
CAMINO DE EMAÚS
Proceso de Reiniciación Cristiana
CRITERIOS GENERALES
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La Reiniciación Cristiana es un proceso intensivo de evangelización
que, a través del conocimiento y experiencia de las exigencias
fundamentales de la vida cristiana, quiere impulsar en los adultos
su conversión y adhesión a Cristo, para que decidan
insertarse en la Comunidad Eclesial como miembros comprometidos.
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La Reiniciación Cristiana se ubica en el proceso evangelizador
entre el anuncio del Kerigma, y la catequesis permanente. Representa
una "catequesis kerigmática" que algunos llaman
'precatequesis', porque inspirada en el precatecumenado, es una
propuesta de la buena nueva en orden a una opción sólida
de fe", (DGC n. 62). Se pretende dar una fundamentación
y profundidad a la primera respuesta o adhesión provocada
por el kerigma. Este cimiento es vital para el crecimiento de la
fe, pues toma en cuenta: la profesión de fe, la celebración
de los misterios, la vivencia de los valores evangélicos
y, la experiencia y compromiso comunitarios.
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El
proceso de Reiniciación Cristiana es una propuesta de carácter
misionero, que las Comunidades Parroquiales o grupos organizados
podrán utilizar como instrumento pastoral para acompañar
en su camino de fe a quienes han respondido al primer anuncio o
proclamación del kerigma en la etapa previa o de convocación.
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La
Reiniciación Cristiana es una respuesta a la realidad pastoral
de multitud de personas que han recibido los sacramentos de la iniciación
sin una adecuada evangelización, creyentes no practicantes
o, incluso bautizados no creyentes.
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El
esquema para la Reiniciación Cristiana presenta objetivos,
criterios, contenidos fundamentales y etapas paulatinas de inserción
a la Comunidad, que podrán ser adaptadas a la realidad de
parroquias, grupos o ambientes, mediante diversas modalidades, pero
manteniendo la progresión sugerida y el 'carácter
catecumenal'. Esto se traduce en un acompañamiento cercano
para quienes han aceptado colocarse en actitud de búsqueda
hacia una opción por Cristo y de participación en
su Iglesia.
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El
tiempo sugerido para la experiencia de RC será como máximo
de un año, con etapas progresivas marcadas por signos, celebraciones
litúrgicas, momentos de oración y de servicio a la
comunidad, en la medida de lo posible, relacionadas con el año
litúrgico. La constancia y perseverancia serán factores
claves, por eso es muy importante que la frecuencia de las reuniones
sea programada de acuerdo a la realidad y posibilidades de cada
comunidad.
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La
convocación a la RC se debe realizar organizando un período
de proclamación del kerigma, intencionadamente dirigido a
determinados grupos o ambientes y de forma diversificada. Este período
concluirá con una invitación a comprometerse en esta
vivencia de fundamentación cristiana.
El tiempo de la etapa previa o de convocación puede alargarse
en razón del tipo de ambiente o grupo al que se intente motivar.
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Para
que el compromiso sea tomado con seriedad, deberá anunciarse
claramente el ritmo de reuniones y la fecha de inicio y final.
Por parte de la Comunidad, es necesario prevenir un equipo de apoyo
para que el proceso se realice en todo su trayecto al cuidado de
la Comunidad.
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La
experiencia de la RC, preparará a los participantes a la
catequesis permanente, que podrá desarrollarse en un grupo
apostólico ya existente o integrando una comunidad menor
("Células vivas o pequeños grupos donde se genere,
se cultive y se testimonie la fe" ECUCIM 3683), como camino
para identificarse e integrarse más completamente en su comunidad
parroquial
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