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Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Instrucción Pastoral sobre la Promoción Vocacional Sacerdotal en la Arquidiócesis de México

LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO NECESITA HOY MÁS SACERDOTES

INTRODUCCIÓN

"LA MIES ES MUCHA Y LOS TRABAJADORES POCOS" (Mt 9, 37)

1. Las Vocaciones sacerdotales son la esperanza de la Iglesia en orden a su consistencia institucional y a su eficacia pastoral y espiritual.

2. Ante la necesidad de sacerdotes, surge la urgencia de intensificar la Promoción Vocacional, que dé respuesta a los nuevos desafíos y que favorezca la creación de una cultura vocacional en la ciudad de México.

3. El interés que se le debe dar a las vocaciones, emerge del valor excepcional que toda vocación sagrada lleva consigo, proyectado hacia el vasto campo de nuestra Arquidiócesis Primada.

4. La llamada vocacional es dirigida a todos, pero especialmente a los jóvenes que viven en nuestra ciudad capital, jóvenes que pertenecen a diferentes grupos juveniles parroquiales, que asisten a Misa, que están en Colegios particulares y en otros ambientes diversos insertados en una cultura religiosa principalmente.

5. Todos los ministros consagrados estamos llamados a trabajar en conjunto y hacer caso a lo que el mismo Jesús ordenó."Rogad al Dueño de la mies, que envíe obreros a su mies" (Mt.9,38), de manera especial en la Arquidiócesis de México.

6. Al empezar una nueva aurora en la Iglesia, tenemos que ser conscientes, de la labor importante y necesaria de los fieles laicos en la Promoción Vocacional; por tal motivo, esforcémonos por formar "Grupos parroquiales Serra" para impulsar el trabajo de los laicos en nuestras Parroquias, Decanatos, Vicarías e instancias especializadas en dicho campo. Es por esto que envío esta exhortación.

I. REALIDAD DE NUESTRA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

A) REALIDAD SOCIOCULTURAL

7. El ambiente sociocultural en la ciudad de México y zona conurbada a la vuelta de treinta años se ha transformado radicalmente.

8. El tipo de jóvenes que resultan del estilo familiar actual (aumento de madres solteras, separaciones, divorcios, familia informal, internados, cuasi niños de la calle), del sistema educativo nacional (cambios de reformas educativas por sexenios; de orientación tecnológica, con desaliento a un humanismo) y de una cultura hedonista y superficial, resultado de los "Mass Media", es más vulnerable a los embates sociales, dispersos en las tendencias culturales y frágiles de voluntad ante una opción permanente de vida.

B) REALIDAD ECLESIAL

9. La proliferación de los movimientos eclesiales que cultivan hoy la vida cristiana del joven tienden a ser extra-parroquiales, en donde se guían por "sacerdotes de movimiento" y no por un pastor parroquial, esto puede provocar un desarraigo de su comunidad y atarse a movimientos y escuelas.

10. Entre Presbiterio y Seminario, si bien hay comunicación y presencia, hay estilos heterogéneos en los criterios de formación sacerdotal, creando así una desarticulación de esfuerzos.

11. En la ciudad de México con un ambiente urbanizado y materializado no existe una cultura cristiana comprometida y por ende es más difícil el surgimiento de vocaciones sacerdotales.

12. El Párroco en general no valora suficientemente la Pastoral juvenil, no hay promoción del joven, por tanto no facilita la Promoción Vocacional.

C) PROCESO EN LA FORMACIÓN DEL SEMINARIO

13. El Seminario en su Reforma Postconciliar ha pasado de un predominio en la formación humana, académica y espiritual a un enfoque pastoral (60'-70's) que responda a nuevos desafíos: aspectos humanos, espirituales y psicológicos (80'-90's); se ha recurrido a otras dimensiones: familias, Parroquias, calle y mundo cibernético fuera del recinto de internado.

14. Por otro lado, le ha interesado más promover la vocación entre los jóvenes de Preparatoria y Universidad que entre de los grados inferiores de nivel secundaria. Ahora son más frecuentes las vocaciones de profesionistas, teniendo como resultado un ambiente plural que alienta una vida cristiana enriquecida en sus principios y en su práctica.

II. LA IMPORTANCIA DE LA VOCACIÓN SACERDOTAL

15. La Iglesia desde su nacimiento en Pentecostés se ha reconocido portadora del mensaje de salvación y continuadora de la obra de Jesucristo. En ella se prolonga la Historia de la Salvación desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento.

16. La Iglesia es el espacio privilegiado de la salvación de la humanidad, porque experimenta siempre la asistencia del Espíritu Santo, se siente acompañada por el mismo Jesús Resucitado, Pastor Supremo de los fieles, el Buen Pastor (Jn 10, 11). Este pastoreo se realiza a través del ministerio de los Obispos, sucesores de los Apóstoles, y de los Presbíteros, sus colaboradores.

