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Vicaría      de Pastoral

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La Misión Permanente en Nuestra Iglesia Local. Norberto Cardenal Rivera Carrera

IV. Exigencias y repercusiones para las instancias arquidiocesanas

114. El Señor no deja de llamamos, para luego enviarnos nuevamente a anunciar la Buena Nueva. Cuando respondemos al envío nos ponemos de nuevo en marcha. Sólo caminando tras los pasos de Jesús, para cumplir su voluntad, podemos ser sus discípulos. En el camino está el lugar del encuentro, la conversión y el seguimiento de Cristo.

115. El ejercicio apostólico se revitaliza cuando anunciamos el Evangelio y la fe se aviva en nosotros. En efecto, al propiciar el surgimiento de la fe en nuestros hermanos, podemos redescubrir y valorar el don recibido que nos anima a una mayor entrega a las tareas de la misión.

116. Para que nuestra Arquidiócesis se renueve con una actitud misionera más decidida, es indispensable que todos y cada uno de los que desempeñamos un servicio, desde el último hasta el primero, asumamos el dinamismo de la conversión a Cristo, que como detonante y motor de la renovación, lleve al que la vive a la purificación de su vida y de su entorno.

117. En coherencia con este cimiento de la vida de la Iglesia y del cristiano, habrá que señalar las repercusiones de la continuidad de la misión en todos los campos del trabajo pastoral, de tal manera que se vayan conformando más claramente las actitudes evangélicas en nuestra tarea cotidiana.

1. Nivel arquidiocesano

118. Debemos insistir en que las estructuras pastorales de la Arquidiócesis que estamos renovando tengan en su funcionamiento criterios y actitudes más evangélicas.

119. El servicio de las instancias arquidiocesanas es vital para fomentar el sentido de unidad y pertenencia en los diferentes ambientes y sectores. Por tanto, son las primeras responsables de construir el cimiento de la pastoral de conjunto. Los organismos arquidiocesanos y sus responsables no están llamados a ser la piedra que remata el edificio, sino el cimiento que sostiene y da consistencia a los programas en los que se desarrolla el plan pastoral diocesano.

a) Consejo Episcopal

120. La imagen de Jesús, el Buen Pastor (Jn 10, 1-8) ha de ser el modelo para los obispos y vicarios episcopales, que estamos llamados a crecer en un servicio más abnegado y generoso. Lo que caracteriza a Jesús Pastor es la disposición de dar la vida en cumplimiento de su misión.

· Llama a sus ovejas por su nombre: la comunidad reclama conocimiento, presencia y cercanía.
· Se pone al frente de ellas y las ovejas lo siguen: es guía, va claramente al frente y abre el camino.
· Da la vida por las ovejas: está comprometido, no abandona a las ovejas en el camino.
· Tengo otras ovejas que no están en este rebaño: su cuidado se extiende a los que aún no congrega en su familia.
· Se formará un rebaño único, bajo la guía de un solo pastor: Busca la unidad y favorece todo lo que la haga crecer.

121. El cuidado que debo tener de esta porción del Pueblo de Dios, lo he llevado a cabo en este Año Jubilar, especialmente visitando los Decanatos. Esta visita ha sido muy fructuosa porque he podido constatar los esfuerzos y avances en la vida cristiana de las comunidades, y al mismo tiempo las comunidades se han sentido reconfortadas. El próximo año continuaré esta tarea visitando, al menos una vez, cada una de las Vicarías territoriales y funcionales.

122. Los Vicarios Episcopales con sus equipos prepararán esta visita haciendo una síntesis de los avances, señalando los procesos que estaban por iniciarse o los que necesitaban un especial cuidado para su ejecución; de modo que los trabajos de este año puedan tener cauce hacia la continuidad de la misión.

123. En cada Vicaría, el Vicario Episcopal se pondrá al frente de todos los agentes de evangelización para animar y dar seguimiento a las iniciativas diocesanas.

124. Uno de los principales servicios del Consejo Episcopal al proceso pastoral arquidiocesano es actuar como miembros de un solo cuerpo en los principales lineamientos pastorales, de tal forma que, cada uno y todo el Consejo en su conjunto, sea promotor de comunión con su testimonio y su trabajo diario.

