114.
El Señor no deja de llamamos, para luego enviarnos nuevamente
a anunciar la Buena Nueva. Cuando respondemos al envío nos ponemos
de nuevo en marcha. Sólo caminando tras los pasos de Jesús,
para cumplir su voluntad, podemos ser sus discípulos. En el camino
está el lugar del encuentro, la conversión y el seguimiento
de Cristo.
115.
El ejercicio apostólico se revitaliza cuando anunciamos el Evangelio
y la fe se aviva en nosotros. En efecto, al propiciar el surgimiento
de la fe en nuestros hermanos, podemos redescubrir y valorar el don
recibido que nos anima a una mayor entrega a las tareas de la misión.
116.
Para que nuestra Arquidiócesis se renueve con una actitud misionera
más decidida, es indispensable que todos y cada uno de los que
desempeñamos un servicio, desde el último hasta el primero,
asumamos el dinamismo de la conversión a Cristo, que como detonante
y motor de la renovación, lleve al que la vive a la purificación
de su vida y de su entorno.
117.
En coherencia con este cimiento de la vida de la Iglesia y del cristiano,
habrá que señalar las repercusiones de la continuidad
de la misión en todos los campos del trabajo pastoral, de tal
manera que se vayan conformando más claramente las actitudes
evangélicas en nuestra tarea cotidiana.
1.
Nivel arquidiocesano
118.
Debemos insistir en que las estructuras pastorales de la Arquidiócesis
que estamos renovando tengan en su funcionamiento criterios y actitudes
más evangélicas.
119.
El servicio de las instancias arquidiocesanas es vital para fomentar
el sentido de unidad y pertenencia en los diferentes ambientes y sectores.
Por tanto, son las primeras responsables de construir el cimiento de
la pastoral de conjunto. Los organismos arquidiocesanos y sus responsables
no están llamados a ser la piedra que remata el edificio, sino
el cimiento que sostiene y da consistencia a los programas en los que
se desarrolla el plan pastoral diocesano.
a)
Consejo Episcopal
120.
La imagen de Jesús, el Buen Pastor (Jn 10, 1-8) ha de ser el
modelo para los obispos y vicarios episcopales, que estamos llamados
a crecer en un servicio más abnegado y generoso. Lo que caracteriza
a Jesús Pastor es la disposición de dar la vida en cumplimiento
de su misión.
·
Llama a sus ovejas por su nombre: la comunidad reclama conocimiento,
presencia y cercanía.
· Se pone al frente de ellas y las ovejas lo siguen: es guía,
va claramente al frente y abre el camino.
· Da la vida por las ovejas: está comprometido, no abandona
a las ovejas en el camino.
· Tengo otras ovejas que no están en este rebaño:
su cuidado se extiende a los que aún no congrega en su familia.
· Se formará un rebaño único, bajo la guía
de un solo pastor: Busca la unidad y favorece todo lo que la haga crecer.
121.
El cuidado que debo tener de esta porción del Pueblo de Dios,
lo he llevado a cabo en este Año Jubilar, especialmente visitando
los Decanatos. Esta visita ha sido muy fructuosa porque he podido constatar
los esfuerzos y avances en la vida cristiana de las comunidades, y al
mismo tiempo las comunidades se han sentido reconfortadas. El próximo
año continuaré esta tarea visitando, al menos una vez,
cada una de las Vicarías territoriales y funcionales.
122.
Los Vicarios Episcopales con sus equipos prepararán esta visita
haciendo una síntesis de los avances, señalando los procesos
que estaban por iniciarse o los que necesitaban un especial cuidado
para su ejecución; de modo que los trabajos de este año
puedan tener cauce hacia la continuidad de la misión.
123. En
cada Vicaría, el Vicario Episcopal se pondrá al frente
de todos los agentes de evangelización para animar y dar seguimiento
a las iniciativas diocesanas.
124.
Uno de los principales servicios del Consejo Episcopal al proceso pastoral
arquidiocesano es actuar como miembros de un solo cuerpo en los principales
lineamientos pastorales, de tal forma que, cada uno y todo el Consejo
en su conjunto, sea promotor de comunión con su testimonio y
su trabajo diario.
125.
En analogía, los Vicarios Episcopales extenderán este
mismo criterio a sus campos de trabajo para que, al repartir las encomiendas,
la fuerza de los proyectos descanse en los equipos y no dependan de
una sola persona.
