54. La pastoral ordinaria ha estado recibiendo ya, durante los últimos meses, un impulso fraterno para su renovación con la visita pastoral. Habremos de ir consolidando esta dinámica para el futuro de nuestra Iglesia local, con cambios indispensables en las estructuras pastorales, las actitudes y las acciones, en los diversos niveles.

55. Durante la evangelización intensiva, realizaremos con los equipos parroquiales dos tandas del primer anuncio de la Salvación: la primera del 8 de marzo al 11 de junio y la segunda del 15 de agosto al 28 de noviembre, con visiteo y pregones. En la etapa del 12 de junio al 14 agosto habrá oportunidad de evaluar la primera etapa, afianzar los grupos y estar listos para la segunda tanda de primer anuncio.

56. Mientras tanto será necesario acoger a quienes respondan acercándose a los misioneros, para ofrecerles los pregones de una primera explicitación del kerigma y de la primera conversión, invitándolos a incorporarse al proceso de la reiniciación cristiana y a la formación de comunidades menores, para vivir la experiencia de ser Iglesia misionera en la ciudad de México.

57. El complemento y la consolidación de la dimensión misionera hacia los alejados exigen, en los diversos niveles de nuestra Arquidiócesis, la transformación de algunas estructuras y de las actitudes en los agentes de la pastoral:

Obispos y Vicarios Episcopales

58. Mi visión primera, en orden a la organización de esta arquidiócesis fue la descentralización de los servicios pastorales, para llevarlos con mayor cercanía y eficacia a todos los fieles esparcidos por las ocho vicarías episcopales. Para ello he delegado mi autoridad de la manera más amplia en mis obispos auxiliares y vicarios episcopales, de acuerdo con las normas establecidas en mi Decreto sobre la "Organización y Gobierno pastoral de la Arquidiócesis de México".

59. Esta perspectiva exige que los Vicarios episcopales, a su vez, busquen esta misma orientación en sus respectivas vicarias territoriales y sectoriales, para promover un amplio movimiento de participación responsable de cada vez más amplios sectores; propiciando específicamente que los Decanos, los Delegados de pastoral, Secretarios, Directores y responsables de las diversas comisiones participen en el ejercicio de la autoridad y promuevan una amplia coordinación de los diversos servicios.

60. La atención y el acompañamiento cercano de los presbíteros es una de las principales responsabilidades de los Vicarios episcopales. Es necesario que todos los que han recibido la encomienda de presidir una comunidad, experimenten este apoyo constante, pues de esta manera se favorecerá la comunión en el proyecto pastoral.

61. He insistido, igualmente, en la urgencia de mantener la corresponsabilidad y coordinación, atendiendo a las exigencias que se desprenden de la comunión indispensable como signo y como instrumento de una auténtica y eficaz evangelización

62. Durante la V Asamblea Diocesana, insistí en que la pluralidad de ministerios y carismas es riqueza con la que Dios ha bendecido a esta arquidiócesis; que es necesario dar testimonio de unidad para que el mundo crea; y que nadie se sienta dueño de la Iglesia con pretensiones de exclusión de algunos, sino por el contrario habrá que extender la comunión con todos, aún los que no pertenecen a la iglesia, pero que promueven los valores evangélicos.

Decanatos y Decanos

63. El Decanato deberá ser la unidad básica de coordinación y de ejecución de los programas arquidiocesanos. Los Decanos habrán de asumir con mayor consciencia y responsabilidad el ejercicio de la autoridad episcopal para el seguimiento de los programas de pastoral y del ministerio de fraternidad en favor de sus hermanos sacerdotes, en estrecha colaboración con los Vicarios episcopales.

64. Los Decanos deberán estar más cerca de los sacerdotes de su jurisdicción, acompañarlos como verdaderos hermanos e impulsar el nuevo proyecto evangelizador de la Misión 2000.

