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Vicaría      de Pastoral

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La Misión Permanente en Nuestra Iglesia Local. Norberto Cardenal Rivera Carrera

III. Función pastoral del Decanato dentro de una más vigorosa pastoral de conjunto

83. En la organización pastoral peculiar de nuestra Arquidiócesis, que ha buscado la comunión y la descentralización para atender con mayor eficacia y prontitud a los fieles cristianos, el decanato ha cobrado cada vez más importancia como unidad básica de animación y coordinación de los proyectos pastorales.

84. Está pendiente su normatividad jurídica diocesana, que en breve vendrá a complementar las disposiciones ya dictadas para otras instancias. Ahora insistiré en los aspectos pastorales que es necesario consolidar y que constituyen las metas a lograr en el presente año.

1. La Pastoral de Conjunto

85. Es necesario insistir en la unidad dentro del decanato: que sea en verdad el lugar de la integración armónica de todos los ministerios y los carismas. Las experiencias de trabajo en común favorecen la madurez de las comunidades y son de gran valor en el proceso pastoral con el que estamos comprometidos.

86. Todos los miembros del decanato cuidarán de vivir inspirados por el Espíritu de Jesús, de modo que se sientan miembros del Cuerpo de Cristo, donde todos y el trabajo de cada uno es importante e indispensable para el éxito de la tarea de la evangelización (Cf. 1 Pe 2, 4-6).

87. Cuando el servicio es expresión de la fe viva se está dispuesto a trabajar con alegría donde sea necesario: el grupo, la parroquia, el decanato, la vicaría, la diócesis, el país, el extranjero. El servicio alegre, abnegado y perseverante es el terreno propicio donde se manifiesta el Espíritu del Señor promoviendo vocaciones misioneras.

88. El amor y la comunión son un testimonio poderoso para ser creíbles (Cf. Jn 17, 21). La comunión no brota automáticamente, sino se construye con la gracia de Dios, promoviendo la fraternidad y la aceptación de todos, especialmente de los laicos.

89. La tarea pastoral del decano se sintetiza en el servicio de comunión y colaboración que habrá de ofrecer a sus hermanos: sacerdotes, miembros de la vida consagrada y laicos.

90. En la pastoral de conjunto, el decano no será el que resuelva o ejecute todas las iniciativas o acciones decanales. Su servicio será de promoción, acompañamiento, coordinación e integración de los proyectos comunes con todas las parroquias, grupos organizados, movimientos y comunidades de vida consagrada; de tal forma que se garantice la ejecución de lo acordado en beneficio de todo el decanato.

91. Esto será siempre con sentido eclesial, ayudando a superar el que las parroquias sean consideradas como comunidades cerradas y autónomas; los carismas como distintivos que dividen y separan; y los sistemas, movimientos y organizaciones apostólicas como respuestas en competencia unas con otras.

92. Las parroquias buscarán participar, expresando su aprecio y apoyo a las tareas del decanato. Tenderán puentes por medio de los agentes. La conversión a la comunidad, que conlleva el conocimiento recíproco, la amistad y la ayuda mutua, es la base de un trabajo en común.

93. Para que el decanato trabaje por la pastoral de conjunto, más que la multiplicación de iniciativas, lo importante será que todos los responsables elijan el área que se considere prioritaria, de acuerdo con las necesidades y características del decanato.

94. Una vez determinada la tarea común, se esclarecerá el objetivo, el conjunto de acciones a realizar dentro de tiempos establecidos, el proceso y la evaluación del trabajo realizado.

95. Se asegurará la atención a las tareas fundamentales de la pastoral profética, litúrgica y de la caridad, sin desequilibraos ni vacíos, a fin de superar las carencias de muchas parroquias que se limitan a la liturgia y dejan vacíos en la catequesis y en la pastoral de la caridad; así mismo se promoverá especialmente a aquellas parroquias que parecen no interesarse por el proceso misionero arquidiocesano.

96. Con este ambiente debe buscar el decano convocar reuniones de carácter eclesial donde convivan, oren, evalúen y planifiquen juntos, sacerdotes, miembros de la vida consagrada y laicos; y también reuniones por separado, en donde cada uno de estos grupos se apoye en el crecimiento de su propia vocación.

2. La formación de agentes de pastoral

97. Desde mayo de 1996 me ocupé de promover la formación de los Agentes de una manera más orgánica, determinando, en mi "Orientación Pastoral" de aquel año, que se establecieran, al menos en el nivel de decanato, Centros de Formación de Agentes Laicos para Acciones Específicas (CEFALAES). Asimismo que el Instituto "Sedes Sapientiae" y el Centro de Teología con sistema abierto, "San Pedro y San PabIo", hicieran los ajustes necesarios a su organización y planes de estudio a fin de responder a las nuevas orientaciones.