125. En analogía, los Vicarios Episcopales extenderán este mismo criterio a sus campos de trabajo para que, al repartir las encomiendas, la fuerza de los proyectos descanse en los equipos y no dependan de una sola persona.

126. Si bien el modelo de trabajo pastoral en nuestra Arquidiócesis debe caracterizarse por su apertura y pluralidad, la experiencia postsinodal nos muestra que hay prioridades que le dan identidad al caminar de nuestra Iglesia Local. El Consejo Episcopal deberá cuidar que se atiendan esas prioridades.

b) Vicarías Funcionales.

127. Resulta clave el trabajo de las Vicarías Funcionales, de Áreas y de Agentes de Pastoral, pues su acción que está encaminada a favorecer la Pastoral de Conjunto podrá impulsar la continuidad del proceso con la participación de los Secretariados y las Comisiones arquidiocesanas.

128. Conforme a lo que se establece en mi Decreto sobre la Organización y Gobierno Pastoral (n. 70), éstas Vicarías han de marchar en estrecha colaboración. Así lo han hecho en el arranque de la Misión 2000, y en su etapa intensiva. En adelante, sin disminuir este esfuerzo de unidad, quiero que cada una realice sus tareas más específicas de acuerdo a las necesidades que se van presentando.

129. A este respecto, quiero mencionar también a la Comisión Central de la Misión, conformada en torno a estas Vicarias, que dio seguimiento a la preparación y realización de la etapa intensiva. Dicha comisión se integró a partir de las estructuras ya existentes, lo cual nos ha servido como una experiencia valiosa de pastoral orgánica. Ahora, al mismo tiempo que agradezco la generosidad de todos los que la han integrado, les pido que continúen colaborando con este espíritu de conjunto en las áreas en que se desempeñan para bien de nuestra Arquidiócesis.

130. Las dos Vicarías continuarán su servicio de animación y subsidiariedad en relación con los trabajos misioneros en la Arquidiócesis, para lo cual buscarán el relacionamiento cercano con los Decanatos y propiciarán entre ellos el intercambio de experiencias. Apoyarán particularmente las reuniones programadas del Arzobispo con los Decanos.

131. El Vicario de Agentes y el Vicario de Áreas pondrán todo su empeño para que sus respectivos secretariados y comisiones ofrezcan en forma coordinada programas de trabajo, y sus adecuados subsidios, de tal manera que la ejecución de dichos programas, lejos de implicar dispersión, sean una concreción de la pastoral de conjunto en los diversos niveles de la Arquidiócesis.

132. Tales Vicarios favorezcan también, que los Secretariados y Comisiones arquidiocesanos elaboren propuestas de acción directamente relacionadas con los Decanatos, ayudando a que éstos se fortalezcan como entidad clave para la pastoral.

133. La Vicaría de Áreas propiciará la comunión y participación pastoral en esta Iglesia Local apoyando el surgimiento y funcionamiento del Consejo Pastoral Arquidiocesano (Cf. Organización Pastoral n. 58), como instancia de encuentro, reflexión y valoración del proceso general de la tarea de evangelización.

134. En el Consejo de Pastoral deberán participar los agentes que por su función, experiencia o especialización puedan ayudar a que se mantenga una visión de conjunto que valore los pasos dados y ayude a preparar los subsiguientes.

135. El Vicario de Agentes, en coordinación con el Vicario de Áreas, presidirá el "Consejo Directivo para la Formación de Agentes de Pastoral ", cuya finalidad será dar los grandes lineamientos para la formación de quienes se comprometan a participar de forma orgánica en la realización de los programas pastorales de la Arquidiócesis. Además de los Vicarios mencionados, este Consejo estará integrado por quienes coordinan las instancias relacionadas con la formación en la Arquidiócesis.

136. La Vicaría de Agentes pondrá especial atención en la definición del marco general para la formación de Agentes Laicos, integrando a todas las instancias que participan en la formación y estableciendo los niveles de crecimiento que otorguen un carácter más orgánico a este necesario sustento a los agentes.

