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Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Carta Pastoral: Sobre la Atención a los Enfermos en la Arquidiócesis de México

I. VIVENCIAS DE LA MISERICORDIA HACIA LOS ENFERMOS

34. La atención espiritual de los enfermos corresponde, en primer lugar, a la familia como célula fundamental de la Sociedad y, desde luego, a la Comunidad Cristiana y a los Pastores de la Iglesia. ¿Está enfermo algunos de vosotros?. Llame a los presbíteros de la Iglesia (St. 5, 14).

35. La Comunidad Cristiana y los cristianos no podemos desatender la apremiante llamada del Señor Estuve enfermo y me visitasteis (Mt 25,36): obra de misericordias materia de juicio estricto; la caridad debe manifestarse siempre, pero es más urgente cuando el hombre se encuentra en necesidad, y la enfermedad es uno de los estados de indigencia más duros del hombre.

36. Aún para los no - creyentes, cuando el hombre se fractura es cuando puede dar este sentido más pleno a su existencia o rectificarla; pues el hombre auténtico es el que se enfrenta lúcidamente a la enfermedad y a la muerte. A nadie se le oculta la importancia de la enfermedad y de la muerte ante el encuentro con el Absoluto. Es por ello que la atención espiritual de los enfermos y moribundos es muy importante, y surgen aquí y allá iniciativas humanitarias muy valiosas para atenderlas.

37. Pero entre todos los servicios humanos y espirituales a los enfermos, ninguno es tan importante como el ofrecido por los Pastores de la Iglesia: ocasión privilegiada de Evangelización y encuentro que muchas veces es difícil de obtener en otras condiciones.

38. Es por ello que la atención de los sacerdotes a través de los sacramentos es indispensable para los creyentes.

39. Al enfermo y al moribundo conviene recordarles siempre la visión cristiana de la enfermedad y de la muerte; la enfermedad completa la Pasión de Cristo, y los enfermos en la Iglesia tienen la misión de recordarnos con su ejemplo los valores esenciales, como también demostramos que la vida mortal del hombre ha de ser redimida con el Misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo. (Cfr. Ritual de la Unción de los Enfermos).

40. Como Pastor de esta Iglesia particular, anhelo la presencia de la Iglesia en todos los momentos de la vida del católico y, más aún, en el momento de morir. Presencia llena de caridad y amor, de fe y de confianza.

41. En la pasada 11 Asamblea Diocesana se constató la necesidad urgente de buscar, capacitar y promover diversos tipos de agentes de pastoral. Ante la realidad anteriormente expuesta sobre: los enfermos en sus domicilios, la responsabilidad de las parroquias, los retos pastorales en el hospital, se hace necesario marcar las pautas para los Agentes de Pastoral de la Salud (sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos (as), Ministros extraordinarios de la Comunión Eucarística y laicos) para un mejor desempeño auténtico de la misericordia, en su servicio al enfermo.

Orientaciones para los agentes de pastoral de la salud

1. EL ENCUENTRO PERSONAL CON EL ENFERMO

42. En la actividad del Agente de Pastoral de Salud tiene una gran importancia el encuentro personal con el enfermo. Ha de ser la expresión de su fidelidad a las palabras de Jesús: "Estuve enfermo y me visitasteis" (Mt. 25, 36).

43. La cantidad de personas a visitar, el riesgo de caer en la rutina y, a voces, la ausencia de una preparación adecuada y de un método, pueden contribuir a hacer pesada y poco gratificante esta importante actividad pastoral. Por lo cual es necesario revisarla constantemente y perfeccionarla.

44. El agente de Pastoral de Salud ha de saber distinguir entre la visita amistosa y la relación pastoral de ayuda. Mientras la primera es bueno brindarla a todos los enfermos, la segunda es conveniente tan sólo para un grupo reducido de personas que están dispuestas a recorrer un camino más largo, profundo y continuo. El discernimiento de las diferentes necesidades y la oferta de respuestas apropiadas, permiten al agente de pastoral distribuir de manera racional ayuda a las personas que lo han pedido.

45. Tanto en las visitas breves como en las más extensas, el agente de Pastoral de Salud ha de saber pasar de la conversación social al diálogo pastoral. Para ello, ha de:

  • concentrarse más en la persona que en los hechos externos;
  • saber escuchar, ser comprensivo y amable;
  • aceptar la tensión del enfermo, ayudándolo a afrontar la realidad, aunque sea dura;
  • preocuparse más de ayudar que de distraer, estando disponible al acompañamiento del enfermo;
  • saber pasar de la discusión sobre Dios a la experiencia de Dios y a la relación con él.

46. Si la vista diaria es un ideal a tener presente en la programación de la actividad pastoral, no por ello ha de constituir un absoluto que absorba todas las energías del agente de pastoral. Teniendo como firme el principio de que todos los enfermos tengan la posibilidad de un encuentro con el agente de pastoral, han de estudiarse, para la organización de las visitas, formas realistas y armonizadas con las otras exigencias del trabajo apostólico.