Parroquias y presbíteros

65. El presbítero es hombre de fe, hombre de lo sagrado y es también hombre de comunión.

66. Urge en los presbíteros de nuestra arquidiócesis un cambio de mentalidad y de actitudes para no ser en la parroquia rémora u obstáculo hacia sus hermanos laicos en el proceso de transformación de la pastoral en esta arquidiócesis. Por el contrario, sean personas comprometidas en el proceso evangelizador, para que la parroquia sea una vital comunidad de comunidades.

67. Esto exige que vayan dejando en manos de los laicos muchas de las actividades administrativas de que se ocupan actualmente y que no son estrictamente esenciales a su ministerio específico.

68. Los presbíteros deberán respaldar y fortalecer los Equipos misioneros.

69. Favorezcan también una actitud de acercamiento y diálogo con las familias, con los más alejados, con los pobres y con los jóvenes, a fin de que puedan todos reecontrarse con Cristo.

Diáconos Permanentes

70. La pastoral misionera proyecta gran luz sobre el ministerio y formación de los Diáconos Permanentes, al privilegiar el trabajo de evangelización para todos los agentes de la Arquidiócesis. Los diáconos habrán de ser líderes en la animación y capacitación fundamental de agentes. Además, como el testimonio de la caridad es el primer instrumento evangelizador, tendrán que revalorar con toda fuerza su misión de promotores y organizadores del ejercicio de la caridad en las comunidades. Este será un camino seguro para romper con la tentación de ubicarse sólo como ministros de ceremonias litúrgicas y sacramentales, y dar preferencia al potencial de testimonio que tiene el ministerio diaconal.

Vida consagrada

71. Es necesario que la vida consagrada dé testimonio de su misión peculiar: mantener en los bautizados la conciencia de los valores fundamentales del Reino. Y para esto conviene que los miembros de estas comunidades se inserten adecuadamente con los otros miembros del pueblo de Dios.

72. En las diversas Vicarías episcopales establézcanse lazos de comunicación y participación que permitan a los miembros de la vida consagrada y a los responsables de la pastoral, reconocer el lugar que ocupan los diversos carismas en la pastoral sectorial o territorial y encontrar caminos para una colaboración más estrecha.

Seminario y demás casas de formación

73. Deberán acrecentar su inserción en las preocupaciones y proyectos arquidiocesanos para descubrir y cultivar las nuevas actitudes pastorales que requieren los candidatos al sacerdocio.

74. La pastoral misionera es un desafío para la formación de los futuros pastores. Exige cultivar, en el espíritu y en la acción, una verdadera disponibilidad y capacidad para llegar a los alejados; una actitud eclesial que se concrete en el trabajo de equipo; y la integración en un ambiente de corresponsabilidad y promoción interactiva, especialmente hacia los laicos.

Los laicos

75. La renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos. En la actualidad, recae en ellos gran parte de la responsabilidad del futuro de la Iglesia, como ha sido señalado en la reflexión sinodal y he remarcado en el Itinerario Pastoral.

76. Su protagonismo de servicio en los diversos ministerios, al interior de la comunidad eclesial, es señal de vitalidad y hace posible la vida de la Iglesia, como Cuerpo de Cristo, en donde todos son importantes y participan del proyecto de Dios.

77. Pero el laico también ha de proyectar su dignidad de profeta, sacerdote y rey hacia el exterior de su comunidad, en el ámbito ordinario de su vida, trabajo y esparcimiento con una actitud misionera, que lo impulse a buscar siempre nuevos caminos y ámbitos para dar testimonio de la Buena Nueva del Reino y cumplir su tarea específica de consagrar el mundo a Dios.

Movimientos y organizaciones laicales

78. Como promotores de diversos carismas en la Iglesia los miembros de los diversos movimientos y organizaciones laicales deberán conocer los planes y programas arquidiocesanos, respetarlos y buscar que el carisma que promueven sea una colaboración y complementación en la comunión.

La Arquidiócesis

79. La nueva pastoral misionera tiene que respaldarse en una Iglesia mayoritariamente laical.

80. Considerar a los laicos como animadores, promotores y corresponsables en la elaboración y no sólo en la ejecución de los planes de la pastoral orgánica.