137. El Vicario de Áreas de Pastoral, en coordinación con el de Agentes, presidirá la Dirección Arquidiocesana para la Elaboración de Subsidios Pastorales que, en continuidad con el trabajo de la Comisión Central de la Misión, realizará las siguientes funciones:

· Programar con los secretariados y comisiones la elaboración de los materiales necesarios para apoyar la realización de las acciones propuestas en el plan arquidiocesano.
· Dar seguimiento a la elaboración, revisión, edición y difusión de los subsidios, de tal forma que lleguen oportunamente en apoyo de los agentes de pastoral.

138. El Vicario del Área Administrativa y Moderador de la Curia, impulsará la comunión entre todas las personas que realizan sus actividades en ese importante organismo, ya que su servicio tiene proyección arquidiocesana. Todos sus esfuerzos, en torno al pastor de la Diócesis, se orientarán para favorecer el avance de la pastoral de conjunto.

139. La Vicaría del Área Administrativa continúe propiciando el mutuo conocimiento y la interacción de las instancias que la conforman (Cf. Organización Pastoral n. 59-60), de tal manera que este conjunto de fuerzas confluya orgánicamente a la realización de los planes pastorales, manteniendo en todas sus acciones una motivación misionera.

c) Catedral

140. Así como en lo litúrgico, también en la caridad y en la organización misionera debe resplandecer la Santa Iglesia Catedral, sede del Obispo.

d) Basílica de Guadalupe

141. La Basílica de Guadalupe, que por sus alcances representa un espacio privilegiado para la evangelización, deberá asegurar en su plan de trabajo los siguientes objetivos:
· hacer de la Basílica un templo prototipo por la preparación y realización de sus celebraciones;
· que los diversos momentos de encuentro de los peregrinos con los agentes de pastoral se aprovechen como oportunidades para dar el mensaje kerigmático, que reafirme lo que los fieles han recibido en sus parroquias o, habiéndolo oído ahí por primera vez, lo puedan ahondar y cultivar al regresar;
· en la atención a los peregrinos establezca algunos servicios por los que ellos descubran la actitud caritativa de la comunidad eclesial, y esto mismo tenga un significado de mensaje cristiano.

e) Seminario Conciliar

142. El Seminario Diocesano, que es la comunidad formadora de los futuros pastores, debe estar imbuido de un espíritu misionero que se expresará en el ambiente cotidiano de fraternidad, servicio, sencillez, apertura y sensibilidad a las necesidades de los hermanos. Este será un clima de "espiritualidad de encarnación" que ayudará a que los futuros presbíteros vayan configurando su servicio de ministros de la gracia en solidaridad con un pueblo concreto.

143. La formación doctrinal de los seminaristas deberá estar nutrida por la Palabra de Dios, el Magisterio y el conocimiento cercano de la documentación de nuestro proceso pastoral diocesano, de tal forma que todo esto los lleve a capacitarse para apoyar progresivamente la acción evangelizadora de la Diócesis.

144. La práctica pastoral en la que formadores y formandos han de participar, según la propia condición, debe ser un aprendizaje continuo de las actitudes del Buen Pastor. Esto exige una continua disponibilidad para insertarse en los distintos ambientes de la gente y poder compartir con ella el evangelio del que el sacerdote es servidor.

2. Vicarías Territoriales

145. Las vicarías territoriales se ocuparán de tener su propio plan de pastoral que, basado en el plan de conjunto de la Arquidiócesis, considere las necesidades propias de sus territorios y ambientes. En él estarán señaladas las formas y las fechas de evaluación de su trabajo.

146. Las vicarías formalicen su Consejo de Pastoral que permita, en un ambiente eclesial donde todos se reconozcan representados, una mejor detección de las necesidades, respuestas más oportunas y un impulso eficaz del proceso pastoral.

147. El vicario episcopal asegurará, al menos dos veces al año, un encuentro con los equipos misioneros para estar al tanto de primera mano de los avances y dificultades del proyecto evangelizador, siendo él el impulsor principal del trabajo pastoral en la vicaría, en comunión conmigo.

148. Dentro de sus cuidados a toda la vicaría, el vicario episcopal pondrá especial atención a la marcha de los CEFALAES, de acuerdo con los lineamientos establecidos por la Vicaría de Agentes y los Directores responsables de la formación. Buscará alcanzar la meta para el presente año de contar con al menos un centro de formación en cada decanato.

