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Vicaría      de Pastoral

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La Misión Permanente en Nuestra Iglesia Local. Norberto Cardenal Rivera Carrera

PRIMERA PARTE. NUESTRO CAMINO DE RENOVACIÓN PASTORAL

1. Hermanas y hermanos en Jesucristo el Señor, les anuncio con gran alegría que la semilla de la Misión 2000 ha comenzado a brotar. Sus retoños crecen y se palpan en el campo de toda la Arquidiócesis.

I. Los frutos del tiempo de preparación y de la Misión Intensiva

2. Después de la preparación de la misión, con la etapa intensiva hemos enfatizado el momento kerigmático del proceso evangelizador, guía para la renovación pastoral de nuestra Arquidiócesis. Ha sido una experiencia de conjunto, con la que hemos llegado a un pequeño grupo de hermanas y hermanos, sin embargo habremos de seguir avanzando en la extensión del anuncio de la salvación a cada vez más amplios sectores de la comunidad, hasta alcanzar a los más alejados en sus diversos territorios y ambientes.

3. He podido valorar más de cerca nuestra marcha, por medio de la visita pastoral canónica, auxiliado por los Decanos, mis Vicarios territoriales y mis Vicarios sectoriales, de agentes y de acciones pastorales, en tres momentos sucesivos. Asimismo por medio de los trabajos de la VI Asamblea Diocesana en su preparación y realización.

4. Una de las estrategias misioneras que más resultados ha obtenido ha sido la integración de los equipos misioneros. Casi todos los decanatos y muchas parroquias cuentan ya con un equipo. Los equipos misioneros decanales han sido un impulso y una oportunidad de compartir experiencias. En un buen número de parroquias se han sectorizado los territorios y se ha realizado la visita a los domicilios para anunciar el kerigma; en muchas otras se han formado ya comunidades menores que están avanzando en la profundización de los pregones, en la reiniciación cristiana y en la consolidación de estas comunidades. Hay una gran diversidad de ritmos y de compromisos.

5. La corresponsabilidad entre laicos y sacerdotes está dando sus primeros pasos. La apertura entre parroquias para ayudarse y colaborar en el proceso misionero se va afianzando. He podido constatar que cada vez más parroquias y rectorías comienzan a sumarse a la marcha inaplazable de esta Arquidiócesis por el camino de la renovación en sus métodos pastorales.

6. Numerosas comunidades de vida consagrada, femeninas y masculinas, también se van interesando por el proceso misionero en el que estamos comprometidos.

7. A lo largo del camino hemos tenido algunas señales, a manera de rayos intensos de luz, que nos han permitido redescubrir: el potencial de los decanatos, como ámbitos de animación pastoral; la importancia de los laicos, que reclama ser desarrollada y encauzada; la urgencia de su formación en los diversos ámbitos en los que se desarrollan, para propiciar su entrega personal a la causa de Jesucristo.

8. No me queda la menor duda de que una de las fuerzas presentes y futuras de esta Iglesia Particular radica en la integración de los laicos al compromiso evangelizador. En mi contacto con los equipos misioneros y con los grupos, movimientos y organizaciones laicales, he percibido una mezcla de entusiasmo e impaciencia propia de quienes se sienten convocados y experimentan el impulso de cumplir con su encomienda.

9. Mi ordenamiento fundamental para el año 2001 es el de la continuidad del proceso evangelizador que hemos emprendido con sentido misionero, dentro de una más vigorosa pastoral de conjunto que oriente las exigencias de la conversión y los cambios exigidos a todos, tanto a las personas como a las estructuras.

10. Lo más valioso del momento que vivimos no son sólo los logros pastorales, sino también la iluminación en el discernimiento. Vamos descubriendo el rostro de nuestra Iglesia animada por el Espíritu divino, con su riqueza en personas, carismas, ministerios y dones materiales, que ofrecen amplias posibilidades para ser fermento evangélico en el corazón de las culturas que conforman esta gran urbe.

