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Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Instrucción Pastoral sobre el New Age. Cardenal Norberto Rivera Carrera

CARTA INTRODUCTORIA A LA
INSTRUCCIÓN PASTORAL SOBRE EL NEW AGE

Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Me dirijo a todos Uds., fieles de la Arquidiócesis de México, con la solicitud de hermano y de pastor, acogiendo el consejo del apóstol Pablo a Timoteo, a quien le encomendó la comunidad cristiana de Éfeso, de 'proclamar la Palabra, insistir a tiempo y a destiempo, reprender, advertir, exhortar con toda paciencia y doctrina' (Cf. 2 Tim 4, 21).

En efecto, el eco de las palabras de San Pablo sirve hoy como advertencia para nosotros, los católicos de México: "Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el afán de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas" (2 Tim 4, 3-4).

La aparición en nuestro alrededor de una multitud alarmante de nuevas espiritualidades, de exóticos maestros y gurus, de técnicas de sanación y adivinación y de extrañas sociedades y organizaciones de carácter pseudoreligiosa ha causado gran desconcierto en las filas de los creyentes. en particular, la corriente llamada el New Age, o la 'nueva era', que reúne en sí todas las doctrinas y prácticas de este renacer religioso vago y multifacético, ha provocado repetidas peticiones del pueblo católico de una enseñanza clarificadora y orientadora de parte de sus pastores.

Por eso, a poco meses del inicio de mi servicio en la Arquidiócesis de México, les escribo esta instrucción pastoral sobre el New Age como respuesta a la inquietud que tantos de ustedes me han manifestado, sea directamente o a través de sus sacerdotes.

No pretendo, ciertamente, ofrecerles un estudio exhaustivo de un problema que ha sido tema de incontables libros de análisis y de crítica. Busco más bien alertar y prevenir, resaltando el sutil pero muy real peligro que el New Age representa para la integridad de la fe y de los valores de nuestro pueblo.

Si no fuera una realidad tan insidiosa y bien camuflada, quizá no me preocuparía tanto, ya que el enemigo que se presenta como tal, a todos nos pone inmediatamente en guardia. Pero el hecho de que se disfrace con tanta astucia y que logre contaminar tantos aspectos de nuestra vida diaria sin llamar la atención me hace temer, sobre todo por los más desprevenidos y vulnerables entre los católicos.

No es raro el caso del católico practicante y amante de su fe que se encandila por un maestro, por un grupo, por un ejercicio o un programa novedoso y atrayente que imperceptiblemente le va hundiendo en la contradicción de esa misma fe. Y mucho más frecuentes son los casos de aquellos católicos poco formados y poco practicantes que se alejan irremediablemente de la única Verdad que salva, Jesucristo Nuestro Señor, por los atractivos engaños del New Age.

Las incoherencias de la mentalidad del New Age son muchas y su incompatibilidad con la fe católica es profunda. Entre sus más alarmantes características se destacan: la negación de una distinción entre la verdad y la mentira, el bien y el mal, dejando a cada uno escoger según sus propios gustos y criterios; el afirmar que Dios no es una persona sino una energía que penetra todo; el decir que la salvación de nuestros males no está en Cristo sino en las técnicas y falsas doctrinas que propagan sus promotores.

Estos y otros aspectos altamente cuestionables del New Age han encontrado una creciente resonancia en nuestro pueblo en gran parte por las ingentes fuerzas de la comercialización y el respaldo de los medios masivos de comunicación. Así invaden imperceptiblemente nuestros hogares, los salones de las escuelas de nuestros niños y niñas y, desgraciadamente, algunos centros de formación y de retiro espiritual de nuestra Iglesia católica.

Esta instrucción, por tanto, va dirigida particularmente a los párrocos, hermanos míos en el sacerdocio de Cristo, los religiosos y las religiosas, los misioneros, los directores espirituales y los confesores, los maestros y catequistas y a todos los fieles laicos comprometidos en trabajos apostólicos en la Arquidiócesis. Pido por todos Uds., para que, guiados por el Espíritu Santo, sepan discernir entre la verdad y el error y se conserven siempre fieles a su vocación de ser luz que revela el auténtico sentido de la vida a los hombres.

Invito a todos los fieles a que lean esta instrucción y el folleto explicativo que la acompaña con corazón abierto y ansioso de llenarse de Cristo, camino, verdad y vida. Vigilen para que su espíritu no se confunda y su esperanza no se defraude por las falsas promesas del New Age. De nuevo las palabras de Pablo parecen especialmente aptas para nuestro tiempo: "Vean que nadie los esclavice mediante la vana falacia de una filosofía, fundada en prácticas humanas, según los designios del mundo y no según Cristo" (Col 2, 8).

Por mi parte, no ceso de invocar la intercesión de la Madre de Nuestro Redentor y la Madre de todos los mexicanos, la Santísima Virgen de Guadalupe, para que ella cumpla su promesa de proteger y acompañar a todos sus hijos a lo largo de esta peregrinación difícil que nos ha de llevar a la casa del Padre. Me encomiendo también a las oraciones de todos Uds., para que pueda realizar la imponente tarea que se me ha encomendado como pastor y maestro, a ejemplo de Cristo, en la Arquidiócesis de México.

Los bendice su hermano y servidor,

Norberto Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México

México - Tenochtitlán, a 7 de enero de 1996, Epifanía del Señor.

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