II.
DESAFÍOS PARA LA COMUNIDAD PARROQUIAL
A.
Desafíos para la Iglesia local y su proceso pastoral
30. La urbe plantea a la Iglesia arquidiocesana y a cada parroquia diversos
desafíos a los que tenemos que responder desde el Evangelio.
La transformación cultural
31. La ciudad capital es cada vez más pluricultural y cosmopolita.
La calle, los centros comerciales y de esparcimiento, los lugares de
trabajo son centros más significativos de reunión que
las casas habitación. Por otra parte, nuestra gente expresa un
profundo sentido religioso que impregna el ritmo de las fiestas y de
la vida de las colonias y los barrios, con ricas muestras de religiosidad
popular.
32. Este dinamismo de la vida urbana exige que cada parroquia promueva
la coherencia evangélica en la vida de los fieles, e su organización
y práctica pastoral. Además debe saber aprovechar en la
evangelización la importancia que continúan teniendo diversas
manifestaciones de religiosidad y piedad popular.
La flexibilidad pastoral
33. Manifestación del nuevo estilo de vida urbano es también
el fenómeno de la movilidad humana. Aunque el territorio continúa
siendo distintivo, la parroquia tiene su principal punto de referencia
en las personas. Hay que sacar las consecuencias de esta realidad y,
con audacia, poner en práctica un nuevo dinamismo de relaciones
que tenga como objetivo generar procesos de evangelización y
crecimiento en la fe de los diversos ambientes.
34. Enfrentar este desafío requiere de "flexibilidad pastoral",
entendida como una nueva actitud y nueva práctica evangelizadora.
La pastoral parroquial no puede continuar condicionada sólo por
la personalidad del párroco o por los laicos de siempre, o por
la consideración absolutista de los límites territoriales
sin que se haga el esfuerzo de ir más adelante.
35. En los pastores significa una disposición para atender fraternalmente
a todas las personas con las que entra en contacto, independientemente
que vivan o no en el territorio parroquial que tiene encomendado. Los
fieles reiteradamente piden una actitud más disponible de los
pastores. Necesitan que la parroquia sea el lugar donde las personas
se sientan acogidas, no quieren una atención burocrática
o administrativa, sino encontrarse con un real interés por el
bien de cada persona. Es necesario romper con la mentalidad de ofrecer
sólo "servicios religiosos", para recorrer el camino
de construir un ambiente comunitario que sea escuela de fe y servicio.
36. Para los agentes laicos de evangelización quiere decir adecuar
la organización parroquial con una atención de horarios
diversos, para los distintos destinatarios y, cuando sea necesario,
personalizado. Quiere decir, además, formarse sistemáticamente
para hacer presencia del Evangelio en los distintos ambientes de la
realidad social donde se mueven y aprender a trabajar en complementariedad
con los demás agentes de pastoral parroquial.
El lenguaje de la ciudad
37. La ciudad tiene un lenguaje muy variado. Centros de investigación
y de enseñanza; polos de producción y comercio; lugares
de esparcimiento y servicios urbanos diversos. Pero también posee
su propio lenguaje ruidoso y sensacionalista, y poco dado a aceptar
el valor del silencio. Sus habitantes lo expresan de distintos modos:
el escándalo es fuente segura de noticia; paradójicamente
se publicitan las debilidades aunque son consideradas como lacras sociales;
los medios de comunicación tienen el poder de orientar o confundir
al ciudadano en la búsqueda de la verdad.
38.
Ante esta saturación de lenguaje simbólico y de imágenes
debemos entrar con la propuesta concreta de los valores evangélicos,
con toda la riqueza que ofrecen los recursos del Espíritu que
inspiró las santas Escrituras y valiéndonos de los profesionales
creyentes que se mueven en el mundo de los medios de comunicación.
Asimismo debemos impulsar el lenguaje testimonial evangélico
de las familias, de los jóvenes, de los profesionistas, de los
servidores públicos y de cada creyente, entendido este testimonio
como una vida inspirada en la fe en Jesucristo.
La continuidad en el proceso misionero parroquial
39. La falta de continuidad en el trabajo de las parroquias ha provocado
desaliento en muchas comunidades y agentes laicos. Esto resta disponibilidad
y entusiasmo para acciones y programas pastorales. Aún en sus
limitaciones, el proceso de una comunidad merece respeto y siempre debe
ser tomado en cuenta para cualquier desarrollo futuro. Para ello será
muy conveniente que la parroquia tenga su plan de trabajo, que pueda
ser asumido por quien sea enviado a presidir esa comunidad.
Armonía
pastoral entre las parroquias
40. Venimos de una tradición que consideraba a la parroquia como
un territorio autosuficiente y con un pastor que poco tenía que
ver con los párrocos vecinos. Mantener una práctica pastoral
con ese esquema contradice la comunión eclesial y no corresponde
al dinamismo de relación que distingue a la ciudad.