149. El vicario episcopal, el decano correspondiente y los presbíteros más cercanos, buscarán entrevistarse con los hermanos sacerdotes que hasta ahora no han entrado al proceso de nuestra Arquidiócesis, para conocer sus puntos de vista y sus dificultades, de modo que se les brinde la asesoría y los auxilios necesarios y éstos se sumen cuanto antes a la renovada pastoral arquidiocesana.

150. Las vicarías territoriales habrán de integrar en sus planes, servicios de pastoral caritativa. Buscarán una mayor coordinación con los diversos servicios ya organizados en la Arquidiócesis, a fin de que éstos puedan establecerse en las Parroquias.

151. El delegado de pastoral en cada vicaría ha de ser un puente de unión entre las comisiones arquidiocesanas y la propia vicaría, ya sea exponiendo la voz pastoral de su vicario, ya sea presentando ante éste las orientaciones y servicios de los secretariados y comisiones. Es indispensable que forme parte del consejo de la vicaría, donde animará los esfuerzos del plan general y propiciará los proyectos específicos de su vicaría.

152. De esta manera, el vicario episcopal auxiliado por su delegado de pastoral, cuidará la ejecución de los programas en toda la vicaría manteniendo una coordinación permanente con cada uno de los decanatos.

3. Parroquias

153. El desafió que plantea la Misión es presentar nuestras parroquias como comunidades evangelizadas y evangelizadoras, y no como meros lugares de servicios cultuales y administrativos.
Las líneas más importantes para avanzar en esta transformación son:

154. Reafirmar a la parroquia como el ámbito siempre dispuesto y atento a recibir a todos. Para lograrlo se deberá planear, organizar y realizar una constante convocatoria mediante el anuncio fundamental de la fe.

155. Que los pastores y los demás encargados de los servicios cotidianos estén motivados y preparados para que todas las personas que se acercan sean atendidas y acogidas con verdadero sentido pastoral.

156. Asumir que la parroquia es el ámbito del acompañamiento para todos los que se inician en la fe. Por lo tanto, debe ser preocupación principal el desarrollar procesos de formación en la fe que lleven a todos los miembros de la comunidad a un encuentro cada vez más profundo con Jesús.

157. Insertar activamente a los movimientos y a otros grupos organizados, para que éstos busquen la forma de sumarse al trabajo de conjunto de la parroquia, de tal forma que los distintos carismas y apostolados enriquezcan la concreción del plan parroquial y se extiendan sus acciones a los ambientes específicos que necesite atender.

158. Favorecer la cercanía para fortalecer con el testimonio personal el mensaje que se anuncia. Esto se facilitará con la sectorización, de acuerdo a las características y necesidades de los grupos humanos.

159. Valorar las acciones de caridad realizadas en comunidad como la fuerza que transformará al agente de pastoral en auténtico testigo.

160. Fortalecer la misión con la Eucaristía que congrega, alimenta y envía a la comunidad parroquial. Habrá que construir una participación más consciente y activa de los fieles en torno a los sacramentos para que la vocación bautismal se desarrolle en ellos con toda su fuerza.

161. Dedicar una atención preferencial a los jóvenes, encauzando su proceso de fe hacia el servicio generoso, con la estrategia de formar núcleos de jóvenes que sean capaces de evangelizar a otros jóvenes y favorecer, así, el florecimiento de vocaciones consagradas para el servicio de la Iglesia.

162. Integrar agentes laicos a la pastoral parroquial, cuya formación básica y su compromiso paulatino en alguno de los servicios pastorales no podrán ser descuidados, pues de ello depende el futuro evangelizador de las Parroquias.

163. Fortalecer el ambiente de comunión y participación con un buen funcionamiento del Consejo de Pastoral y del Consejo de Asuntos Económicos que sean la expresión de la maduración y fortalecimiento de una comunidad que aprovecha los diferentes dones y carismas con los que el Señor la ha enriquecido.

164. Elaborar un plan de pastoral parroquial que ayude a marcar prioridades pastorales y a concretar programas y acciones más eficaces, evaluando los resultados periódicamente.

165. Integrar y consolidar el Equipo Misionero Parroquial que permita realizar acciones misioneras permanentes para llevar el mensaje a los alejados.

