Visitar Sitio Web de ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

Comisinoes
Vicaria Pastoral

HOME

Mapa Sitio

Ira Contenido del Documento

Documento en PDF


  Google
Vicaría      de Pastoral

Logo de la Misión Permanente en la Arquidiócesis de México

La Parroquia, comunidad para todos. Norberto Cardenal Rivera Carrera


III. CAUCES PARA LA RENOVACIÓN PARROQUIAL

52. Al proponerles, en este tercer capítulo del documento, los cauces o líneas de acción para afianzar y dar continuidad al proceso de pastoral misionera en la Arquidiócesis, puedo repetir lo que ya dije en el Itinerario Pastoral para la Misión 2000 (No. 48): "En las Asambleas Diocesanas anteriores y en otras muchas ocasiones, hemos llegado a la conclusión de que el avance de nuestra pastoral está condicionado por la respuesta y compromiso de los Agentes, especialmente de los Presbíteros" (cfr. OT 1).

53. Hoy, después de otras tres asambleas, podemos decir algo semejante, aunque con distinto alcance, ya que la respuesta va avanzando, en número y en calidad, en lo organizativo y operativo, en lo pastoral y en la espiritualidad. En sintonía con lo dicho en la VIII Asamblea, quiero insistir en la formación de agentes ya comprometidos, y en la convocación de otros nuevos (cfr. IPM 54-55) para que se sumen a la misión que el Señor Jesús ha dejado a su Iglesia.

A. Formación de agentes laicos para la pastoral parroquial

54. Para la formación de agentes laicos ya se han dado las orientaciones generales, pero aún permanecen sin concretarse varios aspectos importantes. Esto se hace evidente cuando se verifica la irregularidad en el funcionamiento de los CEFALAEs. Expresamos fácilmente que la formación de los laicos es una prioridad, pero difícilmente se asume el compromiso que implica. Por eso, cada Vicaría, decanato y parroquia destinarán más tiempo, personas y recursos materiales para que sus centros de formación lleguen a integrarse en la pastoral como generadores de apóstoles y puntos de apoyo para que las parroquias faciliten la participación de sus miembros en la evangelización.

55. El trabajo realizado para definir el plan de formación, elaborar los programas y el marco organizativo de los centros de formación, ha tenido un significativo avance, aunque todavía debe completarse. Es conveniente retomar ese camino, clarificando qué elementos faltan y marcando tiempos para alcanzarlos. Con base en esa experiencia, para el futuro inmediato podemos considerar como guía los siguientes criterios:

56. Cada párroco motivará y acompañará la formación espiritual y apostólica de sus laicos que desean prepararse para algún apostolado, mediante el así llamado "curso propedéutico".

57. Cada decanato promoverá el funcionamiento, al menos, de un centro de formación para agentes laicos, tomando siempre como líneas fundamentales las propuestas por la Arquidiócesis.

58. Cada Vicaría realizará un acompañamiento puntual de sus CEFALAEs, estableciendo una coordinación que garantice la aplicación de orientaciones y contenidos comunes, evaluando su funcionamiento y valorando las medidas necesarias para que respondan de mejor manera a la renovación parroquial.

59. La coordinación arquidiocesana promoverá el intercambio entre las Vicarías, de modo que el plan diocesano de formación consolide y enriquezca la participación de éstas, en la elaboración de los materiales para el estudio y para las experiencias de vida espiritual y apostólica.

60. El plan atenderá las tres áreas de formación de un apóstol laico: su crecimiento como discípulo de Cristo, el conocimiento de su fe y la capacitación para insertarse como apóstol en la pastoral de conjunto.

61. Dos son los niveles de formación, a saber: el básico o fundamental y el específico o ministerial. En el segundo nivel, las comisiones arquidiocesanas y vicariales, cuya encomienda es la animación de alguna área de pastoral, tendrían que apoyar a los CEFALAEs con los programas y subsidios que les corresponden, pero adaptados al plan general, para que resulten en plena continuidad con la formación básica.

