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La Parroquia, comunidad para todos. Norberto Cardenal Rivera Carrera


D. Nuevo impulso de las parroquias por su organización y planeación pastoral

82. Una de las necesidades más sentidas en VIII Asamblea diocesana, fue la de fortalecer la organización parroquial mediante una práctica de planeación progresiva y dinámica. Esto, al mismo tiempo que resulta coherente con nuestro proceso pastoral, también es un signo muy esperanzador.

83. Si asumimos que la parroquia es fundamentalmente comunidad, no podemos pensar en una comunidad desestructurada que no tendría consistencia para crecer. Para que la comunidad parroquial pueda cumplir eficazmente la tarea que le es propia es indispensable que cuente con una organización pastoral. Por su organización la parroquia se fortalece como comunidad y se hace más eficaz para evangelizar.

84. Por naturaleza toda planeación nos lleva a descubrir y a afrontar prioridades; pero esto no significa que nuestra acción deba orientarse en una sola dirección excluyendo otras. La vida de la parroquia es pluridimensional, así lo vemos en las ocho dimensiones tratadas en la VIII Asamblea diocesana. Haciendo eco de la Asamblea, quiero presentar algunas exigencias de nuestro proceso pastoral arquidiocesano.

85. a. Toda parroquia debe contar con su plan pastoral (MP 164; CPM 60-61). Este plan, según las propias características, estará centrado en las prioridades del II Sínodo y la Misión Permanente, además de que tendrá muy en cuenta el conjunto de orientaciones que presento en este documento.

86. b. En la elaboración del plan parroquial intervendrán, de forma estructurada, todos los agentes de pastoral, animados y coordinados por el Párroco con ayuda de su Consejo Pastoral. Este plan se ha de nutrir de los planes de otras instancias parroquiales, así, al mismo tiempo las ilumina y dinamiza; dígase, por ejemplo, del equipo misionero, el consejo de economía, la pastoral juvenil, la pastoral familiar, cáritas parroquial, etc.

87. No se busca tener planes elaborados con una metodología refinada ni planes complicados; sólo se necesita tener rumbos bien definidos, con metas claras, y tiempos en los que se han de alcanzar, señalando responsables de las acciones principales. La evaluación periódica será una práctica habitual. Se trata de ir entrando en la cultura de la planeación, evitando la improvisación, la repetición inconsciente, el inmediatismo. (Cf. CPM 60).

88. Los planes pastorales de cada parroquia, adecuadamente elaborados, serán un medio importante para la continuidad, tanto en la vida ordinaria, como especialmente cuando haya necesidad de cambiar al párroco. Este aspecto será atendido por las autoridades correspondientes.

89. El Vicario episcopal territorial por sí mismo y ayudado por su consejo de vicaría animará y supervisará a las parroquias para que en el transcurso de este año cuenten con un plan pastoral.

E. Revitalización de la pastoral por medio de los programas de colaboración interparroquial

90. Especialmente a partir de la Misión 2000, uno de los caminos que hemos recorrido y que va dando sus frutos, es el trabajo interparroquial. Lo he propuesto en ocasiones anteriores ( cf. IPM 43; MP 90 - 95) y ahora se trata de reafirmar dicho propósito y de seguir buscando tareas concretas, seguros de que estas acciones interparroquiales van a revitalizar nuestra pastoral tanto en su eficacia, porque unimos fuerzas, como por la espiritualidad de comunión en la que se sustentan y el testimonio de unidad que se da.

91. Es el momento de recordar que hay que fortalecer los Equipos Misioneros Decanales y los CEFALAEs. En este rubro de la formación de agentes laicos resulta muy oportuno que el decanato detecte las acciones específicas más adecuadas para las necesidades de sus parroquias y decida la formación específica correspondiente. Puede tratarse de medidas encaminadas a las acciones parroquiales ordinarias, catequesis, liturgia etc., o bien pueden ser acciones de pastoral ambiental, comercio ambulante, escuelas, hospitales etc.

