CARTA
INTRODUCTORIA A
LA
INSTRUCCIÓN
PASTORAL SOBRE EL NEW AGE
Muy queridos
hermanos y hermanas en Cristo:
Me
dirijo a todos Uds., fieles de la Arquidiócesis de México,
con la solicitud de hermano y de pastor, acogiendo el consejo del apóstol
Pablo a Timoteo, a quien le encomendó la comunidad cristiana
de Éfeso, de 'proclamar la Palabra, insistir a tiempo y a destiempo,
reprender, advertir, exhortar con toda paciencia y doctrina' (Cf.
2 Tim 4, 21).
En
efecto, el eco de las palabras de San Pablo sirve hoy como advertencia
para nosotros, los católicos de México: "Porque
vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina
sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán
con un montón de maestros por el afán de oír novedades;
apartarán sus oídos de la verdad y se volverán
a las fábulas" (2 Tim 4, 3-4).
La
aparición en nuestro alrededor de una multitud alarmante de nuevas
espiritualidades, de exóticos maestros y gurus, de técnicas
de sanación y adivinación y de extrañas sociedades
y organizaciones de carácter pseudoreligiosa ha causado gran
desconcierto en las filas de los creyentes. en particular, la corriente
llamada el New Age, o la 'nueva era', que reúne en sí
todas las doctrinas y prácticas de este renacer religioso vago
y multifacético, ha provocado repetidas peticiones del pueblo
católico de una enseñanza clarificadora y orientadora
de parte de sus pastores.
Por
eso, a poco meses del inicio de mi servicio en la Arquidiócesis
de México, les escribo esta instrucción pastoral sobre
el New Age como respuesta a la inquietud que tantos de ustedes
me han manifestado, sea directamente o a través de sus sacerdotes.
No
pretendo, ciertamente, ofrecerles un estudio exhaustivo de un problema
que ha sido tema de incontables libros de análisis y de crítica.
Busco más bien alertar y prevenir, resaltando el sutil pero muy
real peligro que el New Age representa para la integridad de
la fe y de los valores de nuestro pueblo.
Si
no fuera una realidad tan insidiosa y bien camuflada, quizá no
me preocuparía tanto, ya que el enemigo que se presenta como
tal, a todos nos pone inmediatamente en guardia. Pero el hecho de que
se disfrace con tanta astucia y que logre contaminar tantos aspectos
de nuestra vida diaria sin llamar la atención me hace temer,
sobre todo por los más desprevenidos y vulnerables entre los
católicos.
No
es raro el caso del católico practicante y amante de su fe que
se encandila por un maestro, por un grupo, por un ejercicio o un programa
novedoso y atrayente que imperceptiblemente le va hundiendo en la contradicción
de esa misma fe. Y mucho más frecuentes son los casos de aquellos
católicos poco formados y poco practicantes que se alejan irremediablemente
de la única Verdad que salva, Jesucristo Nuestro Señor,
por los atractivos engaños del New Age.
Las
incoherencias de la mentalidad del New Age son muchas y su incompatibilidad
con la fe católica es profunda. Entre sus más alarmantes
características se destacan: la negación de una distinción
entre la verdad y la mentira, el bien y el mal, dejando a cada uno escoger
según sus propios gustos y criterios; el afirmar que Dios no
es una persona sino una energía que penetra todo; el decir que
la salvación de nuestros males no está en Cristo sino
en las técnicas y falsas doctrinas que propagan sus promotores.
Estos
y otros aspectos altamente cuestionables del New Age han encontrado
una creciente resonancia en nuestro pueblo en gran parte por las ingentes
fuerzas de la comercialización y el respaldo de los medios masivos
de comunicación. Así invaden imperceptiblemente nuestros
hogares, los salones de las escuelas de nuestros niños y niñas
y, desgraciadamente, algunos centros de formación y de retiro
espiritual de nuestra Iglesia católica.
Esta
instrucción, por tanto, va dirigida particularmente a los párrocos,
hermanos míos en el sacerdocio de Cristo, los religiosos y las
religiosas, los misioneros, los directores espirituales y los confesores,
los maestros y catequistas y a todos los fieles laicos comprometidos
en trabajos apostólicos en la Arquidiócesis. Pido por
todos Uds., para que, guiados por el Espíritu Santo, sepan discernir
entre la verdad y el error y se conserven siempre fieles a su vocación
de ser luz que revela el auténtico sentido de la vida a los hombres.
Invito
a todos los fieles a que lean esta instrucción y el folleto explicativo
que la acompaña con corazón abierto y ansioso de llenarse
de Cristo, camino, verdad y vida. Vigilen para que su espíritu
no se confunda y su esperanza no se defraude por las falsas promesas
del New Age. De nuevo las palabras de Pablo parecen especialmente
aptas para nuestro tiempo: "Vean que nadie los esclavice mediante
la vana falacia de una filosofía, fundada en prácticas
humanas, según los designios del mundo y no según Cristo"
(Col 2, 8).
Por
mi parte, no ceso de invocar la intercesión de la Madre de Nuestro
Redentor y la Madre de todos los mexicanos, la Santísima Virgen
de Guadalupe, para que ella cumpla su promesa de proteger y acompañar
a todos sus hijos a lo largo de esta peregrinación difícil
que nos ha de llevar a la casa del Padre. Me encomiendo también
a las oraciones de todos Uds., para que pueda realizar la imponente
tarea que se me ha encomendado como pastor y maestro, a ejemplo de Cristo,
en la Arquidiócesis de México.
Los bendice
su hermano y servidor,
Norberto Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México
México
- Tenochtitlán, a 7 de enero de 1996, Epifanía del Señor.