47. En el delicado ministerio de la visita, el agente de Pastoral de Salud ha de evitar la improvisación. Ha de prepararla elaborando un plan de pastoral que después sabrá adaptar con flexibilidad a las distintas situaciones. Un plan pastoral implica señalar objetivos claros y concretos y seleccionar los medios idóneos para conseguirlos. (Cf. DOS. Nos. 234-245).

48. Superando la tentación de ampararse en el propio rol o de manifestar solamente algunos aspectos de su propia personalidad, el agente pastoral de la nueva evangelización ha de trabajar por ser él mismo y presentarse con su propia identidad, atento a sus sentimientos que sabrá utilizar de manera apropiada en la relación con el enfermo y sus familiares.

49. El agente Pastoral de Salud ha de manifestar con su modo de actuar aquella estima y respeto profundos que ayudan al enfermo a mantener el sentido de integridad de la propia persona a pesar del desmoronamiento causado, en el cuerpo y en el espíritu, Por la enfermedad.

50. Hay que tener el máximo respeto a la religiosidad del enfermo, evitando imponerle los propios estilos de fe. A los que no creen o no practican, no ha, que privarles de la amistosa atención del agente de pastoral. Es importante tener en cuenta y no despreciar la "piedad popular". Para algunos enfermos la forma de llegar a Dios y tener una conexión con el mundo de la fe, es su devoción a la Virgen, a un santo o una santa. El encuentro pastoral comporta caminar por sendas que no son, a veces, las del propio agente y acomodarse a la sencillez y al candor de una confianza, de una fe y de un amor que Dios juzgará de forma muy distinta a la nuestra. ( Cf. DOS: No. 136-139 )

51. Consciente de que tanto Dios como el enfermo tienen sus caminos, que no siempre coinciden entre sí o con los nuestros, el agente de pastoral ha de respetar los pasos del enfermo y la lentitud en el proceso de su maduración humana y cristiana.

52. En una perspectiva de fe, las actitudes humanas positivas del agente de pastoral, sus gestos humanos, se convierten en símbolo del amor de Dios que él mismo anuncia con su palabra, y dan a su presencia un valor casi sacramental.

53. En el contexto de la visita pastoral es donde el agente de pastoral realiza principalmente su misión evangelizadora o celebrativa de la comunicación, de la escucha de la Palabra, de la oración, del proceso penitencial. Para que el anuncio de la Buena Nueva resuene eficazmente en el corazón del enfermo, es necesario que se centre en la situación que está viviendo y le sea transmitido de forma humana.

54. Las líneas que hay que privilegiar en la misión evangelizadora del enfermo brotan y se fundamentan en el misterio de la Encarnación, expresión visible del amor del Padre. A la luz de la palabra y del ejemplo de Cristo y del misterio pascual vivido por él, la vida humana tiene sentido aún en las situaciones penosas por la presencia del mal, del sufrimiento y de la muerte. ( Cf. DOS. No. 42-45)

55. La difícil catequesis, dirigida a ayudar al enfermo a transformar su propia experiencia negativa en ocasión de crecimiento, ha de ser iluminada por la esperanza que nos viene de Cristo resucitado. El encuentro evangelizador ha de ser personalizado, en un diálogo franco y confidencial, sin limites ni cálculos, sin presiones indebidas, respetuoso con la libertad y las disposiciones del enfermo. El dogmatismo, el juicio y la condena son actitudes que deben desaparecer del comportamiento del agente de pastoral. (Cf. DOS: No. 57).

2. LA ORACIÓN CON EL ENFERMO Y POR EL ENFERMO

56. La enfermedad es un momento propicio para la oración. En el corazón de la persona enferma y en sus seres queridos brota casi de forma espontánea la oración, la plegaria en sus más diversas formas.

57. En la oración del enfermo tiene un gran peso la realidad que está viviendo, cuenta igualmente su visión de Dios, su temperamento, su historia personal, su educación religiosa, su medio cultural. Cada enfermo tiene su forma original de orar y modalidades diversas de dirigirse a Dios. (CF., DOS. Nos. 168 - 169).

58. La oración es uno de los recursos más importantes de los que dispone el agente de pastoral para crear un clima de paz en torno al enfermo, para infundir ánimo al que sufre, para abrirle solidariamente a otros enfermos y personas, para ayudarle a descubrir la voluntad de Dios, para encontrar la energía necesaria a fin de sobrellevar los dolores, para progresar en la identificación con Cristo paciente, para dar gracias a Dios por sus dones, para realizar, finalmente, el tránsito al Padre.

59. La oración ha de surgir de la necesidad y deseo del enfermo y ha de tener muy presente la realidad que está viviendo el enfermo. Por ello, la oración con el enfermo presupone la escucha del mismo, de sus vivencias y estados de ánimo, para acoger la variedad de actitudes y reacciones: queja, impotencia, angustia, amargura, desamparo y abandono, soledad, culpabilidad, rebeldía, confianza, gozo, gratitud y alabanza.