11. La decisión de extender nuestra acción pastoral más allá de los dinteles de los templos no la consideramos cumplida con la mera acción mecánica de salir, sino de salir con una intención evangelizadora y misionera, convencidos de que sólo una Iglesia peregrina, que con su vida da testimonio del Señor Resucitado, puede acompañar a esta ciudad en la movilidad que la caracteriza.

12. Hemos podido vivir y comprobar con muchos hermanos que el ser misioneros no nos pide ante todo saber muchas cosas, sino ser amigos, discípulos, testigos, y apóstoles de Jesús. El llamado que el Señor nos hace en este momento es a profundizar nuestra conversión personal y comunitaria. El cambio interior vivido en comunidad nos transformará para poder seguir por los caminos del Espíritu.

13. Por su presencia que nos apremia con amor, doy gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo y Padre nuestro, y los invito a unirse en la acción de gracias, por los dones que su Espíritu ha derramado sobre nosotros especialmente por el año jubilar 2000.

Padre Bueno, te damos gracias porque estás entregándonos los dones que necesitamos para renovarnos como Iglesia; en verdad somos la casa que tú edificas.

Nos has dejado oír tu voz en tu Hijo muy amado, en las necesidades de la Ciudad, y en los anhelos de todos los que la habitan.

Jesucristo vive entre nosotros y nos recuerda tus deseos: quieres que seamos una casa siempre abierta para recibir a cada uno y nos quieres dispuestos a salir al encuentro de todos.

Delante de las exigencias de la Misión nuestras fuerzas no alcanzan. Gracias porque nos has permitido ver nuestras limitaciones y lo necesitados que estamos de convertimos para ser tus misioneros.

Estás infundiendo en nuestros corazones tu Espíritu divino, que nos hace vivir la alegría de haber sido escogidos para testimoniar la Buena Noticia; tu Hijo es la Buena Noticia que alegra nuestro corazón, rostro humano de Dios y rostro divino del hombre.

Este mismo Espíritu no ha dejado de trabajar entre nosotros: ha hecho crecer el hambre de una verdadera comunión eclesal y nos ha descubierto que la caridad es la primera forma de evangelizar.

Nos regalas la actitud maternal de María de Guadalupe para con todos, especialmente para con los más humildes y sencillos. Este ejemplo de amor llama a nuestras comunidades a transformarse en lugares fraternos, que comuniquen misericordia y esperanza.

Gracias por el testimonio de tu humilde sierva María. Gracias por el testimonio de los más humildes: su sencillez y entrega son una lección silenciosa que estarnos recibiendo, para colaborar generosamente en la transmisión de tu Evangelio, de modo que el mundo crea y por Ti sea salvado. La voz de tu Hijo está resonando con fuerza para que no temamos los retos:

"En el mundo encontrarán dificultades y tendrán que sufrir, pero tengan ánimo, yo he vencido al mundo" (Jn 16,33).

Gracias, Padre, por llamamos hoy a ser tu luz en nuestra Ciudad.

II. La Misión, nuestra tarea permanente de Iglesia

14. Desde que asumí la responsabilidad de esta Arquidiócesis he caminado, estrechamente acompañado por mis más cercanos colaboradores, con la convicción de que "para el creyente, en singular, lo mismo que para toda la Iglesia, la causa misionera debe ser la primera" (RM 86).

15. Dios nos ha dado la fuerza para no flaquear ante la complejidad de los problemas que se conjuntan en esta ciudad y buscar, desde nuestro campo propio, una respuesta a ellos de una manera organizada y eficaz. Porque "si se mira superficialmente nuestro mundo, impresionan no pocos hechos negativos que pueden llevar al pesimismo" (lb.), pero somos hombres de fe y confiamos en Dios, Padre y Señor, en su bondad y misericordia.

