El
Papa te invita a rezar su oración favorita
Resumen
de la Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae

PRESENTACIÓN
En
cada segundo del día y de la noche, durante todos los días
del año, en alguna parte del planeta millones de personas oramos
por el Papa. Seguramente te has enterado de que él también
pide a Dios por nosotros, pero, ¿sabes cuál ha dicho que
es su oración favorita desde que era chiquito?
El
Rosario
Llama
la atención que un hombre de más de ochenta años,
que ha sido Papa durante un cuarto de siglo, que ha viajado tanto y
ha acumulado tantísimas experiencias, siga con la misma oración
favorita, ¿por qué será?, ¿te gustaría
saberlo?
Imagina
que tienes la oportunidad de preguntárselo y como respuesta él
te escribe una carta en la que, a pesar de sus problemas de salud y
de lo ocupado que está, se toma el tiempo y el trabajo de explicarte
sus razones y de darte el mejor consejo que puede ocurrírsele
desde su experiencia de hombre sabio y santo que además ha sido
Papa veinticinco años: que reces el Rosario y lo vuelvas también
tu oración favorita.
Esa
carta ¡existe!, y la acaba de escribir el Papa para ti. La llamó:
Carta Apostólica «Rosarium Virginis Mariae», (o lo
que es lo mismo, el «Rosario de la Virgen María»).
En ella te cuenta lo que piensa del Rosario, por qué le gusta
tanto, cómo puedes rezarlo para sacarle mucho provecho, y ¡mucho
más! ¿Quieres saber qué dice? Sigue leyendo...

Ojo:
La carta del Papa está dividida en 43 partes. Los números
entre paréntesis que hay en el texto indican a qué parte
de la carta se refieren.
INTRODUCCIÓN
El
Papa empieza su carta diciéndote que el Rosario es una oración
«apreciada por numerosos santos»(1), como para que
te animes y sepas que cuando lo rezas, ¡estás en muy buena
compañía! Pues todos los santos lo rezan junto contigo.
Te
dice también que le consta que se obtienen muchísimas
bendiciones cuando se reza el Rosario (2) y para darle la importancia
que merece proclama Año del Rosario el año
que va de octubre del 2002 a octubre del 2003 (3).
Luego,
el Papa te da muy buenas razones para que te animes a rezar el Rosario:
Si,
por ejemplo, consideras que lo central en tu vida de fe es ir a Misa,
te explica que el rezo del Rosario te ayudará no sólo
a vivir mejor la Misa, sino tu vida diaria (4).
Si
piensas que el Rosario no es una oración ecuménica
(es decir, para creyentes de muchas religiones) y quizá temes
que al rezarlo puedas incomodar a amigos o parientes cristianos no católicos,
te dice: al honrar a la Madre, se honra al Hijo (4) así que todo
cristiano puede rezar el Rosario.
Si
te interesa la oración contemplativa y andas buscándola
en el new age o nueva era en la yoga, el zen,
etc., el Papa te recuerda que «el Rosario forma parte de la
mejor y más reconocida tradición de la contemplación
cristiana» (5), así que ¿para qué buscar
en otro lado lo que ya tienes en casa desde hace siglos?
El
Papa te recuerda que en diversas apariciones que han sido reconocidas
por la Iglesia, como Lourdes y Fátima, la Virgen María
ha pedido insistentemente que los creyentes recemos el Rosario para
pedir a Dios con urgencia por la paz del mundo y la unidad en las familias
(6-7).
Rezar
el Rosario es como acurrucarse en brazos de María y dejarla que
te consuele y cuide, como una madre (7).
Te
dice el Papa que entre los muchos santos a quienes el Rosario les ayudó
a alcanzar la
santidad, está el Beato Bartolomé Longo que afirmaba:
«¡Quien
propaga el Rosario se salva!» (8).
CAPÍTULO
I: CONTEMPLAR A CRISTO CON MARÍA
Te
dice el Papa que en el Rosario se «aprende de María
a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a sentir la profundidad
de su amor» (10). Hay que aclarar que eso de contemplar
no quiere decir nada más ver, sino fijar en Él
la mirada para dejarse amar por Él y seguirlo, imitarlo, aprender
de Él y ser como Él, y por eso nuestro modelo para contemplar
a Cristo es María, porque nadie como ella ha vivido no sólo
mirando a Cristo, sino acogiéndolo con todo su ser, amándolo
y siguiéndolo como discípula (11).
Decía
Paulo VI que al rezar el Rosario podemos mirar a Cristo con la mirada
de María, y que hay que hacerlo con un ritmo tranquilo, reflexivo,
sin prisas, que permita meditar (12).
Te
comenta el Papa que eso de contemplar no quiere decir recordar algo
que pasó ayer y quedó en el pasado, sino hacer presente
algo que afecta lo que vives hoy (13); que contemplar a Cristo te ayuda
no sólo a tratar de entender sus enseñanzas, sino a entenderlo
a Él para ser como Él, y que para lograr esto cuentas
con una maestra experta: María (14), pues ninguna criatura lo
conoce mejor que su Madre, y además Ella ruega por ti al Espíritu
Santo para que te ilumine, y para que así como Cristo fue creciendo
junto a Ella en Nazaret, así también vaya creciendo en
ti (15).
Rezar
el Rosario te ayuda a tener hoy, como pide San Pablo, «los mismos
sentimientos que Cristo» (Flp 2, 5), pues así como cuando
tienes un amigo con el que sales seguido, luego te pareces a él
en gustos, maneras de hablar, etc. Así el Rosario te familiariza
con los sentimientos de Cristo a fuerza de hacerte reflexionar en ellos
una y otra vez (15), y te ayuda a parecerte cada vez más a Él.
Decía san Luis María Grignion de Montfort que la devoción
más perfecta es la que nos acerca más a Jesucristo, y
que como María es, entre todas las criaturas, la más cercana
a Jesucristo, al tenerle devoción a Ella -y rezar el Rosario-
nos acercamos más a Él (15).
El
Papa te recuerda que Cristo dijo: «pidan y se les dará;
busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá»
(Mt 7,7) y que el Rosario es, al mismo tiempo, meditación y súplica
que se apoya en la confianza de que María, que es templo del
Espíritu Santo, intercede por ti ante el Padre, que la llenó
de gracia, y ante su Hijo (16).
Te
dice el Papa que la historia del Rosario muestra que los Dominicos lo
rezaban en tiempos difíciles y que hoy que los creyentes enfrentamos
tantas dificultades, conviene volver a tomar con toda fe el rezo de
esta poderosa oración (17).