81. Promover liderazgos laicales.

82. Fortalecer el sistema arquidiocesano de los centros de formación de agentes laicos para acciones específicas.

83. Encontrar nuevas formas de presencia de la Iglesia en medio de los diversos ambientes.

84. Fomentar entre los responsables de la pastoral una clara conciencia de la necesidad e importancia de destinar suficientes recursos para las acciones pastorales.

85. Estudiar diligentemente el fenómeno de los movimientos religiosos libres y las causas que motivan su rápido crecimiento, para responder a los planteamientos que tales grupos pretenden atender.

86. En las parroquias donde ya se viene trabajando en la línea de la sectorización, de promoción de comunidades menores en sus diversas expresiones, hágase un estudio cuidadoso, para que se aproveche la experiencia lograda y se garantice su continuidad.

Misión 2000

Conclusión y Oración

87. Aun resuenan las palabras con las que, hace un año, el Papa Juan Pablo II dio gracias por su IV visita a nuestro país y, al mismo tiempo, bendijo a todos sus habitantes: "Dios te bendiga, México..." Ese mensaje nos recordó que el Espíritu Santo con su trabajo silencioso es el principal evangelizador, haciéndose presente en todos los acontecimientos y en el corazón de cada persona. Hoy nos debe mover a acompañar con un constante espíritu de oración, el esfuerzo por concretar una pastoral misionera para nuestra ciudad.

Señor, Jesús, la primera oración es por tu Iglesia que peregrina en la Ciudad de México, pues al querer asumir con todas sus consecuencias la misión de evangelizar que nos encomiendas, nos sentimos pequeños y temerosos, porque ha aparecido la tentación de argumentar excusas, de eludir el seguimiento, de no aceptar este tiempo de gracia.

Pero tu Espíritu no nos abandona y nos acompaña en el caminar juntos:

por medio de tantos laicos sencillos que se están constituyendo en pilares de los equipos misioneros; por muchos hermanos que se habían alejado y al escuchar lo que se está haciendo a favor del trabajo misionero han regresado a comprometerse; por los presbíteros que están renovando su cercanía contigo y su servicio a la comunidad; por el signo de comunión de muchos movimientos y grupos apostólicos que están respondiendo al llamado de unidad para evangelizar.

Señor, has que no tengamos miedo a reconocernos pecadores y a convertirnos, porque sólo así será creíble tu mensaje en nuestros labios.

En este Año Santo abre nuestros ojos para reconocer tu presencia en los más pobres; abre nuestros corazones para compartir lo que somos y tenemos; has surgir entre nosotros actitudes nuevas que nos permitan tratarnos como hermanos; que así entendamos lo fundamental de la Misión.

Que nuestra acción en común siempre sea generosa para alcanzar a todos, porque nuestra Ciudad necesita reencontrar confianza en la buena voluntad, en las actitudes solidarias, en la búsqueda del bien común.

Te pedimos por cada habitante de esta gran ciudad, porque todos resienten problemas que parecen no tener solución. Por los jóvenes que están luchando por encontrar un camino positivo de realización, por los padres de familia que se desviven para impulsar a sus hijos, por los empleados y obreros de salario mínimo que ya no sienten esperanza, por los líderes sociales y gobernantes para que no olviden a los que deben servir, por aquellos empresarios que necesitan sensibilidad social, por todos los que se sienten con hambre de paz... Señor, aumenta nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra caridad. Porque ¿cómo podremos lograr ser luz de Dios en nuestra Ciudad, ante esta realidad que nos rebasa? Hemos sentido tu mirada providente en nuestro Caminar Juntos que nos ha hecho llegar a la Misión 2000, ponemos en tus manos nuestra acción eclesial para que sea cada vez más cercana a nuestra Ciudad.

Gracias por darnos en Santa María de Guadalupe un ejemplo evangelizador y una presencia protectora; que su amor maternal mantenga encendida la luz de la fe que estamos llamados a testimoniar. Amén.

5 de febrero del 2000, Año Jubilar

Norberto Cardenal Rivera Carrera

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