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Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Carta Pastoral: Sobre la Atención a los Enfermos en la Arquidiócesis de México

3.1 SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

71. Un momento critico en la vida humana, como es la enfermedad, puede ser una ocasión propicia para oír la llamada de Dios a la conversión. La enfermedad, al replantear los valores en los que vive centrada la persona, le lleva, a menudo, a revisar su conducta y a reorientar su vida. Este cambio ni es fácil ni es cuestión de un momento. Puede exigir, a veces, un largo proceso. (Cf. CEC. No 1427-1429).

72. Un punto muy importante a tener en cuenta por el agente de Pastoral de Salud, durante la etapa de catequesis pro -sacramental, es la conexión que muchos enfermos hacen entre la enfermedad que padecen y algún pecado, real o imaginado, en su vida pasada. Por otra parte, el agente de pastoral nao' puede olvidar que la Revelación es la respuesta liberadora tanto a la enfermedad como al pecado de los hombres, están ambos, o no, unidos en la vida de un enfermo concreto. Por ello, un cometido específico de la pastoral de sacramento de la penitencia deberá ser iluminar la dimensión curativa y rehabilitadora del mismo, y ayudar al enfermo a discernir entre la angustia que genera la propia enfermedad y el sentimiento de culpa proveniente de sus pecados. (CF. CEC. No. 1432).

73. El sacramento de la penitencia es la celebración del encuentro del cristianó enfermo, débil y pecador, con Cristo que "perdona sus culpas y cura su' enfermedades" (Sal. 103, 3). Con este sacramento, la comunidad cristianó se dirige al enfermo para decirle, en el nombre de Jesús: "Tus pecados Que dan perdonados... Levántate y anda". (Cf. Mt. 9, 5-ó).

74. Los sacerdotes procurarán estar atentos para que el deseo de conversión del enfermo no termine con el simple "acto de confesarse". Para ello, tratará de acompañar todo lo que puedan al enfermo en el proceso de su conversión, a fin de que llegue a realizar el cambio de vida que ha descubierto. (Cf. DOS: No. 92-93).

75. Cada sacerdote, aún reconociendo el poder ilimitado de la intervención de Dios en la celebración del sacramento, no puede olvidar la influencia de sus propias actitudes -- comprensión, respeto y discreción-- en el fruto que el penitente puede sacar de la confesión.

76. En cuanto sea posible, ha de procurar atender a los enfermos en un lugar acogedor que permita un coloquio franco y liberador, y que salvaguarde la intimidad y la integridad de la confesión. Será comprensivo y magnánimo sobre todo cuando el enfermo está débil o ha de confesarse en un lugar en el que es imposible respetar el secreto. (Cf. CEC: No. 1456-1457).

77. Conviene fomentar las celebraciones comunitarias de la penitencia para que gracias a ellas se descubra mejor la solidaridad en el pecado, la debilidad y la conversión, al escuchar juntos la Palabra de Dios, reconocer todos sus propios pecados y expresar la voluntad de conversen, y la alabanza y gratitud de Dios por su perdón.

3.2 EUCARISTÍA Y COMUNIÓN DE ENFERMOS

78. La Eucaristía, sin ser el sacramento específico de la enfermedad, tiene estrecha relación con ella. Primero, porque el enfermo, que ya vive en la fe la incorporación de su enfermedad a la pasión de Cristo, puede tener el deseo de celebrarla sacramentalmente. En segundo lugar, porque la Eucaristía servirá para descubrir al enfermo, tentado de encerrarse egoístamente en sí mismo, el sentido de comunión total con Dios y los hombres que Cristo da a la vida.

79. La celebración de la Eucaristía en los hospitales tiene lugar en momentos y lugares diversos. Cada uno requiere una preparación adecuada, en la medida de lo posible se ha de procurar que los enfermos asistentes, los médicos, enfermeras y familiares presentes participen activamente en la celebración.