126.
Si bien el modelo de trabajo pastoral en nuestra Arquidiócesis
debe caracterizarse por su apertura y pluralidad, la experiencia postsinodal
nos muestra que hay prioridades que le dan identidad al caminar de nuestra
Iglesia Local. El Consejo Episcopal deberá cuidar que se atiendan
esas prioridades.
b)
Vicarías Funcionales.
127.
Resulta clave el trabajo de las Vicarías Funcionales, de Áreas
y de Agentes de Pastoral, pues su acción que está encaminada
a favorecer la Pastoral de Conjunto podrá impulsar la continuidad
del proceso con la participación de los Secretariados y las Comisiones
arquidiocesanas.
128.
Conforme a lo que se establece en mi Decreto sobre la Organización
y Gobierno Pastoral (n. 70), éstas Vicarías han de marchar
en estrecha colaboración. Así lo han hecho en el arranque
de la Misión 2000, y en su etapa intensiva. En adelante, sin
disminuir este esfuerzo de unidad, quiero que cada una realice sus tareas
más específicas de acuerdo a las necesidades que se van
presentando.
129.
A este respecto, quiero mencionar también a la Comisión
Central de la Misión, conformada en torno a estas Vicarias, que
dio seguimiento a la preparación y realización de la etapa
intensiva. Dicha comisión se integró a partir de las estructuras
ya existentes, lo cual nos ha servido como una experiencia valiosa de
pastoral orgánica. Ahora, al mismo tiempo que agradezco la generosidad
de todos los que la han integrado, les pido que continúen colaborando
con este espíritu de conjunto en las áreas en que se desempeñan
para bien de nuestra Arquidiócesis.
130.
Las dos Vicarías continuarán su servicio de animación
y subsidiariedad en relación con los trabajos misioneros en la
Arquidiócesis, para lo cual buscarán el relacionamiento
cercano con los Decanatos y propiciarán entre ellos el intercambio
de experiencias. Apoyarán particularmente las reuniones programadas
del Arzobispo con los Decanos.
131.
El Vicario de Agentes y el Vicario de Áreas pondrán todo
su empeño para que sus respectivos secretariados y comisiones
ofrezcan en forma coordinada programas de trabajo, y sus adecuados subsidios,
de tal manera que la ejecución de dichos programas, lejos de
implicar dispersión, sean una concreción de la pastoral
de conjunto en los diversos niveles de la Arquidiócesis.
132.
Tales Vicarios favorezcan también, que los Secretariados y Comisiones
arquidiocesanos elaboren propuestas de acción directamente relacionadas
con los Decanatos, ayudando a que éstos se fortalezcan como entidad
clave para la pastoral.
133.
La Vicaría de Áreas propiciará la comunión
y participación pastoral en esta Iglesia Local apoyando el surgimiento
y funcionamiento del Consejo Pastoral Arquidiocesano (Cf. Organización
Pastoral n. 58), como instancia de encuentro, reflexión y valoración
del proceso general de la tarea de evangelización.
134.
En el Consejo de Pastoral deberán participar los agentes que
por su función, experiencia o especialización puedan ayudar
a que se mantenga una visión de conjunto que valore los pasos
dados y ayude a preparar los subsiguientes.
135.
El Vicario de Agentes, en coordinación con el Vicario de Áreas,
presidirá el "Consejo Directivo para la Formación
de Agentes de Pastoral ", cuya finalidad será dar los grandes
lineamientos para la formación de quienes se comprometan a participar
de forma orgánica en la realización de los programas pastorales
de la Arquidiócesis. Además de los Vicarios mencionados,
este Consejo estará integrado por quienes coordinan las instancias
relacionadas con la formación en la Arquidiócesis.
136.
La Vicaría de Agentes pondrá especial atención
en la definición del marco general para la formación de
Agentes Laicos, integrando a todas las instancias que participan en
la formación y estableciendo los niveles de crecimiento que otorguen
un carácter más orgánico a este necesario sustento
a los agentes.
137.
El Vicario de Áreas de Pastoral, en coordinación con el
de Agentes, presidirá la Dirección Arquidiocesana para
la Elaboración de Subsidios Pastorales que, en continuidad con
el trabajo de la Comisión Central de la Misión, realizará
las siguientes funciones:
·
Programar con los secretariados y comisiones la elaboración de
los materiales necesarios para apoyar la realización de las acciones
propuestas en el plan arquidiocesano.