16. El reto al que tenemos que responder ahora es la continuidad y consolidación del compromiso evangelizador que hemos impulsado con la Misión 2000 y que estamos decididos a declarar como la forma habitual de llevar a cabo los trabajos pastorales en esta porción de la Iglesia.

17. Con el Papa Juan Pablo II afirmamos que "La esperanza cristiana nos sostiene en nuestro compromiso a fondo para la nueva evangelización y para la misión universal. Hemos de fomentar en nosotros el afán apostólico por transmitir a los demás la luz y la gloria de la fe, y para este ideal debemos educar a todo el Pueblo de Dios" (lb.).

18. En la VI Asamblea Diocesana, sobre todo en el trabajo de las Vicarías, fue ratificada la constatación de que el camino misionero que hemos emprendido es el correcto y que, como apenas comienza a calar, es necesario mantenerlo y cultivarlo con la colaboración de todos: de los decanatos, los equipos misioneros, las comunidades y los grupos organizados, bajo el cuidado atento de los Vicarios Episcopales.

19. En efecto, se hizo evidente que el proceso evangelizador necesita que se sumen a él todas las fuerzas apostólicas de la Arquidiócesis, siendo el decanato la instancia operativa clave de todo el proceso.

III. Por qué la Misión 2000 no puede terminar con el año jubilar

20. La Iglesia existe para evangelizar (EN 14). Desde sus orígenes ha tenido la conciencia de haber recibido una misión; ésta le ha inspirado los más variados proyectos evangelizadores en su historia bimilenaria. La misión es la razón de ser de la Iglesia.

21. La Iglesia es consciente de su misión hacia los no creyentes (ad gentes), y de sus responsabilidades consigo misma, comprometiéndose en la Nueva Evangelización o evangelización de los ya bautizados.

22. Misionar es la razón de ser de esta Iglesia particular en la Ciudad de México. Sabemos que hoy es urgente relanzar en esta ciudad la misión fundamental que Cristo le confió a la Iglesia, armonizando e impulsando la fecunda variedad de carismas.

23. Evangelizar las culturas que conforman la ciudad capital es una tarea difícil que sólo será posible cumplir con proyectos de largo alcance que tengan consistencia y continuidad que aúnen personas y complementen capacidades, en una sinergia cada vez vigorosa. El reto es grande: llevar el evangelio a la realidad urbana no de una manera decorativa, como un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas raíces (EN 20).

24. En el II Sínodo Diocesano y en muchos otros signos, a lo largo de estos últimos años, redescubrimos que la dimensión misionera es la voluntad de Dios para la Pastoral de esta Arquidiócesis, y lo hemos plasmado en el proyecto que llamamos Misión 2000.

25. "Casi cinco años han transcurrido de afanosa y esperanzada búsqueda de la voluntad actual del Señor para esta Iglesia local, desde el anuncio de mi deseo de realizar un Sínodo diocesano ... El Señor ha sido misericordioso con nosotros y nos ha manifestado su voluntad que se nos revela en el Decreto General" (ECUCIM 4588-4589), afirmó el Card. Corripio en la entrega de ese documento, éste es "como el gran marco de referencia de nuestro quehacer pastoral, que habremos de realizar, poniendo en práctica variados programas que vayan respondiendo con oportunidad y eficacia al ritmo de nuestro caminar" (Ib.4593).

26. Desechemos, pues, el temor y adentrémonos por el camino que el Señor nos señala, consolidando el crecimiento de la capacidad misionera de los agentes, en cada una de nuestras comunidades y en nuestra organización pastoral.

27. Recordemos además que la misión de la Iglesia no consiste únicamente en anunciar el mensaje de la fe, sino también en ofrecer el servicio de la caridad y ser continuadora de la praxis transformadora de Jesús. La Iglesia ha entendido que su misión, como servicio de la caridad, se manifiesta en un compromiso por la justicia, la paz, los derechos humanos, la comunión y la solidaridad.

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