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La Misión Permanente en Nuestra Iglesia Local. Norberto Cardenal Rivera Carrera

II. Proceso Evangelizador, camino y tarea de la Comunidad

43. El origen de la misión es Dios Padre que ha elegido y consagra do a su pueblo para realizarla. La Iglesia es la comunidad que Dios Padre se ha elegido mediante su Hijo Jesucristo. Es también la comunidad que Dios Padre ha consagrado y habilitado para la misión al derramar sobre ella su Espíritu.

44. La elección y consagración tienen como objetivo realizar una misión en medio de los hombres. Cada uno de los bautizados y confirmados tiene una responsabilidad en esta misión común.

45. El pueblo de Dios ha sido enviado a las naciones con la tarea histórica de anunciar e instaurar el Reino de Dios Padre.

46. El Reino, que Jesús anunció e instauró, sigue aconteciendo en todas las etapas de la historia posterior, gracias al señorío que le ha sido concedido por el Padre al glorificarlo y gracias a la acción del Espíritu Santo.

47. La Iglesia es símbolo e instrumento del Reino. En cuanto tal ha de proclamar ante todos los hombres que el Reino está entre nosotros. Pero también ha de luchar, ya desde ahora, por la instauración de los valores del Reino, como la adopción filial, la justicia, la fraternidad, la libertad, la comunión, la solidaridad.

48. La Iglesia colabora a la extensión del Señorío de Cristo "hasta que Dios ponga a todos sus enemigos bajo sus pies" y "entregue a Dios Padre el Reino" (1 Cor 15,24-25). La finalidad última de la misión es la glorificación y el culto a Dios Padre haciendo "que él sea todo en todas las cosas" (1 Cor 15,28).

49. La Iglesia dice toda ella relación al Reino. Tiene su razón de ser en este tiempo del Espíritu, de la escatología ya iniciada pero aún no completada, del "ya" pero "todavía no". Cuando llegue la plenitud, la Iglesia habrá concluido su misión.

50. En la proclamación del Evangelio la Iglesia siempre ha buscado atraer a los hombres hacia el Señor Jesús por un camino por el que ellos puedan ir avanzando de la aceptación del mensaje a una plena adhesión a Cristo.

51. Una forma de esquematizar el proceso evangelizador es:

· la etapa misionera: constituida por el primer anuncio o kerigma y la reiniciación cristiana, que tienen como finalidad poner los cimientos de la fe;
· la catequesis: cuyo objetivo es ofrecer un camino de crecimiento integral, gradual y sistemático de la fe, encaminado a que el bautizado pueda dar razón de su fe y vivir el seguimiento de Jesús;
· el apostolado: que nace de la alegría de haber encontrado a Cristo y que impulsa al discípulo a poner todo lo que es y lo que tiene al servicio del Reino.

1. El Kerigma

52. Es el anuncio fundamental de la salvación: "que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; y que fue sepultado; y que resucitó al tercer día" (1 Cor 15, 3-4). "El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Hermanos queridos, si Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros" (1 Jn 4,1 0-1 l).

53. Esta proclamación conlleva una interpelación para aceptar a Jesús como Salvador y Señor, cuyo fruto será la conversión inicial que continuará profundizándose y haciéndose más conciente y comprometedora a lo largo de la vida, meditando y asimilando el mensaje central de la fe. El testimonio personal y el de la comunidad eclesial es su fundamento. (EN 21.41.76.80; Rm 42-43).

54. Este anuncio es indispensable tanto en las tierras de misión, como en los países católicos donde los niños son bautizados pequeños y se ha vuelto urgente la Nueva Evangelización, en razón de que la fe de la mayoría de los bautizados no se ha desarrollado.

55. Los medios para realizarlo son variados en su forma y su adaptación para los diversos ambientes y clases de personas. Todas requieren el contacto personal y el testimonio. Nuestro camino misionero señala el visiteo evangelizador para los territorios y el interés por los alejados en todos los ambientes y sectores.

56. Exige a quienes lo proclaman. haber experimentado primero el encuentro con Cristo y la conversión al Señor, a su Iglesia, a todas las expresiones de bondad, vengan de donde vengan, y a la solidaridad con todos, especialmente para con los más pobres.

57. Cuando hay el interés y la oportunidad, este anuncio fundamental debe hacerse más explícito, aun permaneciendo en su esencialidad. Esto es lo que hemos propuesto en nuestro camino misionero, con los doce pregones agrupados bajo el título "Dios camina con nosotros en la ciudad".

2. El catecumenado

58. Fue renovado por el Concilio Vaticano II (Cf. CD 114; SC 64; AG 13-14). Está destinado a los que se convierten a Cristo y se encaminan al bautismo. Es un camino comunitario eclesial, organizado por etapas, durante el cual, a través de la escucha y profundización de la Palabra, la experiencia litúrgica y el compromiso concreto de testimonio, los adultos que hicieron ya una primera opción a Cristo son conducidos a abrazar plenamente la fe, a convertirse e insertarse progresivamente en la comunidad eclesial, hasta llegar a una adhesión total a Cristo y a una plena participación en su misterio mediante la celebración del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía.