80. Algunos enfermos, que no pueden participar en la celebración de la Eucaristía por razones de salud, sienten la necesidad de recibir el Pan de la Palabra y el Pan que da la Vida. ( Cf. CEC. 1348- 1355)

81. Desde los primeros siglos la comunidad cristiana se ha preocupado de lleva' al enfermo la Palabra proclamada en la Asamblea y el Cuerpo de Cristo. No se olvide que el fin primario y principal de la reserva eucarística consiste en la posibilidad de llevar la comunión a los enfermos que no han podido participar en la Misa. (Cf. CEC No 1380)

82. Se ha de procurar, en la medida de lo posible, que la distribución de la Comunión revista el carácter de una verdadera celebración de fe. Por ello ha de:

  • estudiar los métodos adecuados para responder a las necesidades de los enfermos, respetar el sacramento y permitir al agente la libertad y la Creatividad suficientes en su celebración;
  • dar la comunión en un contexto de presencia humana y de oración;
  • dar la comunión sin prisas ni rutina, buscando la frecuencia y las modalidades que permitan una celebración digna, sirviéndose de los medios mí convenientes para ayudar al enfermo a prepararse y dar gracias;
  • escoger el momento más oportuno para el enfermo, evitando la coincidencia con otros servicios, con el fin de que disponga de un momento de calma suficiente para acoger el don que recibe y para la plegaria personal. (Cf. CEC: Nos. 1384-1390).

83. Se dará la comunión a quienes la soliciten personalmente v por medio de sus familiares, pero no se ofrecerá la comunión a las personas que, por diversos motivos, no parecen convenientemente dispuestas para recibirla. Por respeto a la fe y a la práctica religiosa del enfermo, no presionará indebidamente recibir cada día la comunión a personas que tan sólo la reciben ocasionalmente. Urgente es reestructurar los grupos ya existentes de ministros extraordinarios de la comunión eucarística para lograr una mejor y mi personalizada celebración.

84. El Viático es el sacramento específico para los enfermos que viven la última fase de su existencia; marca la última etapa de la peregrinación del cristiano iniciada en su bautismo; es el sacramento del tránsito, del paso de la muerte a la vida; es la espera, iluminada por la presencia privilegiada de Cristo, del cumplimiento del misterio de la muerte y resurrección de cada uno de nosotros. No se trata de la última comunión recibida por el enfermo antes de morir, sino más bien de una comunión en la que el enfermo, asumiendo en la fe su camino hacia la muerte como paso con Cristo hacia la vida, se pone en las manos del Padre. Por ello debe recibirlo en plena lucidez. Transformar este ideal en realidad cotidiana es uno de los desafíos con que se enfrenta hoy el trabajo pastoral en los hospitales. (Cf. CEC. No 1524-1525).

3.3 UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

85. Más que cualquier otro sacramento, la Unción de los Enfermos es fuente de paz y confianza. El Señor le concede al enfermo, el auxilio para vivir su enfermedad y su restablecimiento conforme al sentido de la fe. La dimensión comunitaria es un rasgo esencial en todo sacramento. Por ello, el sacerdote procurará evitar que la celebración de la Unción sea un acto solitario, realizado entre la indiferencia de los que cuidan al enfermo. La presencia de Cristo junto al enfermo, actualizada por el sacramento, se ha de hacer visible por la presencia significativa de los que le rodean y, cuando sea posible, de su comunidad cristiana de origen. El agente de Pastoral de la Salud ha de ayudar al enfermo, a sus familiares y al personal de salud, especialmente al de enfermería a descubrir las necesidades espirituales del enfermo para que en el tiempo propicio pueda celebrar la Unción como un acto libre y responsable. (Cf. CEC. No. 1503 -1504 CRISTO MEDICO y Nos. 1520- 1523 los efectos de la celebración y los sacramentos).

4. LA ATENCIÓN PASTORAL A LOS ENFERMOS GRAVES Y MORIBUNDOS

86. La atención pastoral a los enfermos graves y moribundos ha de ser hoy una de las actividades prioritarias del servicio de asistencia religiosa y pastoral. Hay que ayudar al enfermo, a cada enfermo, a morir con dignidad y al enfermo cristiano a morir en Cristo. Esto no puede hacerse a distancia; hay que acercarse al moribundo, conocer e identificar sus necesidades espirituales y procurar atenderlas.