92. Además del trabajo interparroquial en los decanatos, se pueden impulsar iniciativas entre parroquias que sin pertenecer al mismo decanato, tienen necesidades similares.

F. Algunos campos de la pastoral parroquial apoyados por instancias arquidiocesanas

93. La pastoral de las parroquias en la Ciudad de México es tan compleja que hace muy difícil el que cada parroquia pueda atender las necesidades que le van presentando las variadas circunstancias de las personas que se acercan a ellas o que habitan en su territorio (Cf. "Ecclesia in América" No. 41). Para avanzar en este aspecto señalo dos caminos:

94. a. Que las instancias arquidiocesanas que tiene a su cargo la pastoral de ambientes específicos, como escuelas, universidades, hospitales, reclusorios, mundo de la movilidad y otros, presenten un plan en el que se identifiquen acciones que ellas puedan realizar por sí mismas y otras en las que busquen acordar la colaboración con las parroquias.

95. b. Que las comunidades de consagrados o consagradas que realizan su apostolado en esos ambientes, no lo hagan de forma aislada, sino que ofrezcan sus experiencias en beneficio de otros grupos apostólicos. Pido a los responsables de las estructuras diocesanas y a los párrocos de los territorios correspondientes que para mutuo apoyo y en muestra de reconocimiento, busquen esos contactos. Confío en que tales comunidades estén disponibles y, cuando sea necesario, tomen la iniciativa. Con esto se irá haciendo realidad la "complementariedad de los diversos carismas" y se dará un paso importante en la pastoral de conjunto (Cf. IPM 28).

G. La práctica parroquial de la iniciación y de la reiniciación cristianas dentro del dinamismo de la pastoral arquidiocesana

96. En la visita pastoral que realicé a los decanatos y vicarías durante el año pasado y el antepasado, en repetidas ocasiones se me presentó la necesidad de una normativa para unificar la práctica de los sacramentos, especialmente en lo que se refiere a la catequesis preparatoria. De hecho las formas de proceder en este campo son muy variadas.

97. Gracias a Dios y con la participación del Senado presbiteral y de algunas Comisiones de la Vicaria de Pastoral, hemos ido dando los pasos necesarios para contar con un Directorio de Pastoral sobre los Sacramentos de Iniciación Cristiana. Indudablemente esto significará una etapa muy importante no sólo en la pastoral sacramental de nuestras parroquias, sino en la revitalización de la acción evangelizadora en general.

98. Es urgente que, por todos los medios, nos esforcemos por afrontar los desafíos que nos plantean la grande carencia de formación cristiana en las familias y el creciente fenómeno de descristianización, que se está dando entre los mismos católicos. En este contexto la reflexión de las asambleas sinodales nos dice: "La Nueva Evangelización en la Ciudad está reclamando un nuevo planteamiento, bastante a fondo, de la tarea pastoral; renovar esta pastoral con un marcado acento misionero es, sin duda, una de las exigencias más fuertes para los Agentes de la evangelización" (ECUCIM 1344).

99. Pido a todos los agentes, especialmente a los párrocos, cuiden esmeradamente la catequesis presacramental de la iniciación cristiana, tanto en sus contenidos como en el clima del que estén rodeados los momentos preparatorios a la celebración sacramental, de tal manera que todo ello propicie un crecimiento, o tal vez un despertar de la fe de las personas y de las familias que acceden a tales celebraciones.

100. Será muy beneficioso, para el fortalecimiento de la fe en nuestras comunidades, el que la catequesis y la celebración de los primeros sacramentos de la vida cristiana, estén decididamente bajo la irradiación del proceso catecumenal, tal como nos lo presenta el Ritual para la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA) y el Directorio General para la Catequesis. Esto, además, reforzará el enfoque de pastoral misionera en el que nos hemos empeñado desde hace varios años a partir del II Sínodo Diocesano.

101. Para quienes se acercan al bautismo y por tanto a los otros dos sacramentos de la iniciación cristiana siendo ya jóvenes o adultos, será necesario que vayamos ofreciendo un catecumenado cada vez más serio y formal que responda a las exigencias de un catecumenado en sentido estricto.

