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Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la Misión Permanente en la Arquidiócesis de México -Subsidios para Misión-

Orientación Pastoral acerca de la Formación de Agentes Laicos para Acciones Específicas
V. Hacia la Unidad de Criterios para los Centros de Formación

Determinación

27. A fin de propiciar con diligente solicitud una respuesta a tan apremiante necesidad, es mi deseo y determinación que, bajo la responsabilidad de los Vicarios Territoriales, en todas y cada una de las Vicarías se consoliden y estructuren más formalmente o se establezcan, donde no los haya, algunos centros de formación de fieles cristianos laicos para atender los diversos campos específicos y las diversas tareas apostólicas de esta Arquidiócesis, con las necesarias garantías de criterios, contenidos, programas, organización y recursos indispensables, de tal manera que tales centros puedan llegar a ser oficialmente reconocidos como aptos para cumplir con esta misión. Podrán erigirse en el ámbito de la parroquia, del decanato o de la vicaría, según las necesidades concretas y las posibilidades reales. Los Organismos diocesanos promoverán, en el nivel de la Arquidiócesis y en forma subsidiaria, los centros y servicios que se requieran. Será necesario partir de las experiencias existentes, que significan un estímulo para conjuntar esfuerzos al servicio de las mismas, o para lanzarse a nuevas iniciativas.

Programas de Formación

28. Los programas de formación en los diversos centros deben estructurarse en torno a las dos fases o dimensiones necesarias del proceso formativo de los agentes evangelizadores que se requieren en la pastoral de nuestra Arquidiócesis: una fase de formación apostólica general, que es necesaria para todos los agentes y prepara para un servicio apostólico no diferenciado, particularmente en el ámbito territorial, sobre todo, de la parroquia; y otra fase de formación apostólica especifica o diferenciada que supone lo anterior y prepara a los evangelizadores para una misión en los múltiples ambientes culturales.

29. La formación de agentes para la sola pastoral territorial no es suficiente para una evangelización profunda de todos los destinatarios. Ciertamente, la común acción apostólica en un territorio determinado toca también áreas sectoriales y de ambientes, pero no lo hace con aquella fuerza que pudiera penetrar y transformar la realidad de las personas y la sociedad con los valores del Reino. Por eso muchos de los grupos humanos de los que antes he hablado, están clamando por un mensaje nuevo que responda a su realidad y una acción nueva que llegue a la raíz de su vida, de sus problemas y esperanzas, es decir, por una Nueva Evangelización. Este anhelo no dejaría de ser utópico sin apóstoles formados para evangelizar las diferentes culturas.

Centros de Formación

30. La formación general es imprescindible y, de hecho la mayor parte de los centros y programas existentes responden a ella; sin embargo, la más grande carencia y, por eso, el deber principal de este momento es el establecimiento o impulso de aquellos centros que garanticen mejor la formación específica para ambientes, sectores y tareas pastorales.

31. Las Vicarías y decanatos han coordinado hasta ahora, casi siempre, acciones pastorales territoriales, no así acciones sectoriales y de ambientes. Pido a los Vicarios Episcopales Territoriales y a los Decanos que den un paso más y constituyan o fortalezcan centros decanales de formación de agentes laicos para acciones específicas, escogiendo en cada decanato una o algunas líneas pastorales orientadas a los ambientes de mayor urgencia entre tantos posibles. Por ello los exhorto a unir, con la coordinación del decano, experiencias, personal y recursos de diversas parroquias e instituciones, especialmente las comprometidas en el mismo trabajo sectorial o ambiental, que se conviertan en núcleos aglutinadores del esfuerzo de conjunto de presbíteros, miembros de la vida consagrada y dirigentes de organismos laicales, para que juntos puedan iluminar y unificar sus criterios, elaborar los programas, orientar y acompañar las prácticas formativas de los agentes laicos, en una permanente y enriquecedora corresponsabilidad eclesial.

32. Para esto es necesario enfrentar no pocas dificultades y perseverar en la conversión individual y comunitaria, superando el individualismo en el trabajo pastoral y las visiones eclesiológicas reduccionistas que han transformado las parroquias en islotes. Sólo así se abrirán nuevos horizontes a la pastoral arquidiocesana.

33. Los programas de todos los centros deberán tener un núcleo común de elementos de formación teórica y práctica necesaria para todos los agentes laicos, en los niveles básico, intermedio y avanzado. Pero, además, a lo largo de proceso formativo y particularmente en la etapa avanzada, los programas habrán de integrar aquellos elementos que se requieran para una formación y capacitación específica de los agentes destinados a una acción apostólica diferenciada. Algunos centros podrán ofrecer programas para un solo nivel de formación o un programa especializado para un determinado campo pastoral.

34. En los diversos centros podrán tenerse cursos ordinarios, cursos de verano, semanas de actualización y otras iniciativas, que vayan ofreciendo respuestas a las ingentes necesidades de formación.

35. Los contenidos de los programas, la pedagogía metodología, la organización y administración práctica para todo el proceso de la formación y para los centros mismos, deberán ser objeto de un cuidadoso estudio, con sólidos criterios teológicos, pastorales, pedagógicos y prácticos, y constantemente actualizados con revisiones oportunas.

Encomienda

36. Encargo a la Vicaría de Pastoral, en unión con la Vicaría de Lacios, la asesoría permanente de todo este proyecto, con el acuerdo y en coordinación con los Vicarios Episcopales Territoriales y los Decanos, los cuales tienen la responsabilidad inmediata de la aprobación y el recto y eficaz desempeño de los diversos centros, entre los que pongo de relieve aquellos que han de impartir la formación especializada de los evangelizadores laicos.

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