LA
PARROQUIA,
COMUNIDAD PARA TODOS
Plan
pastoral 2003
INTRODUCCIÓN
LA FUERZA RENOVADORA DE LA MISIÓN
Hermanas
y hermanos,
1.
Con toda su fuerza profética sigue resonando la invitación
dirigida por S. S. Juan Pablo II a la Iglesia entera en los inicios
del nuevo milenio: tenemos que alcanzar un renovado impulso de la vida
cristiana, apoyado en la conciencia de la presencia de Cristo resucitado
entre nosotros (Cf. NMI, 29).
2. En un clima de fe participamos en la V visita del Santo Padre Juan
Pablo II: Juan Diego y los mártires de Cajonos fueron inscritos,
como santo y como beatos, en la tradición viva de la Iglesia.
Este acontecimiento ha puesto de manifiesto lo central de la tarea pastoral,
a saber, conducir a los fieles hacia una vida inspirada en el Espíritu,
tal como lo han manifestado los santos; en efecto, la santidad constituye
el objetivo de la existencia de todo cristiano: pueblo de Dios y pastores.
3. Con alegría seguimos comprobando que el Evangelio de Jesucristo,
el Santo de Dios, es la Buena Noticia que debe ser conocida y vivida
por todos los habitantes de la ciudad de México y de esta Misión
todos somos responsables, cada uno según la propia vocación:
el sacerdote, cabeza de la comunidad a imagen de Cristo pastor; los
miembros de la vida consagrada, en cuanto testigos del Reino; los fieles
laicos llamados a ser fermento de santidad en medio de las realidades
temporales.
4. La evangelización de las culturas en la ciudad de México
propuesta por el II Sínodo diocesano tendrá a la parroquia
como enfoque central para el año 2003; volvemos así al
punto de referencia concreto de todo el actuar evangelizador en la Arquidiócesis
de México. Hablar de la parroquia es hacer referencia al espacio
comunitario donde se concretiza el plan general de la Arquidiócesis.
No se trata, pues, de un nuevo proyecto, sino de la concretización
del originario proyecto evangelizador. En un clima de oración
y discernimiento iremos depurando los criterios, programas y líneas
de acción que favorezcan la revitalización de la práctica
pastoral parroquial, según la realidad de las diversas comunidades
y personas, y con la participación de laicos y pastores en espíritu
de comunión y participación.
5. La insistencia en la tarea de cada parroquia es contemplada en el
contexto del proceso evangelizador que hemos venido recorriendo, especialmente
desde el II Sínodo diocesano, pero cuya vigencia arranca desde
la misma etapa de evangelización fundante. Inmersos como estamos
en una gran ciudad con una multiplicidad de culturas, hemos de estar
siempre atentos a los desafíos que esta sociedad plural ofrece
a la Iglesia arquidiocesana. En el constante diálogo con estas
culturas, la parroquia irá configurando los elementos nuevos
de su identidad pastoral.
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