60. El saber ponerse en sintonía con la historia y el proceso interior de cada enfermo, permite al agente de pastoral ayudarle y convertir su camino con Dios por medio de la oración que unas veces es oración de queja, otras de agradecimiento, otras de entrega confiada, otras de súplica y de intercesión por los demás, otras de contemplación del misterio o de alabanza y glorificación de Dios.

61. La Sagrada Escritura ofrece innumerables y variadas oraciones de enfermos, especialmente en los Salmos. El agente de Pastoral de Salud sabrán escoger, proponer y utilizar la que responda mejor a las necesidades espirituales del enfermo en cada momento. Pero es sobre todo en Jesús, modelo de oración, en quien debe inspirarse el agente para acompañar y ayudar al enfermo a orar. (Cf. DGS. Nos. 140-148).

62. La oración por los enfermos ha estado y está presente en la vida de la Iglesias y de sus comunidades cristianas. La Iglesia ora por los enfermos en la Eucaristía, la Liturgia de las Horas, en la celebración de los sacramentos. El agente de pastoral ha de orar por los enfermos y ofrecer ocasiones y cauces comunitarios para orar con los demás enfermos, la familia v la comunidad cristiana.

63. La oración por los moribundos, siempre valorada por la tradición eclesial, se ve hoy dificultada a causa de la atmósfera distraída, indiferente o asustada que muchas veces caracteriza el ambiente donde muere el enfermo. Practicada con discreción y adaptada a las circunstancias particulares y concreta de cada enfermo, constituye una ayuda valiosa para el enfermo y sus familiares.

3. LA CELEBRACIÓN SACRAMENTAL

64. En las últimas décadas, la celebración de los sacramentos de los enfermo ha sufrido profundas transformaciones. Por una parte hemos asistido a uní progresiva superación del sacramentalismo y, por otra, a un importante des censo en la petición de los sacramentos. Ambos fenómenos, junto con la reforma litúrgica, han estimulado una mejor comprensión de los sacramenta y una búsqueda más atenta de modelos de celebración adecuados al contexto sanitario, lugar secularizado y pluralista. (Cf. DGS: Nos. 160-166, especialmente el No. 165

65. Por medio de la reconciliación, la unción de los enfermos y la Eucaristía se ayuda al enfermo a vivir el sentido pascual de la enfermedad.

66. La importancia de estos instrumentos del amor redentor del Señor exige del agente de pastoral un compromiso especial. (Cf. CEC. Nos. 1420 -1421). La celebración sacramental ha de constituir, habitualmente, la culminación de una relación significativa con el enfermo y el resultado de un proceso de fe realizado por éste. Los sacramentos, signos que atestiguan el amor de Dios al enfermo, no deben ser ritos aislados sino gestos situados en el corazón de una presencia fraternal, que los que rodean al enfermo han de expresar de múltiples maneras: lucha contra la enfermedad, cariño, escucha y atención a las necesidades del enfermo, amistad y servicio.

67. Esta presencia fraternal junto al enfermo del agente de Pastoral de Salud y de todo cristiano, tiene un valor casi sacramental desde la perspectiva de una Iglesia sacramento de salvación para el Mundo. El agente de pastoral al ofrecer los sacramentos ha de respetar los niveles de fe cristiana de los enfermos y las etapas de su caminar en la fe para actuar gradualmente con discreción y pudor, evitando todo lo que pueda provocar dolor, resentimiento o alejamiento.

68. El agente de Pastoral de Salud evitará todo tipo de coacción y celo intempestivo, opuesto a la dignidad de la persona humana y a la libertad religiosa y ayudará al enfermo a superar los condicionamientos personales y sociales que posan sobre él a la hora de manifestar y celebrar su fe. El agente de pastoral ha de contar con el enfermo en la celebración sacramental. Es el enfermo quien ha de solicitar o aceptar el sacramento con plena fe y celebrarlo en las mejores condiciones, activa y conscientemente. Es él, su nivel de fe, su estado de salud y de fuerzas quien ha de marcar el ritmo de la celebración, las lecturas, oraciones, etc. (CEC No 1114-1116).

69. El agente de Pastoral de la Salud ha de discernir pastoralmente las motivaciones de los enfermos y de sus familiares o allegados al pedir, no pedir o rechazar un sacramento. Ha de discernir, igualmente, sus propias motivaciones al ofrecer los sacramentos.

70. Para la celebración de los sacramentos, el agente de Pastoral de Salud, especialmente si es presbítero o diácono, ha de poner de relieve la dimensión simbólica de los gestos realizados, por medio de una adecuada catequesis y la creación de un clima humano que esté en sintonía con los valores proclamados por la celebración sacramental. Ha de procurar, igualmente, que los signos sacramentales sean verdaderamente significativos. (Cf. CEC Nos 1 145-1 152 especialmente el No. 1 152).

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