4. Otros Centros de Evangelización

166. Es de gran importancia para nuestra Arquidiócesis acrecentar la comunión con las organizaciones, grupos y comunidades que funcionan como verdaderos centros de evangelización, realizando su labor en ambientes especiales, como el educativo, el de la salud, el asistencial y el de la promoción humana, entre otros. Quienes ahí laboran con una motivación de fe son parte invaluable de esta iglesia local por su cercanía con las diversas manifestaciones culturales, y con las necesidades e inquietudes más vitales de nuestra Ciudad.

167. Favorecer el crecimiento de las personas en todos los campos de su vida y hacer que ellos se inserten e influyan en la sociedad y en la vida de la Iglesia, tendrá que ser el objetivo de éstos centros de evangelización.

168. A las universidades y colegios católicos, de forma particular les corresponde impulsar una formación integral, de tal manera que sus alumnos y demás personal, al mismo tiempo que crecen en su capacidad profesional, lo hagan en su conciencia y compromiso cristianos, para que animados por su fe, sean testigos de Cristo en los ambientes seculares en los que se desenvuelven.

5. Encomienda general para todas las instancias pastorales

169. En cada comunidad se establecerá al menos un período durante el año en el que todos los fieles comprometidos y los grupos organizados, animados y coordinados por el equipo misionero, se unan para repetir la acción misionera intensiva. Esto podría realizarse en los tiempos litúrgicos fuertes, como preparación a la fiesta patronal, o en una ocasión significativa para la comunidad. Lo importante es que todos perseveremos en la Misión.

CONCLUSIÓN

170. Termino exhortándoles a que favorezcamos la acción del Espíritu. La experiencia de los discípulos de Emaús está aconteciendo entre nosotros. Hemos descubierto al Señor caminando con nosotros en la ciudad. Este encuentro, a través de tantos y tantos hermanos necesitados que han escuchado nuevamente el mensaje de la salvación, nos está permitiendo reencontrar el sentido más auténtico de nuestro servicio apostólico.

171. Como los discípulos de Emaús, le suplicamos también: ¡Señor, quédate con nosotros! Con la fuerza de este encuentro, renovado cada día, en la Palabra, en la Eucaristía y en nuestros hermanos más necesitados, no nos cansaremos de volver a la ciudad y de contar lo que nos ha ocurrido en el camino.

Imploro la bendición de Dios y la maternal protección de Santa María de Guadalupe, ahora que iniciamos esta etapa de continuidad. Envío a todos ustedes a difundir el mensaje de Jesús, con la fuerza del Espíritu Santo.

Todos los fieles laicos tengan la confianza para hacer presente al Señor en los lugares donde diariamente entregan su vida.

Los movimientos, grupos y organizaciones apostólicas, con apertura de corazón, afiancen sus carismas y, en profundo espíritu de comunión, colaboren para la extensión del Reino en esta Ciudad.

Las universidades y comunidades educativas den sus mejores esfuerzos para ayudar al crecimiento integral de las personas, invitándolas a seguir a Jesús en actitud de servicio a los más desfavorecidos.

Los miembros de la Vida Consagrada cuyas obras en el pasado han sido simiente para la fe de nuestros pueblos, sigan cultivando los dones recibidos y pónganlos a disposición de nuestra comunidad diocesana.

Los presbíteros y diáconos descubran que es indispensable su servicio a la Iglesia, ofrézcanlo con generosidad para que el Espíritu Santo pueda construir el ambiente de Comunidad.

Los decanos, con humildad y sencillez, asuman el servicio de liderazgo pastoral al que los llaman las necesidades de nuestra Arquidiócesis, y sean fermento de unidad entre sus hermanos y hermanas.

Los Vicarios Episcopales no escatimen esfuerzos en conocer y en estar cercanos a sus fieles y a sus presbíteros, desgástense por su rebaño, sabiendo que están llamados a ser imagen de Cristo Pastor.

Que el rostro de Jesús que vive entre nosotros en los que sufren por estar enfermos, en los encarcelados, en los que pasan hambre, en los marginados, aliente nuestra entrega para realizar la Misión de llevar el mensaje de esperanza y alegría, anunciado hace dos mil años a los pastores de Belén.

Solemnidad de la Natividad del Señor, en el Año Jubilar 2000.

+ Norberto Cardenal Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México

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