17. Sin sacerdotes la Iglesia no podría vivir aquella obediencia fundamental que se sitúa en el centro mismo de su existencia y de su misión en la historia, a saber, la obediencia al mandato de Jesús "Id pues, y haced discípulos a todas las gentes" (Mt.28,19) y "Haced esto en conmemoración mía" (Lc 22, 18 cfr. I Cor 11,24), es decir, el mandato de anunciar el Evangelio y renovar cada día el Sacrificio de su cuerpo entregado y de su sangre derramada.[1]

18. Jesucristo es el Único y Eterno Sacerdote, mediador por excelencia entre Dios y los hombres, cuyo sacerdocio está enraizado en su mismo ser, verdadero Dios (Heb 7, 27). Por tanto, el sacerdocio cristiano, tanto bautismal como ministerial, sólo tiene consistencia en su relación con Cristo.

19. El Sacerdote ordenado es, en la Comunidad cristiana y para el mundo, el Sacramento de Cristo Sumo Sacerdote y Buen Pastor.

20. El sacerdocio ministerial no es un privilegio ganado, no es un mérito adquirido por cuenta personal, es una llamada, una vocación (vocatio=llamada). Dios elige al que quiere por pura gratuidad.

21. Llama algunos individuos para una misión concreta como llamó, en la antigüedad, a Abraham, Moisés y a los Profetas; así Jesús llama a algunos a su seguimiento para identificarse con El de manera particular.

22. La vocación en sentido amplio indica la llamada a cada hombre a la salvación por parte de Dios, "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (Tim 2, 4).

23. Toda vocación personal tiene cuatro elementos.[2]

  • La Llamada. Es Dios quien tiene la iniciativa y marca la vida del elegido.
  • La Misión. Es llamado para desempeñar una tarea específica y especial.
  • La Respuesta. El hombre tiene que responder poco a poco por el don de la gracia.
  • La Consagración. Es la garantía de que el Señor sostiene al elegido en su misión.

La Revelación de Dios es siempre auto-comunicación que desborda nuestras posibilidades y previsiones.

24. Por otro lado, es el amor lo que determina que la fe sea operante y que el conocimiento de la Revelación se traduzca en obras. Es decir, que la respuesta del llamado tendría que estar fundamentada en un amor de donación, es una respuesta de amor generoso.

25. El candidato al Sacerdocio debe estar dispuesto para una entrega total y definitiva a Jesucristo y a su servicio para ser su presencia y mediación.

26. Toda vocación se concede en la Iglesia y mediante ella, porque fue voluntad de Dios santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sino construyendo un Pueblo.[3]

27. El modo de la llamada de Dios pasa necesariamente por la vivencia de una comunidad, porque Cristo está presente en ella. Dios llama personalmente a sus elegidos, no para un servicio individual sino comunitario.

28. El llamado al ministerio sacerdotal deberá incrementar su sentido de Iglesia, buscará ser disponible a la caridad pastoral y fortalecerá su espíritu de obediencia, virtudes necesarias para el servicio a la Iglesia, abrazando además el celibato por el Reino de los cielos, como un don para vivirse con alegría.

29. La elección divina, regularmente, se manifiesta por signos. No es común que Dios revele directamente su voluntad. Los signos se manifiestan en el contexto de una vida espiritual normal de: sacramentalidad, oración, espíritu de servicio, crecimiento en la fe, participación en la vida parroquial y un deseo fuerte de servicio.

30. Como conclusión podemos decir que el Sacerdocio ministerial y, concretamente el diocesano, se centra en una profunda espiritualidad de configuración con Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, Buen Pastor; el cual se vive en íntima relación con el Obispo Diocesano, en fraternidad Presbiteral y ejerciendo la función de Cabeza de la Comunidad cristiana. Todo esto para la santificación del Pueblo de Dios.

III. EXPRESIÓN DE UNA FE ADULTA EN LA ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

31. Al contemplar la realidad de la Arquidiócesis de México, bien podemos decir que las tres situaciones de la Misión evangelizadora (Misión Ad Gentes, Actividad o atención pastoral de la Iglesia y Nueva Evangelización [Rm 33]), están presentes de una u otra forma, ya que en ella encontramos expresiones de una Iglesia madura y adulta, pero todavía en un proceso de crecimiento en la fe, por lo que se vio la necesidad ya desde hace varios años de una Nueva Evangelización.

32. En el Organigrama de la Arquidiócesis de México, aparecen todas las dimensiones pastorales que debemos tener presentes y activas, garantizando de este modo el proceso de crecimiento de la misma.

33. Sin el deseo de privilegiar una pastoral sobre otra, es necesario concientizarnos todos en la urgencia de que la Pastoral Vocacional exige ser acogida, sobre todo hoy, con nuevo, vigoroso y más decidido compromiso por parte de todos los miembros de la Iglesia, con la conciencia de que no es un elemento secundario o accesorio, ni un aspecto aislado o sectorial, como si fuera algo parcial, aunque importante, de la Pastoral global de la Iglesia.

34. Los padres sinodales dicen que se trata de una actividad íntimamente insertada en la Pastoral general de cada Iglesia particular, de una atención que debe integrarse e identificarse plenamente con la llamada "cura de almas" ordinaria, de una dimensión connatural y esencial de la Pastoral eclesial, o sea, de su vida y de su misión.[4]

35. Siguiendo las orientaciones del Papa Juan Pablo II, es necesario que nuestra Iglesia Arquidiocesana, le dé el lugar justo a la Pastoral Vocacional Sacerdotal, ya que la Iglesia desde sus inicios, ha continuado con su Misión de responder a sus diferentes necesidades, particularmente de aquellas que derivan del Sacramento del Orden.

 
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