CAPÍTULO
II: MISTERIOS DE CRISTO, MISTERIOS DE LA MADRE
¿Qué
se entiende por misterio? Esta palabra no tiene nada que
ver con lo que conocemos como cuentos de misterio. Para
el cristiano, misterio significa una realidad divina que
está más allá de lo que puedes entender, a la que
siempre le puedes encontrar algo nuevo, que nunca terminas de conocer,
que no se agota y que no puedes abarcar. En el Rosario se contemplan
momentos de la vida de Cristo que son misterios, porque
nunca podrás alcanzar a comprenderlos del todo, siempre tendrán
algo nuevo que decir a tu corazón.
Hasta
ahora en el Rosario, se contemplaba la manera como Jesús vino
al mundo (misterios de gozo), su Pasión y Muerte (misterios de
dolor) y su Resurrección (misterios de gloria), pero el Papa
sintió que hacía falta contemplar también momentos
de la vida pública de Jesús, por lo cual decidió
añadir al Rosario una nueva serie de cinco misterios y llamarlos
«misterios de luz», conforme a lo que dijo Jesús:
«Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo» (Jn
9,5).(19).
El
Rosario quedó así:
Misterios
de gozo (o misterios gozosos)
Se
nota en ellos la alegría que provoca que el Ángel le anuncie
a María que será Madre del Salvador; que ella visite a
su prima Isabel y proclame la grandeza y misericordia del Señor;
que nazca Jesús en Belén; que lo lleven a presentar al
templo y años después, que lo hallen en el templo, luego
de perderlo tres días. Dichos misterios son conocidos como:

