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Vicaría      de Pastoral

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10º Encuentro
DESCUBRIMOS LA PRESENCIA DE DIOS
EN NUESTRA CIUDAD


Objetivo: que los participantes descubran algunos de los signos de la presencia de Dios en la Ciudad y se dispongan a cultivar las actitudes para favorecer reconocerlo

1. Saludo y enlace (10’)

El coordinador da la bienvenida a todos motivándolos a comentar informalmente
cómo han estado, compartiendo de tres en tres sus vivencias cotidianas.

Después, haciendo participar a todos, se recuerda el contenido del encuentro anterior y menciona el objetivo a lograr.

2. Aspectos de la vida urbana (10’)

Después de este momento de ambientación, manteniendo esos pequeños grupos, se les invita a sentarse y se les entrega alguna sección de periódico o revista que haga alusión a las diversas necesidades que viven los más pobres en la Ciudad. Se les pide que identifiquen en ese material alguna necesidad humana de la que también es partícipe su colonia o barrio, ó los lugares vecinos. Si alguno puede hacer mención de alguna familia o persona que conoce que platique brevemente la situación que enfrenta.

Se dan 10’ para este compartir inicial. Después una persona de cada grupo dice qué le hizo pensar lo que se comentó en su pequeño grupo.

3. La Palabra de Dios nos ilumina (10’)

Del Evangelio de San Mateo 25,31-46

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga el Hijo del hombre en su gloria con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda.

Entonces el rey dirá a los de su derecha: Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron en la cárcel y fueron a verme.

Entonces, le respondieron los justos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo fuiste un extraño y te hospedamos, o estuviste desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?

Y el rey les responderá: Les aseguro que cuando lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron.

Después dirá a los de su izquierda: Apártense de mí, malditos, vayan al fuego que no se apaga, preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; fui un extraño, y no me hospedaron; estaba desnudo y no me vistieron; enfermo y en la cárcel, y no me visitaron.

Entonces responderán también éstos diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, cuándo fuiste un extraño o estuviste desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te socorrimos?

Y él les responderá: Les aseguro que cuando dejaron de hacerlo con uno de estos pequeños, dejaron de hacerlo conmigo.

E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.


4. La Palabra de Dios en nuestra vida (20’)

Se pide un momento de silencio para meditar la Palabra proclamada.

El coordinador haciendo pausas dirá en voz alta las siguientes expresiones para favorecer la profundización:

  • El Señor tiene una presencia especial entre nosotros a través de los más necesitados.
  • Es una forma de llamarnos a convertir nuestro corazón para aprender a tener compasión, actitudes semejantes a las del Padre celestial.
  • Cada hermano necesitado es una oportunidad de encuentro con Cristo.
  • La necesidad del prójimo es una forma en la que el Señor nos pone en el camino de aprender a compartir.
  • La señales de una verdadera conversión es hacer nuestras las obras de misericordia.

Al terminar, se hace la siguiente pregunta para compartir:
¿A qué nuevas actitudes, personal y comunitariamente, nos llama el Señor en su Palabra?

El coordinador va enlistando los aportes en una cartulina.

5. Canto (5’)

Enseguida se entona el canto para hacer eco del mismo mensaje.

Con nosotros está
y no le conocemos.
Con nosotros está,
su nombre es el Señor (2).

Su nombre es el Señor y pasa hambre,
y clama por la boca del hambriento,
y muchos que lo ven pasan de largo
acaso por llegar temprano al templo.
Su nombre es el Señor y sed soporta,
y está en quien de justicia va sediento,
y muchos que lo ven pasan de largo
a veces ocupados en sus rezos.

Su nombre es el Señor y está desnudo
la ausencia del amor llena sus huesos,
y muchos que lo ven pasan de largo,
seguros y al calor de su dinero.
Su nombre es el Señor y enfermo vive,
y su agonía es la del enfermo,
y muchos que lo ven no hacen caso;
tal vez no frecuentaban mucho el templo.

Su nombre es el Señor
y está en la cárcel,
y está en la soledad de cada preso,
y nadie lo visita y hasta dicen:
tal vez ése no era de los nuestros.
Su nombre es el Señor el que sed tiene;
él pide por la boca del hambriento,
está preso, está enfermo, está desnudo:
pero él nos va a juzgar por todo eso.

6. Evaluación (5’)

Teniendo a la vista la cartulina con la lista de nuevas actitudes a las que nos llama la Palabra de Dios, el coordinador pregunta si se logró algún fruto de la reunión, ó ¿qué más faltaría por realizar?

7. Oración final (5’)

Señor, sólo tú puedes hacernos capaces de verdadera caridad.
Jesús, no tienes manos.

Queremos ser tus manos
para construir un mundo donde habite la justicia.
Jesús, no tienes pies.

Queremos ser tus pies
para poner en marcha la libertad y el amor.
Jesús, no tienes labios.

Queremos ser tus labios
para anunciar por el mundo la Buena Noticia a los pobres.
Jesús, no tienes medios.

Queremos ser tu acción
para lograr que todos los hombres se traten como hermanos.
Jesús, queremos ser tu Evangelio,
y para que todos lo puedan leer,
necesitamos que transformes nuestras vidas en obras y palabras eficaces.

8. Despedida e invitación al siguiente encuentro (5’)

El Coordinador pide a los presentes encontrar un momento personal para hacer oración a partir de la reflexión realizada, pidiéndole al Señor que aumente nuestra fe para reconocerlo entre nosotros en las personas concretas que nos necesitan.


LECTURA COMPLEMENTARIA
Mt 9, 19-20

Se le acercó un maestro de la ley y le dijo:

Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.
Jesús le dijo:

Los zorros tienen guaridas y los pájaros del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza.

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