62. Hay que cuidar que el nivel y el lenguaje de la formación básica de los agentes laicos no reproduzca la formación teológica de los seminarios, ni tenga como nota predominante la preocupación académica. Debemos ubicar el alcance de esta etapa de la formación fundamental, de modo que corresponda al proceso pastoral y a un lenguaje catequético.

63. En ese mismo sentido debe avanzarse en el área espiritual. La espiritualidad del laico tiene como base la vocación y dignidad bautismales, pero posee características peculiares, distintas a la de los ministros ordenados y consagrados. Su presencia en el mundo secular requiere una sólida preparación apostólica, y la promoción de ministerios tanto para el ámbito parroquial como para todos los ambientes donde habitualmente se desenvuelven los laicos; son ellos quienes hacen presente a la comunidad creyente en los diversos ambientes donde desarrollan sus actividades. Todo este esfuerzo en la formación de los agentes laicos será un camino importante para la identificación de los ministerios apropiados a las necesidades pastorales de la ciudad.

B. Formación permanente del presbítero, Pastor y guía de la comunidad parroquial

64. Hablar de la renovación de la parroquia implica hablar del cambio de la mente y del corazón de aquel que hace cabeza en la comunidad, de tal forma que él continuamente se esté transformando con la novedad de la vida en Cristo. El Párroco ha de reavivar, permanentemente, su proceso de conversión como el servicio que le corresponde en razón del ministerio a él confiado (Cf. IPM 30). Ha de vivir dicha conversión, junto con la comunidad; ha de redescubrir y valorar la propia vocación y misión junto con los laicos (Cf. Id. 27).

65. En varias ocasiones hemos reflexionado juntos sobre estos principios y otros similares, igualmente importantes, y los hemos tenido presentes en nuestras asambleas diocesanas. Conviene recordarlos siempre y reconocer ante la comunidad que necesitamos unos de otros, para contar con parroquias cada vez más maduras en la misión pastoral y en la vida espiritual. En la VIII Asamblea se nos hacía esta propuesta: "Tener unidad de vida entre orar, pensar y actuar". Esto nos recuerda, a los pastores, lo que escuchamos el día de nuestra ordenación sacerdotal: "Considera lo que realizas, imita lo que conmemoras y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor".

66. Ahora el Señor nos hace otro llamamiento y nos da otra oportunidad para renovarnos como pastores, valiéndonos de la Instrucción "El Presbítero, Pastor y Guía de la Comunidad Parroquial", recientemente publicado por la Congregación para el Clero, en la que se nos exponen fundamentos teológicos de la vida sacerdotal y se nos ofrecen cauces para llevarlos a la práctica.

67. Pido a los señores Obispos, Vicarios episcopales, que, ayudados por las instancias arquidiocesanas y guiados por esta Instrucción, así como de otros documentos del Magisterio -sobre el tema-, organicen jornadas de estudio, oración y reflexión para que los ministros ordenados crezcan espiritualmente y respondan adecuadamente a los reclamos pastorales que se le presenten.

68. En esta misma línea, búsquese a través de un diálogo abierto con las distintas universidades católicas, la UPM y con el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos, la posibilidad de ofrecer de manera sistemática cursos de actualización teológica, espiritual y pastoral al presbiterio, inclusive con la posibilidad de alcanzar un reconocimiento académico.


Las metas de la formación permanente del Presbítero serán, entre otras:


69. a. Que haya una preocupación muy clara en cada uno de la pastores por ejercer el servicio de ser signo y constructor de unidad, atento al surgimiento y al crecimiento de apóstoles laicos, dispuesto a apoyar a los miembros de la vida consagrada, reconociendo sus carismas e integrándolos a la pastoral de conjunto.

70. b. Que la unidad se exprese en el compromiso por la pastoral de conjunto, estando dispuestos y siendo generosos para participar en los planes diocesanos y llevando a cabo programas interparroquiales.

71. c. Que nos convirtamos "al sentido de Iglesia particular" (IPM 61), "hacia la propia comunidad y en favor de la misma, como enfoque permanente de nuestra formación continua" (Id. 26); y por esta conversión, asumir la Misión permanente como opción pastoral. (cfr. CPM 47).