1.
La Anunciación del ángel a María
(ver Lc 1, 26-38)
2. La Visitación de María a Isabel
(ver Lc 1, 39-56)
3. El Nacimiento de Jesús
(ver Lc 2, 1-20)
4. La Presentación de Jesús en
el Templo (ver Lc 2, 22-38)
5. El Niño perdido y hallado en el templo
(ver Lc 2,41-50)
Te
dice el Papa que «meditar los misterios «gozosos»
es entrar en los motivos más profundos de la alegría cristiana»
(20).
Misterios
de luz (o misterios luminosos)
Jesús
es «luz del mundo» (Jn 8,12), y eso se nota cuando
es bautizado por Juan en el Jordán; cuando hace su primer milagro
en las bodas de Caná y demuestra Quién es (hace una autorrevelación,
es decir, que por Sí mismo -eso significa auto- se
da a conocer -eso significa revelación-); también
se nota cuando anuncia el Reino e invita a todos a la «conversión»
(es decir, a cambiar de mentalidad, y abrir el corazón para vivir
como Dios quiere, en el amor, el perdón, la paz, la justicia...);
cuando se transfigura ante sus discípulos (es decir,
les deja ver su aspecto divino), y en la Última Cena, cuando
instituye la Eucaristía (es decir, nos deja su Cuerpo
y su Sangre en el Sacramento de la Sagrada Comunión).
Dichos
misterios son conocidos como:
1.
El Bautismo en el Jordán
(ver Mt 3, 13-17)
2. La autorrevelación en las Bodas de
Caná (ver Jn 2, 1-11)
3. El anuncio del Reino y la invitación
a la conversión (ver Mc 1,14-15)
4. La Transfiguración (ver
Lc 9, 28-36) y:
5. La institución de la Eucaristía
(ve Mt 26, 26-28)
Te
dice el Papa que en cada uno de los misterios luminosos se nota cómo
en Jesús se hace presente el Reino de Dios, y que así
como en el Bautismo en el Jordán se escucha la voz del Padre
que proclama que Jesús es su Hijo, y en la Transfiguración
nos invita a escucharlo, en Caná es la voz de la Madre la que
nos da el mejor consejo que podemos seguir, como cristianos: «Hagan
lo que Él les diga» (Jn 2,5).

Misterios
de dolor (o misterios dolorosos)
Son
momentos angustiosos de su Pasión, cuando Jesús ora en
el Huerto, mientras sus discípulos duermen; cuando es flagelado;
coronado de espinas; camina hacia el Calvario con la cruz a cuestas;
lo crucifican y muere en la cruz. Dichos misterios son conocidos como:
1.
La oración en el Huerto
(ver Lc 22, 39-46)
2. La flagelación en la columna
(ver Jn 19,1)
3. La corona de espinas (ver Mt
27, 27-30)
4. La subida al Calvario con la cruz a cuestas
(ver Jn 19,16)
5. La crucifixión y la muerte en la
cruz (ver Lc 23, 33-46)

Te
dice el Papa que los misterios de dolor te llevan a revivir la muerte
de Jesús poniéndote al pie de la cruz junto a María,
y te hacen sentir la inmensidad del amor de Dios. (22)
Misterios
de gloria (o misterios gloriosos)
Invitan
al creyente a descubrir las razones de su fe al contemplar cuando Jesús
resucita; cuando sube al cielo; cuando envía al Espíritu
Santo; cuando María es llevada al cielo y cuando es coronada
reina de los ángeles y de los santos. Estos misterios son conocidos
como:
1.
La Resurrección de Cristo
(ver Lc 24,1-8)
2. La Ascensión (ver Lc 24,
50-52; Hch 1,6-11)
3. La venida del Espíritu Santo en Pentecostés
(Hch 2,1-4)
4. La Asunción de María
5. La Coronación de María

Te
dice el Papa que con los misterios gloriosos te unes a la alegría
de María por la vida nueva del Resucitado, y la ves en Pentecostés,
en medio de la Iglesia que se reúne en torno a ella como una
familia que, con la fuerza del Espíritu Santo, se dispone a salir
a anunciar la Buena Nueva (23).
El
Papa Paulo VI decía que el Rosario es una oración que
te lleva a Cristo y que en cada Ave María lo alabas diciendo:
«bendito el fruto de tu vientre, Jesús» (18); cada
uno de los llamados «misterios» habla de Cristo, aunque
aparentemente se refiera sólo a María.
Y
Juan Pablo II te comenta que aunque los misterios del Rosario no abarcan
todo el Evangelio, llaman la atención sobre lo más importante
y te ayudan a que conozcas más y mejor a Cristo, a ejemplo de
María, mujer de fe, de silencio y de escucha (24).