87. El enfermo moribundo necesita curar las heridas causadas por la toma de conciencia de la propia finitud y "pobreza": miedo, angustia, sensación de impotencia y de abandono, desesperación ante lo desconocido. El agente de pastoral tiene la posibilidad de poner bálsamo en estas heridas del espíritu haciéndose presente, próximo y participe en el drama que vive el enfermó! percibiendo su estado de ánimo, acompañándole en silencio y permitiendo que exprese sus sentimientos y reacciones (Cf. CEC. No. 1523).

88. El agente de Pastoral de Salud ha de unirse al enfermo en la búsqueda de dicho sentido, sin imponer su punto de vista. Su estilo de presencia profundamente respetuosa y comprensiva con el enfermo, puede ser para éste un fuente de sentido.

89. El moribundo tiene una profunda necesidad de reconciliación. La mirada su pasado y el descubrimiento de sus fallos puede despertar en él sentimientos de culpabilidad, hacerle difícil aceptar sus errores pasados y reconocer sus buenas acciones.

90. El agente de Pastoral de Salud ha de ayudar al enfermo a mirar su vida con la misma mirada del Señor, una mirada de aceptación y perdón. Esto 14 permitirá sentirse aceptado y aceptarse, sentirse perdonado y perdonar a los demás, estar en paz consigo mismo y con Dios. Esta reconciliación ayo da al moribundo a despedirse de la vida presente y aproximarse a la resurrección en Cristo Jesús (Cf. CEC: Nos. 1005 -1014).

91. Al presente esta atención de emergencia, especialmente a los enfermos en "periculo mortis" la ha desarrollado en gran parte y en forma eficaz y heroica al Servicio de Auxilio Nocturno Espiritual ( SANE), sin embargo debemos replantear las acciones y estrategias de este servicio, de manera que sea u' servicio eficiente en la Arquidiócesis de México a partir de la Parroquia y de Vicaria Episcopal.

5. LA ATENCIÓN PASTORAL A LAS FAMILIAS DE LOS ENFERMOS

92. Toda persona normalmente vive en una familia y de ella recibe valiosa ayuda. Cuando cae enferma, la familia se ve afectada, a veces profundamente y necesita por ello, atención y apoyo. En determinados casos lo necesita tanto o más que el propio enfermo: cuando éste es un quemado grave aislado en zona estéril, o está en coma durante períodos prolongados, o se trata de un niño, o es alguien que ha sido desahuciado, que se está muriendo o que se acaba de morir.

93. Desde el principio lo hemos enunciado y ahora lo corroboramos, los agentes de pastoral de salud han de procurar estar cercanos a las familias de los enfermos, tener presentes sus necesidades, especialmente las espirituales y ofrecerles la atención pastoral que precisen en cada momento. Han de contar con su valiosa ayuda a la hora de prestar la asistencia religiosa al enfermo. (Cf. DGS. No. 57).

94. En la etapa que precede a la muerte, el agente de Pastoral de Salud ha de ayudar a la familia a afrontar la situación, a prepararse para la separación con esperanza, aceptando sus reacciones, posibilitándole su expresión, caminando a su lado con profundo respeto y ofreciéndole los recursos de la fe. (Cf. DGS. No. 124).

95. Los momentos que siguen a la muerte de un ser querido son especialmente significativos para la familia y constituyen un espacio privilegiado y delicado para la pastoral. El agente que es sensible, que está atento al estado de animo de los familiares y se acerca con un rostro humano dando expresión a la voz del corazón, puede ofrecer a la familia ayuda inestimable. Hay voces en que una oración serena y sentida será la ayuda mejor para la familia. Otras, será un abrazo, un apretón de manos o la sola presencia física (Cf. DGS. No. 68).

VIVENCIAS DE LA MISERICORDIA HACIA LOS ENFERMOS
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II. EL GRAN RETO PASTORAL: LOS HOSPITALES EN LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO
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