72. d. Que la fraternidad entre los pastores sea cada vez más sólida, de tal manera que ésta se exprese por medio de una convivencia no sólo de eventos, sino también en acciones cotidianas. Que se sigan buscando formas más estables de "vida en común", (Cf. PO No. 8). Que la preocupación de unos por otros nos lleve a compromisos más efectivos, interesándonos por el bienestar del hermano y acudiendo a él, sobre todo en situaciones difíciles.

73. e. Que los recursos, de los que somos administradores, estén siempre al servicio común, canalizándolos adecuadamente para la realización de programas pastorales, misioneros, litúrgicos, de la caridad etc. Esto implica el fiel cumplimiento de las prescripciones diocesanas en esta materia, pero también una mayor sensibilidad para superar desigualdades entre los pastores y entre las comunidades.

74. f. Que tales esfuerzos estén sólidamente apoyados en el diálogo fraterno y oportuno entre los pastores, según los distintos niveles de responsabilidad, a saber: de los presbíteros entre sí, de los presbíteros con el Obispo, de los obispos entre sí. En este espíritu de diálogo se fomentará la disponibilidad para hacer la voluntad de Dios, en donde él los llame a través de la voz de la autoridad correspondiente.

C. Promoción vocacional sacerdotal

75. Aunque estén repuntando las vocaciones sacerdotales, todavía son pocos los que anualmente ingresan al Seminario y los que son ordenados, en comparación con las necesidades pastorales.

76. Hemos de cuidar, por lo tanto, la sólida formación espiritual, humana, intelectual y apostólica de los seminaristas y la formación permanente de los sacerdotes (MP 109). Como Iglesia procuremos que la presencia de los sacerdotes entre el pueblo no sólo no venga a menos, sino que sea cada vez más fuerte y apreciada.

77. Durante las reflexiones de la VIII Asamblea Diocesana, en el grupo formado por el Consejo episcopal uno de los principales problemas que atendimos fue el de la promoción de los candidatos a la vida sacerdotal. Nos damos cuenta de la urgencia de redoblar esfuerzos en todos para que los resultados sean mejores, a plazos más o menos inmediatos. En consonancia con tales reflexiones presento los siguientes requerimientos:

78. a. Todos los agentes de pastoral, especialmente cada párroco en su parroquia, estimulados por los Vicarios episcopales, fomenten la oración por las vocaciones sacerdotales, así como otras variadas formas nacidas del interés y la creatividad, de tal manera que, al tiempo que imploramos la ayuda de Dios, alentamos la corresponsabilidad de las comunidades en el surgimiento y cultivo de las vocaciones sacerdotales.

79. b. El Rector del Seminario conciliar, en coordinación con los Promotores vocacionales, elaboren un plan sencillo encaminado a suscitar o acrecentar, especialmente en los párrocos, el interés por descubrir y cultivar los gérmenes de vocación sacerdotal que, por gracia de Dios, existen en algunos jóvenes, adolescentes o niños. Es necesario, en esta línea, distinguir la promoción vocacional sacerdotal, que es la que habrá que enfatizar en este tipo de trabajo, de la pastoral vocacional, que también ocupa un lugar muy importante en el quehacer de la Diócesis, pero que tiene otros alcances.

80. c. En la promoción vocacional para la vida sacerdotal diocesana, cada Vicaría tomará como punto de apoyo las parroquias que tengan mayor disponibilidad y capacidad de respuesta. De estas parroquias estará debidamente enterado el Vicario episcopal, para que les dé cuidadoso seguimiento.

81. d. Los superiores del Curso Introductorio y los del Seminario Menor, encabezados por el P. Rector y en coordinación con los Promotores vocacionales arquidiocesanos, preséntenme por escrito, en forma clara y sucinta, los criterios y requisitos para el ingreso de los candidatos al Seminario, mismos que difundirán entre el clero, sobre todo a través de encuentros grupales.

Ir a II. DESAFÍOS PARA LA COMUNIDAD PARROQUIAL
Ir inicio página
Ir a D. Nuevo impulso de las parroquias por su organización y planeación pastoral
loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loansloans loans loans loans loans loans loans insurance insurance mortgage mortgage