Te
dice el Papa que si contemplas a Cristo recorriendo las etapas de su
vida, descubres también en Él la verdad sobre el hombre;
que al contemplar u nacimiento, aprendes el carácter sagrado
de la vida; al mirarlo en Nazaret, te das cuenta de lo que significa
la familia; escuchándolo recibes luz para entrar en el Reino
de Dios; siguiéndolo hacia el Calvario, comprendes el sentido
del dolor salvador, y al contemplar a Cristo y a su Madre en la Gloria,
ves la meta hacia la que caminas (25).
Te
dice el Papa que es natural que al encontrarte con Cristo en el Rosario,
le presentes tus problemas, fatigas y planes. Te invita a poner tus
necesidades en los corazones misericordiosos de Cristo y de su Madre
(25). ¿Qué significa esto? Que el Rosario es una oración
que no sólo tiene que ver con la vida de Jesús y de María,
sino con la tuya también, y puede enriquecerla muchísimo
si sabes relacionar lo que rezas con lo que vives. Veamos:
CAPÍTULO
III: PARA MÍ LA VIDA ES CRISTO
Para
obtener mucho provecho espiritual del rezo del Rosario, el Papa te recomienda
hacer lo siguiente:
Lee
o recuerda detalladamente
No
sólo menciones el misterio que vas a rezar, sino tenlo en mente:
busca en la Biblia y lee el texto que corresponde. Te pide el Papa que
lo leas con la seguridad de que es «Palabra de Dios, pronunciada
para hoy y para ti...»(30)
Si
en un momento no puedes leer lo de cada misterio en la Biblia, trata
de recordar con detalle a lo que se refiere, imagínalo lo mejor
que puedas.
Medita
en silencio
No
empieces luego luego a recitar las oraciones. Deja que la Palabra leída
o recordada hable a tu corazón e ilumine lo que estás
viviendo (31). Contempla lo que hacen o dicen María o Jesús
en el misterio que te ocupa, y pon especial atención en descubrir
en ellos las actitudes y cualidades que a ti te están haciendo
falta en estos momentos. Por ejemplo: si te está costando mucho
trabajo aceptar una enfermedad, o la pérdida de un ser querido,
o una situación muy difícil, mira a Jesús orar
en el Huerto y reflexiona que sólo llegarás a la paz cuando
aceptes la voluntad del Padre.
Este
paso es importantísimo porque en él permites que la Palabra
de Dios de veras ilumine tu vida.
Dialoga
con María
El
Papa no propone aquí este paso, pero es algo que puede resultarte
muy rico: plática con María: pídele que ruegue
por ti para que seas capaz de ser, como ella, verdadero discípulo
de Jesús. Pídele ayuda en lo que estuviste meditando.
Por ejemplo: que ore por ti para que aprendas a amoldar tu voluntad
a la del Padre, como hizo Jesús en el Huerto.
El
Padrenuestro
Te
dice el Papa que cada misterio de Jesús nos lleva siempre al
Padre, y como este Padre es nuestro, entonces aunque lo
reces en solitario, estás unido al rezo de toda la Iglesia (32).
Rézalo despacio, consciente de lo que dices y de cómo
lo que has meditado y orado en cada misterio está incluido en
esta bellísima oración.
Las
diez Ave María
Te
dice el Papa que por la repetición del Ave María se considera
el Rosario una oración «mariana» (es decir, dedicada
a María). Que se cumple aquí lo que Ella predijo: «Desde
ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada»
(Lc 1,48), pero que no hay que perder de vista que en el centro del
Ave María, está el nombre de Jesús, el único
nombre del cual podemos esperar la salvación (33).
A
los que les pueda parecer aburrido repetir diez veces lo mismo, el Papa
les recuerda que las personas que se aman no se cansan de decirse las
mismas frases cariñosas, aunque las repitan muchas veces... (26).
El
Gloria
Te
dice el Papa que como «Cristo es el camino que nos conduce
al Padre en el Espíritu»(34) al rezar bien el Rosario
llega el Gloria, no como rápida conclusión, sino «como
para levantar el espíritu a la altura del Paraíso»
(34).
Inicio
y final
El
Papa te comenta que se puede iniciar el rezo del Rosario con un Salmo
o con el Credo, o según la costumbre de cada iglesia local, y
que para terminar se puede decir una jaculatoria o, mejor aún,
una oración en la que se pida que podamos «imitar lo
que contienen y conseguir lo que prometen» los misterios que
hemos meditado (35).
Al
final se acostumbra rezar por las intenciones del Papa, así como
dedicar una alabanza a María (37). La Iglesia concede santas
indulgencias a quien reza el Rosario con las debidas disposiciones (37).
El
rosario
Te
hace notar el Papa que el Rosario está centrado en el Crucifijo
y que es una cadena dulce que nos une a Dios y a María,
y también a todos los hermanos (36).