· Dar seguimiento a la elaboración, revisión, edición
y difusión de los subsidios, de tal forma que lleguen oportunamente
en apoyo de los agentes de pastoral.
138.
El Vicario del Área Administrativa y Moderador de la Curia, impulsará
la comunión entre todas las personas que realizan sus actividades
en ese importante organismo, ya que su servicio tiene proyección
arquidiocesana. Todos sus esfuerzos, en torno al pastor de la Diócesis,
se orientarán para favorecer el avance de la pastoral de conjunto.
139.
La Vicaría del Área Administrativa continúe propiciando
el mutuo conocimiento y la interacción de las instancias que
la conforman (Cf. Organización Pastoral n. 59-60), de tal manera
que este conjunto de fuerzas confluya orgánicamente a la realización
de los planes pastorales, manteniendo en todas sus acciones una motivación
misionera.
c)
Catedral
140.
Así como en lo litúrgico, también en la caridad
y en la organización misionera debe resplandecer la Santa Iglesia
Catedral, sede del Obispo.
d)
Basílica de Guadalupe
141.
La Basílica de Guadalupe, que por sus alcances representa un
espacio privilegiado para la evangelización, deberá asegurar
en su plan de trabajo los siguientes objetivos:
· hacer de la Basílica un templo prototipo por la preparación
y realización de sus celebraciones;
· que los diversos momentos de encuentro de los peregrinos con
los agentes de pastoral se aprovechen como oportunidades para dar el
mensaje kerigmático, que reafirme lo que los fieles han recibido
en sus parroquias o, habiéndolo oído ahí por primera
vez, lo puedan ahondar y cultivar al regresar;
· en la atención a los peregrinos establezca algunos servicios
por los que ellos descubran la actitud caritativa de la comunidad eclesial,
y esto mismo tenga un significado de mensaje cristiano.
e)
Seminario Conciliar
142.
El Seminario Diocesano, que es la comunidad formadora de los futuros
pastores, debe estar imbuido de un espíritu misionero que se
expresará en el ambiente cotidiano de fraternidad, servicio,
sencillez, apertura y sensibilidad a las necesidades de los hermanos.
Este será un clima de "espiritualidad de encarnación"
que ayudará a que los futuros presbíteros vayan configurando
su servicio de ministros de la gracia en solidaridad con un pueblo concreto.
143.
La formación doctrinal de los seminaristas deberá estar
nutrida por la Palabra de Dios, el Magisterio y el conocimiento cercano
de la documentación de nuestro proceso pastoral diocesano, de
tal forma que todo esto los lleve a capacitarse para apoyar progresivamente
la acción evangelizadora de la Diócesis.
144.
La práctica pastoral en la que formadores y formandos han de
participar, según la propia condición, debe ser un aprendizaje
continuo de las actitudes del Buen Pastor. Esto exige una continua disponibilidad
para insertarse en los distintos ambientes de la gente y poder compartir
con ella el evangelio del que el sacerdote es servidor.
2.
Vicarías Territoriales
145.
Las vicarías territoriales se ocuparán de tener su propio
plan de pastoral que, basado en el plan de conjunto de la Arquidiócesis,
considere las necesidades propias de sus territorios y ambientes. En
él estarán señaladas las formas y las fechas de
evaluación de su trabajo.
146.
Las vicarías formalicen su Consejo de Pastoral que permita, en
un ambiente eclesial donde todos se reconozcan representados, una mejor
detección de las necesidades, respuestas más oportunas
y un impulso eficaz del proceso pastoral.
147.
El vicario episcopal asegurará, al menos dos veces al año,
un encuentro con los equipos misioneros para estar al tanto de primera
mano de los avances y dificultades del proyecto evangelizador, siendo
él el impulsor principal del trabajo pastoral en la vicaría,
en comunión conmigo.
148.
Dentro de sus cuidados a toda la vicaría, el vicario episcopal
pondrá especial atención a la marcha de los CEFALAES,
de acuerdo con los lineamientos establecidos por la Vicaría de
Agentes y los Directores responsables de la formación. Buscará
alcanzar la meta para el presente año de contar con al menos
un centro de formación en cada decanato.
149.
