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Vicaría      de Pastoral

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La Parroquia, comunidad para todos. Norberto Cardenal Rivera Carrera

II. DESAFÍOS PARA LA COMUNIDAD PARROQUIAL

A. Desafíos para la Iglesia local y su proceso pastoral

30. La urbe plantea a la Iglesia arquidiocesana y a cada parroquia diversos desafíos a los que tenemos que responder desde el Evangelio.

La transformación cultural

31. La ciudad capital es cada vez más pluricultural y cosmopolita. La calle, los centros comerciales y de esparcimiento, los lugares de trabajo son centros más significativos de reunión que las casas habitación. Por otra parte, nuestra gente expresa un profundo sentido religioso que impregna el ritmo de las fiestas y de la vida de las colonias y los barrios, con ricas muestras de religiosidad popular.

32. Este dinamismo de la vida urbana exige que cada parroquia promueva la coherencia evangélica en la vida de los fieles, e su organización y práctica pastoral. Además debe saber aprovechar en la evangelización la importancia que continúan teniendo diversas manifestaciones de religiosidad y piedad popular.

La flexibilidad pastoral

33. Manifestación del nuevo estilo de vida urbano es también el fenómeno de la movilidad humana. Aunque el territorio continúa siendo distintivo, la parroquia tiene su principal punto de referencia en las personas. Hay que sacar las consecuencias de esta realidad y, con audacia, poner en práctica un nuevo dinamismo de relaciones que tenga como objetivo generar procesos de evangelización y crecimiento en la fe de los diversos ambientes.

34. Enfrentar este desafío requiere de "flexibilidad pastoral", entendida como una nueva actitud y nueva práctica evangelizadora. La pastoral parroquial no puede continuar condicionada sólo por la personalidad del párroco o por los laicos de siempre, o por la consideración absolutista de los límites territoriales sin que se haga el esfuerzo de ir más adelante.

35. En los pastores significa una disposición para atender fraternalmente a todas las personas con las que entra en contacto, independientemente que vivan o no en el territorio parroquial que tiene encomendado. Los fieles reiteradamente piden una actitud más disponible de los pastores. Necesitan que la parroquia sea el lugar donde las personas se sientan acogidas, no quieren una atención burocrática o administrativa, sino encontrarse con un real interés por el bien de cada persona. Es necesario romper con la mentalidad de ofrecer sólo "servicios religiosos", para recorrer el camino de construir un ambiente comunitario que sea escuela de fe y servicio.

36. Para los agentes laicos de evangelización quiere decir adecuar la organización parroquial con una atención de horarios diversos, para los distintos destinatarios y, cuando sea necesario, personalizado. Quiere decir, además, formarse sistemáticamente para hacer presencia del Evangelio en los distintos ambientes de la realidad social donde se mueven y aprender a trabajar en complementariedad con los demás agentes de pastoral parroquial.

El lenguaje de la ciudad

37. La ciudad tiene un lenguaje muy variado. Centros de investigación y de enseñanza; polos de producción y comercio; lugares de esparcimiento y servicios urbanos diversos. Pero también posee su propio lenguaje ruidoso y sensacionalista, y poco dado a aceptar el valor del silencio. Sus habitantes lo expresan de distintos modos: el escándalo es fuente segura de noticia; paradójicamente se publicitan las debilidades aunque son consideradas como lacras sociales; los medios de comunicación tienen el poder de orientar o confundir al ciudadano en la búsqueda de la verdad.

38. Ante esta saturación de lenguaje simbólico y de imágenes debemos entrar con la propuesta concreta de los valores evangélicos, con toda la riqueza que ofrecen los recursos del Espíritu que inspiró las santas Escrituras y valiéndonos de los profesionales creyentes que se mueven en el mundo de los medios de comunicación. Asimismo debemos impulsar el lenguaje testimonial evangélico de las familias, de los jóvenes, de los profesionistas, de los servidores públicos y de cada creyente, entendido este testimonio como una vida inspirada en la fe en Jesucristo.

La continuidad en el proceso misionero parroquial

39. La falta de continuidad en el trabajo de las parroquias ha provocado desaliento en muchas comunidades y agentes laicos. Esto resta disponibilidad y entusiasmo para acciones y programas pastorales. Aún en sus limitaciones, el proceso de una comunidad merece respeto y siempre debe ser tomado en cuenta para cualquier desarrollo futuro. Para ello será muy conveniente que la parroquia tenga su plan de trabajo, que pueda ser asumido por quien sea enviado a presidir esa comunidad.

Armonía pastoral entre las parroquias

40. Venimos de una tradición que consideraba a la parroquia como un territorio autosuficiente y con un pastor que poco tenía que ver con los párrocos vecinos. Mantener una práctica pastoral con ese esquema contradice la comunión eclesial y no corresponde al dinamismo de relación que distingue a la ciudad.