102. A las familias, incluyendo a los padrinos, que presentan a sus niños -menores de siete años- a cualesquiera de los tres sacramentos, habrá que inculcarles que la vida cristiana es un proceso, cuyas etapas se van marcando de modo determinante por los sacramentos. Para ellas será muy oportuno aprovechar la ocasión de introducirlas al camino de la Reiniciación Cristiana, para que redescubran el significado de ser cristianos. Esta será la forma habitual de incorporar activamente a los fieles a la Iglesia, como comunidad misionera.

103. A propósito de la pastoral sacramental me propongo, con mi Consejo episcopal retomar la costumbre de tener algunas reuniones con las diócesis vecinas que, de hecho, corresponden a la "región pastoral metropolitana circundante". El propósito será llevar a cabo un diálogo encaminado a conocer la problemática común y a la comunicación de experiencias pastorales, en favor de un mejor servicio al pueblo de Dios. Esta iniciativa servirá también para que no sólo los señores obispos, sino también las instancias diocesanas, como por ejemplo las comisiones de catequesis, de liturgia etc., fomenten una similar comunión.

H. Animación de la vida parroquial durante el Año del Rosario

104. La devoción a la Santa Madre del Hijo de Dios tiene un arraigo tan fuerte en la vida de los fieles cristianos que bien podríamos considerarla como un catecismo permanente muy útil para la evangelización. La Virgen Madre, especialmente bajo su advocación de Guadalupe, tendría que ser la óptica a través de la cual deberíamos proyectar la Misión permanente.

105. La celebración del Año del Rosario, al que nos ha convocado el Santo Padre como un llamado a intensificar la oración en y por la comunidad parroquial, puede ser un medio importante para promover la unidad de los agentes de pastoral y de los fieles alrededor del mismo objetivo. Además de fortalecer el sentido comunitario de la oración, está a nuestro alcance valorar de nuevo la práctica cristiana del rezo del Santo Rosario como forma de meditar los misterios centrales de nuestra fe. "Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor" (Rosarium Virginis Mariae, No. 1).

106. A los largo del año se requiere emprender acciones sencillas y creativas que sean expresión del trabajo pastoral de conjunto, al interno de la comunidad parroquial, y, dentro de lo posible, entre varias parroquias. Esto favorecerá el trabajo interparroquial y el hábito de nutrir con la oración la acción apostólica de los agentes de pastoral.

107. Son numerosas las advocaciones marianas en nuestras comunidades que nos dan la oportunidad durante el año de manifestar la unidad eclesial y de inculcar en los fieles la devoción maternal de María como medio singular de acercarnos más a su hijo Jesucristo.

CONCLUSIÓN

ES EL SEÑOR QUIEN CONSTRUYE LA CASA

108. Pidamos que el Espíritu infunda en todos una gran fortaleza para seguir adelante en nuestro caminar diocesano confiados en que es el Señor el que construye la casa. Con esta seguridad impregnemos de una mayor entrega el servicio cotidiano.

109. Pongamos en las manos del Señor nuestras parroquias. Dediquemos una mayor atención a ellas porque son como nuestro hogar en la fe, donde nacimos como hijos de Dios y discípulos de Cristo en los sacramentos de iniciación. Renovemos las actitudes de perseverancia y sencillez para poder convertirlas en espacios de evangelización.

110. Seamos conscientes de que dar un nuevo impulso a nuestra pastoral desde la parroquia implica un fuerte compromiso de todos. La voz de la ciudad a la que estamos llamados a testimoniar el Evangelio nos apremia. Profundicemos en la vivencia del espíritu misionero que es nuestra forma de exigencia y de respuesta para renovar nuestra Iglesia diocesana.

111. Así como San Juan Diego se convirtió en luz de Dios para los moradores de estas tierras, cumpliendo la petición de Santa María de Guadalupe de construirle una casa, así nosotros hagamos de nuestras parroquias una comunidad donde todos podamos encontrarnos con Jesús, el Señor.

Natividad del Señor, 25 de Diciembre del 2002.

+ Norberto Cardenal Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México

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