3. La Reiniciación Cristiana

59. La reiniciación cristiana con sentido catecumenal, o neocatecumenado, es el camino ideal de la evangelización y conversión, para los ya bautizados que no han sido debidamente evangelizados, situación que vive la mayoría de nuestros católicos. Sigue siendo un camino fundamental de la vida cristiana. Está constituida por la experiencia eclesial mediante la cual los principios teológicos del bautismo y de los otros sacramentos de iniciación son percibidos y asumidos vitalmente. Supone recorrer el camino de la conversión a través de la escucha y meditación de la Palabra, la oportunidad de un cambio de vida. La Iglesia ofrece a sus hijos que quieren tomar conciencia de las implicaciones de su bautismo un itinerario hecho de instrucción, liturgia, oración, orientación, y práctica de la caridad, hasta verlos convertidos en miembros conscientes y comprometidos de la Iglesia.

60. Los ámbitos más comunes para llevarla a cabo son pequeñas comunidades en donde se tiene el contacto con la Palabra de Dios, la oración, la práctica orientada de las virtudes cristianas, la instrucción, las celebraciones litúrgicas para renovar la fe y los sacramentos ya recibidos o para completar los faltantes.

61. Exige a los responsables de esta experiencia, haberla vivido previamente, el conocimiento sistemático del proceso de reiniciación, experiencia catequética y disponibilidad para profundizar en la comprensión del misterio de Cristo y de las implicaciones de su seguimiento.

62. Este paso de nuestro camino misionero está apoyado por el instrumento evangelizador que hemos llamado "Camino de Emaús".

4. La Catequesis

63. Es también anuncio en un paso ulterior. Es la explicitación cada vez más sistemática de la primera evangelización; es la iniciación en la vida de la Iglesia y en el testimonio concreto de la caridad; es la acción eclesial que conduce a las comunidades y a cada cristiano a la madurez en Cristo.

64. Es una etapa del "proceso de formación en la fe, la esperanza y la caridad que informa la mente y toca el corazón, llevando a la persona a abrazar a Cristo de modo pleno y completo. Introduce más plenamente al creyente en la experiencia de la vida cristiana que incluye la celebración litúrgica del misterio de la redención y el servicio cristiano a los otros" (EA 69).

65. Es formación orgánica y sistemática de la fe que lleva a conformar toda la vida bajo la inspiración de Cristo. Es un camino educativo que se propone iniciar y desarrollar progresivamente el conocimiento y la acogida de la fe, que se alimenta de la Palabra de Dios, se abre a la celebración sacramental y se pone al servicio de la comunidad (Cf. Sínodo de 1977, Mensaje al Pueblo de Dios, 11).

66. Los métodos de catequesis deben tener contenidos claros, completos y vivenciales; diversificados para las distintas etapas de la vida y para los diversos ambientes y sectores; con referencias ricas a la Palabra de Dios, a la Liturgia y a la vida concreta.

67. En relación con los catequistas, los necesitamos en mayor número y mejor preparados para las diversas comunidades, poniendo énfasis en que sean capaces de asegurar la catequesis de los adultos. En cuanto a la catequesis de niños se debe propiciar que los padres de familia sean los principales responsables de su educación en la fe, y los catequistas se constituyan en un apoyo para ellos.

68. Ha sido una preocupación personal desde mi llegada a esta Arquidiócesis, que la catequesis y sus instrumentos tengan esta orientación. En este momento contamos ya con algunos catecismos muy valiosos y nuestro propósito es cubrir todas las etapas de la vida.

5. La Liturgia

69. Otra forma muy intensa e inequívoca del anuncio de Jesucristo y del Reino es la acción sacramental de la Iglesia en la liturgia, especialmente en la Eucaristía. Es el momento cumbre de la vida de la Iglesia; en ella se realiza en su grado supremo el anuncio de Jesucristo y debe ser considerada como el momento más intenso de misión.

70. La Liturgia, en cuanto celebración de la fe, debe acompañar al creyente en todas las etapas de la vida, la niñez, la adolescencia, la juventud, la edad adulta, la ancianidad; también en todos los momentos por los que avanza el crecimiento cristiano, como converso, como iniciado, como catecúmeno, como fiel, como discípulo, como apóstol.

71. En la situación que vivimos, la mayoría de nuestro pueblo sigue siendo de bautizados, por tanto, tienen el derecho, la necesidad y la responsabilidad de celebrar su fe. Los pastores deben aprovechar esta gracia realizando su servicio litúrgico con un sentido pedagógico, catequético y misionero, de tal manera que favorezca en los fieles una participación más consciente, activa y fructuosa. Con este propósito los sacerdotes deben ser muy cuidadosos en la celebración de las misas dominicales a las que un gran número de fieles asiste con regularidad.