41. La pastoral de conjunto exige realizar acciones en común, apreciar la riqueza de los demás, que los límites territoriales no signifiquen prácticas pastorales con criterios muy distintos y hasta opuestos entre sí. La peculiaridad de cada parroquia no se opone a vivir una armonía pastoral entre las parroquias, para dar testimonio del sentido de Iglesia diocesana. La pastoral orgánica es todavía una meta por alcanzar.

La paciencia apostólica

42. Es frecuente que cuando los agentes de pastoral llegan a manifestar interés por el avance de sus parroquias quieran obtener resultados inmediatos y que todos caminen al mismo ritmo.

43. La diversidad de carismas, los procesos de crecimiento en la fe de personas y de grupos pide al párroco y a sus principales colaboradores saber conjugar el plan de pastoral con la diversidad de respuestas, que también están condicionadas por diversos factores del ambiente o de situaciones personales.

La atención pastoral básica

44. No valoramos suficientemente el trato cercano y amigable que los pastores debemos mostrar hacia los fieles. Ocupaciones periféricas o necesidades urgentes nos hacen perder de vista aspectos básicos de la pastoral como: presencia para atender a los propios fieles, celebración digna de los sacramentos, meditación sencilla de la Palabra, fomentar la centralidad eucarística de toda acción evangelizadora, espacios de acogida para los grupos, formación de la propia comunidad a través de la predicación y seguimiento cuidadoso de la maduración de los agentes para acciones específicas.

45. Clarificar el trabajo básico de una parroquia ayudará a los pastores y a los fieles comprometidos en la aplicación de los recursos, humanos y materiales, de acuerdo con las prioridades, para las acciones pastorales que no pueden estar ausentes. Hay que evitar caer en una "pastoral de eventos", que mantiene a todos ocupados, pero que sólo genera acciones aisladas que no conducen a un proceso evangelizador.

46. La definición en los programas de la pastoral parroquial básica y la consolidación de un grupo significativo de agentes, sustentados por el Consejo de Pastoral, serán elementos que hagan posible el crecimiento orgánico de la comunidad parroquial.

B. Aspectos de la pastoral actual que han de evolucionar

Caminar hacia los ministerios

47. La maduración de una comunidad cristiana que emprende el proceso de evangelización, proclamando el primer anuncio, acompañando los procesos de reiniciación cristiana y ofreciendo la catequesis adecuada a los distintos grupos de la comunidad, desemboca siempre en el apostolado. Este caminar pide a la comunidad discernir y madurar los diferentes carismas sembrados por el Espíritu, encauzándolos a los diversos servicios que respondan a las necesidades existentes.

48. Siempre es saludable favorecer la participación de un número mayor de miembros de la comunidad, otorgándoles oficialmente responsabilidades definidas y estables. Quien ejerce algunos de estos servicios, madura su adhesión a Cristo, colaborando en el fortalecimiento de la Iglesia.

La parroquia espacio donde confluyen los carismas

49. Los carismas tienen un camino de desarrollo en las diversas agrupaciones o movimientos laicales. La presencia de estos grupos es riqueza para la comunidad eclesial. En la parroquia debe existir un reconocimiento y apoyo a las organizaciones laicales para que su patrimonio espiritual y pastoral se complemente con los otros carismas presentes en la comunidad parroquial al servicio de la evangelización. La oración en común y el diálogo sobre el contenido del plan pastoral diocesano son medios de acercamiento para lograr un trabajo de conjunto.

El testimonio de la Vida Consagrada para el proceso diocesano

50. La participación de la vida consagrada en el proceso pastoral arquidiocesano es indispensable. Son numerosos los ambientes de la ciudad donde los consagrados hacen presente el Evangelio y es considerable el número de comunidades parroquiales que se ven favorecidas por su participación en acciones pastorales específicas. Busquemos constantemente el acercamiento y la comunión pastoral con las personas y Comunidades de Vida Consagrada que son parte viva de la Iglesia diocesana.

Las Comunidades de Vida Contemplativa y la acción pastoral

51. Las Comunidades de Vida Contemplativa son una riqueza para la Iglesia arquidiocesana y un apoyo eficaz para los agentes de evangelización. Su testimonio ha sido y es motor para la acción misionera de la Iglesia, e inspiración para recurrir constantemente a la Eucaristía, fuente de donde proceden todos los dones y la eficacia de nuestras acciones. Además, la presencia de los hermanos y hermanas de Vida Contemplativa son la memoria de la Iglesia que nos remite a nuestra vocación definitiva en el Reino.

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