El vicario episcopal, el decano correspondiente y los presbíteros
más cercanos, buscarán entrevistarse con los hermanos
sacerdotes que hasta ahora no han entrado al proceso de nuestra Arquidiócesis,
para conocer sus puntos de vista y sus dificultades, de modo que se
les brinde la asesoría y los auxilios necesarios y éstos
se sumen cuanto antes a la renovada pastoral arquidiocesana.
150.
Las vicarías territoriales habrán de integrar en sus planes,
servicios de pastoral caritativa. Buscarán una mayor coordinación
con los diversos servicios ya organizados en la Arquidiócesis,
a fin de que éstos puedan establecerse en las Parroquias.
151.
El delegado de pastoral en cada vicaría ha de ser un puente de
unión entre las comisiones arquidiocesanas y la propia vicaría,
ya sea exponiendo la voz pastoral de su vicario, ya sea presentando
ante éste las orientaciones y servicios de los secretariados
y comisiones. Es indispensable que forme parte del consejo de la vicaría,
donde animará los esfuerzos del plan general y propiciará
los proyectos específicos de su vicaría.
152.
De esta manera, el vicario episcopal auxiliado por su delegado de pastoral,
cuidará la ejecución de los programas en toda la vicaría
manteniendo una coordinación permanente con cada uno de los decanatos.
3.
Parroquias
153.
El desafió que plantea la Misión es presentar nuestras
parroquias como comunidades evangelizadas y evangelizadoras, y no como
meros lugares de servicios cultuales y administrativos.
Las líneas más importantes para avanzar en esta transformación
son:
154.
Reafirmar a la parroquia como el ámbito siempre dispuesto y atento
a recibir a todos. Para lograrlo se deberá planear, organizar
y realizar una constante convocatoria mediante el anuncio fundamental
de la fe.
155.
Que los pastores y los demás encargados de los servicios cotidianos
estén motivados y preparados para que todas las personas que
se acercan sean atendidas y acogidas con verdadero sentido pastoral.
156.
Asumir que la parroquia es el ámbito del acompañamiento
para todos los que se inician en la fe. Por lo tanto, debe ser preocupación
principal el desarrollar procesos de formación en la fe que lleven
a todos los miembros de la comunidad a un encuentro cada vez más
profundo con Jesús.
157.
Insertar activamente a los movimientos y a otros grupos organizados,
para que éstos busquen la forma de sumarse al trabajo de conjunto
de la parroquia, de tal forma que los distintos carismas y apostolados
enriquezcan la concreción del plan parroquial y se extiendan
sus acciones a los ambientes específicos que necesite atender.
158.
Favorecer la cercanía para fortalecer con el testimonio personal
el mensaje que se anuncia. Esto se facilitará con la sectorización,
de acuerdo a las características y necesidades de los grupos
humanos.
159.
Valorar las acciones de caridad realizadas en comunidad como la fuerza
que transformará al agente de pastoral en auténtico testigo.
160.
Fortalecer la misión con la Eucaristía que congrega, alimenta
y envía a la comunidad parroquial. Habrá que construir
una participación más consciente y activa de los fieles
en torno a los sacramentos para que la vocación bautismal se
desarrolle en ellos con toda su fuerza.
161.
Dedicar una atención preferencial a los jóvenes, encauzando
su proceso de fe hacia el servicio generoso, con la estrategia de formar
núcleos de jóvenes que sean capaces de evangelizar a otros
jóvenes y favorecer, así, el florecimiento de vocaciones
consagradas para el servicio de la Iglesia.
162.
Integrar agentes laicos a la pastoral parroquial, cuya formación
básica y su compromiso paulatino en alguno de los servicios pastorales
no podrán ser descuidados, pues de ello depende el futuro evangelizador
de las Parroquias.
163.
Fortalecer el ambiente de comunión y participación con
un buen funcionamiento del Consejo de Pastoral y del Consejo de Asuntos
Económicos que sean la expresión de la maduración
y fortalecimiento de una comunidad que aprovecha los diferentes dones
y carismas con los que el Señor la ha enriquecido.
164.
Elaborar un plan de pastoral parroquial que ayude a marcar prioridades
pastorales y a concretar programas y acciones más eficaces, evaluando
los resultados periódicamente.
165.
Integrar y consolidar el Equipo Misionero Parroquial que permita realizar
acciones misioneras permanentes para llevar el mensaje a los alejados.
4.
Otros Centros de Evangelización
166.