98. Después de la primera etapa intensiva de la Misión 2000 se ha vuelto más evidente la urgente necesidad del servicio de estos centros en toda la Arquidiócesis. Es inaplazable fortalecer la formación de los agentes, para que pueda extenderse el alcance de nuestra Misión.

99. Por consiguiente pido al Vicario de Agentes que, en estrecha colaboración con el Vicario de Pastoral (Cf. Organización Pastoral n. 49-58), procure lo necesario para que se termine de elaborar y se dé a conocer, no más allá del mes de marzo del presente año, el Plan General de Formación, incluyendo todas las instancias y sus diversas modalidades pedagógicas y grados.

100. Todas las comunidades deberán tener la capacidad de acompañar a las personas en su descubrimiento y encuentro con Cristo, en la conversión y adhesión a él, así como en la maduración de su opción apostólica.

101. Quienes desean incorporarse a las tareas de la Misión están necesitados de la formación y maduración de su fe, que les permita ser evangelizadores eficaces. Esto no está resultando fácil, pues contamos con pocos formadores organizados.

102. Sean muchos o pocos los agentes que se incorporen, necesitamos una estructura mínima de formación que los apoye. En los inicios del nivel elemental, corresponde a la parroquia sentar las bases de esta formación. La parroquia no puede renunciar ni delegar lo que constituye una parte de su tarea fundamental. El decanato es, por el momento, la instancia viable para establecer los centros de formación.

103. Al felicitar a los decanatos que ya cuentan con un centro y exhortarles a la perseverancia y a la superación, señalo como meta para este año el establecimiento, al menos, de un CEFALAE en cada uno de los decanatos restantes.

104. Les recuerdo que corresponde al decano supervisar la comunicación entre los centros de formación y los párrocos; que los centros atiendan la formación doctrinal, la orientación para el crecimiento cristiano y la inserción apostólica en los diversos campos de la pastoral. Asimismo cuidarán que se mantenga la indispensable relación con la Coordinación Arquidiocesana.

105. Finalmente, cuiden de que éstos centros ofrezcan la formación específica para las áreas de la pastoral profética, litúrgica y de la caridad.

3. La formación permanente de los ministros ordenados

106. En la renovación de nuestra pastoral arquidiocesana en esta megalópolis, el decanato se ha revelado no sólo como el eje de la coordinación pastoral, sino también como la comunidad educativa ideal para la formación permanente de los agentes.

107. El Vicario de Agentes buscará en este momento de nuestro caminar que los servicios de la Comisión del Presbiterio vayan quedando cada vez incorporados a las vicarías y a los decanatos.

108. Las reuniones de decanato deberán atender, en un equilibrio satisfactorio, tanto los asuntos comunes a todos los agentes, incluidos los miembros de la vida consagrada y los laicos, como las necesidades de los ministros ordenados, con sesiones específicas para ellos.

109. Cada decano, en su servicio fraterno, con el apoyo de la comisión para el presbiterio, promoverá la formación permanente en el aspecto humano, espiritual, intelectual y apostólico. Habremos de aprovechar las experiencias de los últimos años en el trabajo con los presbíteros.

110. La formación permanente de los ministros ordenados ha de estar cimentada en el renovado proceso pastoral que estamos construyendo. Deberá ir aclarando los ejes del trabajo pastoral.

4. Continuidad de los equipos

111. Todos nos hemos dado cuenta del influjo tan positivo que para la marcha de la Misión están teniendo los equipos misioneros decanales y parroquiales. Esto merece un reconocimiento de mi parte a quienes se han esforzado por constituirlos y animarlos, y a quienes con empeño forman parte de ellos.

112. Pido a los responsables, especialmente a cada uno de los decanos, que fortalezcan el funcionamiento de los equipos misioneros decanales que ya estén trabajando, y de ninguna forma permitan que alguno de éstos equipos se disuelva. Además, donde no se hayan integrado, aseguren su constitución, para que a través de ellos, en un ambiente eclesial, se lleven adelante las actividades misioneras.

113. Es necesario distinguir entre el Equipo Misionero Decanal y el Consejo de Pastoral del Decanato que tienen finalidades y tareas muy distintas. Este último presta sus servicios por medio de la reflexión y el consejo al decano y demás pastores de esa instancia: su función es consultiva. El Equipo Misionero Decanal tiene una finalidad operativa y de animación en apoyo al servicio del decano para impulsar la pastoral misionera en las comunidades que conforman el decanato.

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