72. Los signos litúrgicos han de ser sencillos, auténticos y, siempre, revestidos de arte y belleza a fin de que con facilidad hagan transparentes las realidades trascendentes que simbolizan.

6. Piedad Popular

73. La piedad popular es una expresión clara de la identificación de una gran parte de nuestro pueblo con la fe católica. La comunidad y, especialmente los pastores, valoren las expresiones de piedad popular como formas peculiares de la búsqueda de Dios para muchos fieles. Por ello, la práctica pastoral debe ser cuidadosa para entender lo válido de estas experiencias, y en sintonía con ese lenguaje, ayudar a quienes las practican a tener un encuentro más genuino con Jesucristo, y por él ir avanzando a una fe más madura. En este esfuerzo de acompañamiento debemos introducir el anuncio del kerigma.

74. La devoción guadalupana, dentro de la piedad y religiosidad de nuestro pueblo, ocupa un lugar especialmente relevante. El mensaje y la pedagogía del acontecimiento guadalupano son un medio eminentemente evangelizador. Los pastores inculquen constantemente en los demás misioneros una profunda confianza en la intercesión de la Virgen de Guadalupe, y el deseo de imitar la fidelidad y generosidad del Beato Juan Diego en difundir el mensaje evangélico.

7. El Testimonio

75. La Iglesia cumple su misión cuando sus comunidades y personas se convierten, por su estilo de vida y de servicio, en signos de la presencia del Reino, en testigos de la acción y presencia del Resucitado. Es una forma intensa y sumamente creíble de misión (Cf. Decreto Sinodal, 112-124). El testimonio de lo que se cree y se vive es la maduración de la vocación bautismal en el cristiano. El servicio es la expresión natural de su fe. Por esto podemos decir que el testimonio de la caridad forma parte primera y principal del trabajo evangelizador de la Iglesia.

76. En relación a este tema, me permito recordar algunas ideas que he expuesto en mi "Instrucción Pastoral sobre la Caridad en Tiempos de Misión Evangelizadora": "El objetivo principal es formativo, se trata de ayudar a toda la comunidad a poner la caridad en el centro del testimonio cristiano, de modo que las personas aprendan a servir a su Señor que está presente en los pobres concretos, que están en el territorio donde las familias viven, estos son parte de la comunidad" (Pág. 12).

77. "Entre las muy diversas obras de caridad asume una especial importancia la actitud y obra caritativa con los pobres". "Este es un ministerio ampliamente asentado en la tradición cristiana de todos los siglos y encuentra su inicio y fundamento en la práctica organizada y especifica del ministerio de la caridad de la comunidad apostólica" (Pág. 6).

78. "Más allá de la ayuda espiritual y organizada por la comunidad cristiana para servir a Cristo en los pobres, la caridad exige también y sobre todo, recibirlos y verlos como personas, insertándolos en una comunidad de vida y de afecto" (Ib.).

79. En este contexto, los exhorto a que todas las comunidades parroquiales como parte de su pastoral ordinaria tengan programas que incluyan la formación de los agentes y acciones que tengan por objetivo favorecer a los más necesitados. Relacionándose de forma habitual, por ejemplo, con ciudades perdidas, vecindades, cárceles, hospitales, asilos, etc., según las condiciones de cada lugar. La comunidad creyente debe también impulsar a todos sus miembros a participar en iniciativas encaminadas a transformar su ambiente mediante la promoción de la educación y defensa de los derechos humanos y de los valores evangélicos.

80. El testimonio es servicio caritativo en sus más variadas expresiones: beneficencia, educación, cultura, promoción humana, etc. La praxis cristiana debe ser entendida sobre todo como servicio de la caridad.

8. Hacer nuestra la etapa misionera

81. La experiencia que hemos vivido en la misión intensiva nos ha permitido darle una dimensión más dinámica y completa a nuestro proceso pastoral. La forma de vivir la etapa misionera se ha podido enriquecer gracias a la aportación de los distintos agentes, comunidades y organizaciones apostólicas. Ahora debemos consolidar esta práctica, para que el anuncio y el testimonio que convocan; la acogida y el acompañamiento a quienes deciden reiniciarse en la fe; y la inserción a la comunidad de aquellos que confirman su adhesión a Cristo, se convierta en la práctica imprescindible y habitual en todas las parroquias, rectorías y capellanías de cada una de las vicarías episcopales.

82. Los instrumentos de apoyo de la Misión 2000, especialmente los que dan una visión de conjunto como la "Guía del Proceso Misionero", son punto de referencia para las adaptaciones y aplicaciones que se realice en los múltiples ambientes específicos de nuestra Arquidiócesis, en particular tomando en cuenta el criterio de ir realizando el itinerario y preparando adecuadamente el siguiente paso del proceso, para que la continuidad tenga sustento.

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