Es de gran importancia para nuestra Arquidiócesis acrecentar
la comunión con las organizaciones, grupos y comunidades que
funcionan como verdaderos centros de evangelización, realizando
su labor en ambientes especiales, como el educativo, el de la salud,
el asistencial y el de la promoción humana, entre otros. Quienes
ahí laboran con una motivación de fe son parte invaluable
de esta iglesia local por su cercanía con las diversas manifestaciones
culturales, y con las necesidades e inquietudes más vitales de
nuestra Ciudad.
167.
Favorecer el crecimiento de las personas en todos los campos de su vida
y hacer que ellos se inserten e influyan en la sociedad y en la vida
de la Iglesia, tendrá que ser el objetivo de éstos centros
de evangelización.
168.
A las universidades y colegios católicos, de forma particular
les corresponde impulsar una formación integral, de tal manera
que sus alumnos y demás personal, al mismo tiempo que crecen
en su capacidad profesional, lo hagan en su conciencia y compromiso
cristianos, para que animados por su fe, sean testigos de Cristo en
los ambientes seculares en los que se desenvuelven.
5.
Encomienda general para todas las instancias pastorales
169.
En cada comunidad se establecerá al menos un período durante
el año en el que todos los fieles comprometidos y los grupos
organizados, animados y coordinados por el equipo misionero, se unan
para repetir la acción misionera intensiva. Esto podría
realizarse en los tiempos litúrgicos fuertes, como preparación
a la fiesta patronal, o en una ocasión significativa para la
comunidad. Lo importante es que todos perseveremos en la Misión.
CONCLUSIÓN
170.
Termino exhortándoles a que favorezcamos la acción del
Espíritu. La experiencia de los discípulos de Emaús
está aconteciendo entre nosotros. Hemos descubierto al Señor
caminando con nosotros en la ciudad. Este encuentro, a través
de tantos y tantos hermanos necesitados que han escuchado nuevamente
el mensaje de la salvación, nos está permitiendo reencontrar
el sentido más auténtico de nuestro servicio apostólico.
171.
Como los discípulos de Emaús, le suplicamos también:
¡Señor, quédate con nosotros! Con la fuerza de este
encuentro, renovado cada día, en la Palabra, en la Eucaristía
y en nuestros hermanos más necesitados, no nos cansaremos de
volver a la ciudad y de contar lo que nos ha ocurrido en el camino.
Imploro
la bendición de Dios y la maternal protección de Santa
María de Guadalupe, ahora que iniciamos esta etapa de continuidad.
Envío a todos ustedes a difundir el mensaje de Jesús,
con la fuerza del Espíritu Santo.
Todos
los fieles laicos tengan la confianza para hacer presente al Señor
en los lugares donde diariamente entregan su vida.
Los
movimientos, grupos y organizaciones apostólicas, con apertura
de corazón, afiancen sus carismas y, en profundo espíritu
de comunión, colaboren para la extensión del Reino en
esta Ciudad.
Las
universidades y comunidades educativas den sus mejores esfuerzos para
ayudar al crecimiento integral de las personas, invitándolas
a seguir a Jesús en actitud de servicio a los más desfavorecidos.
Los
miembros de la Vida Consagrada cuyas obras en el pasado han sido simiente
para la fe de nuestros pueblos, sigan cultivando los dones recibidos
y pónganlos a disposición de nuestra comunidad diocesana.
Los
presbíteros y diáconos descubran que es indispensable
su servicio a la Iglesia, ofrézcanlo con generosidad para que
el Espíritu Santo pueda construir el ambiente de Comunidad.
Los
decanos, con humildad y sencillez, asuman el servicio de liderazgo pastoral
al que los llaman las necesidades de nuestra Arquidiócesis, y
sean fermento de unidad entre sus hermanos y hermanas.
Los
Vicarios Episcopales no escatimen esfuerzos en conocer y en estar cercanos
a sus fieles y a sus presbíteros, desgástense por su rebaño,
sabiendo que están llamados a ser imagen de Cristo Pastor.
Que
el rostro de Jesús que vive entre nosotros en los que sufren
por estar enfermos, en los encarcelados, en los que pasan hambre, en
los marginados, aliente nuestra entrega para realizar la Misión
de llevar el mensaje de esperanza y alegría, anunciado hace dos
mil años a los pastores de Belén.
Solemnidad
de la Natividad del Señor, en el Año Jubilar 2000.