Los
misterios y los días
Te
dice el Papa que puedes rezar el Rosario entero cada día, y que
esto es muy bueno, pero que si no siempre tienes tiempo para hacerlo
de ese modo, sobre todo ahora que se añadieron los misterios
de la luz, puedes rezar sólo una parte cada día:
| Lunes |
misterios
gozosos |
| Martes |
misterios
dolorosos |
| Miércoles |
misterios
gloriosos |
| Jueves |
misterios
luminosos (antes los gozosos) |
| Viernes |
misterios
dolorosos |
| Sábados |
misterios
gozosos (antes
los gloriosos) |
| Domingos |
misterios
gloriosos |
Esto
no quiere decir que a fuerza tengas que rezar sólo cinco misterios
ya determinados en ciertos días. Se pueden hacer cambios cuando
haga falta: por ejemplo, si la Navidad cae en martes, es obvio que resulta
mejor rezar los misterios gozosos que los dolorosos. El Papa te dice
que esto de los misterios para cada día no debe limitar la libertad
de las personas y comunidades (38), que lo importante es que el Rosario
se comprenda y se viva.

CONCLUSIÓN
Para
el Papa, el Rosario tiene la sencillez de una oración popular,
pero también una gran profundidad (39). Te comenta que la Iglesia
siempre ha rezado el Rosario para pedir por las causas más difíciles,
y te insiste en lo que dice al principio, que quiere que tú y
todos recemos el Rosario para pedir por la paz en el mundo y por la
familia (39).
Te
dice que quien reza el Rosario contempla a Cristo, Príncipe de
la paz, siente cómo se pacifica su alma conforme va entrando
en el sereno ritmo de repetir el Ave María (40) y siente cómo
su corazón se abre para recibir y dar la paz verdadera que es
un don del Resucitado (ver Jn 14,27; 20,21).
Te
recuerda el Papa que «la familia que reza unida, permanece
unida», y la que reza el Rosario se mantiene abierta a la
comunicación, al perdón, a la solidaridad. Te dice que
la familia que reza el Rosario es como la familia de Nazaret: tiene
a Jesús al centro, y le encomienda su alegría, dolor,
necesidades y planes (41), y muy en especial a sus hijos (42).
El
Rosario, un tesoro que recuperar
Te
dice el Papa que «una oración tan fácil, y al
mismo tiempo tan rica, merece de veras ser recuperada por la comunidad
cristiana. Hagámoslo sobre todo este año» (43).
Hace un llamado a todos los creyentes, de cualquier edad y condición,
para que tomemos «con confianza entre las manos el rosario,
descubriéndolo de nuevo a la luz de la Escritura» (43),
para que alumbre nuestra vida de todos los días.
Termina
el Papa su carta con una súplica conmovedora:
«¡Que
este llamamiento mío no sea en balde!»
Te
lo dice a ti, ¿qué le respondes?
Alejandra
María Sosa Elizaga