41. La pastoral de conjunto exige realizar acciones en común,
apreciar la riqueza de los demás, que los límites territoriales
no signifiquen prácticas pastorales con criterios muy distintos
y hasta opuestos entre sí. La peculiaridad de cada parroquia
no se opone a vivir una armonía pastoral entre las parroquias,
para dar testimonio del sentido de Iglesia diocesana. La pastoral orgánica
es todavía una meta por alcanzar.
La paciencia apostólica
42. Es frecuente que cuando los agentes de pastoral llegan a manifestar
interés por el avance de sus parroquias quieran obtener resultados
inmediatos y que todos caminen al mismo ritmo.
43. La
diversidad de carismas, los procesos de crecimiento en la fe de personas
y de grupos pide al párroco y a sus principales colaboradores
saber conjugar el plan de pastoral con la diversidad de respuestas,
que también están condicionadas por diversos factores
del ambiente o de situaciones personales.
La
atención pastoral básica
44. No valoramos suficientemente el trato cercano y amigable que los
pastores debemos mostrar hacia los fieles. Ocupaciones periféricas
o necesidades urgentes nos hacen perder de vista aspectos básicos
de la pastoral como: presencia para atender a los propios fieles, celebración
digna de los sacramentos, meditación sencilla de la Palabra,
fomentar la centralidad eucarística de toda acción evangelizadora,
espacios de acogida para los grupos, formación de la propia comunidad
a través de la predicación y seguimiento cuidadoso de
la maduración de los agentes para acciones específicas.
45. Clarificar el trabajo básico de una parroquia ayudará
a los pastores y a los fieles comprometidos en la aplicación
de los recursos, humanos y materiales, de acuerdo con las prioridades,
para las acciones pastorales que no pueden estar ausentes. Hay que evitar
caer en una "pastoral de eventos", que mantiene a todos ocupados,
pero que sólo genera acciones aisladas que no conducen a un proceso
evangelizador.
46. La definición en los programas de la pastoral parroquial
básica y la consolidación de un grupo significativo de
agentes, sustentados por el Consejo de Pastoral, serán elementos
que hagan posible el crecimiento orgánico de la comunidad parroquial.
B.
Aspectos de la pastoral actual que han de evolucionar
Caminar hacia los ministerios
47. La maduración de una comunidad cristiana que emprende el
proceso de evangelización, proclamando el primer anuncio, acompañando
los procesos de reiniciación cristiana y ofreciendo la catequesis
adecuada a los distintos grupos de la comunidad, desemboca siempre en
el apostolado. Este caminar pide a la comunidad discernir y madurar
los diferentes carismas sembrados por el Espíritu, encauzándolos
a los diversos servicios que respondan a las necesidades existentes.
48. Siempre es saludable favorecer la participación de un número
mayor de miembros de la comunidad, otorgándoles oficialmente
responsabilidades definidas y estables. Quien ejerce algunos de estos
servicios, madura su adhesión a Cristo, colaborando en el fortalecimiento
de la Iglesia.
La parroquia espacio donde confluyen los carismas
49. Los carismas tienen un camino de desarrollo
en las diversas agrupaciones o movimientos laicales. La presencia de
estos grupos es riqueza para la comunidad eclesial. En la parroquia
debe existir un reconocimiento y apoyo a las organizaciones laicales
para que su patrimonio espiritual y pastoral se complemente con los
otros carismas presentes en la comunidad parroquial al servicio de la
evangelización. La oración en común y el diálogo
sobre el contenido del plan pastoral diocesano son medios de acercamiento
para lograr un trabajo de conjunto.
El
testimonio de la Vida Consagrada para el proceso diocesano
50. La participación de la vida consagrada
en el proceso pastoral arquidiocesano es indispensable. Son numerosos
los ambientes de la ciudad donde los consagrados hacen presente el Evangelio
y es considerable el número de comunidades parroquiales que se
ven favorecidas por su participación en acciones pastorales específicas.
Busquemos constantemente el acercamiento y la comunión pastoral
con las personas y Comunidades de Vida Consagrada que son parte viva
de la Iglesia diocesana.
Las
Comunidades de Vida Contemplativa y la acción pastoral
51. Las Comunidades de Vida Contemplativa son una riqueza para la Iglesia
arquidiocesana y un apoyo eficaz para los agentes de evangelización.
Su testimonio ha sido y es motor para la acción misionera de
la Iglesia, e inspiración para recurrir constantemente a la Eucaristía,
fuente de donde proceden todos los dones y la eficacia de nuestras acciones.
Además, la presencia de los hermanos y hermanas de Vida Contemplativa
son la memoria de la Iglesia que nos remite a nuestra vocación
definitiva en el Reino.